Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 2: El Pasado de Isabel 2ª Parte: James y Christian
(Esta imagen fue realizada con IA)
Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Pareja: Jacky Sparrow y James Norrington, Elizabeth Swann y William Turner III
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
Capítulo 2: El Pasado de Isabel 2ª Parte: James y Christian
A la mañana siguiente, ya vestida como el recio Almirante que era y representando su papel masculino de George Jacobson, Isabel paseaba lentamente por su enorme y hermoso jardín de su mansión en Liverpool, pensando en la pesadilla que la había despertado muy temprano en la madrugada. El miedo, la tristeza y la ira se mesclaban en su corazón con un frenesí tal que a duras penas ella podía contenerse bajo su armadura de aparente calma.
Mientras caminaba ensimismada en sus propios pensamientos, justo al doblar un recodo del jardín, se sobresaltó al ver a su tío de cuclillas ante un rosal podándolo cuidadosamente y oliendo tranquilamente las exquisitas fragancias que aquellas rosas rojas regalaban a quien se acercara a ellas y se tomara el tiempo de admirarlas.
Isabel no supo muy bien porqué se sobresaltó al verlo, pero al rato se dio cuenta de que era su absoluta calma lo que la había impresionado, aquella calma a la que ella nunca podría acceder por más que lo intentara. Ella recordaba que su tío no había tenido una vida fácil, aún así él jamás había perdido las esperanzas de un futuro mejor. Y ahora, cuando su tío ya contaba con 55 años de edad y estaba cerca de la implacable mano de la muerte, aún seguía creyendo en el futuro.
Y como en una ensoñación, mientras lo observaba oler las flores con aquel rostro de santo, Isabel comenzó a recordar su primer encuentro con su tío después de haber salvado milagrosamente su vida del ataque cruel y sanguinario de los piratas…
Hace casi 25 años atrás…
El doctor Christian Jacobson era un joven y apuesto, de aspecto estudioso y de 30 años de edad, era muy sabio para su edad, tenía ojos celestes, nariz elegante, cabellos castaños, una seductora boca y un rostro angelical. Su elegante porte a la vez sencillo y humilde, daba la impresión de estar ante un hombre que podía haber llegado a ser un sacerdote, un monje o hasta un santo. Solo su rebeldía ante las antiguas leyes hechas por la monarquía le quitaba algo de su aparente santidad.
Christian, muy angustiado, se allegó en su propio carruaje hasta el puerto de Lisboa, aterrado ante las terribles noticias que había recibido el día anterior: toda la familia de su hermano menor había sido asesinada por unos desalmados piratas en el Mar del Caribe, solamente su pequeña sobrina de de casi 8 años de edad, Isabel Jacobson, había sobrevivido al cruel ataque de manera milagrosa.
Un bergantín la había encontrado entre las ruinas del navío mercante y la habían llevado hasta Lisboa, en donde ella estaba esperándolo en uno de los tantos albergues que había para niños huérfanos o desgraciados.
Cuando se reunió con su sobrina, el doctor Jacobson notó que algo en ella no estaba bien, pues al haber presenciado el asesinato de sus padres y su hermano, la había dejado sin habla, quizás, para siempre.
Y entonces, se la llevó a vivir con él en una hermosa y solitaria villa española ubicada cerca de Bilbao en la provincia de Vizcaya, en donde podía estar entre su querida Inglaterra paterna y su amada Francia materna.
A medida que pasaba el tiempo y la niña crecía bajo la tutela de su abnegado tío, se notaba que ella había perdido su inocencia y su alegría. No quería estudiar, no hablaba, comía muy poco y sólo permanecía sumida en completo silencio arrinconada en la cama de su habitación, preocupando enormemente a su tío que se negaba internarla en un hospital. Así transcurrieron los meses, hasta que un día, la niña reveló la razón de sus profundas cavilaciones.
1 año después…
—Quiero entrar a la Academia Naval, tío —fue la sorprendente revelación de la pequeña Isabel, por fin había hablado después de un año de mutismo. Su tío se quedó estupefacto.
—¿Dices que quieres entrar a la Royal Navy? —él repitió—, pero, pequeña, tú sabes que nunca podrás lograrlo, eres una mujer.
Aunque aquella revelación había sido algo completamente inesperada, Chritian, siendo de una personalidad inmutable y tranquila, no demostró su asombro por semejante propuesta y lo tomó como algo que intuía que iba a ocurrir de un momento a otro.
—No importa, me voy a disfrazar como chico —fue la testaruda respuesta de Isabel mientras apretaba con fuerzas sus pequeños puñitos, tanto, que se lastimó las palmas con sus propias uñas.
—Isabel… —comenzó a decir su tío, esta vez ya más serio—, lo que tienes que hacer ahora es aprender a leer y escribir, aprender los labores de una mujer, buscarte un buen marido y tener hijos¡tener una vida normal! NO PUEDES hacer otra cosa, lamentablemente, en la época en que vivimos a una mujer no se le permite decidir por su propia voluntad lo que hará con su vida, y mucho menos, tener un título.
Había un ligero tono de ira en su tranquila voz, no en contra de Isabel, sino en contra de aquellas tontas costumbres patriarcales sobre los pocos derechos de la mujer. La rebelde sangre francesa de su madre siempre luchaba contra la flemática sangre inglesa de su padre. Aquella rebeldía que nunca había heredado su hermano, él la tenía a granel.
La pequeña niña de nueve años estaba completamente frustrada, sabía que su tío tenía razón, sabía que a las niñas de su época sólo eran vistas como "esposas" y "madres", nunca como verdaderas personas. Las niñas pobres ni siquiera accedían al privilegiado derecho de leer y escribir, a lo que por lo menos podían acceder las niñas ricas como ella. Pero eso no le importaba, sólo le importaba vengar la muerte de su amada familia y matar a todos los piratas que le habían arrebatado un futuro feliz en América. No le importaba el costo, ella lograría su cometido. Isabel había dejado de lado a la inocente niña que había sido para ser ahora un instrumento de la venganza.
—Tío —le dijo—, no viste lo que yo vi... A mi querido papito le cortaron… el cuello con un horrible cuchillo… —sus puños se cerraron aún más, sus lágrimas luchaban por salir de sus ojos, aquellos recuerdos eran muy dolorosos—, a mi mamita la golpearon y le dispararon…, y, y… ¡y a George lo ahorcaron¡¡Y todo frente a mis ojos¡¿Y tú dices que no puedo vengarme, tiito¡¡Quiero vengarme de esos piratas que mataron a mis papis y a mi hermanito¡¡Quiero entrar al servicio militar y ser un soldado para perseguirlos¡¡Daría todo por lograrlo¡¡Y le juro a Dios que si no lo hago, me voy a morir para estar con mis papis y mi hermanito en el Cielo!!
Entonces, la pequeña Isabel se lanzó llorando desconsoladamente hacia los brazos de su tío, quien estaba mudo de la impresión a causa de la declaración de su sobrina. Ella ya no era una niña y no lo volvería a ser jamás.
—… Tío, eres un chico, y haces lo que quieres… —comentó la niña entre sollozos—, no sabes lo terrible que es ser una niñita y no poder vengarte… Me siento como un fantasma... Ya no tengo por qué vivir…
Miró a su tío a los ojos.
—Querido, tiito —dijo—, ayúdame por favor. Quiero cumplir la promesa que le hice a mi familia… Te necesito... Por favor…
Luego de mirarla detenidamente, su tío suspiró, entregándose a la razón de la niña, pues admiraba su determinación y madurez. Siendo él tan rebelde a las normas de la sociedad como ella, sentía que la comprendía, pero, también esperaba que con el tiempo ella olvidara sus deseos de venganza y viviera una vida plena y normal. Había que intentarlo después de todo.
—Te ayudaré, mi querida niña, pero debes saber que lo que haremos de aquí en adelante, nunca podrás deshacerlo, ya que si lo haces, perderás todo por lo que hayas luchado por conseguir¿me entiendes? Tendrás los privilegios de un hombre, pero tendrás que renunciar a lo más hermoso de una mujer: amar a un hombre y a tus propios hijos. ¿Lo entiendes, verdad? JAMÁS podrás ser una mujer y jamás podrás tener una vida plena como hombre. Tu vida será siempre incompleta y solitaria, NADIE tiene que enterarse de tu verdad, pues podrías perderlo todo, hasta tu vida. —La miró fijamente a los ojos—. ¿Aún así, lo harás?
—Lo haré –respondió ella con firmeza, aceptándolo todo por su venganza.
—Podrían matarte en batalla… —quería desanimarla.
—No importa.
—Te podrían herir gravemente.
—Te tengo a ti para curarme, tiito.
—…Veo que ya has pensado en todo… —opinó pensativo, entonces, apartó a la niña de sus brazos y le dijo con igual firmeza:
—Bien, veo que estás completamente decidida, entonces, yo te ayudaré y tendrás que hacer lo que yo te diga. Desde ahora en adelante, tomarás la identidad de tu hermano, te llamarás George Jacobson, te hablaré como a un chico, te cortarás ese lindo cabello tuyo y te vestirás como tal. No jugarás con muñecas, sólo jugarás los juegos de los niños, no quiero verte llorar jamás, no quiero que demuestres tus sentimientos abiertamente, ni conmigo ni con nadie. Quiero que te comportes como todo niño peleonero. Nunca te bañes junto a los otros niños, báñate solo. Dormirás solo y sin ninguna compañía, nada de vestir camisón, sólo ropa de dormir masculina. Siempre que estés por bañarte, cambiarte de ropa o dormir, te cerciorarás de que todo esté cerrado y que no haya nadie. ¿Entendiste? Este camino que elegiste es un camino duro y solitario. Aún así¿quieres seguir con esto?
—Sí —fue la seca respuesta, y desde aquel día, la pequeña y dulce niña que fue Isabel, jamás volvería a ver la luz, dándole paso a un pequeño niño serio y callado, esperando a crecer y vengar la injusta muerte de su familia.
Cualquiera se hubiera negado a semejante petición, pero Christian sabía muy bien que si se negaba a ayudar a su sobrina, ésta encontraría la forma de matarse y volver a estar junto a su familia. Él, esperando a que ésta se desilusionara muy pronto de su plan y lo abandonara, le había dado un año de prueba, pero conforme pasaba el tiempo y su sobrina no cambiaba de parecer comportándose como un chico, muy pronto comprendió que Isabel hablaba muy en serio a pesar de sus 9 años de edad.
Aquella primera noche del inicio de su nueva vida, cuando Isabel se acostó para dormir con ropas de muchacho en una habitación diferente a la que había tenido antes, ésta se llevó las manos a la cabeza y tocó horrorizada sus hermoso cabello cortado. ¡Ya nunca más volvería a tener aquella hermosa cabellera rubia que la hacía tan parecida a su querida madre¡Ya nunca más usaría hermosos vestidos¡Ya nunca jamás volvería a ser feliz junto a su familia¡Ellos habían muerto¡¡Muerto!!
Durante toda aquella dolorosa noche, George, quien ya nunca más volvería a ser Isabel, lloró amargamente por todo lo que había perdido.
1 año después…
Ya cumplidos sus diez años de edad, parado en fila al lado de otros niños, todos ubicados en uno de los enormes patios de la Real Academia Naval, el pequeño George veía cómo su tío se despedía de "él" y se marchaba hacia la sección de enfermería de la academia, dejándolo solo para perseguir su venganza.
Ambos habían logrado ingresar a la Royal Navy, George como cadete, y Christian como doctor.
El año pasado había sido duro para Isabel, había aprendido a comportarse como un niño, a leer y a escribir. Vestido como un chico, su tío había logrado engañar a los demás argumentando que era George el que se había salvado y no su hermana Isabel, así que, Isabel había tomado el lugar de su hermanito muerto sin ningún problema. La primera vez que habían llegado a la villa era de noche y nadie los había visto. Además de la vieja cocinera, el cochero y la sirvienta, nadie más vivía en la enorme casa, y durante todo el año en que Isabel no había pronunciado palabra, jamás había salido de la casa y nadie más la había visto aparte de los habitantes de la casa que tenían prohibido hablar de ella con los pocos vecinos que habitaban en la zona.
—Es un idiota… —escuchó decir con desprecio a uno de los niños que estaban con él haciendo fila en el enorme patio de la academia inglesa—, parece una mariquita…
Aquel día, el pequeño George Jacobson, pasó su primer día encerrado en su pequeña habitación como castigo por haberle roto la nariz de un puñetazo a uno de sus compañeros, el que lo había insultado.
A partir de aquel día, el grupo liderado por el niño golpeado, quien era nada más ni nada menos que el jovencito Cutler Beckett, se dedicaron a la tarea de hacerle la vida imposible al niño George, y entre aquella pandilla de buscapleitos, se encontraba el pequeño James Norrington, arrastrado por el mal comportamiento de sus amigos.
1 año después…
Era el aniversario de la muerte de la familia de Isabel, había una terrible tormenta, las excelentes notas de sus profesores habían enfurecido a muchos de sus compañeros, tanto, que lo esperaron a la salida de una de las clases y le dieron una feroz paliza. Al verse tratada de esa manera, el recuerdo doloroso de su familia asesinada y el no tener ningún amigo con quien hablar, la pequeña Isabel al fin comenzó a llorar amargamente lamentando su soledad y tristeza, tirada en el barro del patio de la academia. Más allá, parado en el umbral del edificio central, el joven Norrington, ahora de 13 años, lo observaba preocupado, sintiéndose culpable por todas las bromas pesadas que le habían hecho durante aquel año. No lo quería admitir, pero admiraba muchísimo la inteligencia y la pasión que demostraba su compañero por la Armada.
Lentamente caminó hacia el pequeño y se puso en cuclillas frente a él, la lluvia caía torrencialmente y ambos estaban empapados.
—Vas a enfermarte si te quedas aquí… —le advirtió amablemente.
George alzó el rostro y se enjuagó los ojos, luego parpadeó varias veces incrédulo ante quien le había hablado. ¡Era uno de esos tontos que siempre la habían molestado!
—¿Qué más te da si me enfermo o no? —le respondió desafiante mientras se ponía en pie y se marchaba de allí con paso firme y la frente en alto, dejando a James un tanto fascinado por su temple. Desde aquel entonces, él jamás volvió a burlarse de George Jacobson.
Un día, cuando por causa de George los profesores habían recriminado duramente a Beckett, éste decidió darle una buena lección junto con su grupo de amigos. Asustado por lo que podría llegar a pasar, James estaba entre ellos sin saber a quien apoyar.
Era casi el atardecer cuando Beckett y los demás sorprendieron a Jacobson en el patio de los cañones, y, rodeándolo, cada uno de los muchachitos tomó un buen puñado de guijarros mientras lo miraban maliciosamente.
George Jacobson estaba asustado, pero no se los demostró y se quedó parado, mirándolos detenidamente.
Beckett fue el primero en lanzar una piedra dándole de lleno en el hombro. George vaciló pero no retrocedió, se mantuvo firme y desafiante. Poco a poco los malvados niños comenzaron a lanzarle otras piedras dándole en diferentes partes del cuerpo, George soportaba todo lo que podía, no quería llorar ni demostrarse débil frente a aquellos tontos, y eso era lo que justamente irritaba aún más a Beckett.
James también había lanzado algunos guijarros por temor a las represalias de sus amigos, pero al ver la valentía que demostraba el agredido, había dejado de lanzarle piedras y ya no le estaba gustando que los demás lo golpearan de esa manera, y cuando vio que por fin George caía de rodillas al suelo gracias a un golpazo en la frente propinada por una piedra de Beckett, James se lanzó hacia el pequeño agredido y se interpuso entre él y sus amigos. Extendió los brazos y dijo:
—¡Basta¡Esto ha ido demasiado lejos¡Van a expulsarnos!
Isabel estaba atónita al igual que los demás.
—¿Acaso estás defendiéndolo, Norringtonto? —inquirió Cutler muy molesto—. ¿Estás traicionándome¡Quítate de allí!
—¡No!
—Ya sabía que eras un debilucho, mariquita… —comenzó a burlarse con crueldad—. Dime, Norringtonto¿de qué lado estás si te hago esto?
Apenas había terminado de hacer la pregunta que le lanzó inmediatamente un buen piedrazo en la cara, golpeándolo en la mejilla y provocando un pequeño corte de donde comenzó a salir un poco sangre.
El jovencito no bajó los brazos a pesar del dolor que sentía, se quedó unos momentos en completo silencio, y para el asombro de todos, exclamó desafiante:
—¡Estoy del lado de Jacobson¡Ya estoy cansado de participar en tus injusticias, Beckett! Eres, eres… ¡Eres un tonto cabeza de chorlito!
Furioso, el muchachito líder de la banda exclamó:
—¡Traidor¡A él, chicos!
Entonces, una lluvia de furiosos guijarros cayó como proyectiles sobre el valiente y pequeño James Norrington, quien no dejaba ni siquiera que una sola piedra golpeara al sorprendido George recibiéndolas todas para él mismo.
Luego de varios minutos de aquella dura prueba de amistad y resistencia, uno de los profesores apareció y detuvo justo a tiempo aquel duro castigo antes de que pasara a mayores. Seriamente lastimado, el jovencito que la había defendido con tanto valor, cayó desmayado delante de la sorprendida niña. Aquel mismo día, Cutler Beckett fue expulsado de la Real Academia Naval, marcándole para siempre su destino.
Luego, el profesor llevó a los dos chicos heridos a la enfermería, George no estaba tan lastimado como James, y mientras su tío atendía al pequeño futuro comodoro, oyó al profesor declarar:
—Éste muchachito va a morir joven, tiene un fuerte espíritu de sacrificio…
¡Cuánta razón tenía aquel hombre!
Unas semanas después, en el gran comedor de la Academia…
—¿Puedo almorzar contigo? —le había preguntado con amabilidad el reaparecido jovencito James Norrington, a lo que el pequeño George Jacobson se le había quedado mirando. El chico aún tenía algunos moretones del día de la "ejecución".
—… Está bien —le respondió al fin.
James se sentó a su lado y comenzó a comer en silencio, hasta que sus ojos se cruzaron con los de George, y entonces, ambos comenzaron a reírse con ganas.
—Gracias por ir a visitarme todos los días a la enfermería… —dijo James al fin.
—No. Yo te doy las gracias por haberme defendido aquel día… No sabes lo mucho que significó eso para mí.
—No seas tonto —replicó modestamente mientras se sonrojaba—, la verdad es que ya estaba arto de que te maltrataran esos bobos, y yo… A mi no me gustaba verme como un malvado.
—Tú no eres malo, eres un cabeza de chorlito —se burló George.
Los dos se rieron con ganas.
Desde aquel día, ambos se convirtieron en amigos inseparables. James siempre lo apoyaría en todo lo posible a su pequeño amigo, sintiéndose responsable por él al ser mayor. Lo ayudaba en sus estudios y en la actividad física, que era esto último lo que más dificultad le daba a George, (por ser una niña, no podía competir de igual a igual con sus compañeros), pero, su velocidad e inteligencia compensaba en mucho aquella falta, al poco tiempo no hubo nadie que le ganara en el arte de la espada y la puntería.
A pesar que Isabel le tenía un gran aprecio, gratitud y una enorme confianza a su amigo, jamás se dio a conocer ante él como una jovencita.
3 años después…
Aquel día, James Norrington, recién recibido de la Real Academia Naval, partía hacia aguas lejanas para comenzar una nueva vida al servicio de la corona inglesa.
A George Jacobson, quien era en realidad una jovencita de 14 años, se le partía el corazón al ver que su único amigo se marchaba de allí y lo dejaba otra vez solo ante la extraña y ruda vida que había elegido vivir.
—Prométeme que jamás te darás por vencido aunque sientas que nunca lograrás tus objetivos –le dijo James antes de subir al navío militar.
—Lo prometo —trató de mantenerse firme, aunque por dentro luchaba contra el deseo que abrazarlo con todas sus fuerzas.
—Debes vengar a tu familia.
—Lo sé.
El joven Norrington sonrió condescendiente, sabía que su amigo George se estaba haciendo el duro, así que sin dudarlo un momento, lo abrazó firmemente, sorprendiendo a Isabel. El corazón de la chica comenzó a latir apresuradamente y no pudo evitar ponerse colorada.
Luego de unos momentos, se apartó de él y le dijo:
—Cuando te recibas, sé que tarde o temprano nos encontraremos, no lo dudes. Gracias por tu gran amistad, mi amigo, y te prometo que no pasará demasiado tiempo antes de que volvamos a vernos.
Mientras el sol se alzaba sobre la enorme bóveda azul y el navío partía hacia aguas lejanas, la triste jovencita vio marcharse a su mejor y único amigo de toda su corta existencia.
2 años después…
Cuando le llegó el turno a Isabel de hacer su primer viaje como oficial raso, tuvo la gran suerte de abordar el mismo barco que su querido James. El navío militar bautizado como Royal Warriors, que ya había dado la vuelta al mundo, volvía ahora para recoger nuevos oficiales rasos. Y por supuesto, su tío Christian Jacobson también lo acompañaría como el médico de a bordo.
Juntos la pasaron muy bien, pero, durante el viaje, Isabel comenzó a sentir algo muy especial por su amigo. Lo que había sido en un principio amistad y gratitud, comenzaba a transformarse en un inmenso sentimiento de amor, y entonces, James pasó a ser su primer y único amor.
Turbada por aquellos sentimientos que jamás había experimentado antes, la joven disfrazada de oficial, salió a cubierta para respirar el aire fresco de la noche y ventilar su cabeza de ideas tontas. ¿Cómo se le ocurría pensar en el amor cuando tendría que estar pensando en su venganza?
Suspirando profundamente, la muchacha se apoyó en la barandilla para admirar mejor a las estrellas.
—¿Estás bien, George? —la sorprendió James, quien estaba parado detrás de ella.
—¿P-por qué me preguntas eso? —se dio vuelta para mirarlo, estaba muy nerviosa y se puso aún más cuando vio lo guapo que estaba el joven bajo la luz de la luna.
—Has estado muy callado éste día y yo… —James lo miró detenidamente y notó que su amigo estaba temblando. Rápidamente colocó su mano derecha sobre la frente de su asombrado amigo y la izquierda en su propia frente.
—Vaya —dijo, dando un suspiro—, pensé que estabas enfermo… —volvió a mirarlo, muy extrañado.
—¿P-por qué?
—Porque estás temblando demasiado… —tomó su mano y la apretó con fuerza—¿acaso te ocurrió algo muy malo? Dime.
—Yo… —apenas pudo decir la pobre chica al sentir el cálido tacto de las manos de James sobre la suya. ¡Oh¡Cómo le gustaría poder confesarle su amor¡Pero no podía, debía pensar en su venganza!
—¡Yo no me siento muy bien ahora! —Exclamó bruscamente y se soltó de las manos de su amigo, dirigiéndose apresuradamente hacia la cabina de las literas mientras James lo observaba ir muy confundido por su extraño comportamiento.
Durante los días que le siguieron a esa reveladora noche, Isabel logró dominar su corazón y pudo poner otra vez toda su mente en la realización de su carrera y su venganza personal. En cuanto a James, éste nunca se dio cuenta del secreto que escondía el corazón de su amigo.
Luego de unos meses de navegación, lo que tuvo que ser un tranquilo viaje de preparación para los cadetes, se convirtió en un viaje de terror al ser atacados por un navío de guerra español, enemigos jurados de los ingleses en aquellos tiempos.
La batalla fue larga y cruenta, todos los tripulantes de la fragata pelearon con valentía en contra de sus enemigos, y estos a su vez también demostraron su valor.
Mientras disparaban con sus mosquetes en contra de los tripulantes del barco español (que se encontraba muy cerca de ellos), Isabel notó con terror que uno de los marineros hispanos estaba apuntando directamente hacia Norringon, quien ignoraba el peligro por estar concentrado hacia otro lugar de la batalla.
—¡¡Cuidado!! —exclamó ésta a la vez que empujaba a su amigo para evitar que la bala impactara en él, pero con tal mala suerte que fue ella quien la recibió para luego caer desvanecida por la barandilla hacia el mar.
—¡¡Geooooorge!! —gritó James muy asustado y se lanzó sin pensarlo dos veces hacia las aguas para rescatar a su amigo.
A duras penas logró James sacar a flote a su amigo, trató de encontrar alguna soga para volver a subir a bordo de su barco, pero el mar, encrespado, no se lo permitió, por lo tanto, ambos fueron arrastrados por la corriente hasta que, después de una hora, lograron llegar hasta una isla desierta. James, muy cansado por el extraordinario esfuerzo físico por mantenerse a flote con un peso extra, se quedó profundamente dormido junto a George sobre las arenas de la playa. Cuando despertó a la mañana siguiente, recordó que su amigo estaba herido y se dispuso a tratar de quitarle la bala que había impactado debajo de la clavícula.
Grande fue su sorpresa cuando descubrió que su mejor amigo de hacía varios años era una mujer.
Cuando Isabel despertó ya entrada la noche, se incorporó un poco con dificultad de su lecho improvisado con grandes hojas y ropas, descubrió, entre asombrada y preocupada, que su torso estaba completamente vendado y su brazo inmovilizado. ¡Para estar así alguien tendría que haberla desnudado!
Pronto sus ojos se fijaron en la fogata para luego mirar hacia la persona que estaba sentada un poco más allá.
Era el joven James, quien estaba sentado en la arena, con sus brazos rodeando sus piernas flexionadas y con el mentón apoyado sobre ellas. La observaba entre pensativo y preocupado. Isabel se sintió como si estuviera completamente desnuda ante él, su corazón latía con enorme rapidez.
—¿Lo… sabes? —le preguntó después de que ambos se miraran en completo silencio por unos minutos. El miedo a ser recriminada, rechazada y hasta expuesta, la llenaba de terror. ¿Qué le diría James¿Seguirían siendo amigos¡No quería siquiera en pensar perder su amistad¡Eso acabaría por destruirla ahora que sabía que lo amaba!
James la miró largamente y luego le contestó afirmativamente con la cabeza.
—Y… ¿qué vas a hacer? —inquirió expectante la joven.
Luego de unos segundos en completo silencio, el muchacho contestó con gran firmeza en su voz:
—Seguir siendo tu amigo.
—¡Oh! —se sorprendió la pobre chica—. ¿Entonces no estás molesto por haberte ocultado mi verdadera identidad durante tantos años?
—No —se levantó—. Lo que me contaste sobre tu familia asesinada es todo cierto ¿verdad?, entonces tu venganza también lo es puesto que fuiste capaz de hacerte pasar por hombre para ingresar a la armada y convertirte en un oficial —se acercó a ella y se arrodilló, Isabel lo miraba expectante, entonces, James la tomó de la mano y le dijo:
—¡Mi admiración por ti es ahora mucho más grande que antes¡Tu valor y tu determinación siempre serán para mí un ejemplo a seguir¡Juro, amiga mía, que nadie sabrá por mi boca sobre tu verdadera identidad! —apretó con fuerza la mano de Isabel—. Y juro por mi honor, que haré todo lo posible para ayudarte en tu venganza, ya que seré para siempre tu amigo incondicional.
A Isabel le dieron unas ganas enormes de abrazar a su amado James y ponerse a llorar de la emoción, pero, debido a tantos años de dominar los típicos sentimientos femeninos, no lo hizo, solamente atinó a colocar su otra mano sobre las manos de su amigo (que aún sujetaban la de ella) y le dijo con un dejo de emoción en su voz:
—Gracias, James. No sabes lo mucho que significa tu amistad para mí.
Él la miró un tanto sonrojado, pues no pudo evitar acordarse del busto de su "amigo", rápidamente sacudió la cabeza para sacarse esa imagen de la mente, pues era a su mejor amigo a quien tenía al frente y debía respetarlo, y mucho más ahora que sabía que era una mujer.
—¿C-cómo debo llamarte? —preguntó al fin.
—Llámame Geroge, amigo mío, pues esa es mi verdadera identidad.
Y así renunció Isabel a su última oportunidad de ser una mujer y declararle su amor a James.
Pasaron algunos días antes de que ambos fueran rescatados por su propia embarcación, que había ganado la batalla contra los españoles. Durante aquellos días, ambos lograron acostumbrarse a la nueva situación en la que se encontraban y pronto recuperaron otra vez su fresca y antaña relación de amistad. Cuando subieron a bordo del Royal Warriors, nadie notó nada extraño en el oficial raso Jacobson, ni siquiera su herida, que no había sido grave.
Cuando Isabel le contó a su tío todo lo sucedido, a éste no le había gustado demasiado que Norrington supiera de la verdadera identidad de su sobrina, pero al ver que era una persona de confiar y un buen amigo de Isabel, lo aceptó como tal.
Y así, los años habían transcurrido y su amigo había partido hacia Port Royal, la sede del gobierno británico en Jamaica, para combatir contra los piratas y jamás lo volvió a ver. En su propia carrera, Isabel tuvo un enorme éxito para su edad, gracias a su inteligencia, valentía y sagacidad, había subido rápidamente grado por grado hasta alcanzar el más alto rango de la armada naval: el almirantazgo. Durante aquellos años, ella logró investigar los nombres de todos los piratas que habían atacado el navío mercantil de su padre. Después comenzó a buscarlos uno por uno y a hacerlos pagar por la muerte de su querida familia.
Su venganza ahora estaría concluida con la muerte del capitán Jack Sparrow, y con la desaparición de la versión femenina de éste (Jacky Sparrow), ahora ella tendría el camino libre para declararle por fin su amor a James.
Isabel asintió con una determinada sonrisa.
Habían dos objetivos fijos en su vida: el primero era asesinar a Jack Sparrow como el último de la lista de su venganza, y el segundo objetivo era lograr tener a James Norrington como su esposo.
Lograría que ése fuera su destino, costara lo que le costara.
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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