Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 58: La Astuta Trampa de Lord Beckett
(Esta imagen fue realizada con IA)
Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
Capítulo 58: La Astuta Trampa de Lord Beckett
Los sagaces ojos del capitán Sparrow registraron velozmente toda la habitación en una desesperada búsqueda de alguna potencial salida. No encontró ninguna para su desesperación, todo estaba completamente cerrado y había guardias vigilando en las puertas y ventanas. Pero aún así, su perspicaz cerebro seguía trabajando a toda velocidad para hallar la forma de salir de aquel atolladero.
-¿Desea un poco de té, señorita Sparrow? Seguramente debe estar muerta de frío con esta helada noche –ofreció inesperadamente su declarado enemigo mientras lo liberaba de las cadenas con la llave que el almirante Jacobson le había facilitado, tomando por sorpresa a nuestro protagonista, quien se rehizo enseguida y declaró:
-Capitán. Capitán Jack Sparrow para usted.
-Por supuesto, como usted desee, capitán Jack Sparrow –se corrigió inmediatamente el dueño de la casa con una amplia sonrisa falsa-. ¿Qué le parece si entramos a mi oficina y tomamos un poco de té mientras conversamos sobre negocios?
-¿Negocios? –repitió Jack nuevamente tomado por sorpresa, pues esperaba otra cosa por parte de aquel mal sujeto. Aún así, su sentido de la conveniencia pudo más, y llevándose una mano al mentón, murmuró interesado:
-Interesante, muy interesante…
Con una amabilidad de caballero extraordinariamente bien fingida, Cutler Beckett condujo a su "invitada" hacia su oficina. Una vez en ella, la invitó a sentarse en un cómodo y largo sillón de terciopelo rojo mientras él hacía lo mismo en otro sillón individual.
Antes de que comenzaran a tratar sobre el tema en cuestión, el mayordomo entró al salón trayendo una fina tetera de porcelana china y se dispuso a servirles el té en un par de costosas tazas acompañadas con algunos sándwiches servidos en una bandeja de plata, la cual dispuso en una elegante mesilla ratona que se encontraba entre medio de los sillones.
Mientras el criado servía el té, éste y Lord Beckett no pudieron evitar mirar hacia los bellísimos senos que emergían a medias a través de la raída camisa y el chaleco color azul de la sensual capitana del "Perla Negra".
Dándose cuenta que el distraído criado estaba a punto de hacer rebalsar el té de la taza que sostenía Beckett, el pícaro y atrevido pirata, se inclinó un tanto hacia adelante mostrando aún más sus agraciados "atributos", incitando que el mayordomo y Cutler Beckett se embobaran aún más hasta que la taza rebalsó sin que ninguno de ellos se diera cuenta, provocando que el hirviente té cayera sobre la entrepierna del "fino caballero inglés", quien, muy adolorido y sorprendido, se levantó de inmediato de su asiento.
-¡¡Eres un imbécil!! –culpó enfurecido al asustado mayordomo mientras trataba de limpiarse el pantalón con una servilleta-. ¡Vete de aquí inmediatamente¡Estás despedido!
Con el rabo entre las patas, completamente avergonzado por lo sucedido, el criado se marchó del salón como si fuera un rayo.
El "inocente" Jack Sparrow trataba de contener la risa lo mejor que podía mientras Beckett volvía a tomar asiento y lo miraba acusadoramente.
-¿Té? –ofreció con un dejo de furia mientras alzaba la tetera.
-Preferiría una medidita de ron, si fuera posible, claro. Pero si no fuera posible una medidita de ron, quizás sería posible una copita de ron. Me comprende usted¿verdad?
El inglés sonrió y volvió a colocar la tetera sobre la bandeja de plata. Había olvidado lo mucho que le gustaba hablar del ron a ese hombre…, esa mujer.
-No tengo ron –le dijo mientras lo miraba maliciosamente divertido. Daba la impresión de ser un hambriento lobo disfrazado de inocente ovejita-, pero puedo ofrecerte otras bebidas igualmente alcohólicas.
-Por mí no hay ningún problema –sus ojos se iluminaron con la idea de saborear algo que tuviera alcohol, hacía varios días que no probaba nada parecido desde que James le había dado un poco de ron antes de que el almirante Jacobson los descubriera.
-Estamos de acuerdo, entonces –dijo Beckett.
Mientras Jack tomaba varios de los sándwiches y se los llevaba a la boca sin mucho decoro, Lord Cutler Beckett se dirigió hacia la alacena en donde guardaba sus bebidas y sacó de allí una botella de brandy. Una vez que hubiera tomado dos copas de fino cristal, regresó a su asiento frente a la atragantada "mujer". Una vez servido el brandy, decidió dar comienzo a su propuesta. Pero en vez de tomar el licor, Beckett había optado por el té.
-Señor Sparrow, tengo una propuesta imposible de declinar para usted.
-¿Y de qué s-se tra-trata…? –apenas pudo decir mientras trataba de pasar un pedazo de sándwich por su garganta con ayuda de un poco de brandy-… Lo sien-siento, es que no me, me alimen-taban muy, muy bie-bien en pri-prisión… ¡Glup!
-Entiendo… -Beckett hizo una mueca de aprensión, pero trató de seguir con el plan. Se reacomodó en su sillón y dijo mientras unía las yemas de sus dedos:
-Trabaje como corsario para mí, y le prometo que se beneficiará considerablemente.
-¿Cómo corsario? –repitió el pirata entre intrigado y asombrado, luego sorbió lentamente el líquido de la copa mientras miraba detenidamente a su enemigo, receloso de su propuesta.
-Tómelo o déjelo, capitán Sparrow, pero le advierto que tiene cinco minutos para decidirse.
-¿O si no, qué? –lo desafió mientras se echaba sobre el respaldar del sillón, inclinaba la cabeza a la vez que lo miraba de reojo, extendiendo sus brazos hacia ambos lados con un sándwich en una mano y una copa de brandy en la otra y cruzaba las piernas.
Beckett sonrió, y a modo de respuesta, se levantó de su asiento y se dirigió hacia cada una de las puertas y ventanas, asegurándolas bajo llave. Una vez que terminó, se volvió hacia Jack mientras guardaba el manojo de llaves en el bolsillo de su pantalón.
-Tendrá que pasar una candente noche conmigo, como la mujer que es ahora.
Tratando de ocultar su miedo y preocupación, Jack Sparrow quiso aparentar la mayor indiferencia posible bajo su bien conocida jerga.
-Dudo que sea usted candente, más bien me parece un eunuco… Pienso que nos divertiríamos más jugando al ajedrez.
Lord Cutler Beckett lo fusiló con la mirada, pero el pirata convertido en mujer siguió hablando como si nada:
-¿Sabe cuantas mujeres y hombres quisieron pasar una candente noche conmigo?
-No. ¿Cuántos?
-Incontables, interminables, ecuanemicamente impresionables –dijo extrañamente mientras extendía más y más los brazos en forma circular.
Un tanto perplejo por aquellas palabras sin sentido, Beckett siguió preguntando.
-¿Y cuántos lo lograron?
-Muchas mujeres tuvieron el placer, casi todas… -aquí se sintió muy orgulloso-. Pero ningún hombre lo logrará jamás. ¿Sabe?
El representante de la East India Company sonrió maliciosamente al escuchar aquello último.
-Siempre hay una primera vez para todo –dijo-. Me gustan mucho los desafíos.
A Jack no le gustó para nada aquel tono amenazante y oscuro. Había algo que no andaba bien en todo aquel asunto dudoso, se lo decía su "intuición femenina" recién adquirida.
-¿Y entonces qué me responde, capitán Jack Sparrow? –inquirió su peligroso anfitrión cambiando de tema-. ¿Acepta la propuesta?
El capitán del "Perla Negra" lo miró dubitativo, aunque no le agradaba ni pizca tener que trabajar nuevamente para ese cruel hombre, comprendía que lo mejor era fingir que aceptaba el trato para poder zafar de ser involuntariamente convertido en una verdadera "dama". Debía esperar el momento oportuno para escapar o ser rescatado.
Ni siquiera se le cruzaba por la mente hacerle a ese desagradable sujeto la misma propuesta indecorosa que le había hecho a Norrington¡ni pensarlo!, aunque Lord Beckett tuviera muchísimo poder e influencia gracias a la East India Company, era un hombre completamente malvado y despiadado, a comparación de la "humanidad" que demostraba el comodoro con sus fallos y sus buenos actos. Jack podía se un hombre…, perdón, una mujer inescrupulosa en cuanto a las riquezas, pero no lo era tanto como para entregarse enteramente a un hombre que podía ser de la peor calaña.
-¿Y bien? –insistió Lord Beckett.
-Pues… Si no tengo otra salida, acepto trabajar para usted.
-¡Excelente! –festejó el inglés mientras chocaba las palmas de sus manos-. ¡Esto hay que celebrarlo con otra copa de brandy¡Una bellísima mujer trabajará para mí!
-¡Ejem! –Jack llamó su atención-. Pero tengo dos condiciones que presentarle a usted.
-¿Condiciones? –la seriedad casi volvió al rostro de Cutler-. ¿Y cuáles con?
-Número 1 –le dijo mientras alzaba el dedo índice de su mano-: me tendrá abastecerme de ron sin importar la cantidad que le pida…
-Hecho.
-Número 2 –agregó su dedo medio-: no pienso seguir siendo una mujer, quiero que me ayude a romper el hechizo.
-Pero se ve tan bien como una dama… -se quejó un tanto burlón.
-¡Oh¿Quién dice que yo me quejo por el sólo hecho de ser lo que soy ahora? Lo que pasa, es que ésta maldita maldición enloquece a todo los hombres y yo no quiero tener más problemas de los que ya he tenido¿entiende, usted?
-Perfectamente.
-¿Podré navegar por donde me plazca a bordo del "Perla Negra?
-Por donde usted lo desee, capitán Sparrow, siempre y cuando cumpla con su trabajo.
-¿Me dará el 50 de las ganancias? –le brillaron los ojos al pirata.
-¿Qué le parece el 10?
-¿Está loco¡Yo no trabajo por naderías! –se quejó mientras se cruzaba de brazos al igual que las piernas-. ¿El 40?
-No puedo, piense en que tengo que rendirle cuentas a la corona… ¿20 ?
-¿30 ?
-25 , y es mi última oferta.
-¡Hecho! –y extendió la esbelta mano y estrechó la de Beckett cerrando el trato. Luego, se recostó cómodamente sobre el sillón de terciopelo, suspiró y dijo a modo de comentario:
-Después de todo, no fue tan mala la entrevista… Pensé que iba a sobrepasarse con mi bellísima y sensual apariencia…
-¡Oh¡Por supuesto que no haría eso! Yo soy todo un caballero –le dijo mientras le servía un poco de brandy en la copa.
-Pues no lo parecía cuando fue a "visitarme" en mi alcoba la otra noche en casa del gobernador –recordó mientras llevaba la copa a sus sensuales labios.
-Estaba furioso por lo que me hizo en la fiesta –le replicó mientras sorbía lentamente su té y miraba detenidamente a su "invitada"-, lo que quería era vengarme.
-¡Oh, sí¡Eso estuvo magnifique! –dijo Jack terminando la oración en francés mientras sonreía al recordar lo sucedido aquella noche en el baile, pero su rostro volvió a ponerse serio en cuanto recordó también al comodoro Norrington. No quería reconocerlo, pero lo extrañaba.
-¿Qué opina del "almirante" James Norrington? –preguntó Beckett tomando nuevamente por sorpresa al capitán Sparrow.
-¿Qué quiere decir con eso? –no pudo evitar ponerse nervioso, ni tampoco ponerse rojo como un tomate-. Yo pensé que era comodoro.
-No se haga el tonto, sabe a lo que me refiero… -sus sagaces ojos estudiaban cada movimiento de la bella pirata-. He sabido, por mis fuentes, que usted y él se llevaban...¿cómo lo diré?: "Como una encantadora pareja que no hacía otra cosa que llevarse intencionadamente mal para ocultar lo que realmente sentían el uno por el otro".
Los ojos de "Jacky" Sparrow se agrandaron considerablemente al escuchar semejante afirmación.
-Pu-pues le informaron muy mal¿sabe? Yo jamás sentiría nada por un tipo tan acartonado como ése eunuco… Más bien, si me dieran a elegir, preferiría a un tierno e inexperto muchachito como Will Turner… O el cadalso…, no me agrada mucho la idea de "sentir" algo por un hombre…
-Pues una de las maldiciones de ese anillo era que usted debía enamorarse de uno de sus compañeros.
-¿Cómo sabe usted eso¿Se lo contó algún pajarillo chismoso? –se sorprendió el aludido.
-Exactamente –asintió mientras tomaba uno de los sándwiches-. Creo, señor Sparrow, que ya va siendo hora que nos retiremos a la… cama –sus ojos brillaron maliciosamente.
Un tanto nerviosa por lo último, la capitana comentó mientras miraba fijamente a su anfitrión:
-Supongo que tendré una habitación para mí solo.
-Supone mal –fue la nada agradable aclaración-. Ambos pasaremos una inolvidable "noche de bodas".
-E-esto no estaba dentro del trato –se quejó Jack poniéndose alerta.
-No recuero que hayamos hablado algo al respecto –fue la malintencionada replica de Beckett mientras se recostaba cómodamente sobre su sedoso sillón de terciopelo y mordía su sándwich-. Usted ya cerró el trato, "señorita".
Jack Sparrow se levantó de su asiento dispuesto a presentarle resistencia a aquel sujeto, pero se encontraba bastante perplejo al ver a Beckett muy tranquilo. Parecía que aquel sujeto estaba completamente seguro de que "aquello" ocurriría sin ningún problema. Sin que él opusiera resistencia alguna.
-Perdón, pero tú no eres mi tipo –dijo tratando de demostrarle seguridad en sí mismo mientras se dirigía hacia las ventanas con su típico balanceo de borracho-. No quiero romperte el corazón, pero ésa es la entera verdad –decía mientras trataba de abrir la ventana, y al ver que ésta no se abría, trató de forzarla sacudiéndola y sacudiéndose él mismo como era su costumbre. Al ver que nada lograba con esto (como siempre), miró a Cutler y con una sonrisa, le dijo:
-No fuiste honesto, y yo tampoco fui honesto. Y de un par de hombres que no son honestos, sólo se puede esperar que no sean honestos (corrigiendo, somos una mujer y un hombre deshonestos). En ese caso, un matrimonio de deshonestos no promete ser, honestamente hablando, una relación muy honesta –Jack decía toda esta palabrería mientras trataba de abrir inútilmente cada una de las puertas y ventanas sin lograr ningún resultado positivo. Frustrado, se volvió hacia Beckett y preguntó:
-¡Bien! Está todo bien cerrado, pero eso no te asegura que la bellísima capitana Jacky Sparrow, codiciada por todos los hombres y odiada por las despechadas (y me refiero expresamente a Elizabeth), se entregará a tus sucios brazos.
-No hará falta que te entregues –fue la tranquila réplica.
-Pero tú no me gustas.
-Tampoco importa.
-…No lo haré ni aunque amenaces destruir al "Perla Negra"… -dijo dudando.
-Ni se me cruzó por la mente.
Jack tragó saliva tremendamente preocupado e incapaz de seguir con sus réplicas, ya que temía que la amenaza fuese algo más terrible que la destrucción de su querida nave.
-¿Y si te diría que puedo hacer desaparecer todo el ron sobre la faz de la Tierra si tú no accedes a mis deseos? –fue la sorprendente intimidación de Lord Cutler Beckett.
Jack, con los ojos completamente desorbitados, moviendo las manos frenéticamente, y balbuceando antes de volver a encontrar su voz, exclamó preocupadísimo:
-¡No serías capaz¡No puedes ser tan cruel¡El ron no te hizo nada!
-La "East India Company" es dueña de casi todo el mundo, capitán Sparrow. Nada me cuesta hacer desaparecer al ron. ¿Y bien¿Qué dices¿Lo harás?
"¡Vil rata cobarde!" –pensó nuestro pobre capitán, sintiéndose entre la espada y la pared. Debía tomar de inmediato una decisión: o su virginidad o el ron.
Beckett notó un tanto extrañado los intentos de Jack Sparrow por decidirse a pronunciar palabra alguna, hasta que por fin lo logró, no sin tartamudear un poco y divagar entre una cosa u otra.
-…E-elijo el ron. ¡No¡Elijo mi "virginidad"¡No¡El ron, mi amado ron¡N-no¡M-mi "virginidad"!
-Decídete ya –ordenó fastidiado su interlocutor.
-Bueno, yo… -completamente nervioso, los inquietos ojos oscuros de Jack se dirigieron de un extremo a otro de la sala, hasta que algo llamó su atención: la botella de brandy, los dos vasos (uno usado y el otro no), la tetera y las dos tazas (una usada y la otra no).
-¿Por qué tú no tomaste brandy como yo? –preguntó alarmado, temiendo sobre algo que se le había ocurrido al ver todo aquello.
-Pues, yo prefiero el té –le respondió tranquilamente.
Incrédulo, el capitán del "Perla" se echó un tanto hacia atrás y achicó los ojos.
-No creo que un hombre que tenga intenciones de "pasarla bien" con una mujer, prefiera tomar té a un poco de licor¿sabe?
-A menos que… -comenzó a decir Becket, dejando que su invitada terminara la oración.
-¿… a menos que no debiera tomar ese licor?
Entonces, sonriendo siniestramente y saboreando el momento, el ex cazador de piratas dejó lentamente la taza en la mesita y le respondió:
-Exactamente, capitana Jacky Sparrow.
-¡Me tendiste una trampa¡Me envenenaste¡Eunuco! –exclamó asustado el pirata mientras se llevaba la mano a la garganta.
-¿Envenenarte? Nooo. Eso no sería divertido, más bien, le coloqué una droga poderosa al brandy en cuanto supe que Jacobson había llegado hasta aquí contigo… Yo sabía que rechazarías el té sabiendo que podrías tomarte algún otro aperitivo alcohólico… Nunca de diste cuenta de mi treta.
-¿Y todo lo que me dijiste antes¿Qué pasará con el trato que hicimos¿Qué hay de mi paga?
-¿Y por qué debería pagarle a mi futura esposa, señorita Sparrow? –se levantó amenazadoramente-. No veo la necesidad de hacerlo cuando puedo utilizarte a mi antojo una vez que te hayas convertido definitivamente en mi esclava. No pienso esperar a que otro lo logre y yo pierda la razón por ello.
Entonces, el capitán Jack Sparrow comprendió todo. Tanto palabrerío había sido sólo para distraerlo de la verdadera intención del maquiavélico Beckett, drogarlo para así dominarlo a su antojo. La flamante pirata, supo entonces, que muy pronto se hallaría en plena desventaja. Debía hacer algo de inmediato si no quería perder su "virginidad" con aquel sujeto.
-¿Sabes por qué te rebelé mi engaño sino hasta ahora? –le preguntó el inglés mientras se acercaba a la asustada capitana.
-No… ¿Por qué? –Jack comenzó a retroceder mientras sonreía estúpida y nerviosamente.
Los ojos de Cutler Beckett brillaron con malicioso placer.
-Porque desde ahora, comenzará a hacer efecto la droga que te di.
Y como si fuera un reloj, como lo había predicho su enemigo, el capitán Jack Sparrow, ahora convertido en una sensual pirata por culpa de un anillo maldito, sintió que la cabeza comenzaba a darle vueltas, la vista se le nublaba y sus otros sentidos comenzaban a fallarle irremediablemente. Pero eso no pudo evitar que siguiera escuchando hablar a Beckett como si estuviera metido dentro de una enorme cueva.
-Te confiaste, estúpido –decía-. Tu inteligencia no pudo con tu afición al alcohol… Yo sé lo astuto que eres, es por eso que tramé todo este engaño… Y ahora, mi querida mujerzuela, pagarás por todo lo que me has hecho… Y no sabes cuánto lo disfrutaré. –Y luego agregó con tono de burla:
-Recordarás ésta noche como la noche en que dejaste de ser el "capitán Jack Sparrow".
Entonces, Jack supo que aquella peligrosa situación no era ni cómicamente parecida a la que había protagonizado junto al capitán Henry MacKinley a bordo del "Cazador de Doncellas".
Mientras tanto, el almirante George (Isabel) Jacobson había regresado rápidamente al "Kassar" en su carruaje alquilado con la intención de convencer a su amigo James respecto a la decisión que había tomado al entregar a Jack Sparrow a Beckett. Ella sabía que su amigo y compañero iba a estar muy molesto con ella, pero confiaba que una vez que aquella libidinosa mujer pirata estuviera lejos de él, él se olvidaría completamente de su estúpido amor por ella.
Interiormente rogaba que la supuesta maldición de que "todos los hombres que se habían'enamorado' de la aparente pirata, enloquecerían una vez que ésta fuera convertida en una verdadera mujer", no se realizara, que fuera falsa, ya que ella no podría soportar que por su culpa, su amado James perdiera la razón.
La aparentemente perfecta Isabel Jacobson, temía haberse equivocado descomunalmente en sus cálculos. Pero la promoción a almirante era algo por la que valía arriesgarse, sobre todo, cuando Jack Sparrow era uno de los asesinos de su familia.
Una vez que el carruaje que la transportaba llegó al puerto, el almirante Jacobson se apeó inmediatamente y se dirigió con suma rapidez hacia su navío, subiendo por el puente e ingresando a la cabina hacia el camarote del comodoro James Norrington. Pero grande fue su sorpresa cuando encontró a los soldados que lo custodiaban completamente desmayados, la puerta abierta y el camarote totalmente vacío.
Mientras trataba de despertar a los guardias, algo le llamó la atención: un par de vasitos de cristal rotos, con su líquido contenido esparcido por todo el suelo. Con el seño fruncido, el almirante tomó uno de los vasos y lo examinó oliendo su contenido. Era belladona, un somnífero muy eficaz.
"¡Tío!" -pensó inmediatamente.
El almirante George (Isabel) Jacobson, se puso lentamente de pie, absolutamente anonadado y sorprendido por lo que acababa de descubrir. Sólo su tío, siendo médico, podía tener acceso a aquella poderosa droga hecha con una de las plantas más peligrosas usadas para fines medicinales. Fue él quien había dejado fuera de combate a los soldados. Fue él quien había liberado a James con el propósito de ayudar a ese pirata de mala muerte. ¿Por qué¡¿Por qué¡Su propio tío la había traicionado¡Su propia sangre y carne¡¡Su amado tío la había traicionado!!
"¡¿Por qué, tío¿¡Por qué!? –pensaba incrédula y herida-. ¿Por qué me hiciste esto¡¡Me traicionaste!!
Saltándole las lágrimas por la rabia y frustración que sentía, la adolorida mujer lanzó iracunda el vaso contra la pared haciéndolo mil pedazos, en un vano intento de descargar su furia.
-Esto no se quedará así… -murmuró-. Sé muy bien hacia dónde se fueron.
A todo eso, ignorando que Isabel ya había descubierto su fuga, el comodoro James Norrington, el doctor Christian Jacobson y el pequeño Billy (a quien, obviamente, también habían liberado), montados en un carruaje negro tirado por un par de caballos café y dirigidos por un diestro cochero, se dirigían a toda velocidad hacia la residencia de Lord Cutler Beckett, para así evitar que éste abusara de la indefensa capitana del "Perla Negra".
Terriblemente preocupado y nervioso, James permanecía en completo silencio, mirando sin ver hacia un punto imaginario frente suyo. Con las manos crispadas, rezaba vehementemente para sus adentros el poder llegar a tiempo para rescatar a su atolondrada pirata.
Christian, también muy preocupado por Jack Sparrow y por el pergamino, no lo demostraba con nerviosismo, sino, son una tranquila preocupación. Al notar que el chico temblaba como una hoja a causa del miedo, el doctor le rodeó los hombros con el brazo, proporcionándole un tranquilo refugio para que se calmara. Entonces, Billy le expresó su agradecimiento con una afable sonrisa.
-Tenemos que llegar a tiempo –murmuró el comodoro sin mirar a nadie-. DEBEMOS llegar a tiempo.
-No te preocupes –le dijo el doctor Jacobson-, llegaremos a tiempo. Tengo fe en que la capitana sabrá hacer el tiempo necesario para que la rescatemos.
Norrington bajó levemente la cabeza y cerró los ojos mientras asentía con una sonrisa. El tío de Isabel siempre había sabido cómo darle esperanzas a quien ya no las tenía. Pero luego, al recordar a su amiga militar, su expresión se volvió muy seria.
-George se dará cuenta que fue usted quien nos ayudó a escapar… ¿No le teme a una represalia de su parte?
El doctor lo miró con su típica expresión, mezcla de una seria tranquilidad y tolerancia.
-¿Acaso le temes, James?
-Le temo a su ira.
Christian Jacobson sonrió para calmarlo, pero había gravedad en su voz cuando habló, demostrando así que le preocupaba las acciones que tomaría su sobrina.
-Ahora es cuando por fin has conocido el verdadero fuego de George, muchacho, aquello que siempre lo ha alentado para cumplir sus propósitos –suspiró, y mientras lo hacía, miró por la ventanilla-. El tierno y alegre niño que fue, desapareció para dar paso a un… un hombre cruel y vengativo –hizo una breve pausa, y murmuró para sí con un dejo de tristeza y culpabilidad:
-…Y yo no hice nada para evitarlo, nada.
El "Perla Negra" se había posicionado lo suficientemente cerca de Port Royal como para que una lancha descendiera sin ser vistos por los soldados que vigilaban celosamente las costas.
Los que iban a bordo del bote, eran Will Turner, Nefud Yidda, Al Sha'ab y el enorme Kasar, quien sería el encargado de remar a toda velocidad hacia el puerto de Port Royal. Aunque iban principalmente a rescatar a Jack Sparrow, Kasar estaba expresamente dispuesto a vengar a su hermano Abha, asesinado por el insensible almirante Jacobson.
El robusto Kasar, era el mejor luchador de todas las tribus que vivían en el desierto, su fuerza era formidable y su velocidad era inigualable. Yidda estaba seguro que el maldito oficial inglés tendría serios inconvenientes con él en cuanto llegaran a enfrentarse.
El capitán Barbossa, Elizabeth, tía Dalma y los demás, se habían quedado mirándolos desde el navío de velas negras, preocupados por ellos y por Jack Sparrow. Nadie sabía con exactitud lo que podría pasar una vez que todos se encontraran a la vez en un territorio que favorecía a Beckett, Jacobson y Norrington.
-Espero que lleguen a tiempo… -dijo la joven Swann.
-Y si no llegan –agregó Barbossa con tono festivo acompañado por un chillido de su peluda mascota-, yo seré el único capitán indiscutible del "Perla Negra".
Elizabeth lo miró desaprobadoramente. ¡Realmente aquel sujeto no era detestable!
-Si definitivamente Jack se convierte en mujer –comenzó a decir tía Dalma-, tú perderás la razón definitivamente al igual que toda la tripulación masculina de este navío, y no creo que puedas disfrutar de la condición de ser el único capitán del "Perla Negra".
Mientras Elizabeth Swann la miraba con admiración por haber puesto en su lugar a Barbossa, éste, en cambio, le dedicó una frustrada y malhumorada mirada a la pitonisa.
-¡Que el buen Dios no permita que nuestro querido capitán caiga en manos de Beckett y termine siendo una dama y nosotros un atajo de lunáticos! –exclamó el viejo y gordo Gibbs.
Mientras Jack Sparrow comenzaba a perder el dominio de sí mismo y Lord Beckett se disponía a atraparlo, James Norrington y los demás se aproximaban rápidamente a la casa, seguidos de cerca por un enfurecido George Jacobson montado sobre un veloz caballo y Will Turner y el resto lograban desembarcar cautelosamente en el puerto. Misteriosas nubes negras cargadas de electricidad comenzaron a cubrir el cielo presagiando que lo peor, aún estaba por venir.
Tía Dalma, presintiendo en el aire la cercanía de un terrible espíritu maligno, murmuró:
-Nos hemos olvidado de algo muy importante, importante y peligroso: la "Maldición del Anillo de la Calavera".
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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