Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 51: Una Cosa Lleva a la Otra Hasta Que… ¡Oh, Sorpresa!

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 51: Una Cosa Lleva a la Otra Hasta Que… ¡Oh, Sorpresa!

Nadie podía creer lo que había pasado, incluso Will Turner se había quedado tan consternado que el bandido con quien estaba luchando le hizo una repentina zancadilla logrando arrebatarle la espada para ser Will el finalmente amenazado por su enemigo.

-Nadie sale vivo una vez que ha enfrentado a mi gran señor Yidda. Tu amigo ya está muerto –le dijo desafiante al muchacho.

Will no dijo nada, pero permaneció en silencio mirando hacia aquella terrible escena, tan incrédulo como los demás. ¿El gran almirante, terror de los piratas, había sido derrotado por un sucio árabe? ¿Qué harían ahora?

-…George… -murmuró Norrington descreído ante lo que veían sus ojos, ni siquiera pudo dar un paso por lo aturdido que se encontraba. ¡Su mejor amiga y compañera parecía haber sido herida de muerte! ¡¡Estaba muerta!! Toda una serie de escenas del pasado en la que ellos dos habían sido los protagonistas, pasaron por su mente.

-¡Pfh! ¿Es que nadie piensa ayudarlo? –se quejó Jack mientras sacaba su espada y se disponía a ayudar a su enemigo-. ¿Acaso no vieron que aún no cayó al suelo? ¡Aún hay esperanzas!

-¡Espera un momento, Jack! –le dijo la hija del gobernador mientras lo detenía tomándolo por el brazo.

-¿Qué pasa, Elizabeth? ¿Temes por mi vida? ¿O acaso por fin me dirás lo mucho que me amas antes de que sea demasiado tarde? –le replicó grandilocuentemente.

-¡Oh, por favor! No seas idiota, Jack. Te digo que mires hacia ellos dos, hay algo extraño...

-¿Y? –el pirata miró hacia donde él estaba a punto de ir y grande fue su sorpresa al escuchar al almirante George Jacobson comenzar reírse con desprecio.

El temible ladrón, Nefud Yidda, estaba completamente desconcertado ante lo que sus ojos negros veían, ¡aquel sucio oficial había detenido su ataque traicionero con su propia mano antes de que el puñal tocara su estómago!

-Vaya sorpresa… -dijo sonriendo el almirante mientras apretaba con fuerza la afilada hoja de la daga, provocando que la sangre fluyera sin cesar de su mano herida-, realmente me tomaste desprevenido con este ataque…

-… Eres un maldito… -replicó el árabe, pero recibió un enorme golpe en el rostro a cambio, haciéndolo soltar el cuchillo para luego caer de cara al suelo.

Enfurecido, Nefud quiso levantarse, pero el almirante Jacobson lo tenía amenazado con su espada, a punto de volarle la cabeza.

Mientras inmóvil, el árabe lo miraba con odio, su contrincante no pudo evitar reírse otra vez con desprecio.

-Estúpido –dijo-, nadie ha podido derrotarme hasta ahora. ¿Cómo diablos creíste poder hacerlo tú? ¿Pobre árabe insignificante?

Claro, Isabel estaba representando su papel de hombre arrogante, había sido rápida en sus reflejos, pero por confiada poco había faltado para que aquel sujeto la hiriera mortalmente. Ella, aunque acostumbrada a la lucha con espadas, por primera vez en su vida había sentido miedo al saberse tan cerca de la muerte. Realmente no le caía en gracia morir antes de vengar a su familia y declararle su amor a James. Y entonces, al acordarse de él, Isabel dirigió su mirada hacia su amigo y lo vio allí parado como una estatua, sorprendido. Isabel sonrió. Así era él, rápido con la espada, pero cuando algo lo tomaba por sorpresa siempre tardaba unos segundos en responder.

Al ver que George le sonreía, James Norrington se sintió completamente aliviado al saber que su amigo no estaba gravemente herido. Efectivamente a él no le caía ni pizca de gracia el ver morir a su querida y vieja amiga con quien había compartido muchos momentos, tanto buenos como malos. Isabel siempre había sido la mejor en cuanto a reflejos en pleno combate de toda la Real Academia Naval, ¿cómo demonios había pensado él que su compañera había sido derrotada por un sujeto cualquiera?

-… George… -murmuró aliviado.

-Verdaderamente ese tipo es el mejor espadachín que he visto –opinó Jack después de haber dado un largo silbido de asombro-. Habrá que ser un chiflado para enfrentarse a él.

Todos lo miraron, y sabiendo lo loco que estaba el capitán Sparrow, sabían que tarde o temprano él se enfrentaría al almirante Jacobson, según su propia profecía.

-Si no quieres que mate a tu jefe, entrégale la espada al muchacho –le aconsejó fríamente el almirante George Jacobson al joven bandido árabe que tenía amenazado a William Turner.

Como notaba que aquel odioso sujeto hablaba muy en serio y era completamente capaz de matar a su adorado líder, el confundido muchacho le devolvió la espada al joven Turner.

Una vez que Will estuvo de pie con espada en mano y teniendo a raya a su enemigo, decidió que ya era suficiente de tanto combate sin sentido.

-Almirante Jacobson, como ellos ya están derrotados –comenzó a decir el joven Will, sin poder evitar sentir un poco de piedad por aquellos hombres-, no veo la necesidad de matarlos. Realmente todo fue un terrible malentendido provocado por Jack...

Mientras los bandidos lo miraron bastante desconcertados, pues jamás habían escuchado a un infiel el querer perdonarles la vida, pero el almirante Geroge Jacobson no hizo más que sonreír condescendientemente.

-No puedo compartir su opinión, joven Turner, si ellos hubieran sido los vencedores, no creo que nos hubieran perdonado la vida –dirigió una mirada amenazante hacia Yidda-, ¿no estoy en lo cierto?

Luego de remorderse de rabia, el orgulloso árabe respondió de mala gana:

-Tal vez. Pero nosotros somos bandidos de honor, no matamos por matar. Yo sólo venía por aquel maldito cerdo infiel –indicó a Norrington con un movimiento de cabeza-, quería matarlo para vengar el masillado honor de mi amada, con quien pronto me casaré.

George negó lentamente con la cabeza con cierto desdén mientras Jack se ocultaba tras unos dátiles.

-No sé cuánto crédito podría darle al supuesto "honor" que tienen los rufianes como ustedes, pero de lo que estoy seguro, es de que son unos completos imbéciles.

-¡¿Cómo te atreves a hablarme así, puerco infiel de Satanás?! –se quejó con el orgullo herido-. ¡Yo soy Neud Yidda, el Temible Príncipe de los Bandidos!

-Más bien será el "Príncipe de los Incautos", pues aquella "mujer" por la que acabas de arriesgar tu vida, no es lo que parece ser...

-¿A qué demonios te refieres? ¡Explícate de una vez!

Mientras todos los demás se encontraban expectantes por la evidente respuesta de Jacobson, el capitán Jack Sparrow le hacía señas con las manos para que no le dijera la verdad, pues temía una "represalia" por parte del árabe cuando éste se enterara que había hecho el ridículo por culpa de un hombre.

-¡No, no, no, no, no, no se lo diga, por favor…! –le pidió casi en un susurro mientras entrelazaba sus manos.

Disfrutando el momento, el vengativo almirante prosiguió sin darle importancia a las súplicas de Jack Sparrow:

-¿Conoce usted "La Maldición del Anillo de la Calavera"?

Aquella sorpresiva pregunta desencadenó una ola de terror en el rostro de los dos árabes.

-¡La terrible maldición de la hechicera despechada! ¡La que convierte en mujer al pobre diablo que se coloque el anillo maldito! –exclamó Yidda muy asustado. (A Jack no le había gustado nada el ser llamado "pobre diablo" por el árabe).

En cambio, el otro bandido, muy aterrorizado, se arrodilló y comenzó a rezar rápidamente sus oraciones musulmanas. Will lo observaba muy asombrado por semejante exageración.

-Exactamente. Esa misma maldición –respondió tranquilamente el malicioso oficial de alto mando, gozando el momento.

Con los ojos completamente abiertos, el asustado y sorprendido líder de los bandidos, decidió arriesgar su más temida sospecha:

-¿No querrás decir que ella es en realidad un, un…? –parecía temer completar su pregunta, pero que su interlocutor terminó con gran satisfacción:

-Un hombre, señor Yidda, está usted en lo correcto, lo felicito por su sagacidad. Usted se ha enamorado de un HOMBRE. Así que presento al capitán Jack Sparrow, quien es un hombre y no una mujer.

Jack bajó los brazos completamente derrotado, ya no había más nada que hacer, más que esperar a que le rebanaran la cabeza.

-¿Qué tiene en mi contra ese eunuco? –pensó fastidiado.

Poco a poco, el impactado Nefud volvió su desconcertado rostro hacia la "supuesta mujer" por quien había arriesgado su vida y soñado con ella, y entonces, al verla/o con una sonrisita muy nerviosa en su bello y falso rostro femenino, el muchacho comenzó a sentir que su sangre comenzaba a hervir por la furia. ¡Se había burlado de él! ¡Había hecho el ridículo por un hombre! ¿Qué dirían sus hombres a todo eso?

-Esteee… -comenzó a decir el avergonzado capitán Sparrow-, ¿perdón?

-¡¡¡VOY A ARRANCÁRTE LAS TRIPAS!!! –exclamó el árabe completamente furioso mientras se ponía rápidamente de pie olvidando por completo al almirante-, ¡¡¡NADIE TOMA POR UN ETÚPIDO AL TEMIBLE BANDIDO NEFUD YIDDA!!!

-Reaccionó igual que yo cuando supe la verdad –pensó el comodoro Norrington.

Y sin darle tiempo de reaccionar a nadie, el enfurecido árabe volvió a tomar su cuchillo de la arena y lo lanzó inmediatamente hacia el asustadísimo pirata con la intención de clavarle la cabeza contra el árbol para así vengar su maltratado orgullo, pero, para fortuna de Jack, el filoso objeto fue a clavarse al lado de su cabeza, justo en el tronco del dátil. Con los ojos completamente abiertos por la impresión, nuestro pobre protagonista se había quedado como petrificado mirando hacia la daga.

-¿¡Pero cómo te atreves!? –le reprochó el comodoro Norrington al árabe mientras corría al lado de su amada para cerciorarse de que se encontraba completa.

-¿Estás bien? –le preguntó muy preocupado en cuanto la tuvo frente suyo.

Pero cuando Jack estaba a punto de contestarle, fue Will Turner quien intervino esta vez.

-¡Jacky! ¡Jacky! ¿Te encuentras bien? –le preguntó muy afligido mientras lo tomaba por los hombros para luego abrazarla contra su pecho ante los sorprendidos ojos de James y Elizabeth-. ¡Gracias a Dios que no fuiste herida por ese rufián!

-P-pero… -apenas decía el pirata bastante sobrecogido mientras "parecía" tratar de liberarse de los fuertes brazos del muchacho.

-¡Un momento, señor Turner! –exclamó James muy ofendido mientras apartaba de un solo tirón a Will de su "amada"-, ¿por qué no se fija en sus modales? ¡Está usted abrazando a…! –No pudo terminar la oración, pues la vergüenza lo dominó una vez más. ¡Por poco y rebelaba su gran secreto!

Jack puso los ojos en blanco, ¿por qué el comodoro Norrington era tan cobarde para expresar sus sentimientos? No era que a él le interesara, claro, pero… ¡le encantaba escucharlo decir que lo adoraba!

-¿Abrazando a quién, señor Norrington? –lo desafió el muchacho.

James, furioso, se mordió los labios. ¿Quién diablos se creía aquel mocoso para desafiarlo de esa manera?

-¡Abrazando a un hombre! –contestó al fin haciéndole frente a tal desafío.

-¡No es un hombre, es una hermosa mujer! ¡Y es MÍ mujer! ¡Admítalo!

-¡Jah! ¿Su mujer? –se mofó-. ¡Está usted equivocado, pues es a mí a quién ella eligió!

-¡¿Q-qué?! –apenas pudo decir Geroge (Isabel) Jacobson al escucharle decir aquello.

-Oh oh… -murmuró James al darse cuenta de lo que había dicho mientras llevaba sus dedos a la boca.

-¡Contra su voluntad! ¡El anillo la hace actuar mal! ¡Debió haberme elegido a mí! –siguió Will con el acalorado debate, puesto que no estaba asombrado por lo que le había oído decir a su enemigo, ya que lo sabía de antemano gracias a Beatriz.

-¿Pero quién demonios se cree usted para ser siempre el elegido por las damas? –el comodoro se había olvidado de su declaración, concentrándose en la discusión que mantenía con el joven herrero.

-¡Soy un completo caballero! Y con humildad también admito que no estoy tan mal…

Esto último, William lo dijo poniéndose muy colorado.

-¡Jah! ¿Entonces yo no soy digno de las damas por no ser tan atractivo como usted? –replicó el comodoro con ironía.

-Olvidó agregar que tampoco es un caballero… -refutó desafiante el muchacho.

-¡Eso no se lo permito, señor Turner! ¡Lo reto ahora mismo a un duelo de honor! –James sacó su espada inmediatamente.

-¡Acepto su reto! –Will también desenvainó su espada, y luego dijo con muy mala intención:

-… Aunque sé que le ganaré fácilmente, pues soy mejor que usted…

-Le haré comer sus insolentes palabras, señor Turner –dijo muerto de rabia.

Mientras todos veían cómo aquellos dos estaban a punto de batirse en duelo por una mujer que no lo era en realidad, Elizabeth dijo fastidiada:

-¡Hombres! ¡Todo lo arreglan a los golpes! -, y muy molesta y alarmada, se acercó a Jack y le dijo:

-¡Jack! ¿Es que no piensas hacer nada para detenerlos?

El aludido alzó los hombros mientras hacía un gesto de desinterés y le dijo:

-La verdad…, ¡es que me fascina que se peleen por mí! –sus ojos brillaron por la emoción y la vanidad.

-Cómo me gustaría matarte ahora mismo… -replicó la joven con una acentuada entonación de odio y rencor.

-Pero no puedes –se burló la pirata mostrándole el anillo.

A todo eso, viendo actuar a Norrington de manera tan vergonzosa y el haber escuchado que era a él quien Jack había elegido y no a William Turner, el almirante Jacobson se olvidó por completo del bandido Nefud Yidda y decidió hacer algo al respecto para vengar su despecho.

-¿Así que fue a ti a quien ese sucio pirata eligió, James? ¿Por qué no me lo contaste? Me imagino que debes estar muy feliz, ¿verdad? –Pensaba muerta de celos-. ¡Pues ya verás lo que haré al respecto!

Justo cuando Will y James estaban a punto de chocar sus espadas, intervino el almirante Jacobson.

-¡Basta! ¡Esto está llegando demasiado lejos! –exclamó muy enojado mientras se interponía entre ellos dos-. ¿Cómo diablos es que se ponen a discutir por un sucio pirata? ¿Acaso no les da vergüenza?

-¿Y usted qué se mete? ¡Esto no es asunto suyo! –se quejó William.

-Él tiene razón, no te metas en lo que no te importa, George. –Le reprochó Norrington con gran frialdad.

Isabel nunca supo si fue la manera cruel con que James le había hablado o porque él le había ocultado el hecho de que había sido elegido por Jack, pero su orgullo exigió ser redimido en aquel mismo instante y de cualquier manera con tal de vengarse de la afrenta hecha por su amigo. De un momento a otro, ella se olvidó de la misión y se dejó llevar por sus sentimientos por primera vez en su controlada vida. Les iba a dar donde más les dolería.

-Caballeros, recuerden que fui yo quien ganó la mano de la "señorita" Sparrow cuando les gané a ustedes dos en un duelo por la mencionada "dama" antes de llegar a Port Royal, ¿o acaso se olvidaron de ello?

Will y James abrieron enormemente sus ojos al igual que Jack Sparrow, pues efectivamente se habían olvidado completamente de lo sucedido hacía ya más de un mes atrás en el mencionado barco durante el trayecto entre Liverpool y Port Royal.

El dichoso duelo había consistido sobre cuál de ellos dos iba a quedarse con la bella "Katrina Watson", pero un borracho almirante George Jacobson había aparecido repentinamente para ganarles a los dos y besar su "premio" ante la sorpresa de todo el mundo.

Legalmente, la hermosa Jacky le pertenecía al almirante.

-¡Eso no fue justo, usted no tenía por qué haber intervenido en un duelo que no lo incluía! –se quejó inmediatamente el joven Will sin querer darse por vencido.

-Lo hecho, hecho está. Yo gané el duelo y ustedes no tienen porqué pelearse por alguien que no les pertenece. –El hermoso rostro de George pareció oscurecerse de pronto por una mueca de malicia-. ¿O acaso quieren volver a batirse en duelo por la mano de la "dama"? Con gusto aceptaré volver a pelear con ustedes.

-Esto no es justo, George… -se quejó James sintiéndose muy defraudado por su amiga. ¿Por qué ella se estaba comportando de esa manera tan extraña? -. Tú eres mucho mejor espadachín que nosotros, no tenemos ninguna chance de ganar.

Jacobson lo observó detenidamente con gran resentimiento.

-La vida no es justa, James, ¿por qué debería serlo yo? –le dijo desafiante, por lo que el aludido se quedó callado.

-Yo acepto la propuesta –dijo Will con determinación-. Usted no me intimida.

-Es un chico muy valiente…, o muy ingenuo… -pensó Isabel con gran admiración

-¡Y yo también acepto! –fue la sorpresiva intervención de Nefud Yidda mientras se acercaba decididamente al grupo con sus espadas gemelas en mano.

-¿Pero acaso no querías matarla? –preguntó consternado el joven herrero.

El apuesto árabe dirigió su mirada hacia Jack Sparrow y contestó:

-Quiero vengarme por haberme utilizado de una manera tan vergonzosa. Una vez en mis manos, ya verá lo que le haré.

-¡Glups! –Jack apenas pudo tragar saliva por temor a lo que le esperaba si aquel árabe ganaba.

Al ver las malignas intenciones del aquel ladrón, James Norrington decidió aceptar el duelo, aún sabiendo que lo perdería, jamás permitiría que él se quedara con la mujer que tanto amaba para que le hiciera daño.

-De todas maneras, no hay mucha diferencia de quien se lo gane de ellos dos, puesto que George también lo odia –pensó un tanto subyugado.

Mientras los cuatro se miraban entre sí con gran odio, determinación y desesperación, preparándose para el duelo, Jack, Elizabeth, tía Dalma y el otro bandido, los miraban muy preocupados.

-Esto se nos está yendo de las manos… -comentó tía Dalma con calmada inquietud.

-Creo que esta vez van a matarse… -dijo Elizabeth muy preocupada sintiendo que estaba perdiendo definitivamente a su amado Will.

-No si hago algo al respecto –fue la sorpresiva declaración de Jack Sparrow.

-¡¿Pero qué dices?! –se molestó la joven-. ¡Todo esto está ocurriendo por tu culpa! ¿Qué vas a hacer? ¿Mostrarles tus, tus… senos? –no pudo evitar sonrojarse para la diversión del pirata, quién replicó:

-No, pero si tú quieres hacerlo…, yo no me opongo.

-¡Vete al diablo, Jack Sparrow!

-¿Qué es lo que piensas hacer? –inquirió la pitonisa, evitando así que la joven Swann golpeara a Jack-. Tiene que ser algo que impida ese duelo, porque una vez comenzado, no creo que podamos detenerlos hasta que alguien caiga herido o muerto. Todos están siendo influenciados por la maldición del anillo y pronto dejarán de pensar racionalmente para actuar como animales en celo. Y también estoy segura que el almirante será el vencedor. Además de eso, no nos conviene tener heridos o bajas ahora que estamos tan cerca de nuestro objetivo. ¡Necesitamos toda la ayuda posible para romper el hechizo!

El capitán Sparrow la miró extrañado, era eso lo que justamente había pensado él, pues no le convenía a sus planes que sus "enamorados" se mataran entre sí como animales en celo. Además, por cada minuto que pasaba, se sentía irremediablemente más atraído hacia Norry, "su Norry", y no quería ver que lo matasen por culpa suya. Muy a su pesar, tenía que evitar aquel loco enfrentamiento, costara lo que costara.

-Prepárense para lo que vendrá, pues no se lo van a olvidar tan fácilmente –declaró muy decidido el pirata-. ¡Esto dejará a todos con la boca abierta!

Las dos mujeres lo miraron consternadas, ¿qué tramaría aquel pervertido?

-Comencemos con el duelo, caballeros –incitó tranquilamente el almirante para la preocupación de Elizabeth y los demás.

Pero justo cuando estaban a punto de chocar sus espadas, el pirata convertido en una exuberante mujer, intervino.

-¡Un momentito, amigos! –exclamó el capitán Jack Sparrow mientras caminaba hacia ellos con su peculiar contoneo. Todos sus pretendientes se detuvieran de inmediato, obedeciéndole-. ¡Permítanme decirles que yo no soy ningún premio de feria! ¡Ustedes no decidirán quién se quedará conmigo con un estúpido duelo!

-Pensé que te gustaba ser objeto de admiración… -pensó Elizabeth despectivamente.

-Aunque me halaga mucho que ustedes hagan todo esto por mí, permítanme aclararles que yo ya he hecho mi elección, caballeros. –Fue la inesperada declaración de la flamante capitana del Perla Negra.

-¡¡¿Quéeee?!! –todos exclamaron al unísono, asombrados, menos James y tía Dalma, uno por asustado y la otra porque ya lo sabía.

-¡No lo digas! ¡No lo digas, por favor, Jack! –pedía mentalmente el comodoro, pues no quería que nadie se enterara de su pequeño "secretito". ¿Qué opinaría Isabel al respecto? ¡¿Qué opinaría todo el mundo al respecto?! ¡Todos se burlarían de él!

Entonces, para la desgracia de James, Jack lo miró decidido, se dirigió hacia él con paso seguro (incluyendo sus zigzagueos), y una vez que se paró frente a él, lo tomó por los hombros. Muy nervioso, el comodoro comenzó a hacer preguntas:

-¿Q-qué estás ha-haciendo…? ¿P-porqué actúa así?

Y sin quitarle la vista de encima, la pirata siguió hablando como si le hubieran dado cuerda:

-Amigos míos, no quiero declararme un eunuco, pero debo hacer esta aclaración antes de que se maten en vano por mí: La maldición que pesa sobre mí se hace cada vez más fuerte y me es muy difícil controlarme, pero lamentablemente, gracias a una de las maldiciones del anillo, he tenido que elegir a uno de ustedes como… ¡demonios! -le costaba seguir con el plan-. …La persona a quien yo he elegido como mi… ustedes ya saben, es a este sujeto tan antipático que tengo frente a mí.

-¡¡Oh!! –apenas pudieron exclamar los que no sabían nada al respecto (les había costado un poco descifrar todo el palabrerío de Sparrow).

Y ante el asombro de todos, Jack tomó a James por la casaca e inmediatamente lo alejó de los otros tres contingentes y lo apoyó de espaldas contra el tronco de un dátil, y acercando su rostro al de él, sus miradas se cruzaron entre sí, decidida una y asustada la otra. Jack pudo sentir cómo temblaba el cuerpo de aquel hombre, comprendiendo así que tenía pleno poder sobre él, ¡y le gustaba mucho eso!

Al ver que la pirata sonreía de una manera siniestra, el comodoro apenas logró hablarle:

-Tiene que estar loco o desesperado para hacer esto frente a los demás… -le dijo preocupado.

-Eso no tiene ni qué dudarlo, mi querido Norry…

Y James no pudo decir nada más en su protesta, pues ante el gran asombro de todos los presentes, la bella capitana del "Perla Negra" lo besó apasionadamente.

Al ver que su amigo respondía a ese inesperado beso, George (Isabel) Jacobson se puso terriblemente furiosa y no logró detener una avalancha se celos proveniente de su encarcelado corazón.

-¡¡Voy a matarlo!! –exclamó furioso, pero justo cuando volvió a poner su mano sobre el mango de su sable, sorpresivamente se inició una terrible tormenta de arena, provocando que la atención de todos se centrara en la tormenta y no en el espectáculo depravado del capitán Sparrow.

-Jacky… -murmuró Will al ver que su amada seguía besando a su peor enemigo, ignorando la tormenta, comprendiendo amargamente que no era a él a quien ella amaba.

-¡Miren! –exclamó Elizabeth llamando la atención de todos mientras señalaba con dificultad adelante suyo.

Entonces, todos dirigieron sus miradas hacia donde la chica les indicaba para luego abrir grandemente sus ojos y sus bocas, sorprendidos ante lo que veían.

-¡Por fin! –murmuró Jack Sparrow mientras soltaba bruscamente al oficial-. ¡Muy pronto sabré cómo liberarme de este suplico!

Al escucharlo decir eso, el comodoro Norrington no pudo evitar sentirse usado y entristecido. ¡Pronto perdería a su gran amor! Pero… ¿alguna vez ella lo había tomado en serio? ¿Alguna vez ella lo había amado como alguna vez le había confesado?

-¡Lo logramos! –exclamó el joven Will lleno de felicidad.

-¡Oh no! ¡Es el lugar maldito! –se quejó Nefud Yidda mientras retrocedía un paso.

-¿Acaso es el…? -aventuró Norrington un tanto dubitativo.

Y ante el asombro de todos, la fortísima tormenta de arena cesó para dejar ver la enorme estructura de un templo enclavado en la gigantesca pared de piedra y arena endurecida de la montaña.

-Señores, por fin encontramos el "Templo de la Hechicera…". –Comentó una sonriente tía Dalma.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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