Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 54: Traición

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 54: Traición

Luego de haberse prometido mantenerse fieles al trato que habían hecho entre ellos dos, ambos siguieron su camino por aquel sucio y oscuro corredor, siempre con cuidado para no activar ninguna trampa, bueno, en realidad, James siempre se veía obligado a evitar que Jack se pusiera a tocar las baldosas de las paredes con la manía de encontrar algún tesoro escondido; pero a parte de eso, tenía que soportar escuchando su eterna locuacidad sobre sus proyectos futuros.

-¿Te imaginas? –le decía desvergonzada pirata-, ¡haremos tantas cosas! Primero, podré piratear a gusto sin que ninguna nave de la armada me persiga, porque tú te encargarás de evitarlo, ¿verdad? Segundo, podré visitar Port Royal como tu prometida: "Katrina Watson" y emborracharme en sus tabernas, contigo, si quieres. Tercero…

-Un momento. –Se paró de golpe el comodoro provocando así que Jack chocara contra él. Y dándose media vuelta, con aspecto de enojado, le dijo seriamente:

-Te dije claramente desde un principio, que si ibas a ser mi prometida: NA-DA DE RON.

-¡Oh, vamos! –se quejó se inmediato-. ¿Vas a prohibirme lo que más me gusta? ¿Qué te parece si yo te prohibiera…, este…, bueno… ¡El té! ¡Eso! ¡El té! ¿Qué te pareciera si yo te prohibiera tomar el té? Ustedes los ingleses son locos por el té, ¿no?

-También nos gusta las bebidas, Jacky. El whisky o el brandy, por ejemplo. –Le dijo con una sonrisita mientras se daba media vuelta y seguía caminando bajo la luz de la botella de ron, seguido por la pirata.

-Hagamos una cosa –siguió conversando el capitán del Perla-, ¿qué te parece si solamente tomo ron cuando ejerza mi rol de pirata y no lo tomo cuando sea tu "Katrina Watson"?

James la miró divertido y le contestó con gran tranquilidad.

-De acuerdo. –Y siguió su camino. Más, el ex capitán del Perla Negra se detuvo unos momentos para pensar con picardía: "Pero sí tomaré otras cosas, mi comodoro. Jeh jeh jeh. Nadie me prohíbe el alcohol". Y lo siguió.

-Tenemos que encontrar lo que estamos buscando antes que los demás, para así poder destruirlo –comentó el comodoro.

-Lo malo es que sabemos que no sabemos lo que estamos buscando, entonces, ¿cómo destruir lo que no sabemos que estamos buscando? –inquirió Jack con su eterna palabrería lógica.

James lo miró pensativo, sabía que la pirata tenía razón, pero si querían estar seguros de su futuro como amantes, primero tenían que destruir "eso" que desconocían para evitar así la transformación de mujer a hombre de Jack.

-¿Qué les diremos? –inquirió James un tanto avergonzado y preocupado por lo que dirían los demás al enterarse de sus planes.

-Nada –le dijo tranquilamente-. Ellos no tienen por qué meterse en nuestras vidas.

-Para ti es fácil decirlo… -no pudo evitar bajar los ojos-. No tienes una imagen que cuidar…

-Claro que la tengo, y a esa imagen no le importa un rábano lo que dicen los demás –le replicó mientras tomaba la botella-antorcha de la mano del oficial, y después de dirigirle una mirada picarona, le dijo:

-Conmigo aprenderás a divertirte despreocupadamente, ¿sabe? –y fue él (o ella), quien siguió caminando.

James se le quedó mirando, y antes de seguirla, murmuró:

-Eso es justo lo que me preocupa…

Habrían pasado seguramente media hora dando vueltas por los oscuros corredores hasta que se dieron con la mala sorpresa de que al final de aquel largo pasillo, no había salida alguna, lo que provocó que entraran en la desesperación.

-¡Maldición! –se quejó el comodoro-. ¡Lo único que nos faltaba! ¡No hay salida! ¿Qué es lo que haremos ahora?

-Pues, jalar cosas –fue la simple respuesta de Jack.

Entonces, viendo que no había otra forma, ambos se pusieron a trabajar buscando en las paredes y el piso, algo que abriera cualquier puerta. Pero justo cuando comenzaban a desesperarse nuevamente al no encontrar nada, el comodoro divisó algo en el techo. Una cabeza de piedra de águila, y como estaba bastante alto, decidió que Jack trepara a su espalda para tirar de dicha cabeza.

-Súbete arriba mío –le propuso mientras se disponía a recibirla.

-¿Por delante o por detrás? –preguntó maliciosamente la pirata con una mirada en la que brillaba la lujuria.

-¡Por Dios, Jack! –Se quejó mientras se ponía rojo como un tomate-. ¿Es que no puedes tomarte nada en serio? Te digo que subas a mi espalda y tires de esa cosa para ver qué pasa.

-¡Oh! Debiste habérmelo dicho desde un principio –comentó haciéndose el inocente-, porque yo pensé que tú querías que yo…

-¡Ya cállate y sube de una buena vez! –pidió el comodoro a punto de salirse de sus casillas.

-Bueno, bueno. Ya subo, pero no te enojes –replicó Jack mientras se colocaba detrás de él, quien se había inclinado para facilitarle la subida, y se trepaba por su espalda ayudándose con algunos pataleos y bruscos agarrones. Luego de haberlo pateado varias veces, haberle desarreglado la casaca, tirarle el sombrero, jalarle malintencionadamente del cabello, nuestro abusivo capitán pudo sentarse sobre los hombros del pobre hombre.

-¿Sabes, viejo? –le dijo-. Estar en esta posición me hace pensar en algunas cosillas sucias para hacer…

-Tú fíjate si eso es o no es una palanca, Jack –le replicó fastidiado.

-Está bien… Pero qué aburrido eres –se quejó mientras tomaba la cabeza del águila con su mano derecha y la tironeaba.

Grande fue la sorpresa de ambos cuando la palanca bajó más haciendo un ¡Clik! Para después abrirse lentamente frente a ellos, de par en par, una puerta de piedra, dejándolos atónitos frente a un enorme salón ricamente adornado, que misteriosamente se encontraba iluminado por enormes y viejos candelabros de plata exquisitamente elaborados. Las paredes de mármol pulido estaban cubiertas con las más bellas y finas alfombras árabes, en el bruñido piso se encontraban de tanto en tanto alguna que otra piel de algún animal de caza.

Pero no solamente aquel lugar era impresionante por sus riquezas, sino también por sus innumerables objetos de hechicería, como ser: pequeñas y grandes botellas que contenían líquidos extraños, diferentes partes de animales disecados, objetos místicos, imágenes de dioses y demonios, velas, libros y pergaminos.

Todo aquel extraño y atrayente lugar, daba una extraña y pasmosa impresión.

-Éste es el lugar, no hay duda…Lo encontramos por fin… -murmuró el comodoro Norrington sorprendido.

Luego, nuestra extraña pareja, Jack y James, entraron a dicha habitación, siempre actuando de diferente manera: el primero con gran confianza y fascinación, y el otro con gran cuidado y recelo.

-Debemos tener cuidado con lo que toquemos, Jacky, podríamos caer en alguna trampa o ser hechizados por algu… ¿Jack? –James se dio media vuelta y se sorprendió al ver a su "prometida" tomando toda clase de objetos de plata y oro para luego esconderlos entre sus ropas.

-¿Pero qué es lo que estás haciendo? –le preguntó muy molesto poniendo los brazos en jarra.

-¿Qué, no se nota? Estoy recogiendo algunas cosas… -le respondió con total frescura mientras seguía con su acto de rapiña.

-¡Pero estás robando! –exclamó escandalizado su compañero.

Al escucharle decir eso, la pirata inmediatamente se dirigió hacia él con los brazos típicamente extendidos mientras hacía un gesto de negación con su dedo índice.

-¡No, no, no! Estás muy equivocado, Norry –le decía apresuradamente mientras que a la misma vez le colocaba suavemente las manos sobre su pecho y aproximaba el rostro al de él-. Estas cosas dejaron de tener dueño desde que aquella hechicera desapareció, por lo tanto, teóricamente solo estoy "recuperando" estas cosas para que ningún otro las robe, ¿sabe?

-Jack, no soy un estúpido, sabes que no puedes engañarme con las tonterías que dices. TÚ, ESTÁS ROBANDO –le remarcó suspicazmente.

-Pero puedes fingir, ¿no? –le contradijo sonriéndole compradoramente como sólo él/ella sabía hacerlo.

Y sin darle tiempo para que le replicarla, la capitana Sparrow comenzó a cargarlo con diferentes y costosas cosas, tales como anillos, amuletos, algún que otro objeto de platería, etc.

Mientras James sostenía con dificultad todas las cosas que Jack le encajaba, le dijo:

-Estamos perdiendo el tiempo con esto. Tenemos que buscar "eso" que podría romper el hechizo para luego destruirlo.

-¿Y para qué tanta prisa? Seguramente los demás aún se encuentran lejos de este sitio evitando todo tipo de trampas. Nosotros tomamos un atajo, tenemos tiempo de sobra –le dijo con gran tranquilidad mientras sacaba una hermosa alfombra de la pared y se la colocaba sobre los hombros de su compañero.

-Pareces un rey persa –le dijo luego de mirarlo detenidamente.

-¿Qué sabes tú de reyes persas? –le replicó el comodoro con cierta ironía en su voz.

-Tanto que te sorprenderías saber lo mucho que sé sobre muchas cosas… -le rebatió suavemente mientras lo tomaba por la solapa de la casaca y lo obligaba a que se agachara un poco. Comprendiendo lo que ello significaba, James llevó mansamente sus labios a los de ella y los besó con enorme ternura.

A Jack ya no le importaba mucho besar a un hombre, pues sintiéndose cada vez más libre en su accionar, se podía permitir nuevamente semejante placer, ya que, después de todo, era un ser totalmente pervertido. Además, ya le resultaban muy gratificantes los besos de su futura "aventura".

Pero justo cuando más entretenidos estaban, William Turner y los demás, hicieron su aparición bajando rápidamente por unas escaleras de granito y entrando por la entrada principal del cuarto místico para darse con semejante espectáculo.

-¡James! –exclamó el almirante Jacobson ingratamente sorprendido.

-¡Jacky! –exclamó también el joven Will Turner igualmente decepcionado.

Y ante las miradas estupefactas de todos, la sobrecogida pareja dejó de besarse inmediatamente, entonces, mientras James soltaba asustado su pesada carga provocando que ésta se le cayera sobre sus pies provocándole un tremendo dolor y haciéndolo saltar cómicamente de un sólo pie; Jack trataba de desviar la atención de todos a hacia otra cosa.

-¡Vaya! ¡Por fin llegaron! Pensé que algo malo les había pasado –les dijo con una ridícula y fingida sonrisa-. ¡Encontramos lo que estábamos buscando!

-No te hagas el tonto, Jack –le rebatió Elizabeth cruzándose de brazos bastante escandalizada-. ¿Qué era lo que estaban haciendo? ¿Acaso besándose?

-¿Besándonos? Pues no, solamente estaba fastidiándolo un poco… Ya sabes cómo me gusta hacerlo ver como a un tonto… -fue la ridícula explicación de la pirata.

-Cómo me gustaría que me fastidiara así a mí… -murmuró Will como en un ensueño, como si estuviera imaginando dicha escena.

-¡¡Will!! –se enfadó la chica al escucharlo decir semejante barbaridad, distrayéndola del asunto de Jack y James.

-Me alegra que no haya muerto nadie más –les dijo el comodoro mientras se arreglaba un poco la ropa y daba un suspiro para calmarse un poco-. ¿Acaso no se toparon con otras trampas?

-Pues, algunas, pero sobrevivimos –fue la cortante respuesta del almirante mientras lo miraba con fijeza-. Y por lo que veo, ustedes dos salieron muy bien de aquella trampa.

Sí, había un doble sentido en aquella oración, pero como ese asunto "pintoresco" no era el tema principal por lo que habían hecho semejante viaje, tía Dalma se paró en el centro de la habitación y les llamó la atención a todos diciéndole:

-He aquí el lugar en donde la hechicera Jetzabel practicaba la magia –les rebeló con su extraña voz-. Les sugiero que nos separemos para poder buscar mejor aquello que podrá romper la maldición del anillo y romper el poder de la Piedra Mística.

-¿Y cómo sabremos que lo hemos encontrado si no sabemos lo que es? –preguntó el capitán Sparrow.

Tía Dalma lo miró unos instantes con su sonrisa tan enigmática y le respondió:

-Ustedes lo sabrán en cuanto lo vean.

Un tanto perplejos con aquella extraña respuesta de la pitonisa, todos se pusieron manos a la obra para comenzar a buscar "aquello" que querían encontrar entre todas las cosas que habían en la habitación en donde se estaban ahora.

Mientras miraba una cosa allí, otra cosa allá, Nefud Yidda permanecía en absoluto silencio aún impactado por lo que había visto al llegar allí. Había estado tan ilusionado con la idea de casarse y tener hijos con aquella mujer, que al verla besándose con aquel infiel como si nada más importara, le había terminado de herir aún más su orgullo maltratado.

-Tengo que deshacerme de él… -pensó con determinación mientras miraba de reojo al comodoro Norrington-, o demostrarle a ella que soy mejor que él…, mucho mejor que él.

Preocupado por el fututo de su relación con la versión femenina de su peor enemigo, el comodoro se acercó disimuladamente hacia donde se encontraba Jack fisgoneando, y le preguntó en un susurro:

-¿Qué haremos ahora, Jacky? Si alguno de ellos encuentra antes que nosotros la fórmula para poder transformarte, no podremos contra todos ellos, y mucho menos con el almirante Jacobson.

-Déjamelo todo e mí, Norry –le tranquilizó sin volverse a mirarlo mientras buscaba entre algunos pergaminos antiguos-. Cuando sea el momento oportuno, entraré en acción.

Viéndolos cuchichear en secreto a los dos, el almirante George Jacobson se aproximó inmediatamente hacia donde estaban ellos para tomar a James bruscamente del brazo y llevarlo a parte.

-¿Se puede saber qué es lo que te está pasando, James? –le reprendió con aspereza-. ¿Acaso él y tú están tramando algo a nuestras espaldas?

-¡Claro que no! –respondió muy molesto, ¿quién diablos era ella para tratarlo como si fuera un niño? ¿Quién era ella para decirle lo que tenía o no qué hacer? Pero no podía revelarle su plan, no hasta que encontraran ese "algo" que rompería el hechizo de Jack, entonces ahí sí sería rebelado todo ante todos.

Adivinando sus pensamientos, el almirante atacó en donde más le dolería a su amigo: su deber como oficial de la armada.

-Le recuerdo, comodoro James Norrington, que usted sirve a la corona y no a usted mismo.

Aquello fue un duro latigazo sobre el honor de Norrington, ¿acaso sería capaz de traicionar a su deber y a su patria por los amoríos con una pirata? Entonces, sin quererlo, comenzó a dudar.

Pero aquello no era todo, Geroge (Isabel) tenía aún más qué decirle:

-Sé también, que usted hizo un trato con Lord Cuttler Becket. ¿Acaso piensas romperlo?

-¿Cómo lo supiste? –inquirió muy sorprendido y preocupado.

-Lo he averiguado. Y sé también que él prometió promoverte al puesto de Almirante si le entregabas la Piedra Mística y el condenado del capitán Jack Sparrow. ¿No es así? Dime… ¿lo vas a hacer?

James se quedó completamente mudo, ¿cómo explicarle a su mejor amigo que ahora prefería quedarse con la capitana Jacky Sparrow antes que ser promovido a Almirante, cuándo ni él mismo podía explicarse tamaña decisión?

-Escucha, mi buen amigo –comenzó a decirle Isabel con un tono más suave, pero igualmente serio, mientras le ponía una mano al hombro-: tú sabes que siempre quise lo mejor para ti, pero también he notado que te dejas llevar por tus sentimientos y tus resentimientos… Dime con sinceridad: ¿qué te prometió ella?

James lo miró sorprendido y George siguió hablando:

-¿Qué te prometió ella? ¿Acaso te dijo que te amaba? ¿Te dijo que sería tuya? ¿Qué te prometió? ¡Dime! –algo desesperada, le colocó la otra mano en su otro hombro para poder mirarlo a los ojos-. ¿Acaso no te das cuenta que te está utilizando? ¡Por Dios, James! ¡Lo que ella te haya dicho es una completa mentira! ¿Cómo creíste que ése maloliente pirata accedería a entregarse a ti como si nada? ¡Tú eres un hombre y sabes lo que eso significa! ¡Él jamás accedería a entregarse así como así perdiendo su honra masculina! Pero si lo hizo…, si lo hizo, te apuesto a que te pidió algo a cambio, ¿verdad? ¿Acaso crees que eso es amor verdadero? ¡Él es el capitán Jack Sparrow! ¡Recuérdalo! ¡No pierdas la oportunidad de tu vida por una mentira! ¡Lo más importante ahora es tu ascenso! ¡Para eso vivimos! ¿Lo recuerdas? ¡Nuestra carrera militar!

-Yo… -Norrington no podía decir nada para contradecirlo, pues sabía que su amigo tenía toda la razón, absolutamente toda la razón. Pero, había algo que no le permitía aceptarlo por completo, muy en su interior, aún creía en su querida pirata, pues ella había arriesgado su vida por la de él…

-¡Un momento! –se dijo a sí mismo-. -¡Él jamás pudo arriesgar su vida por mí, puesto que él no puede resultar muerto gracias a ese anillo! –Y luego, mientras agrandaba sus ojos a causa de tamaña revelación, pensó mientras sentía que se le rompía el corazón en mil pedazos-: Ella me mintió, sólo pensaba utilizarme para sus malos propósitos en el futuro… ¡Pero que tono he sido!

Al verlo dudar, Isabel le propuso algo que lo dejó muy preocupado:

-Tú quédate tranquilo, estás bajo la influencia del hechizo, por eso actúas así. Yo me encargaré de todo.

Mientras George trataba de convencer a Norrington para que cambiara de parecer, Elizabeth Swann, quien se encontraba rebuscando entre los libros de un anaquel, se sorprendió al encontrar en un viejo libro polvoriento, un pergamino dorado. Parecía ser muy importante, así que llamó de inmediato a tía Dalma.

-Déjame verlo… -le pidió la pitonisa extendiendo una mano al llegar junto a la joven, quien se lo entregó de inmediato.

Una vez en sus manos, lo abrió y lo examinó detenidamente; aunque ella no sabía leer el árabe, supo de inmediato que aquello era una de las cosas que buscaban. Todos notaron que una sonrisa extraña y algo siniestra se dibujó en su moreno rostro.

-¡Lo encontramos al fin! ¡Éste pergamino de oro tiene mucho que ver con la Piedra Mística!

Al escuchar la palabra "oro", a Jack se le iluminaron los ojos. Tía Dalma continuó hablando:

-Necesito ayuda para leer esto…

-Ve a ayudarla, Al Sha'ab. Tú siempre entendiste de estas cosas… -le dijo su amo Nefud Yidda.

Rápidamente, el inteligente árabe se puso manos a la obra y se unió a tía Dalma para ayudarla a leer el pergamino. Mientras ellos descifraban el texto, todos los demás se miraban con nerviosismo sin saber a ciencia cierta a lo que se atenían. Sólo Jack Sparrow se dedicaba a entretenerse un poco robando algunas cosas de valor mientras James Norrington permanecía en silencio absoluto, con cara de pocos amigos y con los brazos cruzados, decidiendo su propio futuro y el de Jack.

-Excelente… -se oyó decir por fin a la pitonisa llamando la atención de todo el mundo luego de unos interminables minutos-. Ahora sabemos con exactitud lo que dice este pergamino. Escuchen bien: Un fragmento del pergamino dice: "Aquel que coloque su nombre al final del texto, se convertirán en el Amo y Señor absoluto de los asombrosos poderes de la Piedra Mística".

Todos se miraron entre sí, sorprendidos por la sencilla manera de adueñarse de dicha piedra, sencilla pero le daba un enorme poder a quien fuera su dueño.

-¿Entonces, lo que debemos hacer es borrar el nombre del Shake Aí Tel Aviv para que pierda sus poderes? –se aventuró a preguntar el joven Will Turner mientras hacía su gesto característico de achicar sus ojos.

-Evidentemente, ESO es lo que tenemos que hacer, mi querido muchacho –le replicó Jack con ironía, pero inmediatamente después, el pirata se inclinó un poco hacia tía Dalma y le preguntó un tanto dubitativo:

-¿Se puede hacer eso?

-Aquí dice que se puede "cambiar" el nombre del antiguo dueño con una gota de sangre de quien quiera ser su nuevo dueño… -explicó Al Sha'ab.

-¿Eso quiere decir que no podemos dejarlo en blanco? –Preguntó Elizabeth-. ¿Sí o sí tiene que tener un dueño?

-Así es… Eso parece… -respondió el árabe intelectual mientras releía el texto.

-¿Se lo podrá destruir? –inquirió el joven herrero.

-No lo sé –respondió tía Dalma dubitativa mientras que también examinaba nuevamente el pergamino-. Parece ser un objeto muy poderoso para ser destruido fácilmente…

-No sabía de la existencia de semejante piedra… -le comentó Nefud a Elizabeth.

-Es muy peligrosa, te hace creer ver lo que en realidad no existe. ¡Pero es tan real que hasta puede lograr matarte! –le dijo ella-. Pero lo es aún más en manos de un loco, ¡podría dominar todo el mundo con ella!

-Qué interesante… -murmuró el árabe para sí, muy interesado en su poder.

-¡Con ella podría demostrarle a mi amada lo mucho que le convengo! –pensó maravillado, e inmediatamente, se puso en acción.

-¡Lánzame ese pergamino, Al Sha'ab! ¡ Abha y Yamil, no dejen que se metan los otros! –le ordenó a sus hombres, quienes reaccionaron de inmediato haciendo lo que él les pedía, sorprendiendo a todos los demás sin dejarles reaccionar ni por un segundo.

Una vez que el pergamino estuvo en sus manos (después del intento fallido de Jack Sparrow de atraparlo en el aire cuando Al Sha'ab se lo lanzó), el temible bandido, Nefud Yidda, festejó victorioso el cumplimiento de su plan improvisado a último momento, y luego de dirigirle una penetrante mirada a la sorprendida y bella pirata, le dijo:

-Ahora verás que yo soy a quien tienes que amar.

-Pero tú no me convienes –le replicó ésta con una leve inclinación mientras extendía sus brazos.

Con el filo de su cuchillo, Nefud se hirió en la yema de su dedo meñique para estampar su sangre en el pergamino, pero de repente, la capitana Jack Sparrow hizo un rápido movimiento, y de un botellazo en la mano (que se lo había sacado de quién sabe dónde), le hizo soltar el pergamino.

Desde ese momento, todo se convirtió en una desastrosa batalla campal, los árabes sacaron sus espadas y comenzaron a luchar contra Will, James y George. Paradójicamente, a Norrington le tocó pelear contra Nefud Yidda, su adversario en el amor.

-¡Si te mato, podré quedarme con ella! –le dijo mientras lo atacaba fieramente con su espada.

-¡Jamás permitiré semejante cosa! –le replicó el comodoro mientras contraatacaba con vehemencia.

Yamil tenía un buen futuro como espadachín, pero siendo más joven que el experimentado Turner, éste lo derrotó enseguida arrebatándole la espada.

-Aún te falta mucho qué aprender… -le dijo mientras lanzaba lejos de allí la espada de su enemigo. Pero, la grandeza de Will se terminó cuando escuchó que alguien le hablaba por detrás, amenazadoramente.

-¿Por qué no te pones a pelear con alguien de tu tamaño, niño? –le propuso el inmenso Abha, y le lanzó un poderosísimo golpe de puño.

Poco faltó para que ese golpe le volara la cabeza a Will, pero gracias a sus rápidos reflejos, el muchacho se agachó a tiempo para evitar así el puñetazo. Pero, para sorpresa del joven herrero, ese puñetazo rompió fácilmente uno de los durísimos candelabros de plata, dejándolo atónito.

-Rayos… -murmuró este al darse cuenta contra quien tenía que combatir ahora.

Mientras tanto, el almirante Jacobson y el intelectual Al Sha'ab, se encontraban combatiendo duramente con sus espadas, pero, como era evidente, el oficial era el más ágil de los dos, y no fue ningún problema el arrebatarle la espada a su enemigo hiriéndolo en la muñeca. Luego, tomó al delgado hombre por las ropas, lo miró a los ojos y le apuntó con la espada dispuesto a matarlo. Al Sha'ab, jamás dejó de mirarlo a los ojos desafiadoramente. Pero después de unos momentos, al pensarlo mejor, el almirante le dijo con desprecio mientras lo soltaba:

-Tú aun nos sirves. –Luego, agregó amenazadoramente:

-No te atrevas a seguir combatiendo si no quieres que te liquide.

Y mientras se encontraba sentado en el suelo y se acomodaba los pequeños anteojos, el árabe vio cómo aquel peligroso militar se dirigía hacia donde se encontraban peleando Will y Abha.

-¿Qué habrá querido decir con eso de que aún les sirvo? –se preguntó extrañado.

Mientras Will Turner seguía evadiendo los poderosos y peligrosos golpes de puño y hacha de su enorme enemigo sin poder herirlo con su espada, grande fue la sorpresa de ambos cuando el almirante George Jacobson atacó a Abha por la espalda, matándolo en el acto.

-¡¡Abha!! –exclamó muy angustiado Al Sha'ab al ver caer a su compañero bajo la insensible espada del almirante.

-¡¡NO!! –gritó Nefud Yidda al notar lo sucedido, olvidándose por completo del duelo de honor con Norrington, momento que aprovechó el comodoro para desarmarlo.

Como notó que los tres árabes aún tenían ganas de lanzarse contra él, el almirante Jacobson sacó su mosquete y declaró amenazadoramente:

-¿Algún otro desea darme problemas? Les aseguro que terminarán como este mastodonte: muertos.

Todos se encontraban tan impresionados por la sangre fría del oficial, que ninguno hizo el más mínimo movimiento.

-Sucio, pero efectivo. Eso me gusta –dijo tía Dalma mientras tomaba el pergamino dorado del suelo.

¿Qué había hecho a todo esto el capitán Jack Sparrow? Pues, robar tranquilamente ante los molestos ojos de Elizabeth Swann.

-Por lo menos tenemos el pergamino –comentó Will mientras se acercaba al almirante-, ¿cómo vamos a destruirlo?

-De eso, no tienen por qué preocuparse… -declaró Jacobson con un alarmante tono de voz, provocando que todos le dirigieran su atención, confundidos, pero sólo el comodoro Norrington comprendió lo que iba a pasar.

-¿A qué se refiere, almirante Jacobson? ¿Ya encontró la solución? –preguntó Elizabeth.

Y de repente, desde ese momento, todo cambió para nuestros aventureros.

-¡¡Comodoro Norrington, quítele el pergamino a esa horrible bruja!! –ordenó súbitamente el almirante.

-¡¿QUÉ?! –todos se quedaron anonadados.

-¿Me dijo horrible bruja? –se quejó tía Dalma.

Al ver que James no reaccionaba, el oficial de alto mando volvió a exigirle lo mismo, pero esta vez, con más imperiosidad.

-¡¡Comodoro!! ¡¿Olvidó usted que soy su superior?! ¡¡Obedezca!!

Sin oponerse más a sus órdenes, Norrington le arrebató el pergamino a la pitonisa. Will quiso entrometerse, pero Jacobson no lo dejó.

-Tenga cuidado, señor Turner, tengo un arma y tenga por seguro que sé usarla muy bien.

Will Turner tuvo que quedarse quieto, maldiciendo su impotencia, sabiendo que aquel tipo era capaz de cualquier cosa. Entonces, George Jacobson siguió con el plan: inutilizar el poder de la Piedra Mística.

-Ahora, quiero que utilice la sangre de ese tipo muerto para cambiar el nombre del antiguo dueño del pergamino, comodoro.

Y James Norrington así lo hizo, fue hasta el cuerpo, se hincó ante él y con la yema de su dedo índice, levantó un poco de la sangre derramada y la estampó en el pergamino, entonces, el nombre del Shake Tel Aviv desapareció para dar lugar al nombre de Abha, su difunto nuevo dueño.

-Ya está hecho, almirante –declaró el comodoro Norrington mientras se ponía en pie.

-Bien. Ahora reúnase conmigo. Nos marcharemos inmediatamente con el pergamino.

Una vez que James estuvo a su lado, el almirante Jacobson hizo otra declaración ante sus molestos ex compañeros de aventuras:

-Ahora, venga con nosotros, capitán Jack Sparrow.

Todos no cabían en su asombro al escuchar semejante pedido.

-¿Para qué quieres a Jack? –preguntó un furioso Will Turner.

-Explíquele, comodoro Norrington –le indicó impasible el almirante.

James lo miró desconcertado. Sí, su amigo lo estaba obligando a tomar una decisión, la que a él más le conviniera tomar. Tenía que decidirse entre el amor o el deber. Debía ser una decisión rápida, sin arrepentimientos, y ya la había tomado.

-Ustedes se van a sorprender, ¿saben? –les declaró un despreocupado Jack a los intranquilos Will y Elizabeth, muy seguro de lo que James declararía.

Entonces, James Norrington se aclaró un poco la garganta antes de responder con su habitual solemnidad.

-Yo hice un trato con Lord Cuttler Becket de la East India Compay, le entregaría la Piedra Mística y al capitán Jack Sparrow a cambio de que él me promoviera al alto cargo de Almirante. Ésa es la razón por la que he permanecido con ustedes todo este tiempo… -miró a Jack, quien se encontraba muy sorprendido por semejante revelación pero muy alagado a la vez, ya que su "Norry" había rechazado tan anhelado rango por él.

-Sorpréndanse con lo que vendrá –les avisó a sus amigos, quienes lo miraron sin lograr entender lo que Jack les decía. Pero, las cosas no salieron como la pirata creía.

-Voy a cumplir con mi promesa, entregaré el pergamino y a Sparrow a Lord Becket y me convertiré en el almirante James Norrington. –Fue la sorpresiva decisión del comodoro.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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