Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 61: Jack Descubre Muchas Cosas… ¡y al Jeque Alí Tel Aviv!

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Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 61: Jack Descubre Muchas Cosas… ¡y al Jeque Alí Tel Aviv!

El capitán Jack Sparrow no tenía idea de cuánto tiempo había transcurrido desde que perdió totalmente el conocimiento a causa de la droga que Beckett le había suministrado y el haber sufrido el impacto emocional de haber visto morir a su "Norry", pero cuando por fin volvió en sí, se dio con que ya no estaba preso en manos del gigantesco cíclope que lo había secuestrado, sino que se encontraba tirado al lado del "Tesoro de la Calavera Dormida" en el interior de la dichosa cueva en donde había hallado el anillo. Ahora sabía que se encontraba nuevamente en la "Isla del Cuello Torcido". Otra vez volvía al comienzo de todo lo que le había pasado en el transcurso de todos aquellos meses desde que se había puesto aquel maldito anillo.

Todo el lugar se encontraba en completo silencio, un silencio que incomodaba muchísimo a nuestro capitán, pues creía que seguramente presagiaba el desastre que se avecinaba. Varias antorchas estaban encendidas a lo largo de la oscura pared cavernosa, iluminando tenuemente todo aquel basto lugar así como al espléndido tesoro que ocupaba el centro de la cueva. Jack miró aquella lujosa fortuna que antes lo había maravillado, y supo que ya no le importaba. Ya nada importaba si el hombre a quien tanto se había acostumbrado ya no estaba entre los vivos.

Suspiró tristemente, de nada valía ponerse sentimental, la vida tenía que seguir su curso natural y él debía aceptarlo ni más ni más. Después de todo, él realmente era un hombre y no tenía por qué ponerse mal por la muerte de aquel tonto de pacotilla. Norrington había sido un estúpido enamorado y Jack lo había aprovechado todo lo posible. Ahora tenía que ponerse a pensar en la mejor forma de salir de aquel mal asunto. Volvió a suspirar mirando hacia todos lados, y como aún estaba sentado en el duro suelo de piedra, decidió a ponerse de pie y escaparse de allí lo más pronto posible antes de que alguien apareciera, pero en cuanto lo hizo, se dio con la sorpresa de que aún sostenía la casaca de James en su mano.

La pirata se quedó como petrificada al ver aquella prenda azul, aquella que su "Norry" había llevado desde que había sido ascendido a comodoro, aquella que lo hacía ver tan atractivo ante sus ojos… Entonces, sin quererlo, la capitana del "Perla Negra" recordó todo lo bueno y lo malo que había vivido junto con aquel hombre; sus sonrisas, sus enfados, sus estúpidas palabras de amor, cuando ponía una adorable cara de tonto, su severa rectitud, su entrañable y silenciosa compañía, sus besos… Ya nunca más estaría a su lado velando por su seguridad, regañándolo, haciendo cualquier cosa por ella/él… Ya nunca más lo vería, lo había perdido para siempre sin antes poder decirle lo mucho que lo… amaba.

-"Si muero, quedarás libre para convertirte nuevamente en quien antes eras realmente". –Fue lo último que él le había dicho antes de verlo morir… ¡Otra vez se había sacrificado por él¡Por un sucio pirata traicionero convertido en una manipuladora mujer!

Jack sintió deseos de llorar desconsoladamente, pero apretó fuertemente los puños tratando de no hacerlo… ¡No tenía por qué gimotear como una nenita si no lo era…! Aunque no pudiera seguir negando por más tiempo lo que realmente sentía su corazón, la apenada capitana Jacky Sparrow, contendría la desesperada tristeza que la embargaba por haber perdido a aquel a quien tanto la había amado.

Pero aún así, no pudo evitar que una pequeña lágrima escapara de sus oscuros ojos.

-Soy un hombre…, no una mujer… -se dijo a sí mismo mientras se enjuagaba con el puño de su manga aquellas pequeñas lágrimas de su rostro, tratando de convencerse de una verdad que ya le parecía muy distante-. Soy un hombre…, no una mujer… -.Quería gravar ese pensamiento en su atribulada mente.

Tratando de alejar su mente de su querido "Norry", la pirata se dedicó a concentrarse en su huída mirando hacia todos lados, pero algo le llamó la atención, otro cofrecillo ricamente adornado ubicado en el otro extremo de la montaña de oro y joyas. No recordaba haberlo visto antes. Inclinando un tanto la cabeza, y frunciendo el entrecejo, el capitán del "Perla Negra" se acercó lentamente hacia el objeto en cuestión, y aunque caminaba muy a su manera con los brazos extendidos, no había soltado la casaca de James. Muy en su interior, no deseaba desprenderse de ella.

Una vez que abrió el cofre, se asombró al descubrir un bellísimo cuchillo de oro ricamente adornado con piedras preciosas.

Presintiendo que aquel objeto era de mucho valor, más intrínseco que monetario, Jack lo tomó con su mano libre y de inmediato sintió estremecerse bajo un extraño e intenso poder.

-Esto… -murmuró frunciendo las cejas pensativo-, esto es más, mucho más de lo que aparenta… -y mirando sigilosamente hacia todos lados, escondió la daga en la casaca de James Norrington y se la quedó mirando unos instantes, ensimismado y muy triste.

-Sé que tú me ayudarás desde el más allá… -murmuró melancólicamente, y enseguida alzó la cabeza con decisión, tomó una vieja espada que encontró clavada entre el tesoro y se dirigió a paso seguro hacia la salida de la caverna dispuesto a hallar una salida, aquella que había utilizado la primera vez que había estado ellí, pero una gran roca tapaba la entrada de la galería impidiéndole la retirada.

Colocando los brazos en jarra, Jack replicó entre molesto y contrariado:

-¡Ninguna roca va a impedir que el grandioso e inigualable capitán Jack Sparrow escape! –e inmediatamente se puso a empujarla patéticamente con todas sus fuerzas, probando distintas posiciones cómicas para lograrlo: por delante, por detrás, de costado, recostado y empujando con los pies, etc, etc, etc… Pero no logró moverla ni sólo un centímetro (como era de esperarse), solamente había conseguido cansarse innecesariamente.

Bufando, con una mano apoyada en la roca y con la otra abanicándola para echarse un poco de aire, dijo:

-Bueno…, creo que una roca como tú sí puede impedir que el grandioso e inigualable capitán Jack Sparrow escape… -miró hacia el lado contrario y se dijo a sí mismo:

-Debe haber otra manera de salir de aquí… -y tomando nuevamente la casaca, se lanzó otra vez en la búsqueda de otra salida, pero cuando pasó al lado del grandioso y reluciente tesoro, se le quedó mirando y volvió a él su afición por el pillaje.

-Sería una lástima dejar abandonado a algo tan hermoso como esto –dijo con cara de fingida pena, y rápidamente comenzó a llenar de joyas cada bolsillo o lugar posible de entre sus ropas. Ya saciada su sed de riquezas, el pirata convertido en mujer, decidió entonces que ya era hora de seguir con su exploración por aquel lugar cavernoso, ya que, extrañamente, nadie parecía estar allí aparte de él (cosa que lo mantenía alerta).

Al ir inspeccionando cada parte de la cueva, llevando una antorcha en una mano y la daga envuelta en la casaca de James en la otra, encontró otro pasadizo pobremente iluminado por unas cuantas candelas más. Sigilosamente, nuestro protagonista recorrió el pasadizo hasta llegar a otra caverna mucho menos grande que la anterior, y mayor fue su sorpresa cuando vio a un montón de mujeres bellísimas, vestidas con sugestivas vestimentas árabes de transparentes velos coloridos, recostadas sobre enormes y suaves almohadones, charlando, comiendo exquisiteces y bebiendo todo tipo de licores.

-¡Descubrí el paraíso! –exclamó dichosamente el capitán del "Perla Negra", y sin dudarlo un segundo, se dirigió rápidamente hasta donde ellas estaban.

Al ver que las jóvenes se asustaron al verlo, decidió presentarse ente ellas para que le tomaran confianza:

-¡Hola¿Cómo están, señoritas? –les sonrió amistosamente, y luego, llenándose de orgullo, siguió con su presentación mientras, confianzudamente, él/ella también se recostaba sobre los cojines y tomaba algo de fruta de una bandeja, pues se encontraba muerto de hambre-. Soy el grandioso e inigualable conquistador de bellísimas y finas damas como ustedes: el famosísimo capitán Jack Sparrow.

Y mordió el durazno…, que enseguida escupió, pues sabía horrible.

-¡¡Puuaaaajjjjjjjj¡Ésta cosa sabe a tierra¿En dónde hay un poco de ron? Necesito algo líquido para mi boca… -y tomando una fina copa de plata que llevaba una extrañada mujer, Jack también se la llevó a la boca para luego escupir inmediatamente el oscuro líquido.

-¡¡Waajjjjjh¡Esto sabe a rayos! –se quejó mientras se secaba la boca con la manga de su camisa y miró a las sorprendidas mujeres-. ¿Cómo es que pueden comer y beber estas porquerías? Deben estar completamente locas, no entiendo como pueden estar viviendo en un lugar como este y… -entonces, Jack Sparrow abrió enormemente los ojos al entender por fin el porqué de que un grupo de hermosísimas damas estuvieran reunidas en un lugar tan peligroso y solitario como ése, alejado de toda civilización. Abriendo enormemente sus delineados ojos oscuros, se echó hacia atrás mientras las apuntaba con su tembloroso dedo índice-. ¡El-el-el harén¡U-ustedes son…!

-Así es –dijo una de ellas, una mujer alta, desgarbada y de cabellos rojos-. Somos el harén del Jeque Alí Tel Aviv.

-¿L-las mujeres que a-antes fueron hombres¡Glups! –el sorprendido pirata tragó saliva y comenzó a levantarse lentamente de los almohadones mientras sonreía estúpida y nerviosamente.

"¡Casi intento conquistar a unos hombres¡Agh!" –pensó escandalizado, (sin tener en cuenta que ya había conquistado perdidamente a uno).

-Bueno, caballe.. Digo… Señoritas… Caballeros Señoritas… Gays. Lamentablemente tengo que marcharme de aquí y dejarlas (o dejarlos) sin mi esplendorosa presencia porque ustedes no son lo que parecen que son y eso me tiene un tanto confundido –decía mientras tomaba la casaca y la espada y colocaba sus pies fuera del colchón de almohadones y comenzaba a abrirse paso entre "ellas" acompañando su habla farfullada con un ligero balanceo de borracho, muecas extravagantes y unas sacudidas de mano que lo hacían parecer desequilibrado.

-Si ustedes están aquí, eso significa que él está aquí, por lo tanto yo no debería estar aquí, porque si estoy aquí, sería muy peligroso porque seguramente él me podría atrapar aquí y yo…

Pero entonces, una de ellas se le atravesó en el camino para detenerlo y le dijo:

-No tienes por qué estar confundido, Jack Sparrow, ya eres una de nosotros… solamente tienes que aceptarlo.

-¿Aceptar que soy gay¡Ni aunque me amenacen con la horca lo haría!

Entonces, todos los hombres convertidos en mujeres, comenzaron a estirar sus brazos para tratar de atraparlo, a lo que nuestro protagonista comenzó a asustarse y a manotear todas aquellas manos tratando de sacárselas de encima.

-¡No¡Aléjense de mí! –exclamó aterrado, como si de la lepra se tratase, y sacó la espada para comenzar a retroceder abanicando los brazos a más no poder-. ¡Yo no tengo nada que ver con ustedes¡Eunucos!

A pesar de los espadazos ciegos que el pirata repartía a diestra y siniestra, todas las mujeres comenzaron a acercarse amenazadoramente hacia el recién llegado sin importarles su propia seguridad. Ellas querían atraparlo a toda costa. Habían pasado de ser atractivas mujeres a seres escalofriantemente zombis.

-Te equivocas –comenzó a hablar una de ellas, una gordita-. Sí tienes que ver con nosotros...

-Como tú, antes fuimos hombres y ahora somos mujeres… -dijo otra.

-Hombres que han perdido su voluntad ante la "Maldición del Anillo de la Calavera"… –comentó una tercera.

-Y se han entregado a la voluntad del Jeque Alí Tel Aviv convirtiéndolas en verdaderas mujeres… -le dijo una chica morena.

-Como lo harás tú… -fue la terrible sentencia de otra.

-¡Eso jamás! –se negó Sparrow mientras guardaba la distancia entre él y las demás.

-Tú también eres eunuco –acusó una de ellas con una siniestra sonrisa.

-¡¡No¡¡Eso no es cierto¡¡Déjenme en paz¡¡No soy un eunuco!! –exclamó histérico el capitán del "Perla Negra" mientras se debatía desesperadamente de entre las manos de sus "futuras compañeras", y cuando logró liberarse de ellas, salió disparado hacia la dirección de donde había venido, perseguido por aquellas mujeres quienes antes habían sido hombres como él.

Mientras corría desesperado por el pasaje, logró encontrar otro oscuro recodo y se metió allí para esconderse. Para su tranquilidad, aquellas locas que lo estaban persiguiendo, habían pasado de largo sin haberlo visto, así que nuestro escurridizo pirata salió de su escondite cuando no vio moros en la costa y se dirigió rápidamente hacia la dirección contraria. Pero grande fue su sorpresa cuando una sombra emergió desde las profundidades del pasaje y le impidió la retirada. Tan nervioso se encontraba el capitán Jack Sparrow, que no pudo evitar dar un grito acompañado de un exagerado respingo.

-¡¡Aaaaaaaaaaaahhhhhh¡¡Que un mal rayo te parta!! –chilló, pero cuando al fin pudo desahogar su histeria, mayor fue su desconcierto cuando reconoció a la persona a quien ahora tenía al frente suyo: era el tío del almirante Jacobson, el doctor Christian Jacobson.

-¡¡Tú!! –exclamó Jack ingratamente sorprendido al ver de quien se trataba, pues aunque los recuerdos de lo que había sucedido en la oficina de Beckett le eran muy confusos gracias a la droga que había consumido, recordaba muy bien quién le había disparado a Norrington.

Por instinto, y por un claro deseo de venganza por su admirador asesinado, Jack Sparrow se puso en guardia con la vieja espada que había encontrado. Aunque el atacar deliberadamente no estaba en su naturaleza de "buen hombre", el capitán del "Perla Negra" deseaba fervientemente que aquel pérfido traidor lo atacara primero únicamente para tener una excusa y poder darle la lección que tanto se merecía.

Pero algo le llamó la atención, el tío del almirante Jacobson no se había movido un solo centímetro. Ni siquiera había intentado hablarle. Solamente permanecía allí de pie, en completo silencio, mirándolo detenidamente.

Entonces, frunciendo el entrecejo un tano extrañado, Jack lo observó con más atención que antes.

No vio ninguna expresión en el impávido rostro pálido del médico, sus ojos celestes no pestañearon ni un solo instante. No llevaba su tricornio negro ni su peluca, su largo cabello castaño pálido se encontraba tan desalineado como su ropa. Pero aún tenía sus anteojos puestos.

-¿Doc? –preguntó el pirata algo desconcertado, pues aquel hombre no era la misma persona cruel que había disparado en contra de "Norry", no. Ya estaba por avanzar un paso hacia él cuando notó que el doctor Jacobson aún llevaba el arma en su mano derecha, aquella que había usado en la oficina de Beckett, entonces, sin quererlo, vino a su mente la escena del mosquete humeante, aquel rostro maligno, la sangre sobre la chaqueta de Norry y su triste semblante, luego… su muerte. ¡Había olvidado por completo que aquél desgraciado era el que había asesinado a su comodoro…! Pero ahora, la persona que tenía frente suyo no era el mismo que había acabado con la vida de Norry, no, era el verdadero doctor Christian Jacobson, tío del almirante George Jacobson… Pero… ¿Por qué estaba tan convencido de que era otro el que había disparado y no el doctor¿Había olvidado algo crucial del pasado pero que su subconsciente le decía a gritos que debía cuidarse de ese hombre a pesar de sus dudas? Jack Sparrow miró dubitativo hacia el doctor. ¿Qué se le había olvidado¿Qué?

Pero allí estaba el sujeto que había acabado con su gallina de los huevos de oro, con su estupendo plan de utilizar a Norrington como pantalla para poder piratear por el Caribe sin miedo a una represalia por parte de la Armada Real… El que había asesinado a su querido Norry, a su futura aventura.

-Veo…, que usted no siente ninguna vergüenza por lo que hizo¿no? Aún tiene la indecencia de mostrarme su rostro… Usted acabó con la vida de un fino caballero¿sabe? –Jack no era una persona violenta, pero tenía muchas ganas de romperle la cara con un buen puñetazo.

La pirata esperaba una réplica por parte de él, pero muy por el contrario, nada de eso pasó, pues en ese momento, algo brilló en los ojos de Christian e intentó abrir la boca para hablar. Se notaba lo mucho que le costaba hacerlo, y cuando por fin lo logró, dijo algo que Sparrow no se lo hubiera esperado.

-… A-yú-de-me… -le dijo entrecortadamente y pareció desvanecerse, a lo que el pirata convertido en mujer, lo sujetó rápidamente por la cintura, evitando así su caída al suelo pedregoso.

Como si estuviera muy agotado, Christian se abrazó fuertemente a él, cosa que puso a Jack muy incómodo.

-¡Doc¿Se encuentra usted bien¿Qué le pasa? Si no me lo dice lo soltaré¿eh?, no me gusta que me abracen los hombres (solo las mujeres) y mucho menos el que mató a Norry…

El hombre de cabellos canos pareció asombrarse con lo que había escuchado, pero al notar que él mismo sostenía un mosquete, cayó de rodillas soltando el arma y sus manos comenzaron a temblar mientras se las miraba muy atemorizado, temiendo haber hecho algo muy malo.

-… Yo… no lo recuerdo…, no recuerdo nada… -dijo él, y Jack lo ayudó a sentarse en el suelo.

-¿Cómo es eso de que no recuerda lo que tendría que recordar? –inquirió extrañado.

-… No lo sé… -le confesó mientras llevaba ambas manos a la cabeza, confundido-. Hay cosas que no puedo recordar… Lapsos de tiempo que jamás existieron para mí… -miró alrededor-… Ni siquiera sé qué lugar es este y por qué estoy aquí…

Completamente consternado, nuestro protagonista se le quedó mirando sin saber si le creería o no.

-Usted mató al comodoro Norrington¿lo recuerda? –había un dejo de ira en aquella bella y enérgica voz femenina.

Incrédulo y asombrado, el doctor Jacobson abrió grandemente sus ojos celestes y lo miró completamente consternado.

-… ¿D-dices que lo maté…¡No puede ser! S-si lo último que recuerdo fue cuando llegamos a casa de Lord Beckett para rescatarte…

-¿Y no se acuerda de nada más¿Ni cuando le disparó a Norrington?

-…No, nada… -contestó afligido mientras llevaba otra vez sus manos a la cabeza y miraba espantado hacia el suelo-… N-no puedo creer que haya asesinado a ese caballero tan fino… Él sólo quería estar con usted… Que usted estuviera bien… La amaba tanto… ¡Por Dios¡Qué hice¡Yo salvo vidas, no las arrebato!

Jamás en su vida le había disparado a un ser vivo a pesar de poseer una excelente puntería. ¡Hasta se había vuelto vegetariano porque consideraba un crimen matar inocentes animales que solo vivían para alimentar a los humanos! Se había convertido en médico para ayudar a toda persona que lo necesitara, a cualquiera, y ahora, por culpa de algo que no lograba comprender lo que era, había asesinado cruelmente a un hombre inocente… Sentía que algo maligno había entrado a su ser desde hacía tiempo, algo que tomaba posesión de su cuerpo cuando se le antojaba, algo que lo obligaba a comportarse de una manera totalmente contraria a sus creencias. ¡Era insoportable!

El capitán Jack Sparrow se puso en pie, no comprendía muy bien todo aquello, pero a su mente le venían recuerdos… Recuerdos confusos gracias a la droga que el desgraciado de Beckett le había suministrado para aprovecharse de su "virginidad" antes de que James y los demás llegaran: su plan improvisado para evitar que el almirante Jacobson asesinara a James…, el rostro de agradecimiento de él… (Una expresión verdaderamente tierna…) Luego, el horrible bramido del disparo, el maligno y oscuro rostro del doctor, la pistola humeante…, y palabras… ¿Cuáles eran¿Qué le había dicho?, luego, la sangre… La tristeza y la resignación en el pálido rostro del comodoro… su muerte, su injusta muerte… El dolor… ¿Pero qué le habían dicho esas palabras¿Quién las había dicho? Ciertamente no era la voz del doctor Jacobson ahora que lo recordaba, no, era la voz de alguien a quien había conocido muy poco pero que recordaba muy bien. Y esa persona era…

-¡¡El pelón!! –exclamó sorprendido ante tan desagradable descubrimiento-. ¡Era la voz del pelón¡Abdul!

Entonces, sin que tuviera el tiempo suficiente para asimilar totalmente lo que había descubierto, Jack comenzó a oír una casi imperceptible risita maliciosa proveniente del doctor Jacobson, y muy asustado, dirigió su vista hacia donde él se encontraba. Éste aún permanecía arrodillado en el suelo con la cabeza baja y las manos sobre ella, pero, Jack no podía ver su rostro. El poseído seguía riéndose siniestramente, cada vez con más fuerza.

-¿Doc? –inquirió muy nerviosa la capitana mientras comenzaba a retroceder temerosa de que lo que sospechaba del doctor Jacobson fuera verdad-. ¿Cu-cuál es la gracia? Me-me gustaría reírme a mí también… ¿Sabe?

La risa siniestra se hizo más fuerte, casi estruendosa, pero Christian aún no levantaba la cabeza.

Muy preocupado y alarmado por ello, el capitán del "Perla Negra" comenzó a retroceder cada vez con más prisa, tratando de guardar una buena distancia entre aquel sujeto que ya le era extraño. Lenta y sigilosamente, se dio media vuelta y trató de marcharse de allí a pie puntillas, pero el poseído doctor Jacobson descubrió sus intenciones y le habló al fin.

-¿A dónde va, capitana Jacky Sparrow? –preguntó con un tono bastante cruel.

Era seguro, aquella voz era la de Abdul, el sirviente del Jeque Alí Tel Aviv que lo había capturado en Port Royal, no la del doctor Christian Jacobson.

Jack se paró en seco, sintió cómo todo su cuerpo femenino se estremecía desde la punta de los pies hasta la punta de los cabellos por culpa del temor que sintió. Y sin desear darse la vuelta, el aludido comenzó con su habitual jerga característica mientras alzaba su dedo índice:

-Disculpa, pero es capitán Jack Sparrow, pelón. –No le iba a dar el gusto a aquel desagradable tipo de mostrarse temeroso ante él.

-Pero lo que veo desde aquí, no es al capitán Jack Sparrow, si no, a la futura concubina de mi amo Tel Aviv… -decía el poseído doctor mientras se ponía en pie-. Y yo, personalmente, me encargaré de llevarte ante la presencia de mi amo.

-Veo que tus intenciones siguen siendo las mismas de antes, pelón –le dijo la pirata mientras se volvía para mirarlo desafiadoramente… Te creí muerto¿sabes?

-Tu amigo pirata sólo acabó con mi cuerpo físico, no con mi espíritu condenado a servir eterna y fielmente a mi amo el Jeque Alí Tel Aviv, mujer -. A Abdul pareció no gustarle mucho aquel recuerdo.

-¿Cuándo poseíste al doc?

-Después de que seleccionaste a una de tus "victimas" como tu "pareja".

Jacky Sparrow permaneció en silencio por unos segundos, inevitablemente le vino a la mente la lluviosa noche aquella en que había besado a Norry por su propia voluntad. ¡Él se veía tan atractivo entonces!

La pirata sujetó con más fuerza la casaca de James.

-Sí que lograste engañarnos… -dijo-. ¿Entonces tú fuiste el que hizo desaparecer las "Piedras Blancas"?

-Así es. Eran un estorbo para el poder de la "Piedra Mística" de mi amo.

-¿Y por qué luego de varios meses recién se decidieron a atraparme?

El rostro del doctor se oscureció, una expresión muy maligna asomó junto a una mirada y a una sonrisa perversas.

-Solamente queríamos divertirnos un poco –respondió.

"¡Malditos piratas de agua dulce¡Entonces estuvieron jugando con todos nosotros disfrutando de nuestras desventuras! –pensó Jack enfurecido-. ¡Disfrutaron vernos caer cada vez más bajo la maldición del anillo¡Disfrutaron asesinando a Norry¡¡Me hicieron hacer el ridículo!!"

-Bueno, ya basta de preguntas, nada más deja que te entregarte a manos de mi señor para que te conviertas en su mujer –replicó Abdul amenazadoramente mientras comenzaba a acercársele dispuesto a atraparla.

Jack retrocedió asustado, pero como siempre, no lo iba a demostrar tan abiertamente. Aún mantenía su guardia con la vieja y herrumbrada espada.

-Lo siento mucho, viejo, pero no me gustan los hombres posesivos –decía mientras sonreía nerviosamente-, ni mucho menos que sean espíritus maldecidos por una hechicera celosa¿sabe? Así que me iré por donde vine y olvidaremos todo este asuntito de gays y travestis¿bien? Dile al "rarito" de tu Jeque que soy un alma libre y seguiré siéndolo. Nunca logrará convertirme en su concubina. –y se dispuso a marcharse.

-¿Acaso no querías vengarte de mí por haber asesinado al patético estúpido de tu enamorado? –Abdul le inquirió con desprecio y desafío.

La capitana Jacky Sparrow se detuvo en seco cuando escuchó a aquel maldito sujeto hablar de una manera tan despectiva de su querido Norry. ¿Cómo se atrevía ese pelón a hacerlo?

-Eso que dijiste… -Jack, de espaldas, tenía la mano izquierda apoyada en la pared de aquel pasaje cavernoso, la cerró con furia tratando de dominar la ira que iba creciendo en su interior-, fue una estupidez… No fue nada bueno para tu integridad física¿sabe?

-Veo que mi amo tenía razón –replicó suspicaz el espíritu del árabe en el cuerpo del doctor-, verdaderamente amabas a ese imbécil. Él debía morir.

-Di lo que quieras, yo no soy ningún eunuco para andar por allí diciendo que me gustan los hombres… -Sparrow se dio media vuelta, sus ojo brillaron por la ira que sentía en contra del asesino de su comodoro-, pero no puedo hacer nada al respecto en contra de lo que la maldición está haciendo conmigo. Sé que no me gusta ese hombre y jamás me gustará de verdad, pero no voy a permitir que hables mal de un pobre tonto que hizo hasta lo imposible por mí.

Su expresión se hizo mucho más seria que antes, ya no era el disparatado capitán Jack Sparrow, sino, la decidida capitana Jacky Sparrow.

-Te reto a un duelo, viejo –le dijo mientras se ponía en guardia.

Abdul se sorprendió, no esperaba que aquella mujer licenciosa reaccionara así, pues la había observado durante todo aquel tiempo desde que había poseído al doctor Jacobson y la había creído una completa charlatana.

-¿Qué pasa¿Me tienes miedo? –ella le inquirió desafiante mientras le sonreía pícaramente-. ¿O acaso creíste que yo no era capaz de enfrentarte en una lucha? Pues te olvidaste de algo muy importante amigo: soy el capitán Jack Sparrow -. Lo miró más fijamente, retadoramente-. Soy muy bueno con el sable, aunque no lo parezca, viejo.

Abdul se le quedó mirando fijamente por unos segundos, la transpiración corría por su rostro prestado. No quería exponerse innecesariamente y perder el cuerpo que había conseguido, aunque fuera un cuerpo ya algo viejo. No le gustaba que su alma vagara sin sentido.

-No puedo pelear –fue su inesperada respuesta. Mordió sus labios, impotente y frustrado-. Mi amo me dijo que no te hiciera ningún daño.

-¿Ninguno? –repitió la pirata muy interesada, y enseguida bajó su espada y se acercó temerariamente hacia el poseído doctor, y mientras lo tomaba por la solapa de la casaca, acercó su bello rostro hacia él y le dijo:

-¡No puedes hacerme daaaño¡No puedes hacerme daaaño¡Na, na, na, na! –comenzó a cantarle sobre él para luego soltarlo bruscamente y comenzar a pasearse de un lado a otro contoneándose atractivamente de un lado a otro, aprovechándose de que el pelón no podía ponerle las manos encima.

El orgulloso árabe se encontraba más furioso¡estaba irritadísimo¡Gracias a una orden directa de su amo se veía impotente ante las bromas de aquella atrevida mujer!

Pero, mientras Jack seguía con sus burlas, Abdul sonrió de repente, como si algo que hubiera visto lo hubiera llenado de satisfacción. Aquella actitud inesperada, llamó la atención de nuestro protagonista, quien se detuvo al instante y lo miró muy extrañado. Alerta.

-Hay…, alguien detrás de mí¿no es así, pelón? –se aventuró a preguntar entre preocupado y nervioso mientras señalaba hacia atrás con su pulgar.

Asintiendo lentamente con la cabeza, y manteniendo su diabólica sonrisa, Abdul se encontraba radiante.

Temiendo lo peor, Jack Sparrow tragó saliva y se volvió gradualmente hacia atrás para encontrarse desafortunadamente frente a frente con el mismísimo… ¡Jeque Alí Tel Aviv!

No había duda de que era él, su presencia entre peligrosa e imponente se lo demostraban. No parecía ser un muerto en vida, ni mucho menos un anciano de cientos de años, no, su aspecto físico era la de un joven hombre de veinte y tantos años de edad, hermoso, moreno, bien proporcionado, de ojos y cabellos color miel. Ataviado con finas y ricas ropas propias de un príncipe árabe.

Ambos se quedaron mirando por unos instantes sin pronunciar palabra alguna, hasta que Jack, sonriendo nerviosamente, comenzó a retroceder, tratando de alejarse de aquel sujeto que poseía un aire de inmenso peligro.

-¡Ho-hola! –dijo-. Supongo que tú debes ser el que supuestamente todos hemos estado suponiendo que eras¿verdad¿T-tú eres el Jeque Alí Tel Aviv? –aventuró.

Después de unos momentos de incómodo silencio, el joven respondió con una voz suave pero fría.

-Exactamente. Lo soy. Yo soy el Jeque Alí Tel Aviv.

Jack, al verificar que aquel sujeto era realmente el Jeque Alí Tel Aviv, el responsable de todos los problemas que había tenido a lo largo de todos aquellos meses, sintió cómo comenzaba a hervirle la sangre por la furia que había comenzado a invadirlo. ¡Aquel tipo era el culpable de la muerte de su amado Norry¡Él era quien había ordenado al pelón asesinarlo!

-Veo… -comenzó a decir mientras caminaba hacia él con su balanceo característico-, que tú eres el miserable culpable eunuco que me ha provocado todos estos problemas que he sufrido todo este tiempo... Y también eres quien hizo asesinar al comodoro Norrington.

Alí Tel Aviv lo miró fijamente, lo había escuchado con suma atención sin tratar de interrumpirlo. Ni siquiera hubo una mínima expresión en su rostro que demostrara cierto interés en sus acusaciones, cosa que ponía un tanto nervioso al capitán Jack Sparrow.

-Debes haberlo amado mucho¿no es así? –dijo el príncipe.

Aquella inesperada pregunta cayó como una bomba a al pobre pirata, quien jamás se la hubiera esperado. La brutal sinceridad con que se la había formulado lo hizo sentir como un tonto al haber sufrido así por un hombre¡un hombre! Él¡el temible capitán Jack Sparrow había sufrido desconsoladamente por otro hombre!

Rojo como un tomate, Jack replicó de inmediato, sumamente ofendido y avergonzado:

-¿Bromeas¿Me crees eunuco?

-Te vi llorar por él –fue la imperturbable declaración.

Entonces, el pirata convertido en mujer, pestañeó un tanto perplejo, otra vez, sintiéndose incómodamente asediado y humillado por sus declaraciones.

-Este… No te confundas –dijo-. Lo que pasó es que se me había metido una basurita en el ojo… Ya sabes… El resto sale por lógica –mintió, negándose a aceptar la pura verdad.

Esta vez, el Jeque Tel Aviv no dijo nada, ni tampoco cambió el inexpresivo semblante de su rostro. Aunque éste árabe fuera el hombre más hermoso que se haya visto, casi como un ángel, Jack podía sentir un siniestro peligro latente en él, y eso lo tenía muy preocupado.

-Tú eres alguien especial, puedo sentirlo –declaró Aviv, mirándola.

-No sabes cuántos me han dicho lo mismo –se ufanó el capitán del "Perla Negra" sintiéndose liberado de la presión que el árabe había ejercido sobre él por culpa de sus sentimientos por James.

Pero, para la reocupación de Jack, el Jeque Tel Aviv comenzó a acercarse lentamente hacia ella. Se veía amenazadoramente decidido.

-Eres hermosa, inteligente, descarada e inmoral –decía-. Pero también posees un corazón noble. Tú eres única entre todos los convertidos.

-Basta, me abochornas… -replicó Jack con falsa molestia mientras comenzaba a retroceder tratando de alejarse nuevamente de él, pues presentía que la cosa se iba a poner muy fea.

-¿Sabes por qué tuve que mandar a matar a ese hombre? –preguntó el Jeque de repente, refiriéndose a Norrington.

-¿Porque se vestía mejor que tú? –bromeo el asustado pirata.

-No, porque no puedo correr el riesgo de que tú te hayas enamorado realmente de él.

-¡¿Eh?! –exclamó sorprendido por semejante insinuación, pero tuvo que ponerse alerta otra vez, ya que el árabe seguía acercándosele peligrosamente.

-Desde ahora en adelante –declaró Tel Aviv con un dejo de gozo y malicia en su voz-, vas a formar parte de mi harén convirtiéndote para siempre en mi principal concubina.

Abriendo grandemente tanto sus ojos como su boca a causa de la sentencia que acababa de escuchar, el capitán Jack Sparrow (ahora convertido en una hermosísima mujer pirata), decidió que lo mejor era emprender la retirada antes de que lo convirtieran en un verdadero eunuco, así que trató de salir corriendo por otro oscuro pasaje, pero grande fue su sorpresa cuando las otras concubinas del Jeque aparecieron de repente y se interpusieron en su camino, bloqueándole la salida.

-¡Hazla tuya¡Hazla tuya! –gritaron todas al unísono, eufóricas por que se cumpla la maldición que ellas mismas portaban.

Jack se frenó cómicamente justo frente a ellas mientras batía desesperadamente los brazos.

-¡Traidores¡Eunucos! –acusó -¿Cómo pueden apoyar al que les hizo eso?

Pero aquello hombres convertidos en mujeres no atendían a razones, pues siguieron gritando lo mismo, cada vez con más fuerza:

-¡Hazla tuya¡Hazla tuya!

-¡Maldición¡Parecen un montón de gatas en celo! –protestó la pirata mientras se tapaba los oídos con las manos y se daba media vuelta para buscar otra manera de escapar, pero no contó con Abdul, quien la apresó entre sus brazos.

Mientras Jack se debatía desesperadamente de entre las manos de su captor sin lograr liberarse, éste la dio media vuelta y la colocó justo al frente del temido Jeque Tel Aviv, quien ya se disponía a ponerle las manos encima.

-No te resistas –le dijo mientras extendía su mano derecha hacia ella-, tu destino fue marcado desde que te pusiste el anillo maldito.

-¡¡No!! –se negó su prisionera-. ¡A mi no me gustan los hombres¿Por qué no te quedas con tu estúpido pelón¡Él sí que es un eunuco¡Está locamente enamorado de ti!

A modo de protesta, el eludido lo sujetó con más fuerza.

-Entrégate, ya no hay nada que puedas hacer –replicó Tel Aviv sin darle importancia a las tonterías que decía su futura mujer, y colocó su mano sobre la frente de la aterrorizada pirata-. Entrégate a mí y sé mi amante…

-¡Jamás¡Eunuco! –volvió a negarse el pobre Jack Sparrow mientras seguía debatiéndose entre los fuertes brazos del poseído doctor Jacobson, pero su lucha no duró mucho, ya que poco a poco comenzó a sentir que se le iba la voluntad, perdía su personalidad, desaparecían sus recuerdos y se eliminaba su ser por completo. Su yo. Su ego…

-Yo… Yo…, no… -. Entonces, viendo que ya todo estaba perdido, sus últimos pensamientos como la capitana Jacky Sparrow, le fueron dedicados para su querido y difunto Norry.

Jack dejó de hablar, de resistirse. Su rostro, hasta hace unos momentos lleno de vida, se volvió sombrío e inexpresivo. Él ya no era el inigualable capitán Jack Sparrow, si no, una mujer vacía y sin voluntad, una esclava esperando las órdenes de su amo, sin negarle nada, lo que sea que él le pidiera.

Entonces, Alí Tel Aviv le preguntó:

-Dime¿quién es ahora tu amo y señor?

La extraviada mirada de la pirata se fijó sobre el hermoso rostro del cruel Jeque y le respondió con un tono monótono y frío:

-Tú…, mi señor…

-Excelente… -sonrió malignamente su nuevo dueño. Al fin la mujer que tanto trabajo le había costado atrapar, era completamente suya. TODA suya.

Y haciendo un ademán con la mano, ordenó a Abdul que la soltara, luego se acercó aún más a ella y la tomó bruscamente por la nuca y la besó con rudeza. Jacky ni siquiera opuso resistencia, parecía un muñeco, un juguete para su diversión.

Luego de esto, el príncipe árabe la alzó entre sus brazos y se dispuso a retirarse hacia sus aposentos que se ubicaban en algún lugar del enorme laberinto de cavernas, para terminar de una vez, con el cumplimiento de la maldición.

-Abdul –le dijo mientras se retiraba-, que nadie me moleste. ¿Entendido?

Y se sumergió en el oscuro pasaje seguido por las miradas expectantes de sus otras concubinas.

Nadie había notado la enrollada casaca azul que Jack había dejado caer.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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