Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 57: No Hay Marcha Atrás

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 57: No Hay Marcha Atrás

Casi por instinto marcial, el comodoro James Norrington desenfundó de inmediato su arma, pero en cuanto lo hizo, se dio cuenta de que ya no había nada qué hacer, pues ambos estaban completamente rodeados, y era prácticamente imposible ganarle al almirante Jacobson.

Comprendiendo lo mismo que su compañero, Jack le susurró por lo bajo una pequeña y muy conocida sugerencia:

-Espera el momento oportuno, Norry…

James lo miró de reojo, pero lo obedeció y bajó lentamente la espada, luego, por una orden de Jacobson, un soldado se la quitó junto con su mosquete.

El almirante estaba muy, pero muy molesto con aquella situación y miraba acusadoramente al flamante representante del supuesto sexo débil, quien se sintió amenazado y se defendió inmediatamente.

-Él fue el de la idea –acusó rápidamente a Norrington, quien, muy molesto por aquella insensible inculpación, lo asesinó con la mirada.

-Seguramente influenciado por usted –rebatió George Jacobson.

-¡Oh no! Yo soy toda una blanca palomita –dijo poniendo cara de inocencia, pero al notar que el almirante no le creía ni pizca, agregó en modo de súplica:

-Tendrá piedad¿verdad? –pidió mientras extendía las manos a modo de ruego.

El almirante Jacobson sonrió con desprecio. A él no le afectaban lo más mínimo las súplicas de los demás.

-No habrá piedad para los traidores –aclaró, y dando una señal con la mano, agregó:

-¡Traigan al chico!

Y para la desagradable sorpresa del capitán Jack Sparrow, un par de soldados trajeron a rastras al muchachito sordomudo de 12 años que se había encargado de cuidarlo, quien estaba muerto de miedo ante tal maltrato.

-Lo encontramos tratando de recuperar sus cosas, señor Sparrow –dijo el almirante.

-Le advertí que no se dejara ver… -murmuró el comodoro bastante contrariado, pues por pedido del chico, quien había insistido en ayudar a la "bella señorita", le había encargado tomar las pertenencias de la pirata que estaban colgadas en la bodega.

-¿A él no van a hacerle nada, verdad? –inquirió Jack un tanto preocupado por el futuro del niño que le había caído tan simpático.

George sonrió significativamente y respondió:

-Prometo no hacerle daño a la pequeña rata traidora si ustedes me prometen no tratar de escaparse otra vez.

Jack y James se quedaron anonadados con el pedido y el almirante tubo que volver a insistir:

-¿Aceptan el trato¿No? Pues bien… ¡Tírenlo por la borda!

-¡Momento! –intervino inmediatamente el capitán del "Perla Negra"-. ¡Acepto el trato!

El almirante Jacobson volvió lentamente el rostro, sonriendo despectivamente.

-¿De veras? Bien, muy bien… ¿Y tú, James¿Me prometes que no volverás a intentar escaparte con el prisionero?

Luego de un momento de silencio, Norrington asintió.

-Lo prometo, George. Ahora suelta al niño, él no tiene la culpa, yo le ordené que me ayudara.

-Claro que sí, como tú digas, amigo mío –le replicó incrédulamente y luego le ordenó a sus hombres que encerraran al chico en una de las prisiones de la bodega.

-Creí que ibas a liberarlo –comentó el comodoro.

-No dije eso, solamente prometí no hacerle daño.

Y mientras miraban impotentes cómo se llevaban al chico para encerrarlo, Jack murmuró un tanto molesto:

-Tramposo igual que Barbossa…

El resto del viaje fue terrible para Jack y James, pues la una se encontraba atada dentro de la prisión de la bodega (separado del niño impedido), y el otro encerrado en su camarote. Luego de haber sido separados aquella noche en que descubrieron su escape, no habían vuelto a verse otra vez.

Por una petición hecha por el comodoro Norrington al almirante Jacobson, éste le había concedido al pirata un mejor trato y una buena alimentación. ¡Pero sin nada de ron!

Encerrado bajo llave en su camarote, James Norrington se ponía cada vez más preocupado a medida que los días pasaban y se iban acercando cada vez más a su destino final. Muy pronto tocarían puerto en Port Royal y su "amigo" entregaría a la pobre pirata en manos de Lord Cutler Beckett… ¡Maldito el día en que había hecho aquel condenado trato con ese demonio!

Y como un león enjaulado, el comodoro iba y venía por aquella reducida habitación. No podía condenar los actos irreflexivos de Isabel, ya que ella estaba convencida de que lo hacía por su bien. ¡Si tan sólo ella entendiera que lo que realmente estaba haciendo era absolutamente todo lo contrario! Claro que no se animaba a decirle que amaba a esa impudorosa pirata, ya que ni él mismo estaba verdaderamente seguro de que "eso" fuera amor. James quería ayudar a Jack para que rompiera el hechizo y así saber la verdad acerca de sus sentimientos: si todo era producto de la maldición o tal vez amor verdadero. Si lo último resultara ser lo acertado, él tendría que aceptar la pérdida de un gran amor y tratar de vivir con ello cuando Jack volviera a ser hombre. Pero si resultara ser la primera opción, entonces se vería liberado de tales sentimientos vergonzosos y haría pagar al condenado pirata todo lo que le había hecho pasar.

Mientras tanto, el capitán Jack Sparrow, ahora convertido en una bellísima mujer, trataba de sobrellevar todo aquel embrollo de la mejor manera posible: "conversando" con "Billy", su compañero de celda, cantando todas las canciones piratas que conocía y dándose unas largas siestas reparadoras, estrechamente vigilado por sus carceleros y sobre todo por el almirante Jacobson.

-No te preocupes, Billy –trató de calmar al muchacho al verlo tan asustado-, te prometo que nada malo te pasará…

El chico lo miró desesperado y parecía a punto de ponerse a llorar, él no podía escucharlo ni comprenderlo, cosa que puso muy nervioso a nuestro capitán. Tenía que hacer algo antes de que "Billy" se pusiera a llorar.

-¡Oye¿Alguna vez no quisiste ser un pirata? –le preguntó mientras le indicaba uno de los tatuajes piratas que llevaba en el cuerpo para hacerse entender, y como el chico no era ningún tonto, captó la idea.

Entonces, lo miró con atención, olvidando momentáneamente sus penas.

-¿Quieres ser un pirata y navegar por toooodo el mundo sin que nadie te moleste? –le hizo señales con la mano indicando el mundo y un barco navegando entre las olas del mar.

El muchachito asintió rápidamente con la cabeza, muy entusiasmado con la idea.

-¿Qué te parecería entonces formar parte de mi tripulación? –lo señaló para luego señalarse a él mismo, y como contara con los dedos de la mano, iba diciendo:

-Ya tengo a un mudo y a un enano. Creo que también está ese que le falta un ojo. Barbossa está algo cojo pero igual puedo acogerte en mi barco… -miró al muchacho, y sonriendo, extendió su brazo por entre los barrotes para poder estrecharle la mano a "Billy", quien también extendió su mano lleno de felicidad.

Y mientras se estrechaban las manos dando por cerrado el trato, Jack exclamó con alegría:

-¡Entonces recordarás este día como el día en que el capitán Jack Sparrow te reclutó a la tripulación del "Perla Negra"!

El jovencito se encontraba radiante de felicidad, pero el capitán Sparrow sabía que primero tenía que verse él mismo libre de aquel asunto antes de tomar al niño bajo su cuidado.

Jack no tenía idea de lo que sería de él en el futuro, pero no podía evitar horrorizarse cuando se imaginaba en manos del detestable Beckett… Le resultaba particularmente extraño el pensar que no le parecían asquerosas las manos del comodoro Norrington…

Totalmente espantado, el ambiguo pirata sacudió la cabeza de inmediato, tratando de quitarse esa ridícula idea de la cabeza. Estaba seguro de que no era amor lo que sentía por aquel hombre, o eso creía, solamente lo veía perfecto para sus futuros planes de piratería enriquecedora si él seguía convertido en mujer. Su flamante condición de mujer fatal y la posición social del comodoro, era justo la combinación ideal para navegar tranquilamente sobre las aguas caribeñas a bordo de su amado "Perla Negra". Sí, Jack era capaz de todo con tal de salirse con la suya.

Al pasar por su mente el recuerdo de su querida nave, un dejo de nostalgia invadió su corazón.

"Hace muchos, muchos meses que no navego tranquilamente en mi querido "Perla Negra". …" -pensó-. "Y si logro salirme con la mía, lo haré muy pronto…".

Pero las cosas se veían muy negras para él en el futuro venidero.

Ya era casi la medianoche cuando el barco bautizado con el nombre de "Kassala" comandado por el temido almirante George Jacobson tocó puerto en Port Royal luego de haber viajado durante varios días desde las lejanas tierras de Arabia Saudita.

Todo se encontraba muy tranquilo en aquel puerto del siglo XVIII, casi toda la población del la ciudad de Port Royal (sede del gobierno británico en Jamaica) se encontraba entregada al descanso nocturno en sus casas desde hacía ya varias horas después del toque de queda. Solamente algunos vigías, soldados, parias, borrachos, delincuentes y algunos perros y gatos permanecían deambulando por la adormecida ciudad.

El cielo nocturno se hallaba completamente cubierto de nubes negras, como si estas quisieran presagiar el terrible destino que le esperaba al capitán Jack Sparrow.

Completamente fuera de sí, el comodoro Norrington iba y venía por todo su camarote, muy preocupado por la suerte que correría su amada pirata una vez que cayera en manos del despreciable Lord Cutler Beckett. Mirando nerviosamente a su alrededor, trataba de hallar la manera de escapar de su prisión y evitar semejante injusticia, pero por más que lo buscara, no había cómo salir de allí; tanto la puerta como la ventana se encontraban completamente cerradas con llave y no había ningún objeto para que pudiera utilizar para su beneficio.

-¡Maldita sea! –protestó desesperado, y justo en ese momento, entró el almirante Jacobson.

Por unos instantes que parecieron eternos, ambos amigos enfrentados, se miraron detenidamente con gran desafío. Muy decidida una, muy impaciente el otro.

-Supongo que ya notaste que llegamos a Port Royal –dijo insensiblemente el almirante.

-Lo noté –contestó con sequedad el comodoro, aún muy ofendido por los atropellos de su amiga, pero luego, su tono cambió entre ruego y advertencia.

-No lo hagas, George, te lo suplico.

-¿Estás suplicando por un sucio pirata? –inquirió con incredulidad y desprecio-. Ahora más que nunca me resulta obvio que estás bajo la influencia de la "Maldición del Anillo de la Calavera", amigo mío, si no, no me pedirías semejante cosa. No te rebajarías a tanto por una basura.

-Puede que sea eso o no –replicó-, pero fuera lo que fuese, no apruebo esta sucia maniobra.

-Pero James… -le dijo condescendientemente mientras colocaba su mano sobre el hombro de su amigo explicándole con suspicacia-, hace unos meses tú estabas dispuesto a entregar a Sparrow cuando hiciste el trato con Beckett. ¿Qué pasó?

Norrington permaneció muy pensativo por unos momentos. No podía refutar eso, ya que era la completa verdad y debía lidiar consigo mismo por aquella errónea decisión tomada. Pero no por eso tenía que pagarla Jack Sparrow con su libertad y su supuesta "virginidad".

-Cuando tomé esa decisión –comenzó a explicar-, yo me encontraba muy confundido respecto a mis sentimientos. No quería aceptar que Sparrow me atraía, y creí que entregarlo a Beckett sería la mejor manera de sacármelo de encima… Pero me equivoqué. Aunque el capitán Jack Sparrow realmente no sea una mujer, estoy convencido de que aún así, no le gustaría que abusaran de él como tal. No estoy de acuerdo en obligar a alguien que no te quiere a que te ame –(al escucharle decir eso, Isabel tembló sintiéndose inquietada)-, y esté yo hechizado o no, ahora sé que cometí un grave error al aceptar la propuesta de ese hombre.

-¡Pero te arriesgarías a perder tu promoción por defender a un delincuente! –se quejó Jacobson-. ¿Sabes cuánto tendrás que esperar para tener otra oportunidad tan fácil como ésta¡Te tomaría años llegar al rango de almirante!

-Rechazo terminantemente el título de almirante si lo tengo que conseguir a cambio de entregar a una mujer honesta en manos de un sujeto vil y degenerado como ese hombre.

-¡¡Eres un imbécil!! –exclamó Isabel enfurecida. ¡No podía creer que su amigo cediera tan codiciado título por un inmundo pirata de mala muerte!-. ¡No permitiré que cometas el error de rechazar semejante oportunidad en tu vida por un estúpido capricho tuyo¡¡Soldados!!

Como si ya hubieran estado esperando aquella orden, un par de soldados entraron inmediatamente al compartimiento, dispuestos a seguir sus órdenes.

-Aten al comodoro Norrington a la silla –fue el sorpresivo pedido de su superior-. Quiero que lo vigilen estrechamente hasta que yo regrese de realizar mi misión¿entendido?

Los oficiales asintieron de inmediato y se dispusieron a realizar rápidamente el mandato dirigiéndose hacia el estupefacto prisionero para atarlo a la silla.

-No puedo creer que seas capaz de hacer algo como esto. Estás completamente… loco –le dijo James muy decepcionado mientras lo enlazaban al asiento.

Una vez que cumplieron su cometido, los soldados salieron afuera para vigilar la puerta, y antes de que Isabel saliera del camarote, se detuvo en la puerta y miró a su amigo directo a la cara.

-Puede que estés en lo cierto, James, yo perdí la razón cuando ví a unos asquerosos piratas asesinar cruelmente a mi familia sin tener piedad por sus almas.

Y antes de que serrara la puerta, dándole la espalda a su amigo, agregó:

-…Espero que me perdones algún día…

Y se marchó, dejando a un afligido comodoro Norrington escuchar cómo le echaban cerrojo a la puerta.

Mientras tanto, Jack había estado intentando abrir la puerta de la celda con tal desesperación probando cualquier artilugio para lograr la tan anhelada libertad, que había quedado con la cabeza agarrada entre los barrotes sin poder sacarla de allí para la diversión del pequeño "Billy".

-¿Y tú de qué te ríes¿Acaso te parece que me estoy divirtiendo? Porque si te estás divirtiendo de mi desgracia y/o intento de escapamiento, te valdría más quedarte bien calladito¿sabe?

Pero por culpa de las caras que hacía Jack (entre cómicas, patéticas y enfadas), el supuesto "Billy" no pudo evitar seguir descostillándose de la risa tirado en el suelo de su celda.

Pero la alegría no duró mucho pues el almirante llegó y se dio con tan patética y risible escena, que apenas si pudo evitar romper a carcajadas. En cambio, "Billy" no pudo ocultar el terror que le provocaba aquel hombre perverso.

-Llegó la hora, señor Sparrow… -le informó cuando logró dominarse del todo-. Lord Cutler Beckett lo está esperando, o mejor dicho… -su rostro se volvió malicioso-, su "novio" la está esperando.

-¿No sería mejor que me entregara mi padre antes que usted? Eso sería lo usual¿no le parece?

George sonrió, aunque no quería admitirlo, aquella mujer siempre salía con alguna ingeniosa frase. Muchas veces se había preguntado qué apariencia habría tenido ese tonto de Jack Sparrow antes de convertirse en una de su mismo sexo, ya que su recuerdo de él en el pasado era prácticamente nulo.

-Soldados –llamó-, el señor Sparrow no puede sacar su cabeza de allí, traigan brea, por favor.

-¿Brea? –repitió el pirata con gran preocupación.

Momentos después, ayudados con la resina, los soldados sacaron de su "trampa" a su prisionera con la cabeza completamente embadurnada con brea.

-Ahora sí que podrán llamarme "escurridizo" –bromeo Jack de mala gana en un vano intento de darse ánimos.

No fue muy amable el trato del almirante Jacobson para con Jack Sparrow. Luego de sacarlo de prisión y encadenar sus manos, y ante la desesperación de "Billy" quien permanecía aferrado a los barrotes de su celda, lo sacó a empujones y lo arrastró bruscamente hacia cubierta cruzando toda la bodega y las escaleras que llevaban hacia arriba. Una vez fuera, bajaron por el puente hasta el puerto y subieron inmediatamente a un carruaje que los estaba esperando para llevarlos directamente hacia la casa en donde residía Lord Cutler Beckett.

Isabel no se había dado cuenta, pero su tío Christian había estado observándolo todo escondido entre las sombras propias de un barco en la noche.

-Esto no está bien, no está bien… -murmuró preocupado el doctor mientras observaba al carro desaparecer entre las oscuras calles de Port Royal-. Isabel no debería tratarlos así…

Mientras tanto, algo lejos en el horizonte, la tripulación del "Perla Negra" por fin había divisado su destino pero con casi una hora de retraso a comparación del "Kassala".

-Esto no va bien… -comentó Will Turner mientras observaba la brújula mágica de Jack apuntando directamente hacia Port Royal-. Según esto, Jacky ya se encuentra… allá.

-¡¡Condenada suerte¡¡Tal vez ya sea demasiado tarde!! –se quejó Barbossa al escucharlo-. ¡¡Que un mal rayo parta a ese cerdo de Beckett!!

-¿Qué vamos a hacer ahora? –inquirió Elizabeth preocupada.

-Seguir con nuestro plan –fue la decisiva respuesta del muchacho mientras miraba detenidamente hacia la ciudad de Port Royal.

-Eso nos metería en problemas –replicó Ana María-, si ese traidor de Jacobson ya se encuentra en el puerto, también estarán muchos de sus soldados.

-No importa, seguiremos con el plan –rebatió Will. Sus ojos brillaban con determinación.

-Ana María tiene razón, Will –le dijo Elizabeth-, será ahora mucho más peligroso que antes, ahora todos estarán sobre aviso y habrá mucho más soldados que antes. Quizás…, esperándonos…

-Correré los riesgos que sean necesarios para poder rescatar a Jacky. No me importa si después tengo a toda la armada tras de mí el resto de mi vida.

-Will… -murmuró la joven, asustada ante tanto fanatismo-, tú…

-No te preocupes, muchachita –le dijo tía Dalma-, por suerte nuestro capitán Sparrow aún no cayó bajo las manos de ese tal Beckett. Si fuera así, todos aquí ya hubieran perdido la razón.

Los hermosos ojos de la joven brillaron al escucharla.

-¡Tenemos chance entonces! –exclamó con renovadas esperanzas-. ¡Aún no es tarde!

-Pero no creo que tengamos mucho tiempo –opinó la siempre despierta Beatriz-, estoy segura que ese lindo traidor llevará a Jack directo a ver a ese tipo apenas hayan tocado puerto.

-¡¡Pues entonces a toda marcha, señores¡¡Pónganse a trabajar, partida de haraganes¡¡La virginidad de su capitana depende de nosotros!! –ordenó de inmediato el capitán Barbossa a su tripulación, quienes se apresuraron a trabajar con los aparejos y las velas para hacer más rápida la nave.

Un tanto perpleja, Elizabeth Swann murmuró para sí:

-Siempre me he preguntado a qué clase de "virginidad" se refieren con el pervertido de Jack…

A todo eso, a bordo del navío mercante en el que había viajado Jack Sparrow, el "Kassala", en el camerino que era vigilado por un par de soldados, James Norrington trataba se zafarse de las sogas que aprisionaban sus manos detrás del respaldar de la silla, desesperado por querer ir a ayudar a su amada pirata antes de que cayera en las inescrupulosas manos de Beckett.

-¡Maldición! –se quejó al ver que nada podía hacer con tan magníficos nudos. Pero eso no iba a detenerlo, no señor, no iba a permitir que ocurriera semejante injusticia con la pobre de Jacky¡tenía que liberarse como fuera¡Aún si se rompía las muñecas!

Con renovada determinación, el comodoro reanudó con más fuerza sus intentos por romper las cuerdas.

-Vamos… vamooos… ¡rómpanse! –pidió histérico mientras seguía forcejeando con las sojas y sentía que la piel de sus muñecas comenzaba a abrirse al igual que las hebras de dichas cuerdas. Al final hizo un esfuerzo tan tremendo, que logró romper con violencia de un solo tirón las sogas que lo aprisionaban.

James, jadeando por el cansancio provocado con semejante esfuerzo, se miró un tanto sorprendido las muñecas adoloridas, ardorosas y sangrantes. Y luego de unos momentos, se levantó de la silla, se fue directo hacia la puerta y tomó el picaporte para abrirla. Frunció la boca, era obvio que se encontraba cerrada con llave. ¿Cómo haría entonces para salir de allí¿Acaso provocar a sus guardias?

Mientras pensaba en la mejor manera de hacer entrar a los soldados y noquearlos para poder escaparse, el oficial de la armada se sorprendió al escuchar una voz muy conocida detrás de la puerta. Alguien que conversaba con sus carceleros.

De repente, James escuchó que dos cuerpos caían pesadamente al suelo, y luego de un par de minutos, la cerradura de la puerta se destrabó.

Alarmado, el comodoro Norrington se dispuso a defenderse de la persona que estaba a punto de abrir la puerta, hasta que… una vez abierta, mostró a quien había abatido fácilmente a dos soldados bien entrenados.

-¿Usted? –inquirió James muy sorprendido al ver quién era.

Durante todo el viaje, el capitán Sparrow permaneció en completo silencio para la extrañeza de George, quien ya se había acostumbrado a su jerga incansable. Parecía estar sumido en la mayor de las preocupaciones.

-Veo que por fin a comprendido la situación en la que está metido, señor Sparrow –le dijo entre un tono burlón e inquisitivo.

Jack lo miró a los ojos y le respondió como si nada lo preocupara, intentando ocultar sus propios temores al enemigo:

-Es que todavía no me decido por el diseño de mi vestido de bodas.

-Usted es un imbécil –replicó el almirante un tanto contrariado y molesto por aquella respuesta sarcástica, pues pretendía seguir disfrutando con su desgracia.

Ambos volvieron a quedarse completamente callados.

Doce campanadas fueron escuchadas desde la torre de la iglesia, justo cuando el pequeño carruaje tirado por un par de corceles negros llegó ante la residencia de Lord Cutler Beckett. Una vez que el cochero detuvo la marcha, el almirante Jacobson se apeó del carruaje bajando a empujones a su "prisionera". Luego, ambos caminaron por el elegante sendero que llevaba a la casa, y una vez allí, parados frente a la entrada, George llamó a la puerta.

Pasaron unos cuantos minutos, que le parecieron eternos a nuestro protagonista, cuando por fin se abrió la puerta mostrando ante ellos al estirado mayordomo que se encargaba de los criados de la casa.

-¿Qué es lo que desea a estas horas, señor? –le preguntó un tanto molesto por haber sido despertado a altas horas de la noche.

-Dígale a su señor, Lord Cutler Beckett, que el almirante George Jacobson le ha traído un par de regalos muy interesantes –le respondió con arrogancia.

-Bien, mi señor. Hágame el honor de pasar a la sala –le pidió esta vez con gran amabilidad.

Una vez instalados en el elegante salón, se dispusieron a esperar a que el mayordomo regresara con la persona buscada, mientras tanto, Jack comenzaba a ponerse más asustado de lo que estaba, e Isabel parecía seguir incólume ente la situación en la que se hallaban.

-Será muy interesante vivir aquí –el pirata comenzó a hablar con nerviosismo mientras trataba de zafarse de las cadenas que lo aprisionaban-, hay cosas muy bonitas… para robar.

Su voz resonaba entre el silencio y las paredes de aquella habitación, volviendo la situación aún más espantosa.

George lo miró y notó su creciente preocupación. No quiso prestarle demasiada atención, pues no quería sentir lástima por aquel sujeto que había participado en la matanza de su familia hacía ya muchos años atrás.

Pero no tuvieron que concentrarse en sus sentimientos por más tiempo, ya que la persona requerida bajó tranquilamente las marmoladas escaleras detrás su mayordomo, quien iba encendiendo los finos candelabros de plata y bronce.

-Veo que ha cumplido con su palabra, almirante Jacobson –le dijo jocosamente el dueño de la casa en cuanto terminó de bajar las escaleras.

-Yo siempre cumplo con los tratos que hago, Lord Beckett –aún no terminaba de agradarle aquel sujeto. Había algo en él que no le gustaba para nada-. Le he traído el pergamino de la "Piedra Mística" que le ayudará a controlarla, y a la versión femenina de Jack Sparrow.

-Eso veo… -opinó mientras miraba libidinosamente a la desesperada pirata. Luego, cuando se paró frente a Jacobson, dijo con un tono de arrogancia:

-Y yo cumpliré con mi palabra de caballero y le otorgaré a su amigo Norringon el título de almirante.

-Que así sea entonces.

Una vez que el pergamino estuvo en manos de Cutler Beckett y luego de haberle explicado la manera de usarlo, el almirante George Jacobson se dispuso a retirarse inmediatamente, pero no antes de burlarse de la mala fortuna de Jack Sparrow.

-Que se divierta, señor Sparrow...

Jack lo miró fastidiado.

-Capitán. Capitán Jack Sparrow. Así se dice.

-Ya no más, porque desde ahora en adelante usted será la "mujer" de Lord Beckett, señorita Sparrow y jamás volverá a navegar por el mar para asesinar personas inocentes –le replicó con desprecio para luego desaparecer por la puerta principal ante los perplejos ojos del pirata.

-¿A-sesinar…? –repitió confundido. Pero el capitán del "Perla Negra" ya no pudo seguir pensando en aquellas extrañas palabras, ya que el despreciable Lord Beckett le habló con su peculiar odiosidad llamando su atención.

-Creo que llegó la hora de arreglar las cuentas pendientes entre nosotros, "capitana Jacky Sparrow…".

-¡Glups! –Jack tragó saliva al notar la maligna mirada de aquel hombre, enemigo jurado desde hacía ya muchos años.

"¡Espero que alguien me ayude o terminaré pariendo hijos de este eunuco!" –pensó completamente desesperado.

Pero nadie quien pudiera evitar semejante ultraje se encontraba cerca de allí para ayudarlo¿acaso él (o más bien dicho, "ella") sucumbiría ante la cruel virilidad de aquel detestable sujeto?

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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