Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 60: ¡Vamos a Rescatar a Jacky Sparrow!
(Esta imagen fue realizada con IA)
Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
Capítulo 60: ¡Vamos a Rescatar a Jacky Sparrow!
Para cuando Will Turner y los demás llegaron a la residencia de Lord Cutler Beckett, el almirante George (Isabel) Jacobson ya había reaccionado de su estado de shock y corrido hacia el moribundo comodoro James Norrington, dándose con la sorpresa de que aún no había muerto. Mullroy y Murtogg ya habían entrado a la oficina al escuchar la detonación del arma, dándose con que su comodoro se encontraba herido mortalmente en el suelo.
Una vez que los cuatro hombres entraron apresuradamente a la oficina de Beckett, se encontraron con una escena bastante triste e impactante: el odiado almirante, sentado en el suelo, sostenía entre sus brazos a un malherido Norrington. No lloraba, pero una profunda tristeza y desesperación podían leerse en su rostro compungido por el dolor de perder a quien más amaba sobre la Tierra.
-¿Q-qué fue lo que pasó…? –preguntó Will muy preocupado y sobrecogido ante semejante hecho.
-No importa lo que pasó –dijo Nefud con una malvada pero atractiva sonrisa-, uno de ellos está muerto, y el otro pronto lo estará.
-Estoy de acuerdo con eso -secundó el gigantesco Kasar mientras sacaba su enorme sable árabe de su ancho cinturón, deseoso de poder realizar su venganza contra quien había asesinado cruelmente a su hermano.
Pero en cuanto el enorme árabe comenzó a caminar hacia donde se encontraban Isabel y James, Will protestó inmediatamente tratando de ponerse enfrente del vengativo Kasar:
-¡No! ¡No estoy de acuerdo con eso! ¡Primero debemos buscar a Jacky! ¡Tenemos que saber qué pasó aquí!
-No te metas. Ni se te ocurra hacerlo… -lo amenazó el líder árabe mientras le colocaba su elaborado cuchillo en el cuello del sorprendido joven y lo sacaba de en medio-. Él tiene derecho a la venganza tanto como yo.
-¿Y a ti qué te han hecho? –le preguntó el joven muy molesto, sin darle importancia al filo de la navaja que oprimía su esbelto y tierno cuello.
-¡Me han arrebatado a la mujer con quien yo iba a casarme! –respondió de inmediato, aún muy ofendido por la afrenta de ver mancillado su orgullo.
William Turner lo miró entre sorprendido y enfadado. ¿Aún seguía ese tipo con la idea estúpida de casarse con SU amada pirata?
-¿Eres estúpido o qué? –le replicó enseguida mientras le tomaba la mano que sostenía el cuchillo y la bajaba-. ¡La capitana Jacky Sparrow jamás se casaría con alguien tan bruto como tú! ¡Ella se casará conmigo!
-¿Con que esas tenemos, eh? –se apartó igualmente molesto Nefud Yidda-. ¡Perro infiel de Satanás! ¡Ella jamás aceptaría a alguien tan afeminado como tú!
-¡¿Cómo?! –se ofendió el joven herrero y enseguida sacó su espada y le dijo:
-¿Por qué no arreglamos esto como caballeros y lo decidimos en un duelo a muerte?
-¡Acepto! –exclamó decidido mientras sacaba su sable árabe dispuesto a combatir por la mujer con quien quería tener hijos-. No sabes con quién te has metido, niñito… -le amenazó con una siniestra sonrisa ganadora mientras pasaba de mano en mano su espada demostrando así su destreza en el combate de espadas.
Will sonrió, estaba claro que no se amedrentaría por sus infantiles amenazas, ya que él estaba dispuesto a luchar por su querida capitana.
-Veremos qué tan bueno eres… -le dijo seriamente mientras se ponía en guarda. Muy pronto vería los resultados de haber entrenado tres horas diarias en su extraño invento de la herrería.
No hubo más titubeos, los dos espadachines comenzaron de inmediato su ajuste de cuentas, utilizando toda clase de técnicas y artimañas que conocían en la esgrima. Dando saltos, acrobacias, y utilizando cada mueble que tenían a su alcance. Entretanto, Beckett, aparentemente tranquilo, tomaba una medidita de brandy mientras miraba todo aquel desastre sentado detrás de su escritorio. Éste ya se había resignado de que sus planes no habían salido como hubiera querido. Al Sha'ab, el intelectual del grupo y portador además de conocimientos médicos, se había dirigido hacia el moribundo oficial para constatar la gravedad de sus heridas, (luego de haber hecho un gesto de desaprobación por los actos infantiles de su amo, pero ya sabía que eso era parte de su personalidad parte de su tozudez, por desgracia).
-A pesar de que el balazo penetró por su espalda y lo atravesó, parece que no tocó ningún órgano vital… -dijo luego de haberle hachado un vistazo sin que Jacobson se lo negara-. Pero no creo que resista mucho más tiempo, la herida es mortalmente profunda y la hemorragia lo matará.
-Lo sé –respondió tajante el almirante, quien aún permanecía arrodillado al lado de su amigo. Isabel había visto demasiados heridos y muertos durante sus campañas bélicas, y sabía distinguir muy bien cuando ya no había esperanzas de salvación. Y James no las tenía, se estaba muriendo en sus brazos por culpa de un estúpido pirata convertido en mujer.
Isabel no podía creer lo mal que habían terminado las cosas cuando parecía que todo iba a salir según ella lo había planeado. Ahora le parecía estúpida e irracional la idea que había tenido antes de batirse a duelo con él para así poder matarlo y dejar el camino despejado para poder eliminar a Jack Sparrow. Ahora, James, su mejor amigo y su amor secreto, dejaba su vida volar desde su regazo. ¡Tantos años ella había fingido ser un hombre en cuerpo y alma que ni siquiera podía llorar amargamente por la persona a quien más amaba en el mundo! …Aunque Isabel sentía que su corazón iba a partirse en mil pedazos por el inmenso dolor que sentía, no podía expresarlo como la mujer quien realmente era… ¡Y ahora ése madito de Jack Sparrow parecía ser mucho más mujer que ella!
-James…, mi amor… -murmuraba dolorosamente mientras le acariciaba suavemente el cabello, impotente ante su dolor y la muerte que ya había comenzado con su labor.
Mientras Will y Nefud trataban de arreglar sus "pequeñas" diferencias con sus espadas olvidándose del verdadero motivo por lo que se encontraba allí, el árabe grandulón, se dirigió directamente con paso decidido hacia el ejecutor de su hermano Abha para asesinarlo, pero, inesperadamente, los temblorosos y miedosos fusileros, Mullroy y Murtogg, se interpusieron en su camino al notar sus malvadas intenciones en contra de sus líderes.
-¡N-no permitiremos que les hagas daño! –apenas exclamó el gordito Mullroy con el fusil temblándole en sus manos.
-¡E-eso mismo! ¡Márchese inmediatamente! –dijo Murtogg muerto de miedo y de nervios mientras trataba de mantener su fusil entre sus manos, pues parecía que éste iba a escapársele de un momento a otro.
Kasar los miró con desprecio, como si un enorme y majestuoso león mirara a un par de insignificantes insectos, y con un tono de voz terriblemente amenazante, les dijo mientras les mostraba su enorme sable turco:
-Quítense de en medio, par de ratas inservibles, si no quieren morir aplastados bajo mi pesada arma.
Mullroy y Murtogg se quedaron completamente en blanco por el miedo, tanto en mente como en cuerpo, y comenzaron a temblar de pies a cabeza sin poder evitarlo.
-¡Ma-ma-márchese inmediatamente! –replicaron los dos al unísono, no queriendo darse por vencidos pero deseando interiormente el poder desaparecer como por arte de magia de aquel lugar.
-¡¡BBBBBUUUUUUUH!! –Kasar los espantó con un terrible gruñido y nuestros dos fusileros cayeron desmayados por culpa del espantoso susto que se llevaron.
Riendo con desprecio, el grandulón pasó por encima de ellos y se dirigió hacia su presa dispuesto a encargarse cruelmente de ella, pero cuando ya estaba a unos cuantos pasos de de los oficiales, se llevó el susto de su vida cuando el almirante Jacobson le habló desde el piso en donde estaba sentado sosteniendo el cuerpo casi sin vida de su amigo.
-Si te acercas más… -lo amenazó bajo un severo tono amenaza, sin siquiera levantar la vista hacia el árabe gigantón-, juro que no volverás a ver la luz del día.
Kasar se detuvo de inmediato. No lograba entender muy bien el porqué, pero aquellas palabras le había infundado un miedo aterrador hacia aquel hombre que ni siquiera había movido un solo dedo para intentar atacarlo. Ése tipo era muy peligroso, demasiado. Con las piernas temblorosas, Kasar retrocedió ante su sorprendido compañero.
-¿Qué te pasa, Kasar? ¿Acaso le tienes miedo? –preguntó muy sorprendido Al Sha'ab al verlo actuar de esa manera.
-Yo… -Kasar no lo entendía, pero sentía que primero debía dejar que aquel moribundo hombre muriera en paz antes de intentar atacar al asesino de su hermano, o si no, corría el riesgo de tener una muerte violenta y dolorosa por parte de él.
De pronto, y sin que nadie se lo esperara, apareció el loro de Cotton gritando y volando por encima de todos los que se encontraban en el cuarto para llamar su atención. Cosa que logró afortunadamente.
-¡El loro… –comenzó a decir con dificultad Will Turner mientras trataba de evadir los golpes de espada de Nefud Yidda- de Cotton! –volvió a esquivar un espadazo al agacharse, cuyo filo pasó rasante sobre su castaña cabeza- ¿Q-qué hará a-quí?
-¿Y a quien le importa qué hace ese pajarraco aquí? –le espetó el apuesto árabe-. ¡Concéntrate en la pelea si no quieres terminar como un pollo rebanado!
-¡Wah! ¡Lo necesito! ¡Lo necesito! ¡Wah! –exclamó extrañamente el pájaro y se fue a posar sobre uno de los sillones del salón, justo el que se encontraba cerca del almirante y el comodoro Norrington, dejando a todos mirándolo muy extrañados.
-¿Lo necesita? ¿A quién necesita? –preguntó Al Sha'ab muy confundido y los otros dos dejaron de pelear para prestarle atención al papagayo azul, solo Jacobson no le prestaba atención, pues se encontraba aún muy trastornado por lo sucedido.
-¡Lo necesito! ¡Wah! ¡Lo necesito! –volvió a repetir el loro mientras se removía inquieto con la cabeza hacia el almirante y Norrington.
-El loro de Cotton vino a pedirnos algo sobre ellos… ¿Qué será? –se preguntó desconcertado el joven herrero.
-¡No te entendemos! –exclamó Murtogg desesperado. (Él y Mullroy recién habían vuelto en sí)-. ¿No puedes decirnos algo más?
Molesto, Mulllroy codeó a su compañero.
-¿Eres idiota o qué? ¡Los animales no entienden! –dijo.
-¿En serio? Yo creía que sí entendían, porque mi perro… –el fusilero puso cara de tonto, a lo que Mullroy replicó más fastidiado aún:
-¡Bueno, bueno! –lo frenó inmediatamente mientras levantaba sus manos-. Los animales entienden. No hay mejor prueba que tú.
-Jeh, sí… -asintió Murtogg feliz, pero enseguida cambió de expresión al darse cuenta que lo habían insultado.
Revoleando los ojos ante aquel par de ignorantes, el ave tuvo que agregar algo más a su frase:
-¡Lo necesito! ¡El comodoro! ¡Wah! ¡Tía Dalma! ¡Wah!
Ya con esa nueva información, Will se dio cuenta inmediatamente de lo que se trataba, y entonces, miró hacia el moribundo comodoro Norrington.
-… ¿Tía Dalma necesita a Norrington…? –murmuró confundido-. ¡Pero si él traicionó a Jacky!
-En un principio, sí… -contó George en voz baja, pero lo suficientemente audible para los demás-, pero luego me traicionó e intentó liberarlo… -entonces, miró hacia Will y exclamó:
-¡Le dispararon porque ése maldito Shake lo quería fuera de su camino!
El silencio reinó por toda la sala durante incontables segundos. Todos estaban sorprendidos por aquella revelación, hasta que el joven Will decidió que quizás ya era hora de actuar y tratar de hacer lo que quería Tía Dalma si querían rescatar a Jack Sparrow de las manos del Shake Tel Aviv. Y así, se acercó hacia donde estaba el almirante Jacobson con el moribundo James Norrington y se agachó para ver que tan grave estaba.
Frunció el entrecejo, el comodoro Norrington no tenía ninguna chance de seguir con vida por más tiempo, era un milagro que aún se encontrara con vida hasta aquel momento.
-No sé qué es lo que querrá tía Dalma con él, pero no creo que podamos hacer nada –dijo mientras se paraba con un dejo de desesperanza en su voz-. Sería una locura tratar de llevarlo al "Perla Negra", moriría en el camino.
Entonces, todos se miraron consternados, sin saber a ciencia cierta qué hacer, pues ya la suerte estaba echada para el comodoro Norrington y ellos no podían hacer nada al respecto.
De pronto, el loro voló y dejó caer algo pequeño y pesado sobre la cabeza del sorprendido Will Turner, quien al ver caer el objeto dorado al suelo, se inclinó para tomarlo, dándose con una gran sorpresa al descubrir lo que era: una moneda.
-¡Una moneda del tesoro azteca de Cortés! –exclamó sorprendido.
-¿Y qué vamos a hacer con eso? –inquirió Nefud bastante molesto mientras se cruzaba de brazos-. Si fueran dos monedas lo entendería, pero una sola… (Ver aclaración abajo).
-¡No! ¡No es eso! –respondió incomodado el joven herrero mientras se le iluminaba el rostro al entender lo que tía Dalma quería con aquella moneda-. ¡Pronto verás para qué es esto!
Y rápidamente se inclinó otra vez ante el ya casi extinto James Norrington y le colocó la moneda en la mano ayudándole a apretara para que hiciera efecto más rápidamente.
-¡Vamooooosss! ¡Vamoooooosss! ¡Funciona! –pedía mientras se concentraba en el pálido rostro del oficial y todo los demás lo miraban como si pensaran que el muchacho se había vuelto loco, pero, para el asombro de todo el mundo (y en especial para Isabel), James Norrington pareció volver en sí mientras los colores volvían a su rostro, que hasta hacía segundos había estado empañado por la muerte, y le daban nueva vida.
Lentamente, y ante el espanto de todos (menos el de Will y el loro, quienes entendían a la perfección lo que estaba sucediendo), el comodoro se levantó del regazo del pálido almirante para luego sentarse en el suelo mientras comenzaba a tocarse el pecho muy confundido y sorprendido al notar que su herida se había cerrado. Totalmente consternado, sin lograr entender lo que había pasado, miró hacia Will como si quisiera pedirle explicaciones al respecto.
-El oro de Cortés tenía una maldición, ¿recuerda? –le contestó el muchacho-, una maldición en la que usted no creía y ahora le ha salvado la vida.
-Entiendo… -dijo mientras volvía a mirarse las manos, maravillado, pero enseguida sus ojos comenzaron a mirar hacia todas partes sin poder encontrar a quien desesperadamente buscaba en toda la habitación semi-destruida.
-¿En dónde está Sparrow? –preguntó al fin.
-Se lo llevaron –respondió Isabel inmediatamente, ya repuesta por la sorpresa que se había dado ante la aparente "resurrección" de su amigo-. Una criatura enorme de un solo ojo se lo llevó..., junto con el pergamino… Y mi tío se fue con ellos…
-¡Fue el Shake! ¡Estoy seguro! –agregó Will con desesperación-. ¡Tenemos que ir a rescatarla antes de que sea demasiado tarde!
James lo miró con preocupación, pues sabía que el muchacho tenía razón, ya que todos corrían el riesgo de perder la razón una vez que aquel Shake maldito se aprovechara de la condición "femenina" del capturado. ¡Debían hacer algo de inmediato!
Habiendo ya tomado una decisión, el oficial se levantó inmediatamente, pero justo cuando iba a decir algo, el teniente Gillette, junto a varios de sus subordinados, entraron apresuradamente a la oficina de Beckett y se dieron con la sorpresa de que su oficial de alto mando se encontraba allí, pues no lo habían visto ni sabido de él hacía ya varios meses.
-¡Señor! –exclamó el teniente con alegría mientras se plantaba frente a él-. Comenzábamos a creer que le había ocurrido una desgracia…
-Pues no fue así, teniente –respondió Norrington con su habitual tono de mando y flema inglesa, sintiéndose muy feliz de estar otra vez entre los suyos, en su mundo, y no en un mundo de piratas-. ¿Qué es lo que usted está haciendo aquí?
-No lo creerá, señor, pero unas enromes bestias de un solo ojo atacaron a todo Port Royal… -le explicó aún un tanto incrédulo-. Luchamos con todas nuestras fuerzas para detenerlos pero nada les hacía daño, luego, sin razón alguna, se marcharon. Después, una extraña neblina verde invadió todo... No nos pasó nada malo, pero nos sentimos algo extraños... Todo eso me hizo recordar aquella vez que una flota de navíos árabes nos atacaron, ¿lo recuerda? Bueno…, esta batalla también fue muy confusa…, todo parecía estar perdido, pero luego descubrimos que no todo era como lo creíamos.
-Es cierto –secundó el joven aprendiz de herrero-, hemos visto a las bestias destruyendo todo "Port Royal" sin piedad y luego a la neblina cubrir toda la ciudad. El anterior ataque árabe y éste, fueron provocados por el mismo hombre que se llevó a la capitana: el Shake Tel Aviv. Estoy seguro de eso, pero… -se miró a sí mismo-, me extraña que no hayamos perdido la conciencia como la primera vez…
-… Quizás… -agregó Al Sha'ab un tanto dubitativo-, la neblina tubo algo que ver.
-Puede ser…, pues no recuerdo que hubiera una neblina verde cuando nos atacaron la primera vez.
Viendo que ya se estaban apartando del asunto que realmente debería preocuparlos, el comodoro James Norrington decidió ponerse manos a la obra de una vez y ordenarlo todo.
-Teniente Gillette –habló con tono altivo mientras le ponía afectuosamente la mano sobre la cabeza del supuesto Billy, quien estaba radiante de felicidad al ver que ya estaba bien.-, ordene que todos los hombres se preparen para zarpar de inmediato. Iremos tras el culpable de este ataque y le daremos lo que se merece.
-¡Sí, señor! –asintió inmediatamente su segundo al mando y se marchó seguido por los demás soldados.
Luego, James se volvió hacia Will y le dijo con el mismo tono de voz, pero con un leve acento de amabilidad:
-Señor Turner, ¿podría usted volver al "Perla Negra" y transmitirle al capitán Barbossa que deseo que me guíe a mí y a mi flota hacia la isla en donde tienen prisionero a Jack Sparrow?
Sinceramente sorprendido ante semejante propuesta, William le contestó con un tenue tartamudeo:
-¿Va-vamos a rescatar al capitán Sparrow, señor?
-Así es –asintió con flemática voz inglesa propio de alguien de su estatus.
-¡Entonces iré inmediatamente a decírselo! –exclamó el muchacho muy entusiasmado, y cuando pasó al lado de Nefud Yidda, le dijo:
-Y tú olvídate de la venganza, ¿eh?, y díselo a tu compañero.
Nefud lo miró como si lo desafiara, como si nadie tenía por qué decirle lo que tenía que hacer.
-Tú sabes que haré lo que sea para salvar a mí prometida, así tenga que perdonar a estos puercos ingleses.
-Jacky no es tu prometida, es mí prometida, ¿lo recuerdas? –le replicó el joven Turner.
-Recuerda que nuestro encuentro aún no terminó, afeminado.
-Con gusto volveré a demostrarte mis habilidades, sucio… perro. –(A Will no se le ocurría otro insulto).
-¡Caballeros…! –les llamó la atención el comodoro Norrington, interrumpiendo así las cruces de opiniones-. Les acabo de dar una orden. El tiempo apremia, señores.
A regañadientes, Will Turner, Nefud Yidda (mirándose con desprecio), Al Sha'ab y Kasar, se retiraron apresuradamente del lugar rumbo al puerto.
Mientras James los veía marcharse, Lord Cutler Beckett, sentado tranquilamente en su silla, le dijo:
-Me alegra que se haya salvado de la muerte, comodoro Norrington –su cometario sonaba bastante falso-, aún tiene mucho que hacer por la Corona.
El aludido lo miró directamente a los ojos, aún muy molesto por lo que aquel despreciable sujeto había tratado de hacerle a Jacky. Pero Becket no se molestó ni un poco por su atrevimiento, pues sabía que Norrington nada podría hacerle sin que pusiera en riesgo su propio cuello.
-Supongo que usted va a detener a ese tal "Shake Tel Aviv", ¿verdad?. No quisiera pensar que sus verdaderas intenciones sean rescatar a Jack Sparrow como se lo dijo al muchacho… -sus ojos se clavaron en el oficial, amenazándolo-. Ya que si llego a enterarme de que usted a ayudado a escapar a ése pirata de mala muerte o se a inmiscuido sentimentalmente con ésa mujer, juro que lo haré comparecer ante la Corte Marcial para que lo castiguen con la horca por cometer alta traición contra la Corona Inglesa.
-Solamente voy a castigar a ése árabe que se atrevió a atacar Port Royal dos veces, y a deshacer el hechizo del "La Maldición del Anillo de la Calavera", señor. Sé lo que me espera si me involucro con una pirata, y es un riesgo que no pienso correr.
Beckett sonrió maliciosamente y juntó las yemas de sus dedos. ¡Cómo le gustaba tener a los demás comiendo de su mano!
-Espero que así sea –dijo-. Rompa rápido la maldición, señor Norrington, no quisiera perder la razón por nada del mundo.
-Así será, señor…
Cuando Will y los demás salieron a la calle, se dieron con que "Port Royal" estaba en llamas la mayor parte de su estructura, pero no todo estaba totalmente destruido. Sabía que, por explicaciones de tía Dalma, que la mayoría de los monstruos habían sido productos del poderoso hipnotismo de la "Piedra Mística", pero también sabía que algunos de ellos habían sido reales. Seguramente, el que había secuestrado a la capitana del "Perla Negra", había sido uno de ellos.
-"Ahora sé cómo el loro de Cotton dio con la casa…" –pensó el muchacho al ver el cielo nocturno iluminado tenuemente por las llamas de la ciudad.
Momentos después de que Will Turner y los demás se hubieron marchado hacia el puerto montando veloces corceles, el comodoro James Norrington salió de la casa semidestruida de Lord Beckett, seguido por el pequeño Billy, el almirante George Jacobson, Murtogg y Mullroy. Los primeros tomarían un carruaje hacia el puerto y los otros dos manejarían las riendas de los caballos que conducirían dicho carruaje hacia el puerto.
Una vez adentro, y ya con el coche en marcha, Isabel se decidió a hablarle a su amigo, pues temía que él aún siguiera molesto con ella.
-James…
Norrington miraba por la ventanilla, pensando en su querida pirata, pero eso no evitó que escuchara a su amiga.
-¿Sí?
-¿Alguna vez vas a perdonarme por lo que te hice?
Los segundos pasaron en un incómodo silencio, hasta que el aludido respondió al fin:
-Tú actuaste creyendo que lo hacías por mi bien, no hay nada qué perdonar en ello –volvió su rostro al de ella-. Pero el que te hayas decidido a matarme sin importar nuestra larga amistad, eso sí que será difícil de perdonar.
Isabel no replicó a eso, pues sabía que él tenía toda la razón, así que decidió no seguir hablando más del asunto y prefirió cambiar de tema.
-¿Estás decidido a romper con la maldición?
-¿A qué te refieres con eso?
-Pues… -no se animaba a decírselo-, pues creo que realmente estás enamorado de ésa mujer.
James la miró un tanto sorprendido por su franqueza, pero sabía que ella, seguramente, tenía toda la razón.
-Aunque así sea –dijo mientras volvía a mirar por la ventanilla-, mi deber como oficial está primero, además, Beckett es demasiado peligroso como para oponérsele. Ya escuchaste su amenaza.
-Sí… -asintió su amiga. Y aunque James le había dicho que estaba dispuesto a ayudar a Sparrow a romper el hechizo y olvidarse de ella, sabía que él sufriría enormemente el tener que apartarse de la persona que más había amado en toda su vida.
-"Jacky… -pensaba el atribulado comodoro Norrington-, jamás te pondría en peligro a causa del inmenso amor que siento por ti. No permitiré que caigas otra vez bajo las malvadas manos de Beckett… Así sea que yo tenga que renunciar para siempre el poder estar a tu lado…
El carruaje llegó justo a tiempo al puerto, ya que toda la flota naval de Port Royal estaba casi lista para zarpar y buscar al culpable de los ataques hacia "Port Royal".
El teniente Gillette, al ver llegar a su jefe al comdoro, bajó inmediatamente del navío insignia y cruzó la plancha a toda velocidad hasta llegar a él.
-¡El "Perla Negra" está en el horizonte, señor! ¿Ordenamos un ataque sobre ellos?
-Se equivoca, Gillette, el "Perla Negra" será quien nos guiará hacia la guarida de esos rufianes árabes –James le aclaró al sorprendido oficial mientras subía a bordo del barco seguido por los demás. El teniente, asombrado, se había quedado como petrificado sobre la plancha. ¿Había escuchado bien? ¿Acaso el comodoro Norrington estaba dispuesto a aceptar la ayuda de unos asquerosos piratas a quienes tanto había perseguido en el pasado?
-¿N-nos guiará…? –se repitió incrédulo.
-¡Teniente! ¿Qué está esperando? ¡A su puesto! –le oyó decir a su primer oficial, por lo que volvió de inmediato hacia su propio barco.
Una vez sobre el puente de mando de su buque insignia, el comodoro James Norrington (ya con una casaca nueva), procedió a seguir con su plan.
-¡¡Suelten la amarras!! ¡¡Extiendan la velas!! ¡¡Quiero que sigan al "Perla Negra", pero que no los ataquen! ¿Entendido? –les ordenó a sus hombres, quienes asintieron de inmediato y comenzaron a realizar inmediatamente con lo ordenado.
La flota constaba de tres barcos veloces de guerra, el comodoro James Norrington comandaba el buque insignia, mientras el almirante George Jacobson se encargaba del mando del otro navío, y el teniente Gillette se ocupaba del mando del que quedaba.
Mientras, varias leguas más hacia el horizonte, el "Perla Negra" iniciaba su recorrido hacia la "Isla del Cuello Torcido", que era la dirección hacia donde la brújula de Jack Sparrow señalaba como posible lugar en donde su dueño se hallaba, el capitán Hector Barbossa se encargaba del timón con su singular personalidad.
-¡Ahora guiemos a éstos gusanos hacia donde se encuentra mi querida capitana! ¡Jah jah jah! ¡Pónganse a trabajar, partida de inútiles marineros de agua dulce!
Entonces, todo el mundo se puso a trabajar con todas sus fuerzas, desesperados por rescatar a su capitán de su terrible destino.
En un principio, cuando William Turner les contó todo lo que había ocurrido a Jack Sparrow y de los planes del comodoro Norrington, a los piratas no les había hecho gracia tener que ayudarlo, pero cuanta más ayuda tuvieran para rescatar a su capitán, los bandidos estaban dispuestos a cualquier sacrificio por él/ella. Hasta aliarse con su pero enemigo.
-¿Para qué necesitas a Norrington? –le preguntó el muchacho a tía Dalma.
Ésta sonrió y lo miró.
-Tengo una corazonada, eso es todo –le respondió tranquilamente para luego marcharse de la cubierta.
-¿Una corazonada? –se extrañó el joven Turner, entonces, Elizabeth se acercó a él, preocupada.
-Espero que lleguemos a tiempo –le dijo.
-No te preocupes, Elizabeth, llegaremos antes de que ese maldito se aproveche de la capitana.
La chica no dijo nada, pero sus pensamientos no estaban en Jack Sparrow, sino en su prometido.
-Es por ti por quien me preocupo… -murmuró entristecida al notar que ella ya no era nadie para Will.
Entretanto, con el pequeño "Billy" a su lado, el comodoro James Norrington sacó la pequeña y elaborada moneda dorada del bolsillo de su traje y la contempló largamente antes de murmurarse a sí mismo:
-El destino me ha dado otra oportunidad en la vida… Mi querida Jacky, ¿será ésta la señal de que nuestro destino se verá resuelto muy pronto? –luego, alzó la vista hacia el lejano horizonte, contempló al "Perla Negra" navegar bajo el cielo estrellado. Era una vista maravillosa.
-Solamente Dios decidirá sin nuestro amor fue una alocada pasión sin sentido o un romance eterno… -dijo.
(A lo que se refiere Nefud Yidda con las dos monedas, es que antes se creía que poniendo dos monedas tapando cada uno los ojos del difunto, éstas le servirían para pagar al barquero que llevaría al alma del muerto hacia el inframundo. Vean el final de la peli de Johnny Deep: "Desde el Infierno".)
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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