Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 64: Cuando Todo Llega a su Fin
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Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
Capítulo 64: Cuando Todo Llega a su Fin
Todo había resultado un desastre, nada había salido como lo habían planeado: La flota del comodoro James Norrington estaba a punto de perecer en manos de los cíclopes, al igual que el "Perla Negra". Will, Elizabeth, James y tía Dalma se encontraban en momentos decisivos para sus existencias, pero por más mal que todos estuvieran, pronto la suerte comenzaría a sonreírles.
Ya decidido y suponiendo que era tiempo de utilizar el brebaje de tía Dalma para darle su merecido a aquellos monstruosos cíclopes, el capitán Barbossa entró por fin en acción:
-¡¡Lancen la pócima, partida de estúpidos!! –les gritó a sus hombres al ver que más bestias seguían emergiendo de las profundidades del mar. Si no lograban distinguir entre los verdaderos y los falsos, todos la pasarían realmente muy mal.
A una orden de Ana María, uno de los piratas estrelló un frasco de vidrio contra la cubierta del "Perla Negra" logrando que se esparciera un líquido verde que enseguida pasó a un estado gaseoso que se expandió por todas direcciones.
-¡Por Dios¡Esto se pondrá peor! –exclamó muy sorprendido el teniente Gillette mientras veía avanzar a una docena de cíclopes que muy pronto se unirían a los que ya los estaban atacando. Entonces miró la pequeña botella que tenía en la mano, aún incrédulo por el poder que le habían dicho que poseía, pero no tenía otra opción más que utilizarla si no quería que aquellas bestias destruyeran lo que quedaba se su flota.
Y así, lanzó el pequeño recipiente al suelo, sucediendo exactamente lo mismo que en el "Perla Negra". Más allá, en el otro navío, el comandante que la dirigía hizo lo propio.
Poco a poco, aquel extraño vapor verde comenzó a extenderse por toda la isla y sus alrededores como si fuera una tenebrosa niebla espesa, pero logrando su cometido: eliminó todos los cíclopes ilusorios y dejó a la vista a los que eran reales.
-¡Mire, señor! –exclamó Ana María mientras señalaba hacia los cíclopes verdaderos-. ¡Sólo son dos¡Y son los que están atacando uno de los barcos de la armada!
-¡Excelente¡Uno menos! –festejó Barbossa maliciosamente mientras lo constataba con su catalejo, luego lo bajó y miró a la muchacha mientras su tripulación comenzaba a dominar su miedo y a calmarse al darse cuenta de que el "Perla negra" aún no había sido atacado. Pues todo el horror que vivieron había sido producto de las ilusiones de la "Piedra Mística".
-Preparen los cañones, caballeros –les ordenó su capitán mientras le brillaban los ojos por la emoción y su mono "Jack" por fin se sentaba en su hombro, completamente tranquilo -. ¡Acabemos con esos asquerosos monstruos de una vez por todas!
-¡¡Sí, mi capitán!!-asintieron todos completamente reanimados por las palabras de Hector Barbossa y se pusieron manos a la obra.
El teniente Gillette ya se había percatado que solamente quedaban dos cíclopes reales de todos los que habían estado atacándolos, y esos dos eran justo los que estaban atacando a una de sus embarcaciones y eso no lo iba a permitir por mucho más tiempo.
-¡Caballeros¡Carguen los cañones de inmediato¡Debemos salvar a nuestra gente! –era increíble cómo el valor y la razón volvía a la mente de todos una vez que ya no eran dominados por el miedo irracional-. ¡Acabaremos con esas bestias!
-¡¡Sí, señor!! –exclamaron todos al unísono y se dispusieron a seguir sus órdenes.
Viéndose al descubierto, los dos cíclopes que casi habían logrado hundir al barco de la marina real, se apresuraron para atacar a los otros dos navíos, pero fueron inmediatamente atacados por los feroces cañonazos del "Perla Negra" y del resto de la armada real.
Aunque estos monstruos mitológicos eran enormes, la lluvia de balas de cañón era lo suficiente como para herirlos terriblemente. Aullando de dolor, los cíclopes comenzaron a blandir amenazadoramente sus garrotes en un vano intento de destruir a sus enemigos, pero por más que se esforzaran, ya éstos habían logrado herirlos mortalmente.
Luego de aquel estruendoso retumbar de cañones, la nube de pólvora de disipó para revelarles a los tripulantes de las tres naves, que habían terminado con la vida de aquellos extraños seres mitológicos, cuyos cuerpos se hundieron en las aguas.
-¡¡Acabamos con los malditos!! –gritó eufórica Ana María mientras se afirmaba a la barandilla para mirar y festejar, enseguida se escuchó a todos los hombres gritar al unísono una ovación de victoria.
-Jamás imaginé que sería tan feliz hasta este momento siendo mi vida como es –comentó Beatriz mientras se sacaba de encima a un aterrado Henry McKinley, quien desde un principio se le había prendido como garrapata, muerto de miedo-. ¡Quítate ya de encima, cobarde! –le regañó mientras le daba un empujón.
-Bien, bien –dijo el capitán Hector Barbossa mientras se acomodaba sobre su cabeza su mojado sobrero-. Creo que ahora debemos ir a rescatar al condenado Jack Sparrow¿no es así, Jack? –le inquirió sonriente a su pequeño monito que se había aferrado a su hombro como siempre lo había hecho.
-¡¡Vamos por el maldito bastardo, caballeros!! –Les ordenó a sus hombres-. ¡¡Prepárese para el desembarco, partida de inútiles!!
Y mientras la tripulación del "Perla Negra" se ponía manos a la obra, las cosas no iban muy bien en la "Cueva del Tesoro de la Calavera Dormida".
El malvado jeque, Alí Tel Aviv, se disponía a acabar con la vida del comodoro Norrington, quien yacía maltrecho en el suelo gracias a los malos tratos que le había propinado el capitán Jack Sparrow, pero el sólo hecho de ver a su querida pirata comportarse como si nada le importara ya, lo había deprimido de sobremanera, entregándose a su suerte.
El Jeque sonrió complacido, el ver la cara de desesperación y desconsuelo en el rostro de su enemigo era algo que no se comparaba a nada.
-Despídete de tu mujer, perro infiel –le dijo mientras se paraba a su lado y alzaba amenazadoramente su espada observándolo con desprecio-, pronto yacerá junto a mí en su lecho nupcial…
Los ojos de James centellaron de ira al escuchar semejante presagio¡jamás permitiría algo así¡Eso era una injusticia para Jacky!, y sin que Alí Tel Aviv se lo esperara, el oficial sacó su mosquete con increíble velocidad y le disparó directo hacia el corazón.
Sorprendido, el maligno árabe retrocedió unos pasos mientras se miraba la herida. El impacto había dado justo en el blanco. Luego, dirigió su atención hacia el oficial, quien aún permanecía en el suelo sosteniendo el arma con mano temblorosa, desafiante.
-¿Crees que con esto podrás matarme? –le preguntó con ironía y desprecio, sonriendo despectivamente al verlo abrir los ojos desmesuradamente al darse cuenta que no le había hecho ningún daño.
-¡¿Acaso no te das cuenta que yo ya estoy muerto?! –le gritó enfurecido al tiempo que le propinaba una tremenda patada en el estómago, dejándolo encogido por el dolor.
-… ¡Aaagggh…! –se quejaba James, aquel puntapié había sido mucha más fuerte que el golpe que se había dado en la cabeza. Sufriendo por la agonía, el pobre hombre dirigió su vista hacia la capitana Sparrow, quien ni siquiera lo estaba mirando, permaneciendo parada como una estatua sin expresar el más mínimo sentimiento.
-… ¡Ja-jacky, ayúdame…! –la llamó suplicante mientras extendía su brazo hacia ella y sus ojos se llenaban de lágrimas al verla en ése estado. El jeque Alí Tel Aviv ya se había aproximado otra vez a él, dispuesto a acabar con su vida.
Pero justo cuando el malvado muerto viviente estaba por descargar el golpe de gracia sobre su indefensa víctima, lo vio sorprenderse, como si hubiera visto algo detrás de suyo, algo que no se esperaba ver.
El jeque, alarmado, quiso darse vuelta para ver de lo que se trataba, pero recibió de inmediato un doloroso cuchillazo en medio de la espalda haciéndolo trastabillar y soltar el sable para tratar de sacarse el objeto en cuestión, pero por más que lo intentara, sus manos no lograban alcanzarlo.
Furioso, se volvió para ver a su atacante, y grande fue su sorpresa cuando vio que solamente era un muchachito quien lo había atacado por la espalda. Era Billy quien le había salvado la vida al comodoro James Norrington.
El chico había atravesado la extensa cueva sin ser visto por nadie y había encontrado la daga que Jack había escondido en la casaca de James. Su fuerte intuición lo había guiado hasta allí justo a tiempo para poder evitar una desgracia. Y sin quererlo, le había hecho daño al Jeque Tel Aviv con la única cosa que podía matarlo: la daga que Jezabel había utilizado para mutilarse.
-Maldito mocoso del demonio… -murmuró rabioso el malherido árabe mientras comenzaba a caminar hacia Billy, quien comenzó retroceder asustado.
Sin darle tiempo a nada, el Jeque le dio un terrible cachetazo que lo mandó directo contra la pared de la caverna, desmayándolo con el golpe.
-¡Acabaré contigo, maldito perro de Zatanás¡Te arrepentirás por haberme hecho esto! –lo amenazó mientras sacaba una pequeña daga curva dispuesto a desollarlo vivo, pero de repente, James se le lanzó encima para sujetarlo y evitar aquel horrible asesinato. Fastidiado, el árabe lo tomó fuertemente por la cara y lo incrustó contra la pared.
-Creo que primero tendré que acabar contigo, maldito infeliz –lo sentenció mientras le presionaba la adolorida y lastimada cabeza contra aquel durísimo muro de piedra. Norrington. Muerto de dolor, trataba de liberarse, pero nada podía hacer con la formidable fuerza de aquel hombre, ni siquiera podía gemir por el horrendo dolor que lo atormentaba.
Cuando el jeque ya estaba a punto de clavarle la daga en el estómago, alguien había tomado el cuchillo que le había incrustado el joven Billy y le desgarró la espalda todo a lo largo.
Gimiendo de dolor, el jeque Alí Tel Aviv soltó a su presa y se volvió una vez más para saber quién lo había atacado esta vez.
-Creo que ya te estás pasando, viejo –le dijo una sonriente capitán del "Perla Negra" mientras lo amenazaba con la espada de James Norrington y con la daga en la otra mano.
-¿¡Tú¡¿Por qué me atacaste?! –exigió saber el incrédulo Tel Aviv.
Jacky volvió a sonreír con esa manera tan atractiva que sabía hacer.
-Pues olvidaste una muy pequeña pero importante cuestión, amigo: Yo soy el capitán Jack Sparrow.
Y sin darle tiempo a nada, le clavó la daga en el corazón y el jeque Alí Tel Aviv cayó al suelo duro como una piedra, aparentemente muerto.
-… o quizás, porque recuperé mi conciencia gracias a la daga, eunuco –le dijo mientras lo miraba con desprecio para luego dirigir su atención hacia donde se encontraba el comodoro Norrington, y se sorprendió al verlo de pie, mirándolo detenidamente.
Entretanto, en la vegetación tropical de la isla, el cíclope que tenía prisionera a la desamparada Elizabeth, seguía haciéndola sufrir a la vez que éste refunfuñaba por el molesto loro de Cotton que seguía sobrevolando sobre su cabeza. La joven Swann ya se había dado por vencida en sus vanos intentos de llamar la atención de su ex novio y se había desmayado a causa de la desesperación y la presión que ejercía la mano del monstruo sobre ella.
El rufián del desierto, Nefud Yidda, hacía rato que se había dado a la fuga marchándose junto a Kassar y a un secuestrado Cotton hacia la cueva en dónde estaba Jacky luego de haber derrotado a un desconcentrado William Turner.
Por alguna razón que no comprendía muy bien, el muchacho no había perseguido a su contrincante en el amor, sino, que se había quedado parado sin moverse un centímetro, paralizado y con la mano derecha lastimada a causa de un corte que le había hecho Nefud para que soltara su espada. La mente y el corazón de Will se encontraban en un completo caos. Algo le faltaba, pensaba, algo no andaba bien. Sabía que en lo más profundo de su interior había algo que intentaba avisarle a gritos que él se había olvidado de alguien a quien había amado con todo su ser. Una persona tan importante por la cual hasta daría su vida. Pero… ¿quién sería?
Will, desesperado, se tomó la cabeza con ambas manos tratando de ordenar sus confusos pensamientos, obligándose a sí mismo a recordar lo que había olvidado. De pronto, rebuscando en su interior, una imagen difusa se presentó en su mente, parecía ser una hermosa mujer. El joven armero volvió a gemir angustiado, aquella imagen se le había escapado, pero luego, volvieron a él pequeños fragmentos de una hermosa voz infantil. Era la voz de una niña:
-"Está bien. Mi nombre es Elizabeth Swann".
-"Te estoy cuidando, Will".
Entonces, el hermoso rostro de una niña que le parecía angelical vino a su mente, luego, recordó más, a la misma niña, pero ya siendo una atractiva joven:
-"También el mío". –Ella lo defendía, estaba con él, lucharía por él.
-"No. Es un pirata". -Entonces, un beso, un anhelado beso. Bello, hermoso. Ella lo aceptaba al fin.
-"Will…".
¿Quién era ella?
-"Will…".
¿Por qué se había olvidado de ella si sentía que lo era todo para él?
-"Te amo…".
Estaba seguro que la amaba también, que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella. Hasta arriesgar su propia vida… ¿pero quién era ella?
-"¡¡Will!!"
De pronto, algo pasó. Fue como si algo parecido a un relámpago hubiera atravesado horizontalmente su mente, provocando un quiebre en sus recuerdos olvidados, despertándola al fin.
¡¡Era Elizabeth, su querida y valiente Elizabeth¡Ella lo estaba llamando!!¡¡Necesitaba su ayuda¡¡Se estaba muriendo!!
-¡¡ELIZABEEEETH!! –Will gritó el nombre se su amada recordándola al fin mientras giraba con una velocidad asombrosa y lanzaba la espada con su característica fuerza hacia el único ojo del cíclope, incrustándoselo e hiriéndolo a muerte.
Chillando de dolor, el enorme monstruo soltó a la joven para poder llevar sus manos hacia su ojo malherido para luego salir disparado hacia la playa.
Cuando Elizabeth cayó, William pudo atajarla a tiempo para que no se golpeara contra el suelo. Desesperado, la acostó en la tierra y comenzó a sacudirla desesperado tratando de despertarla.
-¡Elizabeth¡Reacciona¡Elizabeth! –pedía el muchacho mientras comenzaba a llorar amargamente al ver que ella no volvía en sí. Ni siquiera respiraba.
-No… no, no, no –negó angustiosamente el joven Turner y estrechaba el inerte cuerpo de la joven entre sus brazos, negándose a admitir la dura realidad-. Elizabeth… Nooo… Mi amor… ¡Por qué fui tan estúpido!
Y comenzó a llorar desconsoladamente con el corazón hecho pedazos, sintiéndose la peor basura que se pudiera encontrar sobre la faz de la Tierra. Como un hipócrita, había dejado morir a su amada novia por culpa de un capricho estúpido. ¡No merecía seguir viviendo!
-Perdóname, perdóname… -gemía lastimeramente mientras escondía su rostro entre los dorados cabellos de la chica hasta que de pronto sintió cómo una delicada mano comenzaba a acariciar su largo cabello castaño.
-… No es tu culpa, Will… -escuchó que le decían.
Sorprendido al oír aquella débil y dulce voz femenina, el muchacho alzó la cabeza y se encontró con que su amada Elizabeth había recuperado la conciencia. ¡Ella no estaba muerta!
-¡Elizabeth! –exclamó Will lleno de alegría mientras volvía a abrazar a su prometida, esta vez con más cuidado que antes, pues sabía que ella estaba delicada-. ¡Perdóname¡Perdóname¡Fui un estúpido!
-… Fue la maldición, Will, no te preocupes, no fue tu culpa… -le sonrió la hermosa joven mientras acariciaba con sus dedos las mojadas mejillas de su querido novio-… ¡No sabes cuánto tiempo esperé para que volvieras a recordarme…! –Comenzó a llorar-… ¡Todo era una pesadilla sin ti…¡Me encontraba tan sola…!
Will no podía decir nada, con solo verla llorar de esa manera le rompía el corazón, solamente se limitaba a mirarla tristemente.
-… Bésame, Will, por favor… -pidió ella, a lo que el muchacho accedió sin reparos y unió sus labios a los de ella en un dulce y tierno beso.
Luego de unos instantes, el gallardo joven la levantó del suelo y llevándola entre sus brazos, comenzó a caminar a través de la vegetación del bosque. Ella, con su cabeza recostada sobre el pecho de su prometido y abrazándose a su cuello, le preguntó:
-… ¿Qué haremos ahora…?
-Seguiremos al loro de Cotton –respondió Will Turner con gran determinación, pues sabía que el hechizo aún no se había roto y necesitaba hacer algo antes de que volviera a perder la cabeza por la versión femenina de Jack Sparrow-, él nos guiará a la cueva y acabaremos con todo esto de una vez por todas y jamás volveré a abandonarte.
Y así, los dos desaparecieron entre los árboles y arbustos, dispuestos a seguir adelante con ayuda de su mutuo amor.
El lugar quedó en completo silencio y sumido en la mayor soledad, sólo se escuchaba de vez en cuando algún que otro chillido de un ave o un mono, dándole al lugar un aspecto siniestro a pesar de que el sol alumbraba ya desde hacía rato. Y entonces, entre una maltratada planta espinosa, alguien que se ocultaba en ella, dijo:
-Creo que acabamos de quedarnos solos…
-¿Y-y el cíclope?
-¡Vendrá por nosotros!
-¡Vámonos de aquí!
-¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhh!! –gritaron al unísono Pintel, Ragetti, Murtogg y Mullroy mientras salían huyendo despavoridos de los matorrales hacia la dirección que había tomado la pareja.
Mientras tanto, en la cueva, Isabel Jacobson había tomado una dura decisión con respecto a su tío, no importaba cuanto le doliera, no importaba cuánto le costara, ella tenía una deuda con sus padres y su hermanito y debía cumplirla costara lo que le costara. Ella acabaría con aquel espíritu perverso asesinando a su propio tío.
En el momento en que Abdul quiso asestarle el golpe de gracia con su espada y cortarle la cabeza, el almirante George Jacobson giró sobre sus rodillas y bloqueó el golpe con su filoso sable japonés. Sorprendido, el sirviente árabe le peguntó:
-¿Q-qué estás haciendo¿Por qué no te dejas matar¿Acaso piensas acabar con tu propio tío?
-Sé muy bien porqué decidiste poseer a mi tío –le respondió esta-. Tienes miedo de que yo sea el único capaz de hacerte frente a ti o a tu amo.
-¿Eso crees¡Jah jah jah! –se rió tratando de disimular su desconcierto, pero su frente estaba perlada por el sudor-. Me parece que estás divagando…
-No. Yo casi nunca me equivoco –lo desafió mientras se levantaba empujando la espada de su oponente con su sable, soportando todo el dolor que le provocaban las heridas que tenía por todo el cuerpo. La fuerte determinación que revelaban sus ojos celestes puso muy nervioso al árabe.
A pesar de que Abdul era un espíritu, sabía muy bien que si aquella mujer lograba herir gravemente el cuerpo que había poseído, él tendría que vagar de nuevo entre las tinieblas de la muerte, ya que el verdadero dueño de aquel cuerpo no había muerto y Abdul estaba condenado a ser arrastrado junto a él hacia el mundo de los muertos. El cuerpo que había tenido antes había sido el suyo desde hacía varias centurias al igual que el de su amo. ¡Maldito el día en que aquel sucio pirata había acabado con su verdadero cuerpo!
Abdul no tuvo más tiempo para seguir pensando en lo que le pasaría si era asesinado otra vez, ya que el almirante Jacobson comenzó a atacarlo con una agilidad increíble, la misma que había desplegado cuando derrotó al pirata Bart "Sangre Negra" Morgan.
El árabe hacía lo que podía, pero no era nadie para hacerle frente a aquella insensible mujer, solamente le quedaba convencerla con palabras para que no acabara con él.
-¡Éste es el cuerpo de tu tío! –le decía mientras seguía defendiéndose desesperadamente con su sable árabe-. ¡Si me matas él morirá también!
-¡Cállate! –le gritó ésta mientras seguía atacándolo-. ¡No lograrás hacerme cambiar de parecer!
No. Ella no quería escucharlo. Sabía que si lo hacía la haría dudar y desistiría entonces de su plan. Amaba a su tío, sí, él la había acogido con todo cariño y apoyado en todo cuando ella había perdido a toda su familia… Pero, su venganza estaba primero y estaba segura de que su tío Christian no hubiera querido que lo usaran para poder matarla. Isabel sabía que él hubiera preferido morir antes de ser el culpable de la muerte de su querida sobrina.
Aunque se le rompiera el corazón en mil pedazos, ella asesinaría a su amado tío.
Abdul no tenía nada que hacer, sus esfuerzos eran inútiles ante los ágiles ataques de su enemigo. Por más mandobles que intentaba, no podía romper la defensa de aquella peligrosa mujer, quien se acercaba aún más hacia su objetivo.
Y entonces, en un momento dado, Isabel logró arrebatarle el arma con un poderoso espadazo, hiriéndole la mano, luego, en un veloz movimiento giratorio, se colocó detrás del sorprendido Abdul y se dispuso a cortarle la cabeza de un solo golpe, pero justo cuando estaba por hacerlo, escuchó un quejido proveniente de la garganta de su enemigo, y para su desconcierto, lo vio caer pesadamente al suelo, inconsciente.
Sin entender nada de lo que había pasado, el almirante Jacobson se hincó ante el cuerpo de su tío para averiguar lo que le había sucedido. Grande fue su sorpresa cuando éste abrió lentamente sus ojos, la miró dulcemente y le dijo:
-… Pequeña… Tu tío ha vuelto…
Con sus bellos ojos enormemente abiertos y luego de asimilar difícilmente aquellas palabras, Isabel comprendió al fin, que había estado a punto de matar insensiblemente a la persona que más amaba en todo el mundo por culpa de su estúpido egoísmo. ¡Había estado a un segundo de cometer el error más grande de su vida!
Lentamente, la arrepentida joven se inclinó sobre su tío para abrazarlo y comenzar a llorar amargamente como hacía muchos años que no lo hacía.
Jacky Sparrow y James Norrington volvían a reencontrarse después de que ambos creyeran que jamás volverían a verse. La corta distancia que los separaba les parecía ahora muy larga.
A pesar de que la atracción entre ellos era mutua y muy fuerte, los dos aún se resistían a entregarse a aquella pasión, luchando contra sus propias convicciones y personalidades.
-Pensé que usted había muerto… -le dijo la versión femenil del capitán Jack Sparrow, tratando a duras penas de reprimir sus impulsos femeninos de lanzársele a sus brazos, agradecido por verlo con vida y aterrorizado por encontrarlo tan lastimado-. ¿Otra vez herido? Se ve que le encanta llamar la atención…
-Oh, sí… –le sonrió suavemente mientras apoyaba su espalda contra la pared de piedra-. El señor Turner y la señora Dalma se encargaron se salvarme la vida con una de esas monedas malditas… -miró a la pirata entre una expresión de ternura y acusación-. Pero usted casi se encarga de acabar personalmente conmigo, capitana Sparrow, así que yo… me vi obligado a defenderme… Lo siento, yo quería rescatarla y solamente he conseguido todo lo contrario… Realmente no tengo madera de héroe…
-Ya le dije que no confiara en los piratas…, mucho menos en uno convertido en mujer y que ya está loco…
-Pues con gusto estaría otra vez dispuesto a arriesgar mi vida por volver a confiar en ti.
-Sigue siendo un tonto, comodoro cursi… –la pirata comenzó a acercarse lentamente hacia él, balanceándose un tanto y jugando con la daga y la espada que sostenía en cada mano.
-Lo sé, lo sé… -asintió Norrington cansadamente mientras apoyaba su cabeza en la pared y cerraba los ojos. Los golpes y las heridas que había recibido lo habían debilitado bastante.
Luego de unos segundos, volvió a abrirlos y se encontró con el hermoso rostro de la capitana del "Perla Negra" a sólo unos centímetros del suyo. Ella había dejado las armas a un lado y había colocado sus manos a cada lado de los hombros del comodoro, "encerrándolo".
Ambos se miraron directamente a los ojos en completo silencio, sintiendo cómo la tensión iba creciendo con cada segundo que pasaba y sus corazones empezaban a latir con más fuerza. ¿Hasta cuándo podrían resistirse a la tentación?
-L-lamento haberlo herido de esta manera… -le dijo Jacky nerviosamente mientras le limpiaba suavemente la sangre de la nariz con su manga-. Ese maldito jeque me incitó a atacarlo… Pero yo no estaba del todo idiotizado¿sabe? Eso era lo peor, aunque no quería lastimarlo, no podía evitarlo. Todo me parecía una horrenda pesadilla de la que no me podía despertar.
-Y-yo también sentía lo mismo… -le dijo James con un hilo de voz, inmóvil ante la enorme personalidad de Sparrow.
-En realidad… -seguía limpiándole la sangre de la cara mientras acercaba cada vez más su rostro al de él-. En realidad no había advertido lo mucho que lo extrañaría si lo perdía… -volvió a colocar su mano al lado del agitado oficial.
-… Yo también pensé lo mismo… -apenas susurró James al tiempo que cerraba nuevamente sus ojos, preparándose para lo que se veía venir, pero..., pasaron los segundos y nada ocurrió.
El comodoro Norrington abrió los ojos desconcertado y desencantado, descubriendo que Jack lo había dejado para ir hasta donde se encontraba desmayado el pequeño muchacho. Bufó fastidiado, otra vez jugaba con él.
Dándole unos cuantos sacudones, el capitán Sparrow logró despertar al chico, quien al verla, se puso tan feliz que enseguida se irguió para abrazarla lleno de alborozo.
-¡Chico listo! –lo felicitó el capitán Jack Sparrow mientras le alborotaba el oscuro cabello con una brusca y cariñosa restregada-. ¡Apareciste justo cuando más te necesitábamos¡Tuvimos suerte de que usaras el cuchillo que encontré¡Le diste su merecido a ese eunuco¿Qué te parece si vamos a ayudar a Norry?
Aunque Billy no podía escuchar nada de lo que Jack le decía, con sólo verlo gesticular con su rostro y su cuerpo, se daba una idea de lo que él quería.
Asintiendo siempre con una sonrisa, el muchachito acompañó a la singular pirata hasta donde se encontraba James, quien los miraba con admiración.
-Bien, hecho. Eres muy valiente –lo felicitó mientras colocaba su mano derecha sobre la cabeza del agradecido muchacho. Mientras lo hacía, Jacky notó la fea herida en su brazo izquierdo y no pudo evitar sentirse culpable.
Dándole unos golpecitos al hombro de Billy para llamar su atención, el capitán Sparrow le indicó que alzara el sable y la daga del suelo, luego, tomó al sorprendido comodoro por la cintura y le hizo colocar el brazo derecho sobre sus hombros, sujetándolo por la mano.
-¿Qué hace? –inquirió James mientras la miraba con los ojos bien abiertos.
-No crea que no me doy cuenta lo que usted no quiere que me de cuenta, porque yo siempre me doy cuenta lo que los otros no quieren que me dé cuenta¿sabe?
-¿Eh? –el comodoro no pudo seguir aquella jerga tan embrollada, aún le dolía mucho la cabeza, y si no le doliera, sabía que igual no la entendería.
-Usted no se ha movido un sólo centímetro de este lugar¿sabe? –Lo miró directo a los ojos obsequiándole una amistosa sonrisa-. Por sus heridas me doy cuenta que no puede moverse por sí mismo¿o me equivoco?
Norrington sonrió también, era una sonrisa de agradecimiento y admiración.
-Veo que usted no es fácil de engañar, capitán Sparrow.
-Lo obvio salta a la vista, comodoro Norrington, pero debo admitir (para mi desgracia) que el eunuco de Beckett fue el único que me engañó miserablemente –le replicó ésta mientras los dos se quedaban mirándose como un par de tontos enamorados que no se animaban a ir más allá de lo que habían llegado.
Pero un tirón de manga del pequeño Billiy hizo que el Jack volviera su atención hacia él.
-¿Qué pasa, chico¿No ves que estoy preparando el terreno? –le preguntó mientras James lo miraba extrañado al haber escuchado aquello último.
Y haciéndole unas señas desesperadas, el niño le indicó con la mano el lugar en dónde el jeque Tel Aviv tendría que haber estado derrotado y ya no estaba.
-¿Qué diablos le pasó al árabe? –inquirió Jack más para sí mismo que a otro. No sabía si éste se había escapado o desaparecido… ¿Quién lo sabía? Aquel tipo era un espíritu después de todo¿o era un revivido?
-Tenemos que reunirnos de inmediato con su extraña hechicera, capitán Sparrow –le aconsejó James-. Ella está aquí junto a otros más para romper el hechizo. No podemos arriesgarnos quedándonos aquí solos.
-Tiene usted razón, comodoro –asintió la pirata y enseguida echó a andar ayudándolo a caminar. Resultaba gracioso verlos balanceándose como si fueran un par de borrachos-, tenemos que darnos prisa si no queremos arrepentirnos por lo que podría pasar al quedarnos aquí los dos solos.
James Norrington lo miró un tanto perplejo por aquellas palabras tan extrañas. ¿A qué se refería realmente ella? No cabía duda que jamás lograría entenderla del todo.
Mientras caminaban en silencio por el largo corredor de piedra seguidos de cerca por el pequeño Billy, ambos comenzaron otra vez a sentirse irremediablemente atraídos el uno al otro sin poder evitarlo.
Jack, que convertido en mujer era mucho más bajo que cuando era hombre, podía sentir el peso del cuerpo del comodoro Norrington sobre el suyo, siendo ésa una sensación muy agradable para ella/él. Desde que había tenido aquel encuentro de hombre-mujer con Norry a bordo del buque insignia cuando lo había rescatado de las perversas manos del capitán McKinley hacía ya varios meses atrás, no se había dado cuenta de que deseaba poseerlo con toda su alma.
Jack no podía saber muy bien si aquella sensación de "poseer" venía de su lado masculino o simplemente era causada por culpa de la maldición, pero el sólo hecho de saber que aquel acartonado hombre era capaz de hacer cualquier cosa por él (ella, en realidad) mantenía a Jack parado justo en medio de la línea que separaba la poca moralidad que tenía de la gran inmoralidad de la que se dejaba arrastrar casi siempre.
No sabía si a ciencia cierta era "amor" lo que sentía por él (que esperaba que no fuera así), pero sí sabía con certeza que era un loco deseo por poseer a aquel fino caballero lo que lo atraía a él. El poder corromperlo era una manzana deliciosa de la que le costaba evitar darle un pequeño mordisco.
William Turner le había parecido que no era persona que lo entretuviera oponiéndole resistencia a sus encantos, no, el chico hubiera sido muy fácil de manejar, además, Jack no lo molestaba más de la cuenta por "respeto" a Elizabeth al notar que la chica sufría mucho por culpa de la maldición (lo cual disimulaba muy bien pero los astutos ojos de Sparrow igualmente lo había percibido). Pero Norry…, él era otra cosa, su resistencia y su aparente indiferencia era lo que lo había llevado a poner sus ojos sobre él.
Pero, el juego estaba a punto de terminar y su juguete se emanciparía muy pronto de sus encantos y volvería a ser otra vez el irascible comodoro James Norrington, su eterno antagonista.
La pirata frunció la boca y el entrecejo, mirando sin mirar hacia un punto que no existía, pensando. ¿Realmente quería eso¿Quería perder a su "Norry"¡Se había acostumbrado tanto a él!
-Estamos a un paso de terminar toda esta locura –le dijo James de pronto sacando a Jacky de sus pensamientos. Al mirarlo, ella se sorprendió al notar en su rostro una expresión de triste resignación. ¿Acaso él pensaba lo mismo¡Pues claro!, él le había confesado su amor tantas veces que no cabía duda de que aquello no le gustaba para nada.
-La pasamos muy bien juntos¿verdad? –le confesó Jacky con un increíble dejo de nostalgia mientras volvía a mirar hacia adelante.
Entonces, el extrañado James notó que la pirata se sujetó con más fuerza de su mano y de su cintura, como si no quisiera dejarlo ir.
-Pues usted la habrá pasado bien, yo la pasé muy mal la mayor parte del tiempo… -le replicó mientras la miraba lleno de curiosidad. ¿Acaso Jacky tampoco quería volver a la normalidad¿Acaso ella realmente lo amaba?
-Voy a extrañar fastidiarte todo el tiempo… -le dijo la pirata son una tenue sonrisa al recordar todo lo que habían pasado juntos.
-Me lo imagino. Usted se divirtió de lo lindo conmigo…
Seguían caminando hacia donde se encontraba el tesoro y tía Dalma. Ya estaban muy cerca, pero aquel corto trecho les pareció eterno y doloroso.
-Pronto volveremos a ser los de antes y recuperar nuestras vidas, capitán Sparrow…
-No sabe cuánto lo lamento por usted, comodoro… -bromeó tristemente la pirata.
De pronto, Norrington se detuvo y la miró directo a los ojos.
-Voy a extrañarla a usted, señorita Sparrow, no al capitán Jack Sparrow. A él lo odiaré con toda mi alma en cuento vuelva a verlo.
-Estás loco, él y yo somos la misma persona.
-¡No! –Negó el oficial sacudiendo la cabeza con vehemencia-. ¡No lo son¡Jamás lo será para mí!
-Entonces… No tenemos elección¿verdad? –le preguntó resignada la pirata.
-Me temo que no –James negó con la cabeza-. Si se queda así todos nosotros enloqueceremos y usted no tendrá paz jamás mientras sea perseguida como un trofeo de caza. Debemos romper el hechizo… nos guste o no.
-Entonces… -le propuso mientras colocaba suavemente sus esbeltas manos a ambos lado del cuello de su amado oficial-, no nos queda otra que despedirnos, Norry…
Sumido en la tristeza al comprender lo que estaba ocurriendo, el joven Billy vio cómo aquella extraña pirata se paraba de puntas de pie para poder alcanzar los labios de su amado mientras éste se inclinaba un poco para recibir aquel tierno beso de despedida.
Luego de unos momentos que parecieron eternos, Jacky Sparrow separó sus labios de los de él y contempló largamente su triste semblante.
-Siento haberte utilizado de esta manera, Norry, creí que podía divertirme contigo, pero… ¿Cuántas veces has arriesgado tu vida por mí y yo jamás podré retribuírtelo¡Si tan solo pudiéramos vivir como lo planeamos!
"Y así yo podría delinquir sin preocupaciones…" –pensó egoístamente el capitán del "Perla Negra".
-Lo sé, pero eso es imposible –susurraba James mientras la tomaba delicadamente por al cintura dejándose llevar por unos momentos por sus sueños románticos. Pero él ya había tomado una dolorosa decisión y debía seguirla aunque se le partiera el alma-. Jacky, tú lo sabes tan bien como yo que somos tan diferentes al igual que nuestros mundos… Eres una persona soñadora, y yo no, debemos apegarnos a la realidad por más difícil que sea.
Se apartó de ella y le dio la espalda mientras por dentro sentía que comenzaba a desmoronarse.
-Muchas gracias por todo, mi querida Jacky, a pesar de todo usted me ha hecho muy feliz cuando sufría a causa del rechazo de Elizabeth. Voy a amarla para toda la vida y no habrá nunca más otra mujer a la que ame de la misma manera, se lo juro por mi vida que así será.
"¡Pobre idiota romántico¡Solamente dice puras cursilerías!" –pensó la pirata despectivamente mientras las lágrimas comenzaban a recorrer su rostro impunemente sin que ésta lograra detenerlas al comprender al fin que lo estaba perdiendo. Daba las gracias de que James no se diera la vuelta, porque no le agradaba la idea de que lo viera llorar por él.
-Vamos ya –le dijo el comodoro Norrington con aparente decisión mientras comenzaba nuevamente a caminar hacia la caverna principal, sin desear darse vuelta para mirarla, pues sabía que no podría contenerse y no quería llorar frente a ella-, rompamos de una vez éste maldito hechizo.
-Sus deseos son órdenes para mí, comodoro –le replicó Jack con una disimulada jocosidad y lo tomaba del brazo para ayudarlo a caminar.
Y reprimiendo sus sentimientos de amor y tristeza, siguieron su camino hacia la definitiva separación.
El pequeño Billy, que seguía contemplándolos con amargura, secó las lágrimas de sus ojos y echó a andar tras ellos.
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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