Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 63: La Verdadera Lucha Interior
(Esta imagen fue realizada con IA)
Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
Capítulo 63: La Verdadera Lucha Interior
En el momento en que Will Turner y los demás desembarcaron en las playas de la "Isla del Cuello Torcido", el Jeque Alí Tel Aviv había sentido sus presencias y anoticiado de los cuatro navíos que vigilaban las costas, así que, si perder más tiempo, había iniciado un feroz contraataque sobre todos ellos utilizando todo lo que estaba en su mano: las poderosas ilusiones provocadas por la "Piedra Mística", sus concubinas y los pocos guerreros que estaban a su disposición.
La tormenta que antes había menguado hasta casi desaparecer por completo, había regresado esta vez con más fuerza que antes haciendo peligrar a las cuatro embarcaciones con encallar desastrosamente en las costas de la "Isla del Cuello Torcido", claro, eso si antes los cíclopes no lograban hundirlos.
En total, eran doce cíclopes que habían emergido desde las profundidades del mar, quienes se dirigieron inmediatamente hacia las embarcaciones blandiendo amenazadoramente sus primitivos garrotes.
Los cíclopes eran monstruos gigantescos con un solo ojo en mitad de la frente con un temperamento horrible; eran fuertes, testarudos y de bruscas emociones. A pesar de que tenían su origen en la mitología de la Antigua Grecia, el Jeque Alí Tel Aviv los conocía muy bien y aprovechaba su terrorífica apariencia para ahuyentar a sus enemigos.
Al ver venir semejantes criaturas amenazantes hacia ellos, las tripulaciones de la flota naval y el barco pirata, se habían volcado al más incontrolable pánico a pesar de que sus capitanes y tenientes trataban de que mantuvieran la calma.
Un par de cíclopes ya se habían aproximado lo suficiente a las naves como para comenzar a destrozarlas con sus poderosos mazos.
Los mástiles y las velas, despedazados, caían sobre la cubierta aplastando a todo aquel que estuviera justo debajo de ellas. Los fusileros abrían fuego contra aquellos espantosos monstruos pero no lograban hacerles ningún daño. Ni siquiera los sables lograban atravesar su piel al igual que las balas de los cañones.
El "Perla Negra" aún no había sido alcanzado por aquellos fenómenos, pero su tripulación había enloquecido de terror al igual los de la armada. El capitán Hector Barbossa y Ana María trataban de contenerlos, pero el pavor que sentían sus hombres era algo muy difícil de controlar.
-¡Malditos estúpidos! ¡Remeros de piratas! ¿Cómo pueden temerles a unos bichos de un solo ojo? ¡Que un mal rayo los parta, partida de cobardes! –protestaba Barbossa mientras sacudía o abofeteaba a cada hombre con la esperanza de volverlos en sí pero sin lograr obtener ningún resultado satisfactorio.
Y sin que se lo esperara, su propio monito le saltó a la cara y comenzó a arañarlo muerto de miedo. Desesperado y profiriendo todo tipo de improperios en contra de su mascota, el capitán Barbossa se vio obligado a retroceder hasta la barandilla y no pudo evitar caerse cómicamente al mar con mono y todo.
-¡Capitán! –exclamó casi preocupada Ana María mientras se aferraba a la baranda y miraba hacia abajo para advertir que su "capitán" salía a flote de las arremolinadas aguas con el histérico monito "Jack" derrapando sobre su cabeza.
-¡Maldita sea, bicho del demonio! –protestaba Hector Barbossa mientras trataba de sacárselo de encima sin mucho éxito-. ¡Lánzame una cuerda, mujer!
Ana María se afirmó sobre la barandilla, colocó una mano sobre su mejilla y toda ceñuda le gritó:
-¡Lo ayudaré si me promete devolverle el mando de capitán a Jack Sparrow!
-¡¿Qué?! ¡¿Estás loca, mujer?! ¡¡Jamás le entregaré el "Perla Negra" a ese tonto!! ¡¡Me pertenece!!
-¡Entonces, no lo ayudaré! –la muchacha morena se cruzó de brazos y se dio media vuelta para marcharse y dejarlo abandonado-. ¡Da lo mismo si lo prometes o no, morirás ahogado de todas formas y Jack volverá a ser nuestro capitán!
El capitán Barbossa abrió la boca para insultarla por su atrevimiento, pero tragó un buen poco de agua salada al hacerlo. Mientras tocía y maldecía su mala fortuna, el pirata se lo pensó mejor y gritó con todas sus fuerzas para que la chica lo escuchara:
-¡¡Está bien!! ¡¡Tú ganas!! ¡¡Jack Sparrow será otra vez el capitán del "Perla Negra"!!
Feliz pero sin demostrarlo, Ana María volvió a afirmarse a la baranda y lo miró con seriedad. Ella no era ninguna tonta y sabía que no debía confiar del todo en aquel hombre tramposo.
-¡¿Jack Sparrow volverá a ser capitán cuando ponga sus pies sobre esta cubierta?!
-¡Maldición! ¡No tenemos tiempo para estas tonterías! –se quejó él de inmediato al verse pescado.
-¡Bien! ¡Entonces usted le hará una larga visita a los peces! –replicó la morena mientras hacía otra vez un amague por marcharse.
-¡Rayos! –murmuró Barbossa muy molesto, pues él había planeado engañar a la mujer sin decirle el momento en que Jack volvería a ser capitán, o sea, cuando a él mismo se le diera la gana. Pero como ahora su vida estaba en manos de aquella astuta muchacha, decidió ceder esta vez.
-¡Está bien! ¡El infeliz de Jack Sparrow será tu capitán otra vez cuando esté a bordo del "Perla Megra"!
-¡Bien! ¡No olvide este trato, capitán! –exclamó Ana María y le lanzó una cuerda para que éste lograra subir otra vez a bordo (no sin algunas dificultades gracias a su asustado mono que no abandonaba su cabeza).
Una vez que estuvo a salvo a bordo del "Perla Negra", el capitán Barbossa se sacudió la mojada ropa, no sin antes lanzarle una mirada asesina a la valiente muchacha, y procedió a constatar que tanto había empeorado la situación.
Entonces vio que uno de los navíos ingleses había sucumbido bajo la brutalidad de los cíclopes, y los otros dos se defendían como podían de los demás monstruos mientras otro cíclope comenzaba a dirigirse hacia el "Perla Negra" con amenazadoras intenciones.
-Estaremos perdidos si ésa bestia llega hasta aquí –dijo Ana María sobrecogiéndose de miedo.
Mientras todo eso ocurría, a Will y a Elizabeth las cosas no les iba nada bien. Como ninguno de ellos se había quedado el tiempo suficiente en la reunión que había convocado el comodoro Norrington, no habían recibido la pócima de tía Dalma para repeler las ilusiones malignas que ocasionaba la "Piedra Mística", por lo tanto, eran vulnerables bajo su confusa "realidad".
-¡Will! ¡Ayúdame, por favor! –gritaba Elizabeth Swann completamente desesperada mientras se debatía prisionera en la enorme mano del cíclope.
Pintel, Ragetti, Cotton y su loro, Mullroy, Murtogg y Kasar se encontraban paralizados por el miedo, Nefud Yidda no sabía qué hacer al igual que el joven Willam Turner. ¿Pero por qué no sabían qué hacer?, pues en ellos la "Maldición del Anillo de la Calavera" se había hecho tan fuerte, que la lógica y la razón ya no eran parte de sus pensamientos, en ellos sólo había un sólo pensamiento: rescatar a Jacky Sparrow, costara lo que costara.
-¿N-no tendríamos que hacer algo para ayudarla? –inquirió tontamente Mullroy a su compañero de armas, Murtogg.
-¡P-pues claro, tonto! ¡Disparémosle a ese monstruo! –ordenó mientras lo apuntaba con el fusil y disparaba contra el cíclope al igual que su compañero.
Las balas no le hicieron más daño que un piquete de mosquito al enorme cíclope, pero si lograron enfadarlo hasta el punto de atacarlos a garrotazos, así que nuestros fusileros apenas lograron evadirlos para luego esconderse entre unos espinosos arbustos, muertos de miedo.
La misma suerte corrieron Pintel y Raggeti cuando dispararon al monstruo con sus mosquetes, quienes al ver que sólo lo habían hecho enfurecer aún más, fueron a hacerle compañía a los asustados Mullroy y Murtogg.
El pobre arbusto temblaba a la par de aquellos cuatro cobardes que apenas podían cobijarse bajo sus ramas y hojas.
-¡Ayúdenme! ¡Por favor! –pedía la afligida chica mientras extendía suplicante los brazos y sintiendo que aquella bestia iba apretándola cada vez más y más- ¡¡Will!!
-Elizabeth… -murmuró el aludido mientras la miraba completamente desconcertado, como si no supiera a ciencia cierta qué hacer ni qué pensar. Como si le fuera ya muy difícil reconocer a quien hacía poco tiempo había sido su prometida. Pero, cuando el muchacho se percató de que Nefud Yidda volvía a retomar el camino hacia la cueva, se recuperó de una manera extraña e irreconocible para Elizabeth.
-¿A dónde crees que vas? –le objetó de inmediato.
-A salvar a mi Jacky –le respondió éste sin siquiera detenerse.
-¡Ella no es tu Jacky! ¡Es mía! ¡Y no serás el único en ir a rescatarla, porque yo también iré y llegaré antes que tú! –se molestó mientras se interponía en su camino.
-Quítate de mi camino si no quieres que te parta en dos, cerdo infiel –amenazó el apuesto árabe mientras sacaba su sable turco dispuesto a cumplir con su palabra. Pero el muchacho no se movió ni un solo centímetro, desafiante.
-¡Will! –llamó en vano la desesperada hija del gobernador al ver que se habían olvidado de ella-. ¡¡Will!! –volvió a insistir, pero tuvo los mismos resultados: nada.
El único que mantenía al centauro entretenido y molesto mientras Will y Nefud perdían el tiempo en una lucha, era el loro de Cotton que sobrevolaba sobre su cabeza tratando de fastidiarlo para que liberara a su prisionera. La bestia intentó golpearlo con su garrote pero no tubo suerte, pero aún así, el ave no logró que soltara a la joven Swann, quien ya estaba entregándose a su suerte.
Al ver que ya no era nada ni nadie para su amado William Turner, al ver que él prefería ponerse a combatir contra Nefud Yidda por el amor de otra mujer (que ni siquiera lo era en realidad) sin importarle si ella vivía o moría.
-Will… -murmuró la pobre Elizabeth mientras se daba por vencida y bajaba su mano lentamente a la vez que comenzaba a sollozar sin poder evitarlo-. Will… -repitió sumida en la peor angustia que había vivido en toda su corta vida. Él, su amado "pirata" la había olvidado completamente, se había olvidado de ella y la abandonado a la muerte. Ya estaba cansada de luchar por recuperarlo, ya no podía más con aquel tormento que la había estado consumido impunemente durante varios meses. Ella era fuerte, sí, pero no era invencible, era humana. Una mujer dolorosamente enamorada.
-…Will… Mi amor… -murmuró mientras sentía que el corazón se le rompía en mil pedazos.
"Ya no me amas… -pensó desconsolada mientras el cíclope comenzaba a apretujarla aún más-, me olvidaste… Me abandonaste... ¡No te importa lo más mínimo si yo muero ahora mismo!".
Entonces, mientras veía pelear a su amado, rompió a llorar amargamente. Se cubrió el rostro totalmente desesperada, sentía ganas de gritar, de enseñarle su dolor…, de morir.
Mientras tanto, en la cueva del "Tesoro de la Calavera Dormida", las cosas no estaban mejorando, ya que más de 50 hombres convertidos en mujeres habían hecho su aparición para asesinar a quienes habían osado en molestar a su amo.
Al Sha'ab trataba de mantener a distancia a todas las concubinas del Jeque Alí Tel Aviv, quienes no cegaban en su intento por querer detener a tía Dalma en su desesperada búsqueda por la calavera de la hechicera Jezabel.
La pitonisa buscaba y rebuscaba por toda aquella cuantiosa fortuna lo que sea que pudiera contener un ancestral cráneo humano. Habían muchos cofres, y el sólo hecho de lograr abrirlos quería decir que aquel no contenía lo que ella buscaba, ya que estaba segura de que era Jack Sparrow quien tenía que abrirla por su propia voluntad. ¿Pero en dónde se encontraba él ahora? ¿Estaría ya totalmente bajo el poder de la maldición? ¿Podría tener la voluntad necesaria para abrir el cofre? ¿Y qué había ocurrido con la joven?
-¡Apúrese! –pidió muy alterado el joven árabe sacándola de sus cavilaciones mientras se defendía de los ataques de espada que aquellas falsas mujeres le propinaban-. ¡Ya no podré soportar esto por más tiempo! ¡Cada vez son más y más fuertes!
-¡Aguanta un poco más! –pidió ella-. ¡Tienes que seguir luchando o si no todo estará perdido!
-¡Lo intentaré! ¡Pero no soy tan bueno como mis hermanos! –replicó este con sinceridad y determinación mientras contenía a varias de las hechizadas-. ¡Pero tiene que darse prisa!
-… ¡Lo sé, lo sé…! –murmuraba tía Dalma mientras seguía con su frenética búsqueda hasta que…
-¡Eureka! –exclamó llena de felicidad al toparse que un hermoso cofre que se negaba a abrirse-. ¡Lo encontré!
Pero, desafortunadamente, en aquel mismo instante y a pesar de haber puesto una férrea voluntad en la batalla, una de las concubinas del Jeque logró atravesar con su espada el hombro derecho de Al Sha'ab, inutilizándolo por completo.
Quejándose por el intenso dolor, el joven e inteligente árabe cayó de rodillas ante todas sus adversarias quienes lo atraparon inmediatamente para poder degollarlo ahí mismo con la ayuda de un cuchillo.
Mientras mantenía el pequeño cofre entre sus brazos, tía Dalma miraba muy preocupada a su alrededor: estaba completamente rodeada por aquellas mujeres sin voluntad propia y sabía que pronto la atacarían.
-No me obliguen a hacer algo que no les gustará –amenazó la pitonisa a las poseídas, pero éstas no retrocedieron ante su amenaza, estaban dispuestas a asesinarla.
A todo eso, en otro lado de la cueva, otra cruel batalla comenzaba: el almirante George "Isabel" Jacobson se había visto obligado a defenderse de los mortales ataques de espada propinadas por su tío. Si es que aquel hombre fuera en realidad su tío… ¿quién le aseguraba de que su tío Jacobson estuviera ya muerto?
-¡Tú no eres mi tío! –le reclamaba furiosa-. ¡Él jamás me atacaría ni habría intentado matar a James Norrington!
La única réplica que obtuvo, fue una estruendosa y odiosa carcajada por parte de aquel que se veía como su tío.
-¡¿Quién diablos eres tú?! –le preguntó enfurecida mientras le lanzaba una estocada con su espada.
-Abdul, espectro sirviente del Jeque Alí Tel Aviv –le respondió al mismo tiempo que bloqueaba su ataque.
-¡Dime qué has hecho con mi tío! –Exigió al tiempo volvía a atacarlo con vehemencia.
-¡Lo poseí! ¡Ahora yo soy tu tío! ¡He tomado su cuerpo, su espíritu, sus recuerdos, su vida, todo! –le respondió Abdul a la vez que arremetía con más fuerza sus ataques, obligando al almirante a retroceder para soportar semejante arremetida.
-¿Todo? –repitió alarmado el oficial, temiendo lo peor.
-¡Todo! ¡Ahora sé muy bien quién eres en realidad, Isabel Jacobson!
-¡Oh! –exclamó estupefacta por aquella revelación desagradable. ¡Su enemigo sabía su secreto tan celosamente guardado durante años! Tan impactada estaba, que no pudo evitar un terrible puntazo de espada propinado por su enemigo, incrustándosele directamente en su muslo izquierdo, haciéndola trastabillar y luego retroceder mientras lo miraba con los ojos completamente abiertos.
-¿Sorprendida? –se mofó el árabe mientras la miraba con desprecio-. Admito que no me esperaba que fueras una mujer con un rango tan alto. Siendo tú tan determinada, tan fuerte y tan ágil con la espada… Eres de admirar… A mi amo le gustaría mucho tenerte como a su concubina principal.
-Jamás ocurrirá eso –los ojos de la almiranta brillaron iracundos-. Antes preferiría morir.
-¡Oh! Es verdad, me olvidaba que el hombre a quien amas es ese estúpido oficial, el mismo que está completamente enamorado de la mujer pirata… -Le replicó con una ironía totalmente agresiva-, y la despreció a usted.
Isabel no esperaba aquel comentario, no esperaba que sus secretos más íntimos fueran revelados de una manera tan cruel por un sujeto vil que podría hacer mal uso de ellos.
Abdul comenzó a reírse sarcástica y cruelmente de ella. Sus odiosas carcajadas comenzaron a enfurecer de sobremanera a la ya alterada Isabel Jacobson, quien apretó con fuerza la empuñadura de su espada hasta hacerla crujir. ¡Nadie se metía con su vida personal!
-Vas a pagar por lo que dijiste, maldito… -le dijo amenazante y de inmediato se lanzó en un frenético ataque sin medir las consecuencias por dejarse dominar por sus arrebatados sentimientos que hasta hacía tan poco había logrado dominarlos. Ya no le importaba si tenía que acabar con la vida de su propio tío para poder mantener sus asuntos en secreto.
Pero la oficial luchó tan torpemente, que Abdul logró evadir un descontrolado espadazo y la atacó por la espalda, hiriéndola.
Atónita, Isabel volvió a trastabillar mientras llevaba instintivamente su mano hacia su espalda. Tenía un largo y profundo corte casi horizontal. Nunca nadie la había lastimado de aquella manera, había recibido algunos cortes durante sus batallas, claro, pero no uno tan profundo y grande como ése. Ella no estaba acostumbrada a sentir un dolor tan intenso como el que ahora sentía, así que, abrumada también por la pérdida su amado tío y la revelación de su identidad, las piernas le flaquearon y cayó de rodillas al suelo pedregoso y húmedo, completamente derrotada.
El comodoro James Norrington no sabía si sentir felicidad por haber encontrado a su amada y alocada pirata o preocuparse por su extraño y violento comportamiento en contra suya. No cabía duda de que lo había atacado intencionalmente. ¿Acaso ella ya se había encontrado con el Jeque Alí Tel Aviv y éste le había hecho algo? O quizás, la persona que tenía en frente no era la verdadera capitana del "Perla Negra". Aún así, no podía darse el lujo de hacerle el menor daño, aún si su vida se viera amenazada por culpa de ella.
-Jacky… ¿Eres tú? -murmuró confundido el comodoro mientras se ponía dificultosamente en pie y se tomaba el brazo seriamente lastimado-… ¿por qué me atacas? ¿Qué te sucedió? ¿Te encontraste con el jeque? ¿Te hizo daño?
Jack demoró unos momentos en contestar, pero luego, sus ojos sin expresión se fijaron finalmente en su interlocutor.
-Usted debe morir, comodoro, ¿sabe? –fue su sorpresiva contestación y se lanzó de lleno en un frenético ataque en contra de James, quien, gracias a su gran habilidad con el sable, logró sacar su espada a tiempo para contrarrestar los temibles ataques de su inesperada adversaria.
A pesar de tener el brazo izquierdo severamente lastimado, James Norrington se daba maña para poder estar a la altura de su contrincante, luchando bravamente. Ambos no dijeron una sola palabra mientras atravesaban el largo pasillo cavernoso, utilizando siempre sus conocimientos en el arte del combate de espadas, legales o no a lo largo de todo aquel oscuro lugar pobremente iluminado por pocas antorchas. De pronto, Jack se tropezó y cayó al suelo cuan largo era y no se movió más, parecía que se había desmayado. Preocupado por si se había golpeado la cabeza, Norrington se acercó a la pirata con la intención de averiguar si estaba bien, pero, grande fue su sorpresa cuando ésta se incorporó de repente y le lanzó un poco de arenilla oscura a los ojos, cegándolo por unos momentos.
-¡Maldición! ¡Eso es trampa! –se quejó el oficial mientras retrocedía sacudiendo la cabeza por culpa de sus lastimados ojos y blandiendo a ciegas su sable tratando de evitar que Jack aprovechara su momentánea desventaja y lo atacara. Y eso fue lo que exactamente hizo la pirata.
-¡Todo el mundo utiliza estas artimañas para poder ganar, comodoro, hasta usted!
James apenas tubo tiempo de agacharse para evitar el golpe, impidiendo así, que éste fuera mortal, pero no pudo evitar que le rozara la cabeza, haciendo pedazos su elegante sombrero de comodoro y mandando a volar su peluca, dejando al descubierto su largo cabello castaño sujetado con una cinta a la altura de la nuca.
Sin que se movieran un centímetro y separados uno del otro por un par de metros, James, sentado en el suelo tirado hacia atrás y con la espada como escudo, y Jack, parado y apuntándole con su sable, no hacían más que mirarse a la cara con detenimiento.
-Jacky… -murmuró confundido el comodoro mientras volvía a ponerse penosamente en pie con el brazo lastimado completamente suelto-… ¿por qué me atacas? ¿Acaso no te acuerdas de mí? ¿De nuestros planes?
-¡Oh! ¡Claro que lo recuerdo, comodoro James Norrington! –respondió de inmediato su atacante mientras hacía unos simples movimientos de espada, como si estuviera jugando-. Pero eso no evitará que acabe con usted ¿sabe?
-¿P-por qué haces esto, Jack? ¿Por qué? –James aún no estaba seguro que de aquella mujer fuera su querida pirata.
-Pues… Digamos que me rehúso a entregarme a otro hombre, comodoro, a usted –le rebelaba mientras comenzaba a acercársele amenazadoramente pero sin perder su andar amanerado característico en él.
-Jacky… -murmuró James al darse cuenta que ella realmente ERA su amada Jacky Sparrow. No había nadie más que dijera algo así, no cabía duda de ello, pero… ¿él sería capaz de hacerle daño? ¿De hacerle siquiera un pequeño rasguño? Ciertamente que no, antes preferiría romperse la muñeca, pero tendría que defenderse de sus ataques si quería recuperarla.
-Jacky –le dijo mientras desenvainaba su espada con determinación-, sé que estás actuando de esa manera por culpa del poder de Tel Aviv. No sé que te ha hecho él, pero tendré que defenderme de tus ataques, pero aún así no te preocupes, ten por seguro de que no te haré daño hasta que tú puedas volver a ser tú misma.
-Menos charla y más acción –replicó la pirata y se lanzó al ataque de inmediato con su hanger y James Norrington no tubo otro remedio que defenderse de sus ataques y retroceder como pudiera a pesar de tener el brazo izquierdo inutilizado.
El capitán Jack Sparrow (o la capitana Jacky Sparrow), no estaba en pleno dominio de su voluntad gracias a una especie de hipnotismo a la que fue sometido cuando el Jeque Tel Aviv se había enterado de la llegada de sus enemigos. Sabiendo que había grandes posibilidades de que el comodoro James Norrington sería uno de los que lograría romper la "Maldición del Anillo de la Calavera" debido a que podría sentir un verdadero y sincero sentimiento de amor por la pirata. Y sabiendo eso, el Jeque quería utilizar aquellos sentimientos y a Jacky para confundir y eliminar a James Norrington.
Jack y James volvieron a enfrentarse en una feroz y encarnizada lucha. Ambos eran muy buenos en el arte del combate con espadas, y aunque casi se encontraban en penumbras, los dos podían luchar casi sin problemas (excepto por algunas ridículas caídas gracias a varias piedras que se encontraban en el pasaje de la cueva, de las que Jack y James de levantaban de inmediato, pues la pirata iba en serio esta vez).
Así estaban, con las cosas al mismo nivel, hasta que la voz del Jeque Tel Aviv se hizo presente en la perturbada cabeza de Jack Sparrow, quien dejó de pelear (para sorpresa de Norrington), y se tomó la cabeza con ambas manos al escuchar la voz de aquel tipo.
"¡Mata a ese infeliz! ¿Qué estás esperando? –le decía aquella odiosa voz-. ¡No pierdas el tiempo! ¡Elimínalo antes de que él te haga su mujer! ¿Tú no quieres eso, verdad? No quieres entregarte a él… ¡eres un hombre! ¡Pues acábalo de una vez con el poder que te otorgué! ¡Hazlo ahora! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡¡MÁTALO!!".
Entonces, Sparrow cayó de rodillas al suelo dando un pequeño gemido, luchando contra el impulso de obedecer al maldito Alí Tel Aviv para eliminar a James y su agradecimiento hacia su querido "Norry" que lo había salvado en reiteradas ocasiones y le había confesado un amor sincero. En su interior, Jacky Sparrow jamás se atrevería a hacerle daño, pero…
Impresionado por ver cómo su querida y estrafalaria pirata sufría mentalmente, el comodoro Norrington no pudo evitar ir en su ayuda, sabiendo que con esto se estaría jugando la vida.
Sin detenerse a pensar en lo que estaba por hacer, James soltó su espada y se acercó rápidamente a Jack Sparrow para averiguar lo que le ocurría. Una vez que se arrodilló a su lado y la rodeó con su brazo derecho, le preguntó preocupado:
-¡Jacky! ¡Jacky! ¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal? ¡Díme!
El aludido no dijo nada, pero el temblor en su cuerpo se intensificó aún más, como si quisiera contener algo muy fuerte que luchaba por salir a la superficie.
-¡Oh, Dios! –exclamó Norrington desesperado mientras la estrechaba contra su pecho-. ¡Lucha, Jack! ¡Lucha!¡Tú siempre has dicho que eras un buen hombre! ¡Hasta Will Turner y Elizabeth me lo aseguraron! ¡No dejes que la maldad de Tel Aviv te domine y te haga hacer cosas de las que luego te arrepentirás! –la abrazó aún más, casi llorando al pensar en el sacrificio del que sería capaz de hacer por ella-… Prometo que olvidaré lo nuestro y jamás volveré a hablar de amor entre nosotros dos… ¡Prometo olvidarme de ti y dejarte volver a ser otra vez el maldito capitán Jack Sparrow y odiarlo como siempre he hecho antes de conocerte a ti! ¡Juro por mi vida que así será!
James ocultó su rostro en el cuello de la hermosa pirata, tratando de contener el sollozo que luchaba por salir de su garganta.
-No olvide lo que acaba de prometer, comodoro – le dijo de repente el/la pirata y le propinó un terrible puñetazo a la cara que lo lanzó de bruces al suelo completamente atontado y adolorido. Le había roto la nariz. Entonces, sin darle tiempo a nada, el hechizado capitán del "Perla Negra" se levantó de inmediato, se acercó, lo tomó por el cuello de la casaca y lo lanzó violentamente en contra de la pared de piedra, golpeándole la cabeza.
James Norrington estaba muy sorprendido y atontado con semejante trato, el golpe que Jack le había propinado había sido demasiado fuerte para alguien de su contextura física actual y el horrible golpazo en la cabeza lo había terminado de aturdir. Pero ahora, las cosas se estaban por ponerse peor, ya que la pirata lo tomó por el cuello y lo alzó antes de que cayera al suelo y comenzó a oprimirlo con una fuerza inhumana.
El comodoro Norrington, que se encontraba con los pies suspendidos a varios centímetros del suelo, había tomado la muñeca de Jack con su mano para tratar de liberarse, pero nada podía hacer, parecía como si una pinza le estuviera presionando el cuello. Comenzó a jadear por la falta de aire, desesperado, buscó con su nublada vista el hermoso rostro de su querida pirata, pero solamente encontró la frialdad y la crueldad en él.
-... ¡Ja-ck-y…! –apenas pudo decir mientras sentía que sus fuerzas comenzaban a abandonarlo y empezaba a desvanecerse. Soltó la muñeca de su atacante, comenzando a darse por vencido y entregándose a su suerte. Entonces, Jacky acercó su rostro al de él y le susurró con desprecio:
-Le dije que jamás confiara en un pirata, comodoro Norrington, mucho menos en uno convertido en mujer –y lo besó en la boca mientras lo dejaba caer lentamente al suelo, dejándolo vivo, pero semiinconsciente.
Aunque James yaciera acostado en el suelo sobre su costado izquierdo, con el cabello suelto sobre su rostro y con los ojos entrecerrados, pudo percibir que alguien había emergido de entre las sombras de la caverna, alguien muy peligroso y tenebroso.
-Bien hecho, mi querida concubina –dijo el jeque Alí Tel Aviv mientras se acercaba al pirata convertido en mujer y lo tomaba por la cintura para luego besarla apasionadamente (está de más aclarar que James lo odió con toda su alma), luego, la miró con admiración y le dijo:
-Hiciste justo lo que te pedí. Engañaste al muy estúpido y ahora me tocará a mí eliminarlo… -le dijo mientras desenvainaba su dorada espada árabe y se dirigía hacia el inerme comodoro James Norrington, dispuesto a quitarle la vida.
Desesperado, y sin poder moverse, James dirigió su vista hacia Jacky, quien permanecía mirándolo con aquellos ojos inexpresivos, sin demostrar ninguna intención de ayudarlo a salir de aquella terrible situación.
-… Jacky… -murmuró mientras sus ojos dejaron caer lágrimas de tristeza y desesperación.
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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