Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 5: En Port Royal, James Norrington

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 5: En Port Royal, James Norrington

Habían transcurrido tres meses desde que el capitán Jack Sparrow se había liberado de la Maldición del Anillo de la Calavera y la capitana Jacky Sparrow había dejado de ser el tema principal de conversación de quienes la habían conocido, pero, solamente uno de ellos seguía manteniéndola en el lugar más dulce de su corazón, sin siquiera atreverse a olvidar los únicos recuerdos que tenía de ella: el comodoro James Norrington.

El comodoro, sus hombres, William Turner y Elizabeth Swann habían regresado a su rutinaria vida de antes en Port Royal al igual que el almirante Jacobson y su tío en Inglaterra. Will y Elizabeth habían creído que Norrington cambiaría su forma de ser gracias a las últimas aventuras (y desventuras) que habían pasado juntos, pero notaron con desilusión que el regio oficial seguía comportándose como era su costumbre, rígido e impasible, haciéndose odiar por medio mundo.

Ahora, todo el mundo sabía que había roto su compromiso con la bellísima Katrina Watson; algunos le dieron la razón a Norrington porque vieron en ella a una desvergonzada, otros murmuraban a espaldas de James que había sido una lástima que una mujer lo abandonara otra vez y que posiblemente él estaría condenado a pasar la vida como un viejo solitario y refunfuñón.

Hacía un mes que el Comodoro James Norrington había salido con toda su flota de Port Royal con la intención de capturar a los últimos piratas que navegaban por el Mar del Caribe: Jack Sparrow y Hector Barbossa. Luego de varias semanas de búsqueda, la flota real británica regresaba a casa con las manos vacías.

James Norrington permanecía en su camarote mientras el Teniente Gillette se encargaba de la dirección del navío insignia. Últimamente, el Comodoro se encerraba en su camarote para estar a solas, y toda su tripulación sabía la causa: un desengaño amoroso.

En su camarote, sentado frente a un gran escritorio repleto de mapas y papeles, James observaba tristemente el anillo que había recogido en las ruinas de la Isla del Cuello Torcido, única posesión de Jacky Sparrow que le había quedado; su único recuerdo.

—Jacky… —murmuró melancólicamente mientras hacía dar vueltas el dorado anillo entre sus dedos y se sumergía en los recuerdos del pasado con su querida pirata desaparecida.

Unos repentinos golpecitos en la puerta le hicieron volver al amargo presente.

—Adelante —ordenó con voz imperiosa mientras guardaba apresuradamente el anillito en uno de los bolsillos de su elegante casaca militar.

Respondiendo inmediatamente a ésa orden, el oficial fusilero Murtogg entró al camarote.

—Señor, pronto llegaremos a Port Royal —avisó.

—Bien. Dígale el teniente Gillette que pronto me reuniré con él en el puente.

—Sí, Señor —y luego de dirigirle una curiosa mirada, el delgado oficial desapareció de su vista, dejándolo nuevamente sumido en una profunda soledad.

Entonces, el comodoro James Norrington suspiró profundamente. ¿Es que acaso estaba condenado a no encontrar jamás a una buena compañera con quien pasar el resto de su vida¿Una mujer con quien compartir sus triunfos y tristezas? Con la joven Elizabeth había planeado una vida así, pero la había perdido inesperadamente en manos de Turner. Había resultado muy doloroso perderla, pero luego, el verlos muy felices paseando juntos por la playa y tomados de la mano, le rompía el corazón. Y así hubiera seguido sufriendo si no hubiera conocido a la desvergonzada de Jacky, quien le había mostrado una forma diferente de amar, una en la que él se había sentido completamente vivo, olvidándose casi completamente del amor que le profesaba a la bella Elizabeth.

—¿Se encuentra bien, Señor? —le preguntó el teniente al verlo aparecer por cubierta.

—Me encuentro muy bien, teniente Gillette —le respondió Norrington mientras subía por las escaleras hacia el puente de mando, con sus manos entrelazadas atrás de su espalda—. ¿Por qué siempre me hace la misma pregunta cada vez que salgo de mi camarote?

—¡Ejem! —carraspeó el joven oficial un tanto nervioso—. Bueno…, pues creo que no tiene nada de malo que le pregunte eso¿verdad? A veces se lo ve tan triste que no es normal en usted.

James lo observó entre serio y sorprendido¿acaso era tan obvio lo mucho que extrañaba a Jacky Sparrow?

—Teniente Gillette —dijo—, le agradezco mucho que se preocupe por mi salud, pero le aconsejo que esas cosas frívolas nunca deben mezclarse con el deber¿entendido?

—Entendido, Comodoro —asintió el teniente un tanto consternado.

—¿Está todo en orden para desembarcar en el puerto?

—Sí, mi Señor.

—Buen trabajo, Teniente Gillette, pronto estaremos en casa.

—Gracias, Señor.

Sin decir nada más, James dirigió su vista hacia la ciudad colonial de Port Royal, y mientras su atención se perdía en el hermoso contorno de la costa, su mente volvió sin quererlo hacia los atesorados recuerdos que tenía de su alocada pirata. ¿Cómo era posible que él, un respetado y fino caballero, se enamorara de una mujer pecaminosa que representaba todo lo contrario al ideal que él había tenido sobre la que sería su esposa. ¿Cómo entonces se había enamorado de Jacky Sparrow? James estaba seguro que la Maldición del Anillo de la Calavera tenía mucho que ver con ello, bueno, en un inicio, porque después, lo que lo había atrapado realmente de la pirata, era su forma de ser. ¡Ella era tan auténtica! No había en ella la típica y aparente "domesticidad" de las mujeres de sociedad, Jacky era salvaje y hacía y decía lo que quería. Pero… ¿aquella relación tan extraña hubiera funcionado si ella no hubiera desaparecido de su vida?


Luego de media hora, el hermoso navío insignia de la armada había echado por fin amarras en el ansiado puerto de Port Royal luego de varios meses de ausencia.

Luego de darle algunas últimas órdenes al teniente Gillette para el desembarco de los hombres y el cargamento, el comodoro James Norrington se dirigió inmediatamente en un carruaje hacia la casa del gobernador con las intenciones de informarle todo lo respecto a la misión.

Una vez allí, en la elegante oficina del gobernador de Port Royal, James le informó todo lo que había acontecido durante la travesía.

El gobernador Weathervy Swann lo escuchó en completo silencio mientras Norrington hablaba, observándolo detenidamente, estudiando cada uno de sus gestos y movimientos, como si quisiera averiguar algo que estuviera muy oculto en su fiel servidor. Tanto el gobernador como el oficial se encontraban conversando a puertas cerradas mientras la sirvienta entraba un momento para dejar el té y galletitas para luego volver a salir, el primero estaba sentado en un elegante sillón y el otro parado delante de él.

—De modo que no hubo suerte, comodoro Norrington —dijo el gobernador.

—No, gobernador Swann, no pude encontrar a ninguno de ellos y acabamos por enterarnos de la desagradable presencia del peligroso pirata llamado Morgan en Isla Tortuga.

—Eso es un problema, pero no creo que ese sucio pirata nos ataque, Comodoro —le dijo con su acentuado tono inglés—, y no me sorprende que no encontrara el barco que comandan esos dos truhanes en aguas tan extensas como estas —dijo tranquilamente el padre de Elizabeth mientras se levantaba y caminaba hacia el gran ventanal. Él siempre había sido un hombre muy despreocupado—, recuerde que ya hemos eliminado a casi todos los piratas menos a esos dos, y me resulta imposible que ese "terrible" pirata se atreva a venir a Port Royal en donde hay una fuerte armada británica.

—Le prometo que los atraparé antes de que finalice el año y serán ahorcados con celeridad, señor —replicó seriamente mientras dirigía su mirada hacia el elegantemente vestido gobernador, sin moverse en donde estaba.

—De eso no tengo duda, comodoro Norrington… —miró a través de los cristales, el día estaba precioso. Weathervy reparó entonces en su joven hija Elizabeth y en el joven Turner quienes en la lejanía podía vérseles pasear de la mano caminando por las hermosas playas de la costa—. Se los ve muy felices¿verdad?

—¿Perdón¿Cómo dice? —preguntó Norrington sobresaltado por aquel comentario tan fuera de lugar.

El gobernador se volvió.

—Hablo de mi hija y el joven Turner. Están paseando afuera, venga a ver…

Más por obedecerlo que por gusto, James se acercó a la ventana y observó melancólicamente aquella romántica escena, y sin poder evitarlo, sintió que la envidia gobernaba su triste corazón.

—Es una verdadera lástima que la simpática señorita Katrina Watson haya roto su compromiso con usted, comodoro Norrington —comentó suavemente el gobernador mientras observaba detenidamente a su oficial de más alto rango—, formaban una excelente pareja.

Sin volver su rostro hacia su Señor, James sonrió tristemente e inclinó hacia abajo la cabeza, cerrando los ojos por unos momentos, como si quisiera esconder todo aquel dolor que lo consumía día con día.

—La gente no opinaba igual que usted, gobernador Swann, además, ella tenía sus razones, y también habían muchos obstáculos infranqueables para nuestra relación… —miró seriamente al gobernador, pero en sus ojos se podía adivinar la profunda soledad que lo embargaba—. El destino así lo quiso y yo lo aceptaré como un caballero.

—"No es bueno que el hombre esté solo"; así reza la Biblia, comodoro, sé que encontrará a la mujer adecuada para usted.

—Por lo visto, señor, mi destino es el de permanecer solo hasta el día de mi muerte —se dirigió hacia la puerta, siempre con su andar señorial, pero antes de salir por ella, se volvió hacia Weathervy Swann y le dijo:

—Ya no deseo que mis asuntos personales estén en boca de todo el mundo, Señor, no quiero saber más nada al respecto, con su debido respeto. Si ya no hay nada más de qué tratar, me retiro, Señor. Estoy muy cansado por la travesía y necesito ir a casa a descansar. Llámeme si necesita algo de mí.

Y se fue cerrando la puerta tras de sí. El Gobernador se quedó unos momentos mirando fijamente hacia dicha puerta, luego se volvió otra vez hacia la ventana y miró a través de ella a aquella hermosa pareja de enamorados, suspirando luego por el pesimismo que había embargado a su primer oficial, que después de todo, era un buen hombre y lo conocía desde hacía mucho tiempo, desde que era un jovencito.

Después de salir de la majestuosa casa del Gobernador Swann, el Comodoro James Norrington se dirigió hacia la playa, dispuesto a saludar a su ex prometida y a su novio. Claro que no le agradaba mucho el hecho de verlos juntos porque aún sentía algo muy especial por Elizabeth, pero ella y el joven Turner eran los únicos en todo Port Royal que sabían de la verdadera identidad de Jacky y de todas las aventuras que habían pasado juntos. No había nadie como ellos como para conversar acerca de la verdad que había en todo aquel enmarañado y extraño asunto entre él y Jacky Sparrow.

Aunque nunca hablaban abiertamente de aquello, a James le era suficiente saber que ellos, por lo menos, comprendían su dolor de alguna manera.

—Mira, Will, allí viene James… —dijo la joven de rubios cabellos a la vez que se detenía junto a su prometido.

—Por lo visto no ha podido atrapar a Jack —comentó el muchacho con una media sonrisa.

—Creí que con el asunto de la versión femenina de Jack, James renunciaría a sus intentos de atraparlo y hacerlo colgar, pero veo que no ha cambiado para nada su actitud.

—Norrington es un militar, Elizabeth, es muy difícil que ponga sus sentimientos antes que a su deber.

—¡Pero quería tanto a Jacky!

—Pero odia a Jack Sparrow… Ya está cerca, mejor dejemos de hablar de esto o se molestará, estoy seguro que vino a saludarte.

Ambos jóvenes guardaron silencio en cuanto el Comodoro Norrington llegó hasta ellos, él se detuvo y los saludó cortésmente.

—Buenos días, Elizabeth. Buenos días, joven Turner.

—Buenos días, James —la hija del gobernador se inclinó un poco a modo de saludo. Aquella mañana se veía preciosa con su vestido verde manzana de verano.

—Buenos días, Comodoro Norrington —saludó el apuesto chico—. ¿Cómo le fue en el viaje?

—Nada productivo, joven Turner, no pudimos capturar a esos pillos.

—Supongo que lo intentarán de nuevo.

—No lo creo, no podemos dejar a Port Royal a merced de otros piratas.

—¿Qué otros piratas? —preguntó la extrañada señorita Swann, pues ella creía que no había nadie más aparte de Jack y Barbossa.

—Olvida usted a Bartolomé "Sangre Negra" Morgan, Elizabeth.

—¡Oh¡Él¡Es verdad! —exclamó un tanto horrorizada, pues aquel horrible sujeto casi había logrado asesinarlos la primera y única vez que se habían encontrado con él.

—¿Bartolomé Morgan? —repitió Will muy preocupado—. ¿Ese maldito aún sigue con vida?

—Así es, se escapó de prisión el día en que iba a ser ahorcado. Nos enteramos en nuestro último viaje, gracias a unos informantes, que Morgan ha estado en Isla Tortuga y que está planeando volver a su mal oficio de la piratería. Tememos que pueda atacar Port Royal de un momento a otro si logra obtener un buen barco para atacarnos.

—¿Le ha comentado eso a mi padre?

—Ya está al tanto, pero no cree que Morgan nos ataque.

—¿Y qué es lo que usted cree, Comodoro? —inquirió Will, mirándolo seriamente.

—Que atacará.

—¿Y qué es lo que planea hacer entonces? —volvió a preguntar.

James lo miró detenidamente por espacio de unos segundos y le contestó secamente:

—Eso es algo que no debe importarle a un simple herrero, joven Turner, limítese a sus asuntos y a hacer feliz a Elizabeth —y diciendo esto con su habitual tono antipático, hizo una breve inclinación de su cabeza y se dio media vuelta para marcharse mientras que William, muy enfadado, lo asesinaba con la mirada.

—¿Vas a venir al baile de máscaras que daré el próximo sábado para celebrar mi compromiso con Will, James? —preguntó de repente la joven hija del Gobernador, deseosa de hacer las paces entre él y su prometido.

Norrington se detuvo, pero no se dio vuelta para mirarla ni tampoco pronunció palabra alguna, parecía que la propuesta lo había tomado por sorpresa y no sabía qué contestar, aparte, claro, que se sentía un poco humillado el tener que asistir al baile de compromiso de su ex prometida.

—¿Para qué lo invitas, Elizabeth? —dijo Will con tono de desprecio, pues aún se sentía insultado por la mala actitud de James hacia él—, el Comodoro Norrington no tiene a nadie a quien llevar, está solo como un perro.

—¡No le permito que usted hable así de mí, joven Turner! —exclamó muy ofendido el aludido mientras se daba vuelta para enfrentar al atrevido muchacho, pero antes de que se trenzaran en una discusión, Elizabeth Swann se interpuso entre ellos y dijo:

—James puede ir al baile y conocer a alguna buena mujer que lo impresione¿quién sabe? Podría conocer a alguien muy especial…

El Comodoro y el joven armero la miraron detenidamente, aquella idea cursi y romántica no podía venir sino de una mujer.

—Iré con la intención de celebrar tu compromiso con el joven Turner, Elizabeth, pero no tengo ninguna intención de conocer a otra mujer por el resto de mi vida.

Y diciendo esto, se marchó, dejando a Will y a su prometida mirándolo muy sorprendidos. Tras verlo desaparecer por un recodo del jardín de la propiedad de los Swann, el muchacho por fin se animó a hablar.

—Elizabeth… ¿tú crees que...?

—¿…se referirá a Jacky? —completó la chica.

William asintió con la cabeza, ella se quedó mirando aquel hermoso rostro por unos momentos, suspiró y dirigió su mirada hacia el tranquilo mar. Las gaviotas volaban felices a través del cielo azul y las nubes blancas parecían pedazos esponjosos de algodón.

—Creo que él la amaba de verdad, Will, mucho más que a mí.

Entonces, el muchacho también dirigió su vista hacia el lejano horizonte marítimo, pensando en lo cruel que había sido el destino con el ex prometido de Elizabeth¿cómo podría haberse enamorado de un Jack Sparrow convertido en mujer¿La había amado tanto como para renunciar a otras mujeres?

—Estuve muy mal al burlarme de él… —murmuró entristecido, entonces, su prometida lo tomó por el brazo, lo miró con gran admiración y reclinó su cabeza sobre su hombro.

James Norrington no había tomado un carruaje para volver a su casa, pues necesitaba despejar su mente, caminaba con pasos rápidos y bruscos, estaba muy furioso, no solo contra Will Turner, sino también contra el destino cruel que parecía querer burlarse de él una y otra vez en cuanto a los asuntos del amor. ¿Cómo podría haberse enamorado de esa manera de Sparrow¡No podía olvidarla por más que lo intentara¡Le rompía el corazón de sólo pensar que ella ya no existía! Jacky era una desvergonzada, abusadora, mentirosa y malvada… ¿cómo entonces podía haberse enamorado de una mujer que ni siquiera lo era¡Ella había sido todo lo contrario al ideal que él siempre había tenido de una mujer! Pero aún así, la había amado, la amaba y la amaría para siempre.

En ella estaba pensando cuando llegó a su casa luego de haber caminado casi toda la colonia inglesa de Port Royal. James vivía en una hermosa y gran casa de dos pisos digna de alguien de su estatus, en la que él había soñado traer a vivir a una buena mujer para después formar una familia.

Cuando llegó frente a la puerta principal, James suspiró, aquel simple deseo jamás iba a convertirse en realidad, jamás. Abrió la puerta y entró al recibidor, le sorprendió no ser recibido por la criada o Billy, su pequeño protegido, quien ayudaba en la servidumbre de la casa por no poder hacer otra cosa al ser sordomudo. Billy era el único eslabón que lo unía al pasado, a aquel breve instante que había compartido con Jacky Sparrow. El muchachito siempre iba felizmente a su encuentro cada vez que James regresaba de sus tareas oficiales, Norrington no entendía cómo el pequeño se enteraba tan rápido de su regreso, pero su tranquila y alegre compañía era un bálsamo para su triste alma, pero ahora, extrañamente, no había salido a su encuentro.

El oficial decidió buscarlo, quizás esta vez el chico no se había enterado de su llegada¡qué sorpresa le daría entonces! Pero a medida que iba recorriendo las habitaciones buscándolo, poco a poco su risueño rostro comenzó a cambiar por la de uno de extrañeza y preocupación: todo, absolutamente todo estaba mucho más limpio y ordenado que de costumbre. Frunció el entrecejo, la servidumbre jamás era tan diligente con la limpieza, aquello era algo que no le estaba gustando nada de nada, pues significaba que alguien ajeno a la casa estaba allí, y ya estaba suponiendo quién podría ser, y eso solo significaba muchos problemas.

James llegó hasta el cuarto de la cocina y lentamente acercó su oído a la puerta para tratar de escuchar algo más que el continuo ajetreo de la preparación del almuerzo por parte de la cocinera y la servidumbre, pero, de repente y sin que se lo esperara, la puerta se abrió bruscamente y Norrington cayó sentado al suelo gracias al empujón que había recibido por parte de la puerta. Mayor fue la sorpresa del oficial cuando vio salir rápidamente de la cocina a un desesperado Billy, quien al ver a su protector, se lanzó inmediatamente a sus brazos para aferrarse fuertemente a él.

—¡Billy¿Pero qué te sucede¿Qué es lo que está pasando aquí? —preguntas tontas, James sabía que el chico no podía escucharlo y que difícilmente le contestaría con celeridad.

—¡Oh¡Ese chico es una desgracia¿De dónde lo ha traído, joven James? —oyó la autoritaria voz de una mujer que él conocía muy bien.

—¿Na-nanny? —apenas pudo decir de lo asombrado que se encontraba al ver a una delgada mujer con cara de pocos amigos parada en la puerta de la cocina—¿p-pero qué es lo que está haciendo aquí?

La mujer a la que él llamaba "nanny", se cruzó de brazos y lo miró de una manera muy amenazante con su peculiar vista de "halcón", como solía decir James cuando era pequeño. Esta mujer tenía más de cincuenta años, era alta y delgada, de carácter fuerte, decidido y era increíblemente insensible y estricta, jamás se había enamorado y estaba muy orgullosa de ello. Siempre estaba vestida de negro o gris y llevaba su largo cabello liso recogido en la nuca, que era de color negro encanecido. Sus ojos verdes aún conservaban aquella fuerte impetuosidad juvenil que nunca la abandonaba respecto a las normas de etiqueta de un "buen ciudadano". Desde su juventud se había encargado seriamente del cuidado y la educación de James y sus hermanos como su institutriz, para luego ascender a Ama de Llaves en casa los Norrington. Ella, aunque jamás lo dijera abiertamente, quería a James y a su hermana como los hijos que ella nunca tubo y ni quiso tener. Madame Annete Foubert, que así se llamaba esta mujer francesa, había llegado a Port Royal hacía ya tres días y se había instalado en casa de su antiguo pupilo, poniendo a todo, y a toda la servidumbre, en su lugar, ejerciendo su natural don de la tiranía y liderazgo.

—¿Esas con las maneras de recibir a tu Nanny, jovencito? —le espetó mientras se inclinaba y tomaba firmemente al joven hombre por la oreja y lo levantaba del suelo—. Veo que tendremos que empezar de nuevo con las principales normas de la buena educación, la vida de marinero lo ha embrutecido, señorito Norrington.

Con una mueca de dolor, el pobre James quiso explicarse.

—¡Ouch! L-lo que pasa es que usted me ha tomado por sorpresa, Madame Foubert. Nadie me avisó de su llegada…

—Nadie le avisó de mi llegada porque tus padres y yo no queríamos que tuvieras tiempo de esconder a esa sinvergüenza que tienes por prometida, jovencito —fue la sorpresiva explicación mientras lo soltaba. James la miró estupefacto.

—¿Qué¿Qué tengo a una sinvergüenza por prometida¿Esconderla¿Pero de qué está usted hablando, Nanny? —Norrington y sus hermanos siempre le había llamado "Nanny", pues le tenían mucho cariño a pesar se su carácter.

—No se haga el tonto, jovencito, a mi no me engaña, sabe muy bien que puedo darme perfectamente cuenta de cuándo alguien me está mintiendo.

—¡Pero no sé de qué me está hablando!

—¡Cuide su tono con una dama si no quiere que lo castigue como cuando era un niño, jovencito!

—…Lo lamento, Nanny, no volverá a pasar… —James bajó la vista, sabía que debía comportarse como un caballero, así le habían instruido desde pequeño. Debía tener calma—. Lo que pasa es que no entiendo a lo que se refiere, yo no estoy comprometido con nadie…

El tono de tristeza en la voz de James, tomó por sorpresa a Annete, ella no lo demostró, pero, enseguida supo que alguien le había roto el corazón a su querido "niño".

—El almuerzo ya está listo, señorito Norrington —le dijo mientras lo escudriñaba con la mirada—, vaya a prepararse, debe estar usted muy cansado. Hablaremos de esto mañana.

James asintió, pero cuando intentó irse a su habitación, no pudo caminar, pues el pequeño Billy aún estaba fuertemente aferrado a su casaca, aterrorizado.

—¿Billy, pero qué te pasa? —le preguntó James un tanto preocupado.

Entonces, temblando como una hoja, el muchachito moreno miró hacia la mujer con una expresión entre espanto y enojo. James miró a Annete, como si quisiera pedirle explicaciones.

—¡Oh, vamos¡No te quejes! —dijo ella mientras se cruzaba de brazos—. En estos tres días has avanzado mucho con las clases que te he dado.

—¿Clases? —inquirió el oficial muy extrañado¿qué clases podría darle ella a un niño sordomudo?

Desde que Billy se había quedado a vivir con él, había cambiado sus ropas sucias y andrajosas por otras nuevas y limpias, además, al chico le encantaba llevar un tricornio negro y sus enrulados cabellos negros recogidos en la nuca con un lazo negro. De vez en cuando se metía en problemas debido a su condición de sordomudo porque era mal entendido, otras veces lograba meterse en problemas debido a las travesuras propias de un niño de su edad, pero el Comodoro Norrington siempre estaba allí para protegerlo o regañarlo, pues le había tomado mucho afecto a ese niño, la única conexión que tenía con Jacky.

—Así es: clases —repitió el Ama de llaves muy orgullosa—. Le estoy dando clases de comunicación por señas.

—¿Comunicación por señas? Eso no es nuevo, cualquiera se hace entender mediante señas…

—No sea ignorante, señorito Norrington, me refiero a una Lengua de Señas creada especialmente para la educación de los sordos. Charles Michel de I'Epée fue quien la inventó hace poco en París para su escuela de sordos. Yo la aprendí y ahora puedo aplicar orgullosamente mis conocimientos a este niño de poco provecho —lo miró con su peculiar mirada de puñal—, quien es muy desagradecido, por cierto, pero pronto le dará valor a lo que le estoy enseñando cuando llegue a ser alguien en la vida.

Billy le sacó la lengua por toda contestación, pero Annete ni se inmutó.

—¿Y cree usted que con eso nos vamos a comunicar mejor? —replicó irónicamente James—.¡Para eso yo también debería aprenderlo!

Norrington se calló apenas dijo eso, pues se dio cuenta que le había dado una idea magnífica a su ama de llaves. Ésta lo miraba con ojos brillantes de placer.

—Vayan a almorzar —dijo—, más tarde comenzaremos las clases y quiero que ustedes dos estén lo suficientemente descansados como para estudiar.

Y mientras la mujer se marchaba, James y Billy se miraron un tanto preocupados.

Aquella noche, luego de las clases y la cena, todos se marcharon a sus respectivas habitaciones para dormir. James, ya en la cama, se preguntaba por qué el ama de llaves de la casa de sus padres había venido a visitarlo; ya sabía que era porque se habían enterado de su compromiso con Katrina Watson. Seguramente alguien que asistió la cena que había dado el Gobernador Swann en honor de su supuesto compromiso, había viajado a Inglaterra y puesto al tanto a su familia respecto a la "desvergonzada" que tenía por novia.

¿Qué tramaba el respecto su ex niñera? No lo sabía con exactitud, puesto que ella no había dicho nada más sobre el asunto luego de aquella mañana, seguramente se lo diría al día siguiente. ¡Aquella mujer era temible cuando se proponía algo!

El Comodoro suspiró tristemente, miró a su alrededor y encontró su dormitorio más solitario que de costumbre y eso lo conmovió¡había soñado en tantas ocasiones el tener una compañera!, pero ahora aquel sueño era imposible, puesto que nadie jamás ocuparía el lugar tan preciado que Jacky Sparrow había ocupado en su corazón, jamás.

James se levantó de la cama, aquella noche sería una de las tantas que pasaba en vela por causa de la terrible angustia que lo envergaba por culpa de la soledad. Se acercó a la ventana y se quedó mirando fijamente a las hermosas estrellas, su triste semblante se dejaba ver ahora en todo su apogeo, porque cuando estaba con otra gente trataba en lo posible de disimular su tristeza.

¿Norrington lamentaba el haberle permitido a Jacky desaparecer completamente de su vida para que el detestable Jack Sparrow volviera a ser lo que era? Ciertamente no, pues sabía que ella no le hubiera perdonado el hecho de no permitirle volver a ser lo que era en realidad, y él no era hombre de obligar a una mujer lo que no quería hacer. Aún así, él la extrañaba a horrores: extrañaba su raro olor a ron, sus sonrisas picarescas, sus agudas observaciones, su oscilante andar que le había hecho creer varias veces que se caería al suelo, sus acosos, su inteligencia, sus besos, aquel bellísimo cuerpo al que solo había abrazado… ¡Oh¿De qué no habría sido capaz de hacer por ella¡Hasta habría entregado su propia vida si ella misma se lo hubiera pedido! Pero, James sabía muy bien que Jacky jamás lo había amado como él a ella, siempre lo había visto como un juguete, del cual se cansaría muy pronto y lo arrojaría a la basura una vez que ya no le sirviera…

James Norrington al haber renunciado a ella, también había renunciado a la felicidad, condenándose a sí mismo a la eterna soledad.

Tratando de contener las lagrimas que luchaban por salir de sus ojos, James sacó el anillo de la casaca que tenía colgada de una percha y se puso a observarla muy acongojado.

—Jacky… —murmuró mientras las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas—, te extraño tanto… ¿porqué me abandonaste?

Annete Foubert, el ama de llaves de la familia Norrington, estaba parada al lado de la puerta del dormitorio de su joven amo, tratando de escuchar lo que ocurría en su interior. (Ésta era una de sus debilidades a pesar de ser una experta en materia de la "buena educación"). Ella sabía que James estaba muy mal y al oír sus ahogados sollozos pudo comprobar sus sospechas. ¿Acaso aquella desvergonzada mujer llamada Katrina Watson era la responsable de su dolor?

"Si vuelves a tratar de verte con mi niño —pensó furiosa mientras estrujaba un pliegue de su vestido—, voy a darte tal lección que desearás meterte en un convento…"

Mientras tanto, a varias leguas de distancia de Port Royal, la noticia de un baile de máscaras realizada por la hija del gobernador, llegó a oídos de los capitanes del Perla Negra, quienes vieron en aquella noticia, la oportunidad de volver a tener en sus manos al comodoro James Norrington.

—¿Piensas asistir a ese baile? —le preguntó una alarmada Anna María a una despreocupada Jacky.

—Pensamos, ir a ese baile los dos —corrigió Jack Sparrow con una malvada sonrisa de oreja a oreja.

—¿Los dos¿Y qué harán los dos si se puede saber, señor? —inquirió Gibbs.

—Divertirnos, claro está, señor Gibbs —contestó Jacky Sparrow, con una pícara sonrisa en el rostro.

El capitán Barbossa no dijo nada, pero supo de inmediato que aquellos armarían un gran revuelo en el dichoso baile.

"Hasta podría aprovechar y robar algunas cosillas a los pobres incautos de Port Royal" —pensó maliciosamente.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

SI QUIERES LEER LOS OTROS CAPÍTULOS DE ESTE FIC U OTROS,
PUEDES ENCONTRARLOS EN EL ÍNDICE DEL BLOG.


NOTA IMPORTANTE:
SI TE ENTERAS QUE ESTA SERIE (U OTRAS)
ESTÁN SIENDO EMITIDAS POR TELEVISIÓN, POR FAVOR,
SI NO VAS A MIRARLAS, POR LO MENOS DEJA LA TV PRENDIDA.
DALES RATING PARA QUE CONTINÚEN DOBLÁNDOLAS EN NUESTRO IDIOMA.
O COMPRA SUS PRODUCTOS OFICIALES

DALE CLIC A ESTA IMAGEN CUANDO 
LA VEAS EN LAS ENTRADAS SOBRE ANIME O DRAMAS

PARA VER MÁS CONTENIDO SOBRE ESTO, ENTRA AL ÍNDICE DEL BLOG.

¡Y NO LO OLVIDEN! SI ESTÁN AGRADECIDOS CON
LOS BUENOS MOMENTOS QUE LES DA ESTE BLOG...
DESACTIVEN ADBLOCK O...
¡¡¡DENLO A CONOCER CON TODO EL MUNDO!!! 😄
¡DISFRÙTENLO! 😁



Notas de una Bloguera Arrinconada:
¡Muchas gracias por leer y seguir mi blog! ¡Y recuerden! ¡Permitan la publicidad y traigan más visitantes, se los agradecería un montón! ¡Cuídense! ¡Hasta la próxima entrada!
Gracias por visitar el blog!
¡Cuídense y no olviden comentar!
Sayounara Bye Bye!

                                      

                                                           

Comentarios

LAS ENTRADAS MÁS ARRINCONADAS DEL MES

Arrinconándonos con... One Piece

Se sufre porque se juega mal

Arrinconándonos con... Detective Conan ¡Otra vez!

El Desafío de Shinichi Kudo: 50 Casos para Resolver -Caso 2- La Muerte en el Espejo

Arrinconándonos con... Doctor-X