Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 26: Norrington Cae en el Lado Oscuro


Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo!
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 26: Norrington Cae en el Lado Oscuro

Una brisa suave y cálida soplaba todo a lo largo de la playa de arenas blancas; el cielo, después de tantos días cubierto por oscuros nubarrones, ahora estaba despejado y con un hermoso color azul en donde el astro sol demostraba todo su poder sobre los seres vivos, quienes le debían su total existencia a tan benevolente estrella. El mar, con un precioso color verde esmeralda cerca de las paradisíacas costas y un azul muy profundo en la lejanía del horizonte, también demostraba su enorme majestuosidad ante los espabilados ojos de aquellos quienes le sabían guardar un profundo respeto y gratitud.

Desde cierta distancia, sobre aquella hermosa playa de isla Tortuga, se podía distinguir a una pequeña niña de cabello rubio, vestida con sucios harapos, caminar con pequeños pasos, cortos pero decididos, sobre aquella arena blanca y tibia. Sus ojos azules demostraban tanto como determinación, enojo y tristeza, sin abandonar, claro, aquel toque de infantil ingenuidad típica en una niña de su edad. Ella era Alwine, la pequeña niña misteriosa con un nombre poco común y una personalidad aún menos conocida.

Detrás de ella, venía caminando con pasos nerviosos y apresurados la salvaje e indómita Elena, quien en un rapto de miedo, había entregado al bondadoso tío de Isabel a manos del terrible pirata "Sangre Negra", sujeto que había terminado asesinándolo sin demostrar piedad alguna.

Su largo y oscuro cabello ondulado tan sucio como sus largas y andrajosas ropas, la jovencita caminaba rápidamente detrás de la niña acompañada por su enorme perro negro que respondía al nombre de "Pirata".

Ninguna de las dos sabía que el siempre amable y sabio doctor había perecido en manos de aquel pirata sin corazón, aún creían que él estaba con vida en alguna parte de basto mar que las rodeaba, prisionero bajo la tiranía de su captor.

—¡Está bien! ¡Admito que me comporté como una tonta! ¡Que cometí un terrible error! —exclamaba la joven dirigiéndose hacia la ofendida Alwine—. ¡Ya me arrepentí de lo que hice! ¿Es que no es suficiente con eso?

Entonces, la pequeña niña se detuvo de golpe y giró sobre sí misma para quedar frente a frente con Elena, como si la desafiara. Frunciendo el ceño y poniendo los brazos en jarra, declaró con una seriedad un tanto graciosa para su edad:

—¡No! ¡No es suficiente! ¡Nosotros confiamos en ti y nos traicionaste, y se llevaron a mi futuro papá! ¡Por tu culpa me quedé sin mi papá!

Y haciendo un gracioso pucherito, la niña se dio media vuelta y siguió caminando hacia una dirección incierta. Dando un bufido de fastidio, Elena exclamó:

—¿Dices que no es suficiente para ti? ¡Pues mira esto para que veas que digo la verdad, pequeña rata caprichosa!

Alwine no quiso mirar, pero el sonido de varios objetos metálicos cayendo al agua llamó su atención y se volvió para averiguar lo que era, dándose con la increíble sorpresa de que la joven Elena estaba lanzando furiosa a las aguas de la costa aquellas condenadas monedas de oro fruto que habían sido fruto de su codicia y temor, habiéndola llevado a tomar una decisión tan nefasta como la de entregar a la niña y a su protector en manos de los piratas.

—¡Mira lo que hago con estas sucias monedas, pequeña rata! —exclamaba mientras las lanzaba torpemente hacia el mar, presa de un terrible nerviosismo, angustia y remordimiento—. ¡Ya no las quiero! ¡Las detesto y me detesto a mí misma!

Y entonces, en ese mismo momento, la muchacha se sentó bruscamente en el suelo y comenzó a llorar desconsoladamente mientras se cubría su moreno rostro con ambas manos. Muy sorprendida por ver aquella reacción tan humana en una chica tan tosca, Alwine se fue acercando lentamente hacia ella para intentar consolarla de alguna manera, claro que, no tenía ni idea de lo que tenía que hacer además de sentir una enorme curiosidad infantil por el motivo del llanto de Elena.

—¿Lloras por lo que le hiciste a mi papá? —le preguntó inocentemente en cuanto se inclinó para poder verle la cara.

Elena, gimoteando, la miró muy fastidiada y le respondió entre molesta y lastimada:

—¡Lloro porque soy una tonta y porque tu papá podría haber sido también mi papá! ¡Y ni siquiera pude darme cuenta a tiempo de que era eso lo que yo realmente quería! ¡Me asusté de mí misma y quise quitarme de encima lo que sentía traicionándolos a ustedes! ¡Tuve la oportunidad de tener una familia y me asusté al sentir que ustedes me querían cuando nunca nadie lo hizo antes!—exclamó toda llorosa mientras golpeaba furiosamente el suelo con los puños, aún demasiado confundida con sus propios sentimientos.

Luego de dar rienda suelta a su rabieta y frustraciones, se puso a hacer pucheros, y, sentada sobre la arena al estilo indio y cruzada de brazos muy ceñuda, se dedicó a mirar hacia el horizonte mientras Alwine la observaba un tanto desconcertada.

De pronto, Elena suspiró y rompió el silencio preguntándole con voz queda:

—¿Crees que alguna vez él me perdonará por lo que le hice?

—Yo creo que sí —asintió pensativa la niña—, él es tan bueno como un ángel.

La joven la miró detenidamente.

—¿…Y crees que querrá ser mi… papá? Yo nunca he tenido uno, ¿sabes?

—Estoy segura de que sí, ¿has visto lo bueno que es? ¡Él estaría dispuesto a ser el papá de todos los huérfanos! —Se le iluminó el rostro al recordarlo mientras dirigía su hermosa y soñadora vista hacia el cielo azul—. ¡Tener un papá así, sería lo mejor de nuestras vidas!

—… Sí… —murmuró Elena tristemente arrepentida por lo que había hecho—, sería grandioso…

Entonces, la pequeña niña la miró detenidamente e inocentemente se le ocurrió decir con una sonrisa de oreja a oreja:

—¡Y yo que pensaba que eras una bruja fea y mala, pero te pusiste a llorar como una nena!

Terriblemente avergonzada por haberle demostrado su debilidad a aquella "mocosa fastidiosa", Elena se secó rápidamente las lágrimas de sus ojos oscuros y se puso inmediatamente a la defensiva, sintiéndose muy humillada y enfadada.

—¿Pensabas que yo era una bruja? —replicó mientras se levantaba y le propinaba un buen coscorrón en la cabeza—. ¡Pues lo seguirás pensando, pequeña rata!

—¡Ay! ¡Pero si me vas a pegar así, prefiero no tener a una hermana tan odiosa y fea como tú! —se quejó mientras se refregaba con la mano su adolorida cabeza.

—¿¡Qué dijiste, mocosa del demonio!? ¡Ya vas a ver qué tan odiosa puedo llegar a ser! —la amenazó con un puño dispuesta a volver a hacer uso de él, por lo que la pequeña Alwine no tuvo más remedio que hacer uso de todas sus fuerzas para salir corriendo a través de la playa perseguida insistentemente por Elena y su perro.

Aunque en ese momento ambas se estuvieran peleando, sentían al mismo tiempo que por fin nacía una especie de "amistad" entre ellas a pesar de que habían tenido un comienzo lleno de tropezones y desconfianzas, las unía los mismos sentimientos que le profesaban hacia el buen doctor Christian Jacobson, quien, sin habérselo propuesto, había unido a aquellas niñas que provenían de un doloroso pasado en una hermandad que prometía ser eterna a pesar del terrible error que en un principio había cometido Elena. ¿Pero no hubiera querido el bondadoso doctor que la muchacha fuera perdonada a pesar de todo?

Por supuesto que ella y Alwine ignoraban por completo que su querido doctor Christian Jacobson había muerto, así que, inocentemente, guardaban grandes esperanzas de volver a encontrarse con él y formar la familia que tanto anhelaban. Juntas, se habían propuesto encontrarlo y rescatarlo para que Elena pudiera redimirse de sus culpas y Alwine el volver a sentirse segura a su lado, pero ¡ay! ¡El pobre y bondadoso doctor ya había perecido en las manos del cruel pirata Bart "Sangre Negra" Morgan! ¡Que duro golpe recibirían al saberlo! Todas sus esperanzas se destrozarían al tener semejante conocimiento…, todas…

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Aquel mismo mediodía, justo cuando un hermoso navío navegaba en alta mar en las cálidas aguas caribeñas, uno de sus tripulantes divisó un bulto aferrado a una tabla que flotaba sobre las grandes olas. Parecía ser uno de esos pobres diablos castigados por el mar debido a algún terrible naufragio. En aquellos días, el clima no había sido muy benevolente con los navegantes…

—¡¡CAPITÁN!! —Avisó el vigía desde su puesto de observación de uno de los mástiles—. ¡¡HAY UN NÁUFRAGO A BABOR!!

Entonces, toda la tripulación dirigió su atención hacia el lado izquierdo del barco y comprobaron que lo que había avistado el vigía era cierto: aquel que flotaba sobre un madero, era un náufrago sin lugar a dudas.

—¡Lancen de inmediato un bote al agua y que cuatro de ustedes se encarguen de sacarlo del agua y subirlo a bordo! —ordenó su apuesto capitán de voz varonil y gallarda.

Sus hombres reaccionaron de inmediato, y luego de unos minutos, lograron subir al pobre desdichado a la cubierta del barco, quien rápidamente fue atendido por el médico de a bordo mientras los demás marinos se acercaban a husmear como su capitán para conocer el estado de la víctima.

—Es extraño, muy extraño… Ha perdido el conocimiento debido a una herida de bala en el estómago —declaró el doctor en cuanto terminó la revisación—, perdió mucha sangre y creo que es mejor que la llevemos a su camarote, capitán.

—¡Que sea, entonces! —Declaró a viva voz el aludido, quien siempre estaba de muy buen humor—. ¡Y que no se diga que el gran capitán Seagull Hood, el gran bandido de los siete océanos, que le roba a los ricos y le da a los pobres, no es un caballero con una dama en apuros! ¡Ja, ja, ja! —exclamó el alegre y joven capitán de atractiva figura para luego observar con embeleso y gran curiosidad a la bella joven vestida como un pirata que habían rescatado de las azules aguas del mar, quien no era otra más que Isabel Jacobson, la verdadera identidad del almirante George Jacobson.

Desvanecida sobre la cubierta del Intrépido Brabucón —que así se bautizaba el barco pirata—, Isabel no tenía idea de lo que tendría que vivir al lado de aquel extraño pirata de hermosa sonrisa y pícara mirada a quien jamás olvidaría en toda su vida.

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—¡¡NORRY!! —exclamó de repente la capitana Jacky Sparrow, despertándose aterrorizada del pesado sueño al cual la habían forzado entrar. Completamente desconcertada, se dio cuenta de que se encontraba acostada en su propia cama de su propia cabina en su querido barco el Perla Negra. ¿Pero por qué se encontraba allí si lo correcto era que tendría que haber estado combatiendo al lado del comodoro, tratando de escapar a su propia ejecución?

Un dolor sordo la hizo llevarse la mano en la nuca, recordando entonces que alguien la había dejado sin sentido mientras escuchaba a James gritar que se la llevaran de allí. De pronto, todo se aclaró ante sus ojos y comprendió que la habían alejado de él justo en el momento en que más la necesitaba. ¡Pero ella debía regresar de inmediato para ayudarlo!

En tan sólo un santiamén, Jacky estuvo fuera de la cama, colocándose las botas, la casaca, sus armas, la brújula y su sombrero (que estaban sobre una silla al lado de la cama), se dirigió inmediatamente hacia la cubierta para dirigir al Perla Negra de regreso a Port Royal y ayudar a su fastidioso Norry. Siendo originalmente un hombre, la pirata no iba a perder el tiempo con lamentaciones y llantos inútiles, movida por su masculina y natural inclinación hacia la acción, pero en cuanto abrió la puerta que daba a la otra sección de la cabina del capitán, grande fue su sorpresa cuando se encontró con el propio capitán Jack Sparrow inclinado sobre la mesa y estudiando concienzudamente unos mapas que se encontraban completamente extendidos ante sus ojos.

Tenía un semblante muy serio.

Lentamente nuestro querido capitán alzó la vista hasta fijarla sobre su otro yo al haber sentido sus apresurados pasos, quien aún permanecía parada al lado de la puerta, observándolo detenidamente.

—Vaya, vaya, vaya… por fin despertaste, mi querida hermanita. Has dormido como una princesa durante todo un día… —fue la sorprendente declaración de Jack Sparrow.

—¡¿Durante todo un día?! —exclamó sorprendida—. ¿Pe-ero y qué pasó con Norry... digo, el comodoro Norrington? ¿En dónde está? ¿Está aquí?

—No, no lo está y no sé en dónde está. La última vez que lo vi, él estaba luchando contra su propia gente para ayudarnos a escapar… —respondió tranquilamente mientras se volvía a reclinar sobre los mapas luego de tomar un sorbo de ron de la botella que tenía a su lado—… Aunque a estas alturas creo saber en dónde está...

—¿Te refieres al cadalso? ¿Y lo dices tan tranquilo, hermanito? —se ofendió—. ¡Tenemos que ir ahora mismo a rescatarlo!

Sin siquiera levantar la vista de las latitudes y longitudes de los mapas que estaba revisando, Jack replicó con el mismo tono de tranquila indiferencia que antes:

—Sabes muy bien que no se puede, hermanita, estamos a más de un día de viaje de distancia, jamás llegaremos a tiempo…

—¿A tiempo? ¿Qué quieres decir con eso?

—Que a estas horas ya debe estar colgado del cuello, secándose al sol como un bacalao como tantos otros compañeros nuestros…

Pero, cuando apenas Jack Sparrow terminó de decir esto, Jacky se le lanzó encima en un santiamén y lo arrojó al suelo para luego colocarle peligrosamente el filo de un cuchillo sobre su cuello.

—¡Repite eso si eres valiente, "hermanito"! —amenazó muy enfurecida.

—¡Cla-claro que no, hermanita! ¡N-no soy tan estúpido como para hacerlo! —se negó muy asustado y sorprendido, agitando las manos y abriendo enormemente los ojos (que los tenía puestos sobre el cuchillo que lo amenazaba—. ¡Pe-pero debes admitir que el comodoro Norrington ya debe estar muerto a estas alturas! ¡Seguramente no habrán tenido piedad con él esos "puritanos" a causa de su traición! ¡Ya nada podemos hacer por él más que seguir con nuestras vidas como si nada de esto hubiera pasado! ¿Savy?

—… ¿Tú crees? —ironizó Jacky mientras se levantaba de encima y clavaba el cuchillo sobre la mesa en donde lo había sacado, negándose a creer que James estaba muerto—. Pues yo prefiero ir a averiguarlo por mis propios ojos. Nos volveremos de inmediato hacia Port Royal.

Y así, muy decidida, se dirigió inmediatamente hacia la puerta de salida, pero justo cuando había tomado el picaporte con su mano, Jack replicó mientras se levantaba del suelo:

—Así que es verdad que te enamoraste del comodoro Norrington, ¿no es así? Interesante…, muy interesante… —comentó meciéndose la barbilla con la mano derecha, pensativo y sonriendo malévolamente—. Esto jamás me lo hubiera esperado… ¿savy?

—Poco me importa ahora lo que tú pienses, hermanito… —replicó tajante para luego abrir la puerta para dirigirse hacia la cubierta principal, dispuesta a reunir a toda su tripulación y dirigirse inmediatamente a Port Royal en busca de su recién querido y valorado Norry.

—No te ayudarán, hermanita —le advirtió mientras volvía a su interrumpido trabajo.

—Eso lo veremos, hermanito —replicó con aire desafiante cerrando la puerta tras de ella.

Una vez que puso ambos pies sobre la cubierta principal, todos los piratas miembros de la tripulación se volvieron para mirarla con ojos inquisidores entre sorprendidos y burlones por la reciente noticia de sus asuntos amorosos, pero decidieron permanecer en el absoluto silencio por el momento. Jacky no pudo evitar sentirse muy molesta al adivinar lo que ellos estaban pensando.

—¿Qué me están mirando, partida de piratas de agua dulce? —preguntó poniéndose a la defensiva—¿Acaso tengo monos en la cara? Pues no veo por ningún lado al condenado bicho peludo de Barbossa… Y si están pensado que me estoy refiriendo a su piojoso mono, están muy equivocados, me estoy refiriendo exclusivamente a él ¿savy?

Todos suspiraron aliviados al darse cuenta de que el ánimo de su capitana estaba como debería estar: sarcástico, pues habían temido verla hecha un manojo de nervios por causa del comodoro.

—¿Cómo se encuentra, mi capitana? ¿Pasó una buena noche? —preguntó Gibbs, el segundo al mando.

—Como seguramente notará, Señor Gibbs, me encuentro de pie. En cuanto a lo de pasar una buena noche, no creo poder darle una respuesta satisfactoria.

Parecía estar muy molesta.

—… Me… imagino que… será debido al comodoro Norrington… ¿no es así, mi capitana?

Jacky asesinó con la mirada a su contramaestre y, poniendo los brazos en jarra, se acercó a él lo suficiente como para que la punta de sus narices casi chocaran entre sí.

—¿Y qué le hace suponer la suposición ésa de que no pude dormir bien por la suposición que usted supone, maestre Gibbs?

Un tanto nervioso, el pobre hombre comenzó a balbucear incoherencias sobre cómo explicarse, aparte, claro, que intentaba al mismo tiempo entender la extraña jerga de la "hermana" de su capitán.

—Lo suponemos porque tú misma declaraste que amabas a ése hombre —intervino Ana María, caminando desafiante hacia su capitana y con los brazos cruzados.

Jacky Sparrow se le quedó mirando por unos instantes un tanto desconcertada, ¿sería capaz de volver a declarar lo mismo ante todos ellos? ¿Estaba lista para recibir sus burlas al respecto? Un subido color rojo coloreó sus mejillas.

—¿Yo dije eso? —replicó mientras se rascaba la cabeza haciéndose la desentendida—. La verdad, es que no me acuerdo…

—No lo niegues, te escuchamos muy bien cuando dijiste que amabas a ese sujeto despreciable.

—¿¡Despreciable!? —repitió muy ofendida. Jacky no toleraría jamás semejante afrenta hacia su querido Norry—. ¡Te equivocas, Ana María! ¡Él no es ninguna persona despreciable!

—¿A no? Pues, si no te acuerdas, él siempre nos ha estado persiguiendo para poder capturarnos y mandarnos a la horca como hizo con tantos otros compañeros nuestros. ¿No te parece eso bastante despreciable?

—Ana María tiene razón, capitana, el comodoro Norrington no es un hombre muy agradable de tratar, y menos cuando se es un pirata… Eso puedo asegurárselo puesto que yo lo he conocido muy bien cuando navegaba bajo su mando —declaró Gibbs.

—Y no olvide que la condenó a usted a la horca, capitana —apuntó Marty, el enano.

—¡Pe-pero luego me salvó la vida al final! —exclamó la desesperada pirata, llena de preocupación y angustia al enterarse de lo que opinaban su propia gente en contra de Norrington. Aquello pintaba muy mal para sus planes de rescate.

—Eso demuestra lo inestable que es ese sujeto —replicó Ana María sacándola de sus pensamientos—. Una persona así no es de confiar.

Todos los demás piratas comenzaron a murmurar entre ellos, dándole la razón a las palabras de Ana María, Gibbs y Marty. Entonces, en ese preciso momento, la capitana Jacky comprendió que ellos no estarían nada dispuestos a salvar la poca valorada vida de Norry. ¿Es que ella había sido la única persona que había visto su verdadera personalidad? Él no era una mala persona, solamente era un poco gruñón y un tanto severo consigo mismo y los demás. Sabiendo que su Norry había sido criado con una fuerte disciplina, convicciones y valores, aún poseía un cálido corazón que anhelaba tanto amar como y ser amado.

—Te dije que ellos no estarían dispuestos a ayudarte, hermanita —le oyó decir a Jack, sacándola de sus cavilaciones, quien permanecía apoyado en la puerta de la cabina, observándolo todo de brazos cruzados—. El comodoro Norrington no es muy querido por estos lugares…, y creo, además, que él solito se la buscó por ser tan odioso, orgulloso, arrogante, inglés y presuntuoso con todo el mundo.

Jacky, muy molesta por aquellos desagradables (pero ciertos) adjetivos, se volvió sobre sí misma para replicarle, pero el contramaestre Gibbs la interrumpió antes de que ella hablara.

—¿En qué no estaríamos dispuestos ha ayudar a su hermana, capitán?

—En regresar a Port Royal y rescatar al comodoro Norrington de la horca, señor Gibbs.

Todos volvieron sus incrédulos y asombrados ojos hacia Jacky, quien sintió que aquellos estaban a un paso de lincharla por haber querido sugerir semejante propuesta.

—¿¡Pero acaso te has vuelto loca, mujer!? —replicó al instante la siempre impulsiva Ana María, colocándose tan cerca de la acusada que ésta se vio obligada a inclinarse hacia atrás y colocar sus manos como un escudo—. ¡¿Cómo se te ocurre que te ayudaremos a rescatar a ese antipático hombre?! ¡¡Jamás arriesgaríamos nuestro cuello por una empresa tan inútil como esa!! ¡¡Yo digo que "NO"!! ¡¿Y ustedes, muchachos?!

Como tenían varias razones más que obvias para dar su negativa, todos respondieron con un rotundo "no" a la propuesta de la pobre y desesperada capitana. Nadie estaba dispuesto a ayudar al comodoro y ni siquiera a su propia capitana.

Furiosa al notar que nadie era capaz de ver aunque sea un poco de bondad en la estoica persona de su querido oficial de la marina, comprendiendo con tristeza en lo solo que debía sentirse su Norry al no ser querido por la gran mayoría de las personas debido a su personalidad tan cerrada y distante, decidió que no necesitaba a nadie para que la ayudara en su alocada empresa y que bastaba ella sola para ir a rescatar a su "caballo-caballero".

—¡Bueno! —replicó furiosa—¡Si eso es lo que ustedes piensan, pues pueden irse a freír espárragos! ¡Basto yo solo para ir a rescatarlo!

Pero en cuanto quiso dirigir sus pasos hacia uno de los botes salvavidas del Perla, el capitán Jack Sparrow ordenó rápidamente que la detuvieran antes de cometer semejante locura. Forcejeando entre los brazos de los piratas que la detuvieron, Jacky quiso saber el motivo por el que no la dejaba marcharse.

—¿Qué más te da si me voy? —protestó—. ¡Podrás quedarte tú solo con el Perla Negra!

Negando muy pesaroso con la cabeza, su hermano se le acercó y le dijo mientras le acariciaba la cabeza como si fuera una niña malcriada y caprichosa que no hacía otra cosa que dar lástima con su testaruda actitud:

—¡Ay, hermanita, hermanita! ¡Veo que el amor te ha trastornado tanto que te has quedado completamente ciega! ¡Hasta dices incoherencias! ¿Es que no te das cuenta de que el comodoro no te conviene? ¡Es más aburrido que una ostra!

—¡Eso no es cierto! ¡Y tú lo sabes muy bien! —rebatió, pero al siguiente segundo, pareció dudarlo—. Bueno…, admito que es un poquitín aburrido el pobre, pero eso no significa que no me convenga…

—Olvídate de él, estás perdiendo el tiempo —aconsejó Ana María—, a estas alturas ya debe estar muerto, y si todavía no lo está, estoy segura de que muy pronto lo estará.

—¡Que un mal rayo te parta en dos si eso es cierto! —replicó furiosa. ¿Por qué odiaban tanto a Norry? ¡Oh, sí! ¡Lo había olvidado! ¡Él era un cazador de piratas!

—Pero, capitana —intervino Gibbs—, aunque quisiéramos regresar, ya sería demasiado tarde para el comodoro Norrington. Ana María tiene razón, ya no podemos hacer nada por él.

—Escucha a tu gente, hermanita, ellos hablan con la verdad —le dijo con suavidad el capitán Jack Sparrow—. Te sugiero que te olvides de Norrington (que jamás valió la pena) y te enfoques en nuestro futuro como ¡los hermanos piratas más conocidos de los siete mares!

Y acercándose a ella, le susurró secretamente al oído de modo que nadie más lo escuchara:

—Tengo algo muy importante qué contarte y recordarte, mi querida hermanita, y es mejor que te lo cuente cuando volvamos a estar a solas en nuestro camarote…

Y antes de que Jacky replicara a eso, su "hermano" ordenó que la encerraran en su cabina para asegurarse de que no intentara volver a escaparse. Y, mientras se la llevaban entre fieros forcejeos, ella, dolida con eso de que Norry no valía la pena, exclamó:

—¡Jack, maldito embustero! ¡Cuando estábamos en casa de Norrington, tú me dijiste que ambos sentíamos y pensábamos los mismo que el otro porque compartíamos nuestra única alma! ¿Cómo puedes entonces fingir que no amas a Norry cuando estuviste dispuesto en la Isla del Cuello Torcido a convertirte para siempre en una mujer para poder permanecer a su lado?

Completamente estupefactos al escuchar semejante declaración tan inesperada, toda la tripulación volvieron sus prejuiciosos e inquisidores ojos hacia el sonrojado capitán Jack Sparrow, quien, al verse al descubierto e indagado se esa manera, comenzó a balbucear y a decir incoherencias debido a lo nervioso que se había puesto gracias a los sorprendentes dichos de su hermana.

—¡Te equivocas, hermanita! —quiso rebatirle poniendo los brazos en jarra—. ¡Mi amor por él se fue contigo cuando nos separamos!

Sonriendo tontamente al creer que le había ganado aquella pulseada a Jacky, poco a poco dejó de reírse cuando por fin se dio cuenta de lo que había dicho. Él solito de había encargado de desprestigiarse aún más frente a su propia tripulación, quienes no pudieron evitar mirarlo con cierta aprensión.

Y mientras Cotton y otro de los piratas se llevaban a la capitana Jacky Sparrow hacia su camarote, la sonriente prisionera pudo escuchar cómo los demás integrantes de la tripulación del Perla, comenzaban a mofarse de su propio capitán y su antiguo amor por un oficial de la marina.

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Mientras tanto, a muchas leguas de distancia, en la plaza de las ejecuciones en el fuerte de Port Royal, el ex oficial de la Royal Navy, el ex comodoro James Norrington, estaba a punto de ser ejecutado en la horca bajo el ritmo de los tambores de los marines de casacas rojas. De nada había valido el pedido de indulgencia por parte del gobernador Swann y su hija, los magistrados del pueblo estaban muy seguros de su traición y debían condenarlo al cadalso si no querían una sublevación por parte de los pobladores afectados por la muerte de sus parientes en el reciente naufragio, responsabilizando tamaña catástrofe al afligido comodoro Norrington.

Con su traje de oficial sucio y estropeado, con el cuerpo repleto de magulladuras debido a la paliza que le había propinado la misma gente en cuanto apenas lo habían atrapado cuando evitó que ahorcaran a Jacky, con las manos atadas detrás de su espalda y soportando las terribles imprecaciones hacia su persona mientras que de vez en cuando alguna que otra fruta u hortaliza volaba directamente hacia él para manchar su honor y su traje, aún cuando todo estaba en su contra y con nada a su favor, Norrington seguía manteniendo su temple orgulloso y altivo —a pesar de que estuviera completamente abatido en su interior—, no demostraba más que valor ante la adversidad y mantenía una férrea esperanza en que su amada Jacky apareciera de un momento a otro para ir rescatarlo. Pero a medida que el momento de la ejecución iba avanzando, aquellas esperanzas comenzaron a convertirse irremediablemente en desesperación y desesperanza, temiendo cada vez más que su preciosa pirata jamás aparecería entre la gente blandiendo su sable en pos de su rescate.

Desesperada por tener que presenciar la ejecución de quien antes había sido su amigo y ex pretendiente, la pobre Elizabeth no podía hacer otra cosa que aferrarse fuertemente al brazo de su padre, quien se mostraba pálido como un muerto al verse obligado a permitir la ejecución de su oficial favorito. ¿Qué más podía hacer? No tenía otra opción que permitirlo por más que se opusiera.

—¡Padre! —exclamó desesperada su hija—. ¡No lo permitas! ¡Haz algo! ¡James solamente siguió su corazón! ¡Por primera vez se dejó llevar por sus sentimientos! ¡Esto no es justo para él!

Abatido, Weathervy volvió su triste mirada hacia su hija y le dijo:

—Si hago algo, querida hija, me verás luego ocupando el lugar del comodoro…

Desconcertada, Elizabeth se dio por vencida y dirigió su afligida mirada hacia su prometido, el apuesto Will Turner, quien permanecía nuevamente mezclado entre toda aquella furiosa gente que buscaba una manera de liberar el tremendo dolor causado por la pérdida de sus parientes. Padres, madres, hijos, hijas, hermanos, hermanas, todos querían cobrar venganza por sus muertes, y si no habían podido con aquella pirata, lo harían con el traidor.

Will también se encontraba muy abatido por aquella extraña situación, pues no sentía gran aprecio por aquel hombre, más bien, siempre habían tenido sus altercados debido a sus personalidades tan diferentes entre sí y principalmente por sus afectos hacia Elizabeth. No podía evitar sentirse culpable al haber sospechado de manera tan ridícula sobre los verdaderos motivos de Norrington en aprisionar a Jacky Sparrow, pues al descubrir él y Elizabeth que en vez de un capitán Jack Sparrow, habían en realidad dos capitanes Jack Sparrow: un hombre y una mujer, todo, absolutamente todo lo que habían dicho Norrington y la versión femenina del capitán Jack Sparrow había sido la completa verdad. Ambos habían planeado casarse, pero todo había resultado un rotundo fracaso para el comodoro y Jacky… Y ellos que no les habían creído… Ahora el comodoro Norrington estaba a punto de pagar el precio por desviarse del camino que se había trazado, y lo iba a pagar con el precio más alto: su vida. Atribulado, el pobre muchacho no sabía cómo actuar en aquel momento, pues, lamentablemente, no se sentía muy inclinado a arriesgar su vida por alguien a quien aún consideraba su adversario.

El magistrado de turno comenzó a proclamar las acusaciones de las que era responsable el acusado. ¿Pues cuál era la más grave?: alta traición por haber sido el responsable de encubrir a una pirata, liberarla y causar la muerte de 150 hombres bajo su irresponsable autoridad. La sentencia: debía ser ejecutado en el cadalso con celeridad y sin piedad alguna. Todo el pueblo así lo quería.

Muerto de angustia y desesperación al ver que las cosas iban de mal en peor y que parecía que Jacky no iba a aparecer por ningún lado para sacarlo que aquella situación tan penosa, James, con el corazón golpeándole con furia en el pecho, sudando frío y temblando como una hoja, miraba de aquí para allá buscando a su amada, sumergido en la angustia y pidiendo ser rescatado por ella, anhelando aunque sea el momento de verla tan sólo un instante antes que sus ojos se nublaran con el frío y ineludible velo de la muerte. Pero ella no se encontraba en ningún lado, ni mezclada entre la multitud ni oculta en algún secreto escondrijo. Jacky no estaba y él había comenzado a pensar que a ella ya no le interesaba ni pizca ni su vida ni su sufrimiento.

Comenzó a angustiarse aún más cuando sintió que el cruel verdugo le ajustaba aún más la áspera soga al cuello. Un terrible y frío estremecimiento recorrió toda su columna vertebral al saber que su hora se acercaba irremediablemente y nadie iba a evitarlo porque no había nadie que realmente quisiera evitarlo. Si en vez de él estuviera el capitán Sparrow, Turner o Elizabeth en la horca, seguramente alguien ya habría actuado para rescatarlos, pero él no era ni sería jamás ninguno de ellos, por lo tanto, nadie lo ayudaría, pues no tenía amigos y se lo tenía bien merecido. Era más que seguro que su padre nada hubiera hecho para evitar aquella ejecución si se hubiese enterado a tiempo, pues conociéndolo como lo conocía, sabía que su veredicto hubiera sido el mismo que el del almirantazgo: la ejecución marcial.

El repiqueteo de los tambores anunció la fase final de la ejecución, James sintió cómo su corazón comenzó a quebrársele completamente tras el doloroso abandono de su querida Jacky, sus esperanzas comenzaron a desvanecerse rápidamente y unas lágrimas repletas de dolor comenzaron a rodar por sus pálidas mejillas. Ella jamás lo había querido de verdad, lo mismo que su padre y la gente de Port Royal, ni siquiera Elizabeth; nadie había valorado todo lo que se había esforzado tanto en lograr para ser alguien en la vida, todo había sido hecho completamente en vano…

Volvió a buscarla desesperadamente entre la multitud, pero no la encontró.

Porque ella no estaba allí…

Nadie estaba allí para rescatarlo… Nadie lo quería lo suficiente como para arriesgar el cuello por él… Nadie…

Volvió a buscarla desesperadamente entre la multitud, pero no la encontró.

Porque Jacky no estaba allí… Ella jamás estaría allí… porque nunca le interesó…

"¡Me mintió! ¡Ella me mintió otra vez! —Pensaba lleno de dolor y aflicción—. ¡Y yo que le creí de nuevo! ¡Pero qué insensato fui! ¡Arriesgué mi vida en vano! ¡Ya todo está perdido! ¡¡Jacky jamás me amó de verdad!!".

De pronto, la trampilla que estaba bajo sus pies cedió y lo lanzó a un pavoroso vacío, la cuerda alrededor se su cuello se cerró inmediatamente, impidiéndole respirar el tan necesario aire. El dolor que le causaba semejante castigo era terrible, pero la horrorosa sensación de ahogo era prácticamente indescriptible. Entonces, las fuerzas comenzaron a abandonarle así como su conciencia, y lo último que logró pensar entre tanta desesperación, fue lo siguiente:

"Si tan sólo tuviera otra oportunidad de vivir… ¡Dios! ¡Cómo me vengaría de quienes me abandonaron de esta manera tan cruel! ¡Los odio a todos! ¡A todos! ¡Ojalá pudiera hacerles pagar por todo lo que he sufrido y estoy sufriendo en este momento…!"

Entonces, todo a su alrededor se volvió oscuro, ya no podía ver ni oír a aquellas personas que lo insultaban sin cesar, ya no respiraba. Ya no vería a Jacky nunca más… porque ella no estaba allí… porque ella no lo amaba… Solamente la muerte lo esperaba con los brazos abiertos… ¡Si tan sólo tuviera otra oportunidad!

Ahogando con su mano un grito de terror, la joven y hermosa Elizabeth escondió su rostro entre la larga peluca gris de su padre, y éste, tan lívido como un muerto, se había quedado con los ojos completamente abiertos por la impresión de ver a su oficial favorito retorcerse de dolor. Will solamente atinó a cerrar los ojos y volver su rostro hacia un costado, con los puños tan fuertemente cerrados por la impotencia que sentía, que logró lastimarse hasta hacerse sangre. Hasta el pobre del teniente Gillette, que ya estaba mejor de su herida, se sentía terriblemente desgraciado al verse obligado a presenciar la muerte de su mentor desde las filas de lo oficiales.

Aquel hubiera sido el final del comodoro James Norrington si en aquel preciso momento no hubiera aparecido una enorme cantidad de ganado bobino que comenzó a invadir toda la plaza de ejecución, atropellando y destruyendo todo a su paso en su nerviosa y apresurada corrida. Tanto los pobladores que estaban presenciando la ejecución, los marines, los fusileros y los oficiales, corrieron como desesperados para salvar sus vidas y no ser atropellados por aquellas pesadas masas de carne. Entonces, justo en ese crucial momento, una carreta apareció a toda velocidad conducida por madame Annete Foubert y el pequeño italianito llamado Billy, quienes se dirigieron inmediatamente hacia la plataforma de ejecución en donde todavía colgaba el ya desfallecido ex comodoro. Una vez que la carreta se detuvo, Billy saltó hacia la plataforma y logró cortar con poco esfuerzo con un cuchillo bien afilado la soga de la que colgaba su tutor, y una vez liberado y con ayuda de la francesa, lograron introducir el cuerpo del ejecutado en la carreta para luego azuzar a los caballos y salir disparados hacia el puerto mezclados entre la enorme masa de vacas bajo el acoso de algunos disparos de fusil, desapareciendo de la vista de los pocos que habían permanecido en aquel lugar y arriesgando su vida entre aquellos animales que, si bien los habían ayudado, también podían hacerlos volcar.

Desde el inicio de aquella batahola, el joven William Turner había permanecido al lado de su prometida para protegerla de aquella estampida de ganado. Con su padre totalmente escandalizado y tratando de oler su frasquito de sales para no desmayarse de la impresión, Elizabeth observaba maravillada todo lo que había ocurrido. Por lo menos, alguien se había preocupado por James lo suficiente como para arriesgar su vida por él, pero la inquietaba el hecho de que no fuera Jacky Sparrow quien lo hubiera salvado.

—Si no ha muerto con esto, no sé qué sucederá con Norrington, Elizabeth —dijo Will, interrumpiendo aquellos pensamientos—, él no está acostumbrado a estar fuera de la Ley.

La chica se volvió para mirarlo muy preocupada, su novio tenía toda la razón. ¿Qué sucedería con James de ahora en adelante?

--

Mientras Billy dirigía la carreta a toda velocidad hacia el muelle y Annete intentaba reanimar al desfallecido con gran desesperación, un pequeño barco los aguardaba presto para hacerse a la mar.

¿Cómo habían logrado realizar semejante plan? Pues la temible estampida de reces había sido posible gracias a la ayuda de varios criadores amigos de Timothy y Lousie, el cochero y la cocinera del ex comodoro. La estirada ama de llaves, Kinderhouse y la despistada criada llamada Jane, eran quienes habían aflojado las sillas de los caballos de los militares, quienes, al montarlos para salir en persecución de los fugitivos, se habían dado un buen porrazo en el suelo, retrasándolos deliberadamente. El pequeño barco pertenecía a un buen amigo de Charles, el viejo mayordomo de Norrington, quien era uno de los tantos pescadores que trabajaban en aquel lugar y se encargaría de llevarlos a algún lugar seguro.

Todos ellos habían decidido darle una última ayuda a su amo como una manera de despedirse de él, pues sabían muy bien que no lo volverían a ver nunca más y que nada iba a volver a ser como antes. Afortunadamente, ninguno de ellos le tenía recelo ni había salido afectado por la muerte de los marines en el trágico naufragio pasado, sino, la historia podría haber sido diferente.

Todo había sido tan bien planeado, que las vidas de estos fieles sirvientes no corrían ningún riesgo si permanecían en Port Royal.

—¿Cómo se encuentra? —preguntó el pescador mientras los ayudaba a meterlo al viejo barco.

—Aún no despierta —respondió Annete llena de aflicción—. Me temo que tardamos demasiado en rescatarlo…

El pequeño Billy no pudo evitar un pequeño sollozo de desesperación, el viejo y flacucho pescador se compadeció de él y le colocó bruscamente una mano sobre su rizada cabeza morena.

—Estoy seguro de que se recuperará, señora —la miró—, el comodoro Norrington es un hombre joven y fuerte. Tenga fe.

Madame Foubert asintió.

—Gracias por ayudarnos, pero… ¿no lo buscarán a usted para acusarlo de conspiración?

El viejo soltó una carcajada mientras desamarraba el pequeño barco pesquero del tronco que lo sujetaba.

—No se preocupe por eso, señora. Yo ya soy un hombre muy viejo y estoy preparado para cualquier cosa… Además, no tengo a nadie en este lugar y me da igual a dónde pueda vivir ahora… A propósito de irse, señora —la miró interrogativamente—… ¿hacia dónde nos dirigiremos?

Ella no supo qué responder, y, mirando hacia el horizonte en donde el mar y el cielo se juntaban con un moribundo sol, respondió dubitativa:

—No lo sé…, pero lo que sí sé es que su padre no lo querrá de vuelta en su casa nunca más…

El pescador se le quedó mirando por unos instantes y soltó otra risotada más mientras se encargaba de bajar las velas y manejar el timón.

—¿Así que el comodoro Norrington tiene un padre muy duro? ¡Ja, ja, ja! ¡Eso explica muchas cosas!

—Sí… —admitió tristemente la ex institutriz mientras seguía con sus intentos de reanimar a su ex pupilo colocando suavemente su despeinada cabeza sobre su regazo y comenzaba a abanicarlo con su abanico tratando de que el aire le devolviera un poco de color a aquel rostro un tanto pálido y violáceo—, el almirante Lawrence Norrington siempre fue muy severo con mi niño…, demasiado severo…

—¡Ja, ja, ja! ¡Un hombre sin suerte! ¡Un hombre sin suerte! —declaró el pescador no sin cierta razón.

De pronto, James Norrington se despertó sorpresivamente y comenzó a toser con todas sus fuerzas mientras se incorporaba trabajosamente del regazo de Annete y se llevaba una de sus manos a la garganta mientras con la otra se apoyaba en la cubierta. Aún estaba muy mareado y no podía ordenar sus ideas con claridad.

—¡¡ja, ja, ja!! —se rió alegremente el viejo pescador—. ¿Lo ve, señora? ¡Le dije que el comodoro era un hombre muy fuerte! ¡Seguramente debe ser tan testarudo como su padre!

Rápidamente, Annete y Billy quisieron aliviarlo dándole un poco de agua en un jarro, pero James, tomando repentinamente la mano de su ex niñera, la observó seriamente a los ojos y le dijo con un hilo de voz:

—… De-debemos dirigirnos… hacia To-Tortuga… Es, es el único lugar… al que merezco ir…

Y cuando apenas terminó de decir esto, el ex comodoro James Norrington volvió a perder el conocimiento y se desmayó sobre los brazos de la sorprendida francesa.

—¿A dónde dijo que quería ir? —gritó más preguntó el viejo, pues siempre hablaba en voz alta.

—… A Tortuga… —respondió casi en un murmullo—, quiere ir a Tortuga…

—¡A Tortuga! ¡ja, ja, ja! ¡A Tortuga! ¡El gran comodoro Norrington quiere ir a Tortuga! ¿Pero quién se lo hubiera imaginado? ¡¡ja, ja, ja!! —se rió el pescador, que, aunque era un poco pesado, tenía toda razón. ¿Quién se hubiera imaginado que el gran comodoro Norrington, el temible cazador de piratas en el Mar del Caribe, querría irse a vivir a una isla repleta de sus peores enemigos?

Y mientras la pequeña barcaza desaparecía en el oscurecido horizonte rumbo a Tortuga, también desaparecían los buenos sentimientos que James aún mantenía en su estricto corazón, volviendo su alma tan oscura como el camino que estaba a punto se seguir por su propia voluntad en una ciega manera de buscar una terrible venganza contra quienes lo habían humillado y abandonado, sin darse cuenta de que ése camino que estaba dispuesto a seguir, lo conduciría al irremediable final de sus días.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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Notas de una Bloguera Arrinconada:
                                                                  Je je, muchos se habrán sorprendido por lo que conté el otro día sobre mis padres, sobre todo de mi papá. Si, lamentablemente él es una persona con rasgos narcisitos, muchas veces lo detesto y otras veces le tengo mucha lástima, porque, a pesar de todo, no puedo evitar quererlo como a todas las personas que conozco en mi vida, aunque me hayan hecho daño. Lo cierto es que sé que viviremos mejor cuando él no esté, y mi único consuelo es que él vivió su vida como quiso vivirla, aunque con ello haya arruinado su propia salud y su lazo con toda su familia, incluyendo a sus hermanos y padres. Mi padre es de esas personas que sólo se quieren a ellos mismos y ven a los demás como instrumentos o enemigos, así sean su propia familia. Ver sobre estos casos en Investigation Discovery me ha liberado mucho de mi culpa por no sentir mucho amor por él a pesar de quererlo sólo por ser mi padre. ¡Sólo los que han padecido lo mismo podrán entenderme! Tal como Liza dijo en Los Simpsons: ella se queja de sus padres, pero también los ama. ¿A quién no le ha pasado eso con sus padres?  
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Comentarios

  1. Se valora la sinceridad y las publicaciones casi diarias. Aunque tus últimas notas son duras, vale la pena leerlas. ¿Es bonito donde vives? Más allá del anime y los doramas, sería genial ver más contenido íntimo, como el que compartes en las notas al pie ¡Feliz semana!

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