Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 18: Confrontación

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Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo!
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 18: Confrontación

El pobre hombre rebotó contra la pared de la habitación y cayó pesadamente sobre el suelo de tablones provocando que una nube de polvo se levantara del piso, adolorido, trató de levantarse pero el desalmado capitán Bart "Sangre Negra" Morgan lo tomó del cuello y lo levantó a varios centímetros del suelo, casi ahorcándolo.

—¡Te lo advierto por última vez, maldito infeliz —lo amenazó—, si no me dices en dónde está el pergamino, ten por seguro que te abriré el estómago con mi cuchillo!

—¡P-pero ya se lo he dicho…! —gimió el pobre infeliz, quien no era otro más que el sucio, gordo y viejo aventurero caza-tesoros a quien la capitana Jacky Sparrow le había robado hacía ya una semana—. ¡Me lo ha robado una mujer! Ni siquiera recuerdo su nombre…, la conocí en la taberna de Mabel…!

—¡Descríbeme inmediatamente cómo era esa perra antes de que te arranque todos los dientes! —exigió sin aflojar la presión de su mano sobre el cuello del infortunado hombre.

Temblando de miedo, el aventurero devenido a menos, procuró darle gusto para no hacerlo enfadar más, pues conocía muy bien la terrible reputación de aquel sanguinario y cruel pirata y no quería tentar a la suerte. Dio una descripción exacta de nuestra querida protagonista, quien era la que le había quitado un viejo libro, objeto en el cual Morgan podría encontrar el famoso pergamino.

—… además —agregó—, vestía demasiado extraño para ser mujer…

—¿A qué demonios te refieres con eso de vestirse extraño?

—Pues…, parecía una mujer disfrazada de pirata… De un hombre pirata…

El pirata frunció el entrecejo, extrañado, pues la descripción que aquel sujeto le había proporcionado no lo ayudaba en mucho y él tampoco conocía a alguna mujer que se le pareciera. Al fin, fastidiado, sacó un filoso cuchillo de su cinturón y dijo:

—Ya no me sirves para nada, ahora te voy a degollar como a un sucio perro.

—¡¡No!! —exclamó aterrado el hombre, pensando rápidamente en la mejor manera de conservar su vida—. ¡¡Ne-necesitarás los conocimientos de un hombre como yo para descifrar el pergamino!! ¡¡Ja-jamás encontrarás la Sagrada Espada del Dios Odín sin mi ayuda!!

Al escuchar aquello, el despiadado pirata detuvo su ataque y lo miró directo a los ojos de una forma terrible y amenazante, apretujándolo aún más contra la pared.

—Si intentas escapar o engañarme de alguna manera en cualquier momento, juro que te despedazaré con mis propias manos, maldito cerdo asqueroso, ¿has entendido? De ahora en adelante permanecerás siempre cerca de mí para poder vigilarte mejor hasta que me ayudes a encontrar la espada. ¿Entendido?.

Luego de que asintiera rápidamente en silencio, Morgan lo soltó y el desgraciado cayó sentado sobre el suelo, tosiendo y tomándose con ambas manos la adolorida garganta.

—Llévame a la taberna en donde la conociste, quizás allí sepan quién era aquella perra que te robó.

El pobre hombre no tuvo más remedio que aceptar, así que se fue junto con aquel peligroso hombre hasta la taberna de Mabel, en donde su gorda propietaria supo dar toda la información posible a los interesados.

—Esa maldita me quedó debiendo varias botellas de ron —contó bastante molesta desde detrás de la barra—, le dijo a la ingenua de Lidia (que es la estúpida que sirve los tragos en este lugar), que lo pusiera todo a nombre de su hermano… ¿y saben quién era ese tal hermano? ¡Era el capitán Jack Sparrow!

—¡¿Jack Sparrow?! ¡¿Ese maldito perro infeliz que alguna vez me robó todo el ron de mi bodega?! —exclamó el capitán Morgan furioso mientras golpeaba fuertemente la mesa con su enorme puño.

—Veo que ambos lo conocemos muy bien… —sonrió la asquerosa tabernera, una de las pocas mujeres que no le temían a Bart "Sangre Negra" Morgan—, a mí también me ha hecho una de sus tretas, desde entonces siempre he procurado intentar asesinarlo cada vez que visita Tortuga

—¿Crees que esa perra en verdad sea su hermana?

Antes de responderle, Mabel se reacomodó sobre la barra y, mirándolo detenidamente con una sonrisita sarcástica, comentó:

—Si no hubiera visto por mi misma que esa tipa tenía un buen par de tetas, hubiera jurado que esa infeliz era el capitán Jack Sparrow comportándose mucho más extraño que de costumbre.

—¿Tan parecida era a esa escoria?

—Como dos gotas de agua sucia. ¡Se visten exactamente igual! Luego, Annie me contó que aquella perra estafadora se hacía llamar con el nombre de "Jacky".

—¿Jacky Sparrow?

—Eso mismo.

Mientras Morgan y el caza-tesoros salían de aquella vieja y sucia taberna para dirigirse hacia el lugar en donde su tripulación se estaba divirtiendo, el capitán de La Muerte Anunciada comentó sonriente:

—Conque la hermana de Jack Sparrw… ¿quién lo hubiera dicho? Muero por ponerle las manos encima a esa perra y hacerle saber lo que es bueno… ¡¡JA, JA, JA!!

El explorador sintió estremecerse apenas terminó de escuchar semejante amenaza; en ese momento volvía a dar las gracias por no haber nacido mujer, pero comprendía al mismo tiempo, que él tampoco estaba en una situación muy favorable que digamos, pues sabía que su vida pendía de un hilo mientras estuviera al lado de un sujeto tan loco y peligroso como Bart "Sangre Negra" Morgan. Para poder preservar su vida, se vería obligado a acatar todos sus deseos hasta que se le presentara una ocasión para poder escapar.

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Mientras tanto, a bordo del barco pirata, La Muerte Anunciada, la pequeña Alwine caminaba sigilosamente por la cubierta en busca de los dos piratas que se habían quedado a bordo para vigilar al prisionero. Eran ellos quienes tenían la llave de la celda del doctor Jacobson, y era esa llave la que ella tenía que robar.

A medida que iba acercándose al palo mayor en donde se encontraban apilados algunos toneles de ron y manzanas, Alwine escuchó a ambos hombres conversar entre sí, parecían estar borrachos y eso auguraba a mil maravillas el cumplimiento del plan que ella y el doctor habían tramado.

—¡Es una verdadera injusticia, mi estimado compañero, que el capitán nos haya ordenado permanecer en esta sucia tina, una verdadera injusticia! ¡Hip! —se quejó uno de ellos que era flaco, enjuto, de arrugada piel amarilla y llevaba un parche en el ojo izquierdo.

—Estoy de acuerdo contigo, hermano —apoyó el otro pirata que era medio obeso y extremadamente sucio (demasiado para ser un pirata)—, el capitán debería tomar este esfuerzo sobrehumano y dejarnos salir toooda esta noche, ¡hic!

—¿P-pero quién de los dos se atreverá a decírselo?

Ninguno dijo nada, los dos sabían que sólo una persona que no estuviera en su sano juicio sería capaz de reclamarle algo a un hombre tan irascible y desalmado como lo era su peligroso capitán, así que decidieron en silencio y en mutuo acuerdo, que lo mejor que podían hacer era seguir bebiendo.

A medida que Alwine se acercaba lentamente hacia ellos, el miedo comenzó a invadirla y comenzó a dudar de sí misma hasta el punto de querer olvidarlo todo y esconderse en la bodega. Ya iba a volverse sobre sus pasos cuando algunas palabras dichas por aquellos hombres llegaron hasta ella y la detuvieron, llenándola de temor e indignación.

—¿Ya decidió el capitán lo que vamos a hacer con el doctorcito? ¡Hic! —. Preguntó con tono burlón uno de sus carceleros.

—¡Oh! Primero piensa torturarlo un poco y matarlo de hambre antes de desollarlo vivo ante el maldito almirante Jacobson una vez que se encuentren frente a frente… ¡Hip!

—¡¡Jah jah jah!! ¡Hic! No dudo que lo hará, pero no creo que nuestro temible capitán logre derrotar en batalla a un demonio como ese almirante; ¡es un tipo increíblemente invencible! ¡Hic!

—No creo que deberías preocuparte por eso, compañero… —agregó el flaco con tono misterioso mientras llevaba el pico de la botella al gaznate—. El capitán dice que muy pronto tendrá un as bajo la manga para poder derrotar a ese sucio perro sin problemas… ¡Hip!

—¿T-te refieres a la extraordinaria "Espada de Odín"? ¿La cosa esa que hace invencible a la persona que la posea? ¡Hip! ¡Pero si tan solo es una estúpida leyenda contada por un viejo loco! ¡Esa espada no existe! ¡Hic! ¿Cómo puede creer en eso nuestro capitán? ¿Tan idiota es?

—¡Shiiit! ¡Calla, imprudente! ¡Hip! —le advirtió el otro mientras se llevaba el dedo índice a la boca—. ¡Si el capitán llega a escucharte hablar así de él, te arrancará la lengua como lo hizo con aquel pobre negro que se atrevió a burlarse de él….!

—…. Es verdad…. Pobre del negro ese… ¡Hip…! Pobrecillo…

Alwine decidió que ya había escuchado bastante y aquellos tipos ya estaban lo suficientemente borrachos como para caer en su trampa. Era hora de actuar de una vez por todas si quería ayudar al doc a escapar y evitar que lo torturaran.

"¡Ahora es cuando!" —pensó dándose valor e inmediatamente salió de su escondite de un salto y se presentó ante los sorprendidos piratas.

—¿Qué haces aquí, pequeña perrita? —preguntó despectivamente uno de ellos—. Sabes muy bien que el capitán te dejó a cargo del prisionero… ¡hic! Va a darte una buena paliza cuando se lo contemos.

Cerrando los puñitos para contener su temor, la niña replicó:

—¡U-ustedes son los perros pulgosos que siempre están moviéndole la cola al gorilón y feo del capitán, no yo!

—¡¡Qué dijisteee?! —exclamaron los dos al unísono.

—¡Eres una sucia atrevida! ¡Hic! ¡Te daremos tu merecido! —amenazó el gordo mientras se levantaba pesadamente de una sogas enrolladas; tan pesado y torpe era, que su flacuchento amigo tuvo que ayudarlo a duras penas.

—¡¡Eres tan pesado como un cerdo y tu amigo es tan flaco como una cochina lombriz!! —volvió gritar la pequeña con todas sus fuerzas.

—¡¡CÓMO?! —replicaron ambos hombres muertos de cólera—. ¡¿Pero cómo te atreves a hablarnos de esa manera, pequeña ramerita?! ¡¡Vamos a darte tal paliza que desearás no haber puesto nunca un pie sobre este barco!!

Viendo que indudablemente los había enfurecido, Alwine se mordió los labios y salió corriendo con todas sus fuerzas hacia la bodega seguida por los dos borrachos que apenas podían mantener un rumbo fijo pero vacilante. Una vez que la niña llegó a la puerta, la abrió pero no bajó las escaleras, mas bien la dejó abierta y se escondió detrás de un tonel que estaba ubicado al lado y esperó a que los piratas llegaran y entraran a la bodega creyéndola adentro. Grande fue su satisfacción cuando vio, luego de unos segundos, que los dos sujetos ingresaron sin pensar por la puerta abierta. Nunca en su vida se habían imaginado los dos piratas, que cuando apenas pusieron un pie sobre el primer escalón de la escalera que llevaba hacia el interior de la bodega, iban a resbalar sorpresivamente por culpa de un buen poco de brea que se encontraba esparcida por toda su superficie; la caída por las escaleras embadurnadas fue tan violenta como el golpe que se dieron al llegar al piso, en donde quedaron extendidos cuan largos eran y completamente fuera de sentido.

Todo aquel espectáculo tuvo un solo espectador: el doctor Christian Jacobson.

—¡Bravo, pequeña, bravo! —festejó desde su prisión—. ¡Lo has hecho todo tal cual lo habíamos planeado! ¡Felicitaciones!

Sonriendo de oreja a oreja, Alwine se asomó por la puerta y vio lo que había provocado y se sintió henchida de orgullo. Rápidamente se aferró a una soga que estaba atada en el pasamano a un lado de la escalera y bajó por ella con sumo cuidado hasta que sus piecesitos tocaron el suelo. Una vez allí, se dirigió sonriente hasta su querido amigo.

—¿De verdad que lo hice bien?

—Así es, mi querida niña —le dijo mientras colocaba cariñosamente su mano en la mejilla de Alwine—; pero aún no está todo hecho, ahora tienes que quitarles las llaves y abrir esta celda.

Alwine asintió con firmeza, se dio media vuelta y se dirigió hacia los dos piratas desmayados, que gracias por los fuertes golpes y su completa borrachera, aún no habían despertado ni se despertarían por un buen rato.

Sin disimular una mueca de asco, la pequeña registró a los dos hasta que encontró las llaves en el bolsillo de la vieja camisa que llevaba el hombre gordo y regresó rápidamente hacia la celda el doctor con el objeto deseado en sus manitas.

—Prueba todas las llaves en la cerradura; alguna de ellas, por fuerza, tendrá que encajar perfectamente —aconsejó Christian mientras trataba de permanecer alerta por si las dudas alguien había regresado al barco.

Con los nervios de punta pero con una firmeza diga de alabanza, la niña probó cada una de las pesadas llaves sobre la cerradura hasta que después de unos angustiosos minutos que parecieron interminables, la antepenúltima llave encajó espléndidamente.

—Déjame abrirla a mí, pequeña Alwine, se necesita fuerza para hacerla girar —pidió, y la aludida se hizo a un lado para que él pasara su brazo derecho por entre los barrotes y tomara la llave haciéndola girar con fuerza.

Un sonido sordo se escuchó por todo el lugar y la puerta de la celda se abrió dejando libre a su ansioso prisionero.

Una vez afuera y con la niña alborotando a su alrededor llena de felicidad al verlo por fin en libertad, Christian decidió que lo mejor era marcharse de allí lo más rápido posible antes de que alguien llegara y los descubriera.

—Debemos irnos inmediatamente de aquí, mi pequeña Alwine —le dijo mientras tomaba la mano de su amiguita, quien asintió con una graciosa expresión de seriedad infantil en su rostro.

—Pero no antes de que le juguemos una pequeña bromita a nuestro carcelero… —agregó él con una pícara sonrisa y un brillo especial en sus ojos claros.

Alwine lo miró extrañada, jamás se hubiera imaginado que aquel caballero tan fino, pensaría en hacerle una jugarreta a alguien.

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Luego de beber ron, comer y estarse con mujeres, el capitán de La Muerte Anunciada decidió que ya era tiempo de regresar al barco y así se lo hizo saber su tripulación, quienes lo siguieron de mala gana pero sin chistar, ya que podrían correr el riesgo de perder la cabeza bajo la espada de tan temible pirata. Hay que agregar, que muy pocos de sus hombres aprovecharon el momento de ocio para darse a la fuga, ya que como la mayoría de la tripulación del capitán Sangre Negra era casi tan despiadada como él, actuar bajo su mando era un boleto seguro contra cualquiera que osara atacarlos. ¿Quién se atrevería a pelear contra los más temibles piratas de todo el mundo? ¿capitaneados por el capitán más sanguinarios de todos?

Cantando típicas canciones piratas —menos el capitán y el aventurero, quienes permanecían en una seriedad absoluta—, llegaron a la vieja nave y la abordaron sin tener la más mínima idea de la sorpresa que se llevarían en breve.

—Quiero que conozca a dos de sus compañeros de a bordo, señor Smith —le dijo sonriendo irónicamente—. Como usted, los dos están aquí en contra de su voluntad pero para mi entera necesidad hasta que yo ya no precise nada más de ellos ¡¡Jah, jah, jah!!

El aventurero llamado Smith apenas logró esbozar una imperceptible sonrisa forzada.

Cuando ambos llegaron a la puerta de entrada a la bodega, Sangre Negra la abrió pensando que los dos hombres que había dejado de guardia estarían adentro, pero mayúscula fue su sorpresa cuando apenas puso el pie sobre el primer escalón y se resbaló inmediatamente, rodando a lo largo de las escaleras y cayendo de lleno al piso dándose un tremendo golpazo. Furioso y confundido, el capitán se sentó en el suelo y miró a su alrededor, encontrándose a sus dos hombres encerrados y con cara de estúpidos en la celda en lugar del doctor.

—¡¿PERO QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA ESTO?! —exclamó furioso, pero sus hombres estaban tan asustados, nerviosos y confundidos, que no hacían más que balbucear palabras sin sentido.

Mientras Smith miraba atentamente desde arriba, apenas comprendiendo lo que había ocurrido, uno de los piratas pasó de largo al lado suyo sin darse cuenta de la brea esparcida por las escaleras, y, por supuesto, también resbaló en los escalones y calló de bruces al suelo justo al lado de su capitán, quien lo asesinó con la mirada. Una vez ordenadas sus ideas y un tanto adolorido, el hombre recordó para qué había ido a buscar a su capitán.

—¡S-señor! ¡Nos han saqueado! ¡Los pescadores y los marineros dicen que un viejo y una niña regalaron a los pobladores de Tortuga toda la comida, la bebida y las municiones que había a bordo!

—¡¡QUÉEE?! —exclamó terriblemente enojado Bart "Sangre Negra" tomando al pobre hombre del cuello de la camisa—. ¡¿PERO CÓMO SE ATREVIERON ESOS MISERABLES A BURLÁRSE DE MÍII?! —se levantó y otra vez volvió cómicamente a caer sentado al suelo gracias a que sus botas aún estaban llenas de brea, enfureciéndolo aún más.

—¡¡MALDITOS PERROS SARNOSOS!! —golpeó el suelo con sus puños—. ¡¡BÚSQUENLOS INMEDIATAMENTE!! ¡¡NO PUEDEN ANDAR MUY LEJOS DE AQUÍ!! ¡¡ESTAMOS EN UNA ESTÚPIDA ISLA!! ¡¡A MOVERSE, PARTIDA DE INEPTOS SI NO QUIEREN QUE LOS DESPELLEJE VIVOS!!

Y mientras todo el mundo comenzaba a correr de aquí para allá buscando a los fugitivos, el terrible pirata Bart "Sangre Negra" Morgan, murmuró:

—En cuanto les ponga las manos encima a esos dos imbéciles que se creen unos perros graciosos, voy a torturarlos de tal manera, que desearán no haberme conocido en toda su asquerosa vida…

—¡Señor! —llamó una voz desde arriba.

—¡QUÉ DEMONIOS PASA AHORA!

—¡También cortaron los cables de las anclas y del timón! ¡La marea nos está empujando hacia mar adentro y no tenemos dirección!

—¡¡HAAAGGGGGG!! ¡¡QUE SE PUDRAN EN EL INFIERNO ESOS DOS IMBÉCILES!! ¡¡JURO QUE ME LAS VAN A PAGAR TODAS JUNTAS!!

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Al otro día, la tormenta sobre Port Royal había pasado junto con la noche y la capitana Jacky Sparrow se había quedado a dormir en la mansión del gobernador Swann para el disgusto de Elizabeth, quien aún estaba intentando descubrir sus verdaderos y perversos planes sin mucho éxito.

Luego de que la sirvienta la despertara a las diez de la mañana, Jacky se dispuso a desayunar en el salón de té (y de paso robar algunas cosillas) para luego despedirse de Elizabeth y su padre y marcharse tranquilamente a su "casa" bajo la siempre vigilante mirada de la joven hija del gobernador, quien estaba dispuesta a descubrir lo que tramaba después de efectuarse la boda con James Norrigton, así que decidió acompañar a Jacky hasta la casa del comodoro.

Mientras viajaban en el elegante carruaje que el padre de Elizabeth les había otorgado para dicho paseo —pues él quería que ambas se conocieran bien y se hicieran muy buenas amigas, ignorando claro, el hecho de que estas ya se conocían lo bastante bien como para no tenerse nada de confianza—. Sentada de frente a la descarada pirata, Elizabeth trataba de todas maneras descubrir las verdaderas intenciones de Jacky, pero ésta siempre lograba evadir las preguntas con astutas evasivas, exasperando a la muchacha.

—Tarde o temprano voy a descubrir lo que estás tramando, capitán Jack Sparrow…— amenazó la chica.

Encogiéndose de hombros, la aludida corrigió sonriente:

—Soy la capitana Jacky Sparrow, querida Lizzy, no el capitán Jack Sparrow.

—¿Estás tomándome el pelo, Jack? —se molestó— ¡A ti nunca te gustó que te llamáramos "Jacky"!

—Mi querido Norry no tiene ningún problema con llamarme con ese nombre, ¿savy?

—¿"Norry"? ¿Él permite que lo llames de esa manera? —exclamó con incredulidad y sorpresa—. ¡No puedo creer tamaña desfachatez de tu parte! Y él que me parecía tan serio… ¡Ahora lo convertiste en una triste marioneta bajo tu control!

—Pues créelo, a él le encanta que le llame "Norry" y, además, te advierto que no es ninguna "triste marioneta", ¿savy? Él es un hombre con convicciones muy fuertes.

Elizabeth la miró sorprendida, pues había notado en el rostro y en el tono de Jack, un aire de orgullo ofendido, y eso la confundió aún más.

"¡Oh! ¡No puede ser! —pensaba—. ¡Jack no pudo enamorarse en serio de James! ¡Eso es imposible!".

Jacky, adivinando los pensamientos de su acompañante, decidió desviar la atención de ésta de sus asuntos privados hacia otros asuntos no tan privados y, mirándola de abajo arriba con lujuriosa expresión, dijo:

—… Así como te gusta que yo te llame "Lizzy" a él le gusta que le llame Norry…

—¡Basta, Jack! —se cruzó de brazos muy molesta—. No me gusta que me llames así.

—Y cómo te gustaría que te llamara en la cama, ¿eh? —le insinuó a la vez que se sentaba al lado de ella con la clara intención de molestarla.

Inclinándose hacia el lado opuesto, la joven se puso en guardia y con un gesto aprensivo, dijo:

—Llámeme Elizabeth o mejor señorita Swann, capitán Jack Sparrow, y te advierto que jamás me llamarás como sea en la cama.

—Te voy a llamar como tú quieras si tú me llamas como yo quiero, mi querida Elizabeth.

Ella la miró atentamente, sorprendida.

—¿Entonces realmente quieres que te llame Jacky en vez de Jack?

—Exactamente.

—Entonces… ¿es cierto? ¿Ya no era un hombre? ¿Quieres ser una mujer y estar al lado de James? ¡Oh, Dios! ¡E-eres un…! —comentó asqueada.

La manera en que Elizabeth había dicho aquellas palabras, como si estuviera tremendamente decepcionada de él y a la vez lo estuviera discriminando, hizo sentir muy mal a Jacky, a quien se le borró inmediatamente la sonrisa de su rostro moreno, poniéndose muy seria, con los brazos cruzados y mirando hacia delante sin atreverse a volver su rostro hacia la joven para no tener que ver su mirada de desprecio. Aquello ya no era divertido.

Efectivamente, la joven hija del gobernador de Port Royal se encontraba tremendamente defraudada, su idolatrado pirata se había convertido en uno de esos hombres raros con gustos raros, ya no era más aquel hombre viril y atrayente que solía ser… Ella nunca había estado segura de sus sentimientos para con él, pero al verlo perder su masculinidad de esa manera, se sintió completamente desilusionada.

Y entonces, un incómodo silencio se estableció entre las dos, ninguna se encontraba de ánimo para seguir conversando. La capitana Sparrow comenzaba a tener unas ganas enormes de revelarle la verdad a Elizabeth, pero, a la misma vez se preguntaba porqué debía darle explicaciones a una chica tan impertinente que no entendería nada de nada, ya sabría la verdad a su debido tiempo y se tragaría sus palabras de desprecio, lo que ahora importaba era su querido Norry volviera sano y salvo.

En ese momento, el carruaje se detuvo frente a la residencia del comodoro James Norrington, y mientras Jacky se apeaba, le dijo a Elizabeth:

—Te sorprendería saber cuán cerca estás de la verdad, Elizabeth, pero te aseguro también que te sorprendería saber cuán lejos estás de la verdad a la misma vez.

Luego de decirle esto, se dirigió hacia la casa bajo el atento saludo de los soldados que vigilaban la entrada del jardín. Parecía estar muy ofendida.

Sorprendida por esa actitud, la chica se sintió bastante confundida y avergonzada por las cosas que le dijo, pero, cuando lo pensó mejor y se acordó de que Jack no era una persona confiable y que siempre buscaba la manera de divertirse a costa suya, decidió entrar a la casa y hacerle entender su error y tratar de convencerlo para que se marchara de allí.

—Usted espéreme aquí —le dijo al cochero y salió disparada por detrás de la pirata dispuesta a hacerle entrar en razón.

Jacky, como no era una persona educada realmente, hizo una mueca de disgusto apenas ella se colocó a su lado.

—Deberías hacer como Will y marcharte a hacer algo de provecho, ¿savy?

—No voy a dejarte en paz hasta saber lo que realmente tramas, Jack.

Fastidiada, la capitana del Perla Negra se volvió hacia ella y le dijo mientras ponía los brazos en jarra:

—¿Nadie te ha dicho que eres una pesada, Lizzy? ¿O tal vez la verdadera razón de tu intromisión es que estás celosa de mí o de Norry?

—¡Ja! ¿Celosa de ti o de James? ¡No seas ridículo, por Dios! —también puso los brazos en jarra, volviéndose de cara a Jacky, desafiándola y tratando de no pensar en aquella posibilidad, pues temía que aquella sugerencia resultara tener algún grado de verdad— ¡Estás desvariando, no puedo creer que te creas tan importante como para insinuarlo, capitán Jack Sparrow, jamás me sentiría atraída por otra mujer!

—Siempre hay una primera vez, mi querida Lizzy —había tanto ironía como burla en aquellas palabras—. Además, no me refería exactamente a mi apariencia femenina, sino a la anterior.

—Estás muy equivocado, y además, lno me llames Lizzy!

—¡Y tú no me llames Jack!

—¿Y por qué no he de hacerlo? ¡Tú eres el capitán Jack Sparrow! ¡Un hombre que está enamorado de otro hombre! ¡Deberías estar avergonzado de haber arrastrado a un perfecto caballero hacia una vida de oscura perversión! ¡Degenerado!

Aquello fue suficiente para la agotada paciencia de la pirata, las burlas y los ataques de Elizabeth solían ser bastante crueles a veces, y en aquel momento no estaba dispuesta a soportarla denigrando su honor y la de su amado Norry. Estaba a punto de revelarle la verdad y mandarla al infierno, cuando la puerta de casa se abrió repentinamente para revelarles la presencia del ama de llaves, sorprendiendo a ambas mujeres que dejaron de discutir en ese mismo momento.

—Pero, señora Kinderhouse… —dijo Sparrow muy alarmada cuando vio la expresión de angustia que se veía en su rostro—, ¿ha ocurrido algo grave durante mi ausencia?

Pálida como un muerto, la mujer logró encontrar las palabras al fin.

—¡… S-señorita Watson…, es el señor… Lle-llegaron noticias, terribles noticias…!

—¡Oh, Dios mío…! —murmuró aterrorizada Elizabeth mientras se llevaba su delicada mano a la boca.

—¡Por los mil demonios del averno, mujer! —exclamó histérica la prometida del comodoro olvidando toda delicadeza femenina y tomando a la sorprendida y paralizada ama de llaves por los hombros para sacudirla y hacerla hablar— ¡Habla de una buena vez! ¡Dime lo que le ha pasado al comodoro Norrington!

Recuperando nuevamente el habla, la pobre señora Konderhouse logró contarle todo.

—¡La tormenta de ayer, señorita Watson, se convirtió en una tempestad y un huracán destruyó toda la flota del señor Norrington!

—¡Oh, no! —exclamó horrorizada la joven Swann.

—¿Y que hay del comodoro? ¿En dónde está él? ¿Aún está con vida? ¿Ya ha partido alguna embarcación para buscar sobrevivientes? —quiso saber Jacky con una actitud bastante varonil.

—Nadie sabe nada acerca de él, señorita, pero el teniente que se quedó en el fuerte saldrá con la nave que queda a buscar supervivientes…

—¿Quién trajo esta noticia?

—U-unos pescadores, señorita Watson, encontraron a dos sobrevivientes y se volvieron inmediatamente para poner al tanto a la armada…

—¿Ya se le ha avisado a mi padre? —quiso saber Elizabeth.

—Unos de los soldados acaba de partir hacia su casa para ponerlo al tanto de la situación, señorita Swann… —no pudo contener más un sollozo y se tapó la boca con su delicado pañuelo de encaje blanco.

—… Pobre James… —murmuró la muchacha y volvió su atención hacia Jack, sorprendiéndola con una expresión seria en su rostro, distante, decidida y, hasta culpable...

"Todo esto ha sido culpa mía —pensaba mientras sentía que todo el peso del mundo le caía encima—, yo y mi estúpido orgullo… ¿Cómo podré soportar todo ahora que sé que lo amo de verdad?".

—Saldré a buscarlo —declaró de repente, hablando más con ella misma que con las demás, sorprendiéndolas. Pero cuando se dio media vuelta para marcharse, Elizabeth la tomó rápidamente por la muñeca y le dijo:

—¡Espera! ¿A dónde crees que vas? ¡No cometas una imprudencia! ¡En la condición en la que te encuentras ahora no puedes tomarte esa libertad! ¡Te pondrías en evidencia y a él también!

Jacky se volvió para recriminarle, pero se quedó paralizada al ver la expresión de dura advertencia en el rostro de la joven.

—Si amas a James como dices, no puedes actuar como una desenfrenada, debes quedarte aquí y esperar su regreso, aunque duela… O tal vez, si piensas en todo lo que vas a perder si te das a conocer ante los demás que no eres lo que dices ser, te haga quedarte aquí y esperarlo como una niña buena.

La capitana frunció el ceño bastante disgustada, ¿tan baratos consideraban las demás personas sus sentimientos?

—Si fuera William el que estuviera en los mismos apuros, ¿estás segura de que no removerías cielo e infierno para buscarlo?

Aquellas palabras tan llenas de verdad sorprendieron a la joven, y, derrotada, soltó la muñeca de la capitana Sparrow.

—Entonces… —dijo—, ¿realmente te enamoraste de él?

Jacky sonrió entre una expresión de burla y seriedad.

—¿Y quién dijo que lo amaba o no? —y, diciendo esto, se dio media vuelta y procedió a marcharse, pero esta vez, un voz femenina e imperiosa la detuvo en el acto. Esa voz era la de madame Annete Foubert.

—¡Alto allí! ¿A dónde cree que va usted? ¿Está huyendo luego de todo lo que provocó?

Poco a poco, mordiéndose nerviosamente los labios y poniendo cara de fastidio, la pirata se volvió de cara a la antigua institutriz de Norrington y la vio imponentemente de pie en las escalinatas de la casa, con los brazos en jarra y con miradas de puñal.

—¿Madame Foubert? —preguntó con una sonrisa frenética para luego extender los brazos con fingida alegría—. ¡Me alegra tanto de verla restablecida!

—¡Ja! ¡No me venga ahora con eso! A mi no le alegra para nada verla aquí, ¿sabe?

Confundida por semejante trato, ya que no conocía realmente a aquella mujer francesa tan antipática, Jacky quiso saber la razón de su hostilidad para con ella.

—Disculpe, madame, pero no entiendo por qué está molesta conmigo… —y pensó—: "Pero le daría la razón a este viejo loro si supiera que al pobre de Norry le pasó esta desgracia por mi culpa…, cosa que dudo mucho que se haya enterado…".

—¿Ah, no? ¡Sepa usted que por su culpa mi querido niño sufrió muchísimo!

Elizabeth no entendía nada, pero en cambio, la pobre capitana había comenzado a temer que la institutriz SÍ sabía las razones por la que Norry se había marchado y, por consiguiente, que se había enterado que ella era una pirata. ¿Pero cómo demonios se había enterado? Quizás los sirvientes habían escuchado algo… ¡Ah! ¡Esas viles víboras chismosas!

—Pero, señora, yo…

—¡Nada de "peros"! ¿Pero cómo se atreve a jugar con los sentimientos del joven Norrington? ¿Volver aquí con un motivo tan despreciable? ¡Sepa usted que jamás me convenció su actitud de damisela en apuros!

—Pero…

—Entre a la casa inmediatamente, señorita Watson, aunque quisiera, no puedo echar a la calle a la prometida de mi niño, pero si está en mis manos evitar que usted se comporte de manera indecorosa, sepa que no dudaré ni un segundo en obligarla a seguir las reglas básicas del decoro, ¿comprendió bien lo que le he dicho?

Tremendamente confundida sin saber si madame Foubert sabía o no acerca de su verdadera identidad, Jacky decidió obedecer sin chistar a sus mandatos, que de la manera en que estaban formulados, era imposible hacer caso omiso de ellos. Entró a la casa con "el rabo entre las patas", como suele decirse.

Con aspecto triunfante y majestuoso, madame se hizo a un lado permitiendo que la "avergonzada" prometida de James entrara con la cabeza gacha ante la sorprendida mirada de Elizabeth Swann.

—Y usted, señorita Swann, sepa que me ha decepcionado mucho cuando supe que rechazó al señorito Norrington para casarse con un simple herrero de pueblo. ¡Pero qué mala elección hizo usted! ¡Ha provocado que el niño se lance a los brazos de una cualquiera!

Furiosa, la joven cerró los puños con fuerza a cada lado de su cuerpo.

—Sepa usted, madame Foubert, que Will es una persona maravillosa y jamás me arrepentiré de haberlo elegido como a mi futuro esposol; y si James escogió a la señorita Watson como su compañera, debo aclararle que lo hizo porque la ama de verdad y no por despecho.

—¡Pero qué insolencia! ¡Su padre sabrá de su pésimo comportamiento!

—Él ya sabe absolutamente todo y está muy feliz por los acontecimientos —le replicó triunfante.

—¡Uf! ¡Pero qué inconciencia! ¿Acaso su padre no sabe que lo mejor para usted era casarse con un hombre de bien que le diera todo los gustos a los que está acostumbrada?

—Mi padre y James se dieron cuanta de que lo mejor para mí era casarme por amor y no por conveniencia, madame Foubert.

—Sepa usted, señorita Swann, que el amor perdura mejor con una buena posición social que en una choza donde no hay más que comer que pan y cebollas, se lo aseguro.

—Eso no es cierto.

—Lo es, se lo aseguro. El tiempo y las necesidades acaban con el amor por más fuerte que éste haya sido antes. La mujer se cansa muy rápido de vivir como una pordiosera y siempre le hará ver a su esposo lo fracasado que es, y éste, al final, también se cansará de las interminables quejas de su esposa y terminará por buscar "amor" en otra parte. Ésa es la dura realidad, mi querida jovencita, la vida no es color de rosa ni todo es miel y leche. Detesto a la oportunista que ha aprovechado la infelicidad de mi querido niño para enamorarlo, pero si llegara a saber que ella también lo ama, estoy segura de que el amor entre ellos dos será mucho más duradero que el de usted y su prometido.

—¡Oh! ¿Pero cómo se atreve…? ¡Sepa que yo estaría dispuesta a demostrarle lo contrario! ¡Aceptaría la prueba más difícil del mundo para demostrarle a usted lo mucho que amo a William Turner!

—Ten cuidado con lo que dice, señorita —la miró detenidamente—, su deseo podría hacerse realidad de la peor manera.

Dicho esto, entró a la casa, dejando muy furiosa a la pobre Elizabeth, pero también muy preocupada por su vaticino. ¡Jamás se hubiera imaginado la joven que más adelante tendría que poner a prueba lo dicho!

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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Notas de una Bloguera Arrinconada:
Hoy cuando salí a retirar una orden médica para que mi mamá se haga análisis, me crucé con esa amiga que me había gritoneado por diferencias políticas hace más de un año y a quien no volví a visitar nunca más. Nos saludamos al pasar, porque yo arrancaba mi moto y ella pasaba en poto con una nieta, ya que sus hijas ya son grandes. No sé qué pensará ella de mi, pero yo sigo sintiéndome muy mal por cómo ella me borró de su sistema cuando tuvimos esas diferencias, bueno, más bien ella la tuvo, porque a mi ni me van ni me vienen los políticos, no soy de las que los defienden poniéndolos por encima de las amistades y la familia. Lamentablemente ella es de esos, y por esa razón se enojó conmigo por haber votado al inútil de Milei, así que al diablo la invitación de ir al gimnasio juntas, a invitarme a almorzar a su casa... Me pareció una persona muy atrevida y sacada, gritándome por media hora que yo era una tonta... Si tan sólo ella diera el primer paso y me mandara una mensaje preguntándome cómo estoy, yo dejaría todo en el olvido, pero dudo mucho que lo haga, y menos cuando ya pasó más de un año de aquel desagradable incidente. Una verdadera lástima, la verdad, una amistad arruinada por el fanatismo...

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