Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 8: ¿Quién se Esconde Detrás de esa Máscara?

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Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 8¿Quién se Esconde Detrás de esa Máscara?

Mientras Will y Elizabeth seguían atendiendo con esmero a los invitados y, éstos disfrutaban de la fiesta, permanecían ignorantes ente lo que sucedía en la sala de estar del gobernador de Port Royal. Un plan maquiavélico se estaba gestando en su interior y un par de inocentes estaban cayendo redondos en él.

—Ez un enorme placer conocer al excelente gobernador que prezide éste lugar tan hermozo y paradizíaco —comenzó a adular "Juan de Los Gorriones" con la intención de sobornar con cumplidos al padre de Elizabeth, y lo logró espléndidamente.

—¡Oh no! El gusto es mío, señor…

—Juan de Loz Gorrionez, gobernador Swann —indicó a su "hermana"—. Y ella ez mi querida hermana, Juana de Loz Gorrionez.

La susodicha ni siquiera se movió cuando el gobernador dirigió su vista hacia ella, pero un buen puntapié de Jack en su tobillo (que nadie notó excepto un ligero quejido de la agredida) le hizo acordarse de sus "modales femeninos".

—Encantad…da de conocerlo, gobernador —se inclinó graciosamente ante él, entregándole delicadamente la mano para que se la besara.

La pobre Jacky tuvo que disimular la cara de asco cuando Swann le besó la mano, así que tuvo que cubrirse coquetamente con el abanico.

—Este es el comodoro James Norrington —les dijo mientras se los presentaba—, es el encargado de la seguridad de Port Royal (cosa que hace maravillosamente), y mi hombre de mayor confianza.

Con un brillo especial en los ojos, Jack le dio la mano al dubitativo oficial, quien lo miraba fijamente, receloso, como tratando de descubrir a la persona que había detrás de todo ese maquillaje. Luego, llegó el turno de presentarse a Jacky, quien no pudo evitar ponerse nerviosa con el solo hecho de sentir los labios de su "Norry" sobre la piel de su mano¡a pesar de que llevaba puesto guantes!

Una vez realizadas las presentaciones pertinentes, a la capitana Jacky le urgía quedarse a solas con su presa, así que decidió llevárselo de allí y comenzar a ganar la apuesta.

—¡Oh, bien! —comenzó a decir con coquetería exagerada—Zi vozotroz penzáiz en hablar de negocioz, coza que me aburre de zobremanera, me guztaría que ezte apuezto oficial me acompañe al zalón de baile para prezentarme a vuestra hija y a zu prometido —se volvió hacia el asombrado James—. Y zi usted quiere, comodoro, me encantaría conocer la caza y hazta bailar una pieza con uzted.

—¿Conmigo? Pero…

—Nada de "peros", comodoro Norrington —lo interrumpió el gobernador Swann—. Es su deber acompañar a la dama esta noche hasta que el señor De Los Gorriones y yo terminemos de hablar de negocios.

—Como usted ordene, Señor —asintió el aludido más por cumplir con su deber que por propio gusto, aunque no quería admitir que algo, en esa mujer, le hacía recordar a su amor perdido, Jacky Sparrow.

—¡Oh¡Magnífico! —exclamó felicísima Juana De Los Gorriones batiendo las palmas y dando saltitos. Entonces, se le acercó a un molesto Jack Sparrow y le dijo:

—Noz vemoz, hermanito, vos podéiz quedaroz a hacer vueztro aburrido "negocio" con el gobernador mientraz yo voy a divertirme un poco con el comodoro… —bajó la voz—. Prepárate a perder la apuesta, "hermanito".

Y bajo la furiosa y preocupada mirada del capitán del Perla Negra, la atolondrada pirata, disfrazada de doncella, se llevó a rastras al pobre oficial tomándolo de la mano y sacándolo apresuradamente del salón.

El padre de Elizabeth estaba algo sorprendido y escandalizado, miró a su invitado como pidiendo alguna explicación por la desfachatez de su hermana.

Sonriéndole un tanto nervioso, el aludido comentó:

—Jeh, dizculpe a mi hermana, vueztra excelencia, ella nunca aprendió los buenoz modalez propioz de una dama de su alcurnia¿sa-zabéis?

Weathervy Swann se preguntó entonces si acaso también Juan De Los Gorriones no había aprendido esos modales que evidentemente tampoco tenía.

—¡Ejem! —carraspeó—. ¿No le parece si mejor comenzamos a hablar de ese "negocio redondo" por el que vino aquí?

—Claro, claro. Para ezo he venido… —replicó de mala gana, pues a él también le hubiera gustado muchísimo ir a divertirse en la fiesta y tomar hasta el hartazgo.

—Llamaré al sirviente para que nos traiga las bebidas y algo para comer mientras conversamos… —comenzó a decir el gobernador mientras se sentaba frente a su escritorio.

—¡Excelente¡Llamadlo¡Llamadlo¿A qué eztá ezperando? —lo apremió mientras lo obligaba a levantarse y a empujarlo hacia el pasillo para luego tomar asiento de forma muy poco decorosa con el ánimo renovado después de escuchar que le traerían bebida y comida gratis. ¡Ya se encargaría de su "hermanita" más adelante!

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Mientras tanto, en uno de los balcones de la mansión Swann, el ama de llaves de la familia Norrington, Annete Foubert, se encontraba afirmada a la barandilla. Miraba hacia la hermosa luna perfectamente circular y plateada que se hallaba suspendida en el centro del oscuro cielo abovedado lleno de estrellas titilantes. Una profunda expresión meditabunda en rostro demostraba que algo la preocupaba muchísimo.

El único tema que acaparaba todos sus pensamientos era, sin lugar a dudas, el del doctor Christian Jacobson. ¿Por qué él se empeñaba tanto en demostrarle que la amaba? Estaba segura de que así era en realidad, pero ella jamás había tenido un novio en su vida porque nunca había estado interesada en nadie. Pero ahora… Ahora no sabía qué pensar, todos aquellos sentimientos extraños eran nuevos para ella, jamás los había experimentado. ¿Qué era amar a un hombre¿Cómo se sentía besarlo? Ahora que lo pensaba mejor¡era ridículo que una mujer de su edad nunca hubiera besado a alguien¿Tenía miedo?, sí; ¿Estaba confundida?, sí; ¿Estaba enamorada?, definitivamente, sí, y era eso lo que la aterrorizaba y la confundía al mismo tiempo.

El ama de llaves emitió una pequeña risita de autocompasión. Era gracioso, pensaba. Ella, Annete Foubert, quien jamás se había sentido confundida en su vida, ahora un simple doctor le hacía perder la cabeza.

Se reacomodó sobre la barandilla y llevando la mano hacia su mentón, nuevamente se quedó pensativa. Se preguntaba si acaso él había notado que le provocaba ese efecto en ella. Él era un hombre muy inteligente, tan inteligente como ella¡seguro que ya lo hubiera descubierto! Y aunque le asustaba tener un compromiso con él, muy en su interior, deseaba vivir junto con Christian lo que les quedaba de vida y amarlo como nunca antes lo había hecho.

—La luna está realmente hermosa¿no es así, madame Foubert?

—¡Oh! —exclamó sobresaltada la mujer, dándose de golpe con el doctor a su lado, apoyado tranquilamente en la baranda. ¡No lo había visto venir!

Pudo reponerse enseguida y, tragando un poco de saliva, trató de contestar con un tono lo más natural posible:

—Estoy de acuerdo con eso, monsieur Jacobson.

Christian no llevaba la máscara puesta, así que Annete pudo notar en su rostro sereno, una pequeña sonrisa; no una de burla, sino una muy sincera.

—Annete… —la miró, sus bellos ojos celestes decían más que mil palabras.

"¡Oh, Dios mío! —Pensó aterrada mientras su corazón comenzaba a latir a toda velocidad—. ¡Oh, Dios mío¡Va ha decírmelo!"

—Mi querida Annete¿por qué salió usted disparada del salón¿Acaso ya no soporta mi presencia? … —su tono se volvió triste—. Si lo desea, puedo desaparecer de su vida con tan solo una orden suya…

—¡Oh, no, no¡Jamás le pediría algo así!

La francesa se mordió los labios de inmediato, refrenando su impulso de abrazarlo y lamentándose por haber sido tan franca. Nerviosa, comenzó a retorcerse las manos y a mirar hacia el piso. El doctor, pudiendo por fin comprender los sentimientos y pensamientos de Annete, la tomó suavemente de las manos a la vez que él también bajaba la mirada. Sintió cómo las manos de ella comenzaban a temblar bajo su tacto.

—Mi querida Annete… —repitió dulcemente—¿entonces usted me ama¿Me ama de verdad?

Ella no respondió, ni siquiera se atrevía a alzar la cabeza, estaba roja como un tomate. Pero en cuanto pudo dominar sus alborotados sentimientos, se decidió a no hacérselo tan fácil, aún amaba mucho su libertad como para dejarla ir.

Alzó la cabeza y lo miró firmemente a los ojos, desembarazándose bruscamente de sus manos.

—No sé si lo amo, no sé tampoco si usted me agrada realmente, monsieur Jacobson.

—¡Pero, mi querida Annete¡Es tan evidente! Dígame¿a qué le tiene miedo?

—¿Miedo…? —la pregunta la pilló desprevenida, era como si él le leyera la mente tanto como ella a la de él—… Yo, yo no tengo miedo.

—Por favor, Annete¿por qué no es más sincera con sus propios sentimientos?

—¡Jah! —exclamó con sarcasmo mientras le daba la espalda—¿Qué sabe usted de mis sentimientos¡Si apenas acabamos de conocernos hace tan solo unos días!

El doctor estaba un poco desconcertado, pero como sentía que ella también lo amaba, no quiso darse por vencido.

—Annete… —comenzó a hablar dulcemente mientras se acercaba a ella y le colocaba las manos sobre sus delgados hombros—¿acaso no se ha dado cuenta que tan solo en unos pocos días hemos llegado a conocernos tan bien como si nos hubiéramos conocido durante toda la vida?

Ella lo miró de soslayo, sabía que él tenía toda la razón, pues ella también se había percatado de ello.

—Es por eso que no quiero tener nada con usted, monsieur —fue la dura respuesta de la mujer.

Impactado, Christian bajó los brazos, aquellas palabras se habían clavado como agujas en su apacible y bondadoso corazón.

Annete siguió de espaldas a él, no tenía el valor suficiente como para mirarlo a la cara.

—Soy una mala persona, alguien que no tiene corazón. Es por eso que decidí vivir mi vida sola y jactarme de mi independencia, monsieur Jacobson, hago lo que quiero cuando quiero… —suspiró tristemente—Alguien tan bueno como usted no merece a alguien como yo.

—Pero, madame, eso es mentira, en todos nosotros siempre hay algo de bondad en nuestro corazón…

Annete rió con ganas.

—¡Qué inocente es usted, monsieur¿Aún con toda la maldad que hay en este mundo usted cree en esa utopía?

—Con toda firmeza, Madame. Y también creo en usted sin lugar a dudas.

Ella calló¿cómo podía negarse a amar a un hombre tan maravilloso¡Si tan solo tuviera el valor de admitir que lo amaba¡Oh¡Tonto orgullo!

—Márchese, monsieur Christian Jacobson, le sugiero que no pierda su valioso tiempo conmigo.

—No considero que estoy perdiendo mi tiempo con usted, Annete —replicó enseguida—. Me marcharé porque es su deseo, pero la estaré esperando en la playa si cambia de opinión.

Luego de mirarla quedamente por unos instantes, el doctor se dirigió hacia la puerta para marcharse, pero antes de que lo hiciera, decidió decirle lo último que le quedaba por decir, algo que quizás ablandaría el corazón de la francesa.

Se dio vuelta para mirarla.

—¿Acaso tiene tanto miedo de amar, Annete¡Tan solo déme una oportunidad para demostrarle el inmenso amor que siento por usted¡De demostrarle que usted puede amarme sin ningún temor a lastimarme! … Piénselo bien, por favor.

Dicho esto, se dispuso a cruzar el umbral de la puerta, pero antes de que lo hiciera, escuchó a Foubert decir:

—Espéreme en la playa, Christian, le daré mi respuesta en cuanto decida qué hacer con mi vida.

El doctor Jacobson no tenía idea de lo mucho que le había costado decir eso a Annete, pero, sin que esta lo viera, ya que seguía vuelta de espaldas, su rostro se iluminó de alegría.

—La estaré esperando, Annete, siempre la estaré esperando.

En cuanto Christian Jacobson desapareció del balcón, Annete no pudo reprimir un terrible sentimiento de soledad en su alma; todo el brillo de la alegría y la esperanza que había iluminado aquel lugar, se había marchado junto con la presencia de aquel hombre tan bondadoso. ¿Cómo había podido negarse a su pedido de amor¿Cómo podría vivir sin él lo que le quedaba de vida¿Vivir sola y amargada por culpa de su orgullo y ciega independencia¡Tonta¡Más que tonta! Pero…, tenía tanto miedo de amar, tanta vergüenza de tener que admitir a los demás que bajaba la cabeza para casarse ¿después de haber hablado tan mal del matrimonio¡Tenía tanto miedo de herir a ese hombre tan maravilloso! Pero…,¡lo amaba tanto!

—¿Qué es lo que voy a hacer? —se preguntó muy afligida mientras se reafirmaba a la balaustrada del balcón y se tomaba la cabeza con ambas manos. ¡Debía tomar una decisión y hacérsela saber a Christian cuanto antes! Pero estaba muy confundida, muy confundida¿sería capaz de darse una oportunidad de amar?

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A todo eso, la revoltosa pirata, quien estaba vestida como una doncella española, había llevado al comodoro Norrington hasta el salón de baile con pasmosa velocidad y no le soltó de la mano hasta que llegaron. La música y el ambiente alegre del entorno, pusieron a nuestra protagonista muy contenta y dicharachera.

—¡Me encantan laz fieztaz! —dijo mientras miraba ilusionada a su alrededor.

James, un tanto nervioso por la presencia de aquella mujer tan extraña y extravagante, (pero atrayente), decidió que al mal paso darle prisa.

—¿Quiere bailar?

A Jacky se le borró la sonrisa en el rostro y miró aterrorizada la mano que él le tendía. ¡No lo podía creer¡Allí estaba el tonto de Norry pidiéndole que bailara con él¿Pero qué se había creído¡El capitán Jack Sparrow jamás bailaba con otro hombre…! Pero por otro lado…, tenía que ganar la apuesta como sea, costara lo que le costara, lograría hacerse con el Perla Negra, así tuviera que bailar con el mismísimo Lucifer… Pero Norrington no era Lucifer, era su Norry¡y se lo veía tan apuesto con ese traje oficial de ceremonia!

La capitana sacudió la cabeza como tantas veces hacía cuando se le cruzaba un pensamiento similar¿cómo se le ocurría pensar en que el comodoro Norrington se veía apuesto¡Jack Sparrow era un hombre, por el amor de Dios¡No podía gustarle otro hombre!

"Esto lo hago por el Perla Negra" —se mintió a sí misma/o.

—¡Claro que quiero bailar! —aceptó efusivamente haciendo una típica inclinación femenina para darle las gracias. (Jacky odiaba esos modales, pero… ).

Entonces, ambos se dirigieron hacia el centro del salón en donde estaban bailando otras parejas y se unieron a ellas.

En ese momento, los músicos estaban tocando una hermosa pieza de Vivaldi llamada "Las Cuatro Estaciones".

Todas las parejas se pararon en dos filas enfrentadas, una de mujeres y otras de hombres, a una distancia de 1 metro más o menos, entonces comenzaron a danzar al compás de la música luego del saludo inicial con una elegante inclinación. Con las manos hacia atrás, todos dieron un paso adelante y luego otro más, quedando frente a frente con su pareja a sólo unos pocos centímetros de distancia, luego, se hicieron a un lado y dando un par de pasos más, se situaron en el sitio que había ocupado antes su compañero de baile. Entonces, todos los danzantes se cruzaron con el compañero de al lado y, dando un paso hacia delante, las parejas se tomaron de la mano a la altura de sus rostros y con una mano hacia atrás, mirándose a la cara, giraron graciosamente hasta tomar sus antiguos lugares.

Y la armoniosa danza siguió con los mismos pasos repitiéndose una y otra vez, siendo muy divertida para todos quienes la disfrutaban muchísimo. Pero la que más se divirtió con el baile, fue la capitana del Perla Negra, quien no perdía ocasión de acosar al pobre comodoro cada vez que se cruzaban, ya que, aprovechando su proximidad, le rozaba suavemente el rostro con la mano, poniéndolo muy nervioso. Pero justo cuando éste estaba por protestar por la actitud tan descarada de la mujer, ésta se quedó plantada en un solo lugar dejando de bailar y quedándose muy quieta mirando con los ojos desmesuradamente abiertos más allá de James. Asustado, Norrington quiso saber lo que le pasaba.

—¿Le ha ocurrido algo, señorita¿Se encuentra usted bien?

Pero en cuanto se acercó a ella, ésta reaccionó de repente y lo tomó fuertemente del brazo y se lo llevó a rastras detrás de ella.

—¡No me dijizteiz que eztábamos en el paraízo!—exclamó muy excitada Juana De Los Gorriones.

El pobre oficial no podía entender muy bien a lo que ella se refería, pero en cuanto llegaron a la mesa de bebidas, comprendió a que se refería a eso, pues la invitada española comenzó a beberse, con radiante felicidad, cada copa que se le cruzaba en frente. Con cara de pocos amigos, James se cruzó de brazos y esperó estoicamente a que la mujer terminara de emborracharse. Pero grande fue su sorpresa al notar la increíble capacidad para soportar la bebida que tenía Juana, pues seguía tan lúcida como si estuviera tomando agua.

Jacky Sparrow, muy animada por la bebida, de tanto en tanto miraba se soslayo a su compañero, notándolo cada vez más guapo. ¡Tenía unas ganas tremendas de fastidiarlo¿Y quién iba a detenerla? Pues, nadie.

Poco a poco la desenfrenada pirata comenzó a acercarse furtivamente al desprevenido oficial de la marina, quien estaba de espaldas a la mesa mirando muy entretenido cómo bailaban a las parejas, sin pensar siquiera en las malas intenciones de su inoportuna pareja. Una vez que estuvo lo suficientemente cerca de él, miró directamente hacia su "retaguardia" y pensó que sería muy divertido pellizcársela para ver cómo reaccionaba. Entonces, ya pensada la maldad, Jacky comenzó a bajar lentamente su mano hacia su objetivo, mirando de refilón a su victima, quien seguía inocentemente entretenido con lo que veía frente suyo. Pero, cuanto ya estaba a punto de lograr su cometido, un saludo inesperado la sobresaltó, tanto a ella como a Norrington.

—¡James! Veo que estás acompañado¿podrías presentármela? —pidió una sonriente Elizabeth, quien se había acercado hasta allí con el joven Will Turner.

—Con gusto —asintió el aludido—. La señorita viene de España y se llama Juana De Los Gorriones.

—¿De España? —replicó Will un tanto inquieto, pues sabía muy bien que los españoles eran enemigos jurados de los ingleses.

—¿De Los Gorriones? —replicó también la muchacha mientras observaba detenidamente a la sonriente mujer haciéndole una venia.

—Sí. De Los Gorriones… —repitió Norrington a la vez que también miraba significativamente a la portadora de dicho apellido.

Tanto James como Elizabeth tenían alguna noción del idioma español y, ambos sabían que "Gorrión" en Inglés, se decía "Sparrow".

—Está demasiando pintada¿no crees? —le murmuró Elizabeth a su prometido.

—Sí, es como si estuviera tratando de ocultar algo —le respondió Will por lo bajo, sin que ambos dejaran de observarla detenidamente.

Sintiéndose muy incomodada por la manera en que los tres la miraban, Jacky no pudo evitar ponerse nerviosa y algo molesta, así que decidió ponerse a la defensiva y hacerle pasar un mal rato a los dos.

—¿Uzted ez la señorita Elizabeth Zwann, hija del gobernador Weathervy Zwann, verdad?

—Así es. ¿Cómo lo sabe?

—¡Oh! Me di cuenta porque vozotroz tenéiz la mizma inteligencia.

—¿Eh? —exclamó sorprendida.

Tanto Will como James estaban sorprendidos, no sabían si tomar eso como un halago o una afrenta. Pero la hija del gobernador supo muy bien lo que era y procedió a devolver el ataque, pero Jacky fue más rápida que ella.

—Y zupongo que él ez vueztro prometido… —Sparrow se le aproximó diciendo todo eso con una malintencionada sonrisa sarcástica y con sus manos típicamente alzadas a los lados.

—Sí, pero… —Elizabeth no pudo terminar de hablar, pues se escandalizó al ver cómo la maleducada española se colgaba del cuello de su avergonzado y sorprendido novio

—¿Eztáiz zeguro de que ella te zerá fiel, muchacho? —Jacky le dijo al pobre de Will mientras le acariciaba la cabeza—. En nueztro encuentro anterior os dije que ella oz rompería vueztro corazón.

—¡¿QUÉ DIJISTE?! —exclamó la joven Swann muy alborotada, mirando a la española y a Will alternadamente, deseando asesinar a una y ahorcar al otro. Furiosa, apartó a la atrevida mujer de su prometido y exigió una explicación creíble a todo eso. Las personas que estaban cerca de allí y, que pudieron escuchar la alterada exclamación de Elizabeth, comenzaron a observar la escena con mucho interés. Gratamente sorprendido y mientras tomaba otra copita de whisky, el comodoro Norrington se dedicó a mirarlos alternadamente a medida que iban hablando.

—¡P-pero, Elizabeth¡No tengo la menor idea de lo que está hablando esa mujer! —se defendió el pobre muchacho—. ¡Ni siquiera la conozco!

—¡No me mientas¡Eres un mentiroso¿Cuándo fue que la conociste?

—¡Recién la conocí aquí!

Jacky, divertida con la situación, no pudo evitar echarle mas sal a la llaga.

—¡Oh¡Qué mentirozo erez! —exclamó sollozante—. ¡Me haz roto el corazón¡Y penzar que yo vine a evitar ezte compromizo porque tú me habíaz propuezto matrimonio¡Buuuaaaaaaah! —comenzó a derramar lagrimas de cocodrilo mientras se cubría el rostro con ambas manos.

—¡¿Lo escuchaste¡Le prometiste casarte con ella también! —lo acusó Elizabeth completamente histérica.

—¡¡Pero es mentira¡¡Jamás la vi en mi vida¡¡Te lo juro!! —exclamó el pobre muchacho que ya estaba a punto de crisparle los nervios.

—¡¡Tú eres el mentiroso, William Turner¡Te advierto que esto no va a quedar así¡Me has insultado a mi y a mi familia!

—¡Oh¡Ezperáiz! —la interrumpió la española interponiéndose entre los novios.

—¿Acabáiz de decir que vueztro nombre ez William Turner? —inquirió acercándose exageradamente a la pobre chica, quien podía sentir un extraño aliento a ron de su boca.

—S-sí… ¿Por qué me lo pregunta?

—¡Oh¡Perdonad, queridoz míoz¡Me equivoqué¡Qué vergüenza! —exclamó mientras ponía cara de palomita inocente y se llevaba ambas manos a las mejillas.

—¿¡Cómo!? —dijeron al unísono los sorprendidos Will y Elizabeth.

Entonces, Jacky se dirigió inmediatamente hacia el consternado muchacho y le sacó el antifaz para examinarlo mejor. Se le acercó tanto que el joven herrero pudo oler algo de ron en ella e hizo una mueca de disgusto.

Luego de observarlo detenidamente por unos momentos, la mujer española torció el gesto haciendo una negativa con la cabeza.

—No, me equivoqué. Voz no zoiz Zancho, mi ex prometido. Él era mucho máz apuezto que voz y no tenía cara de eunuco…—se apartó del extrañado muchacho y los miró a los dos sin un rastro de arrepentimiento en su embadurnado rostro enmascarado—. Ziento muchízimo haberlez hecho pazar ezte momento terrible. Con zu permizo, me marcho.

Ya se había dado media vuelta para retirarse, pero, de pronto, se quedó quieta por unos segundos como si acababa de recordar de algo importante. Volvió a darse media vuelta y les dijo:

—¡Ah! Me olvidaba. Felicidadez por vueztro compromizo.

Y entonces, Jacky se marchó con una malvada sonrisa en el rostro llevándose consigo al comodoro Norrington tironeándolo del brazo bajo la mirada consternada y confundida de los dos jóvenes novios. Ninguno de los presentes había entendido con claridad lo que había acabado de suceder.

—Creo que nos tomó el pelo, Elizabeth… —pudo decir el muchacho.

—Creo que sí… —respondió la chica algo pensativa.

—¿No crees que su "español" es algo rebuscado?

La joven Swann asintió lentamente.

—Y también su apellido se me hace algo extraño, como si sugiriera algo.

Tanto Will como ella creyeron reconocer a alguien muy conocido bajo esa fachada de mujer española, pero eso sería demasiado improbable


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Mientras tanto, en la playa, bajo la pálida luz de la luna, el doctor Christian Jacobson caminaba lentamente con las manos hacia atrás, mirando tranquilamente hacia las hermosas estrellas que resplandecían en el oscuro cielo.

Era paciente, y esperaría la llegada de Annete con toda calma para escuchar su respuesta, fuera la que fuera, él estaba preparado para escucharla y aceptarla con su acostumbrada estoicidad. Claro que le gustaría escucharle decir que lo amaba y que deseaba casarse con él, pero, aquello iba a ser un tanto difícil, ya que había visto el miedo y la confusión en el corazón de Annete. Quedaba en ella aclarar sus sentimientos de una vez y llegar a una conclusión.

¡Como le gustaría que ella lo aceptara¡Como deseaba poder amarla¡Como quería poder hacerla feliz¡Oh, Annete¿Por qué no era capaz de permitirse ser realmente feliz?

Christian se detuvo y miró hacia el lejano horizonte del mar. ¡Todo aquel lugar era tan hermoso y paradisíaco¡Era especial para declararse mutuo amor eterno!

Suspiró, soñando una vida tranquila y feliz viajando por todo el mundo junto a su querida Annete y pasando sus últimos días juntos en una hermosa casita de campo en las afueras de Paris o Londres… ¡Estaba seguro de que por fin había hallado a la compañera ideal después de tanto tiempo desde la muerte de Marie!

Suspiró de nuevo acariciando aquel deseo tan anhelado, pero entonces, algo lo sacó de su ensimismamiento y lo volvió a la realidad.

Christian había distinguido a una mujer envuelta en un hermoso vestido celeste que venía caminando a lo largo de la playa.

A medida que ella se iba acercando a él, el doctor pudo notar que era una mujer hermosa, casi etérea, angelical; su largo cabello rubio y ondulado parecía flotar al igual que su vestido casi de princesa. Su rostro era terso y hermoso, sus facciones eran perfectas, su piel era de un suave color rosa pálido. Llevaba un abanico de plumas de color blanco, guantes del mismo color, aros de pluma blanca, un escote pronunciado que mostraba sus sensuales pechos, un traje celeste bien ceñido a su cuerpo esbelto y también llevaba en la mano un antifaz blanco perlado.

Aquella mujer era nada más ni nada menos que era la verdadera apariencia del almirante George Jacobson: Isabel Jacobson.

—¿Isabel? —preguntó un tanto ofuscado si tío en cuanto la tuvo lo suficientemente cerca.

La hermosa mujer se detuvo frente a él y sonrió.

—Sí, tío, soy yo.

—¡Oh¡Esto es… maravilloso! —exclamó lleno de felicidad mientras extendía sus brazos y comenzaba a rodear a su sobrina para poder admirarla mejor—. ¡Estás preciosa¡Pareces una princesa! No¡un ángel!

La joven mujer se ruborizó, era la primera vez que escuchaba que su tío le decía cosas tan bonitas.

—Muchas gracias, tío. No quise decirte nada sobre esto porque quería darte una sorpresa.

—¡Y me la diste, querida! —la miró lleno de orgullo—. ¡Es magnífico escuchar tu verdadera voz¡Es igual a la de tu madre, querida mía! Pero dime… —se puso serio—. ¿A qué se debe este cambio¿Acaso piensas ir a la fiesta vestida así?

Isabel no dijo nada de inmediato, pero su tío puedo adivinar con certeza sus verdaderas intenciones al mirar directamente a los hermosos ojos azules de su sobrina.

—No lo hagas… —suplicó.

Pero ante ese pedido tan sincero, la expresión bondadosa y angelical de la muchacha se transformó en una de fuerte determinación y fiera terquedad.

—No me pidas eso, tío, que estoy decidida a hacerlo.

—¡Pero vas ha destruir la amistad que tienes con James! —la tomó de ambos brazos, desesperado—. ¡No te arriesgues así, por favor!

—¡¡No!! —se sacudió bruscamente, desembarazándose de las manos de su tío—. ¡Estás muy equivocado, tío¡James va a ver en mí a la verdadera Isabel y va a pedirme en matrimonio en cuanto se de cuenta que me ama¡De eso estoy segura!

Christian comenzó a desesperarse cada vez más, no sabía como hacer para que su sobrina entrara en razón.

—No será así, mi querida Isabel, él te ve a ti como a su mejor amigo, no como a una posible esposa. Además… —dudó en decirlo—, tú bien sabes que él aún sigue enamorado de aquella pirata, de Jacky Sparrow...

Aquel nombre apenas pronunciado con la intención más franca, provocó en Isabel una furia irracional incontenible y, sin que el doctor Jacobson se lo esperara, ella lo tomó del brazo y lo empujó con fuerza hacia el suelo arenoso. Christian cayó de bruces al suelo y, tirado en la arena, miraba hacia el suelo arenoso con los ojos completamente abiertos, aún sin poder creer lo que había acabado de suceder.

—Jamás vuelvas a pronunciar ese asqueroso nombre en mi presencia, jamás —Ella pronunció aquellas palabras con una frialdad terrible, sus ojos centellaban por la rabia que sentía en su interior.

Se dio media vuelta para marcharse, pero su tío, testarudo como ella, no iba a permitir que se fuera a aquel desafortunado baile para echar a perder toda su vida y la de su amigo.

Sin levantarse del suelo, la tomó de la falda con ambas manos, deteniéndola.

—¡Isabel¡Por favor¡No lo hagas! —le rogó—. ¡Escúchame¡Vas a arrepentirte!

—¡¡Ya basta!! —Iracunda, ella sacudió la pierna tan fuerte, que volvió a lanzarlo contra la arena—. ¡Ni aunque me lo pidas de rodillas lograrás detenerme¡Yo ya soy una adulta y sé muy bien lo que hago!

El doctor Jacobson quiso protestar, pero al leer una terrible mirada de advertencia en los ojos de su sobrina, se abstuvo de hacerlo.

—No te entrometas, tío —amenazó con voz sibilante—, o nunca más volverás a estar a mi lado.

Y sin decir nada más, se fue rumbo a la mansión del gobernador Swann, dejando a su tío sentado sobre las arenas de la playa, cabizbajo y con los hombros caídos.

Entonces, Christian Jacobson alzó su triste mirada hacia el cielo y, con el corazón roto, murmuró quedamente mientras las lágrimas comenzaban a recorrer su rostro:

—El destino está comenzando a delinearse fatalmente para ti, mi querida Isabel. ¿Por qué siento que ya nunca más volveré a verte como eras antes?

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El baile ofrecido por la hija del gobernador, Elizabeth Swann, estaba llegando a su clímax, muy pronto anunciarían el compromiso y la fecha en el que se realizaría el compromiso de su hija. Pero hasta que eso se diera, Jacky Sparrow seguía entreteniéndose con su presa, el pobre comodoro James Norrington, quien ya estaba al borde de la embriaguez a causa de su nueva afición a la bebida alcohólica.

Jacky lo miraba de soslayo, muy intrigada por aquella actitud tan inusitada en él. ¡Se moría de ganas por saber el porqué!, pero sería el propio comodoro quien le diría la razón, una razón que la sorprendería y la llenaría de disimulada felicidad.

—Usted les ha jugado una broma muy pesada a esos dos, señora —dijo James al fin mientras se servía otra copita de Gin—. ¿Por qué lo hizo?

La falsa española se alzó de hombros con indiferencia.

—La pequeña ze cree la gran coza, zupongo que por ezo lo hice…

Norrington se rió de buena gana y murmuró:

—A veces, cuando la miro a usted caminar, actuar y hasta hablar… —dirigió su vista hacia la capitana, quien lo escuchaba con mucha atención—, veo en usted a la mujer que más he amado en toda mi vida.

—¿Y-y cómo se llamaba esa mujer? —apenas pudo formular la pregunta de lo sorprendida que había quedado.

—Jacky Sparrow —fue la esperada pero asombrosa respuesta—. ¿Es un nombre muy extraño, verdad?

Jacky no contestó, pero pudo evitar ponerse colorada por la ansiedad que sentía y se volvió hacia la mesa de bebidas para tomar una copa de ron.

—¿Y qué fue de eza mujer? —preguntó sin atreverse a mirarlo.

James suspiró y miró tristemente la copa que tenía en sus manos para luego beber su contenido.

—Desapareció —dijo—, y nunca más volví a saber de ella.

—¿La extraña? —se dio media vuelta para mirarlo muy interesada.

El comodoro Norrington se quedó unos momentos mirándola con fijeza, como si realmente le estuviera hablando a la mujer que tanto extrañaba. La capitana del Perla Negra no pudo evitar pensar que él ya la había descubierto.

—La extraño cada segundo de mi vida… —se acercó lentamente.

—¿Y-y qué le diría si la tuviera en frente? —Jacky sintió que el corazón comenzaba a latirle con tanta fuerza que hasta parecía querer salírsele del pecho.

—… Le diría que, sin ella, mi vida no tiene ningún sentido. Que me hace mucha falta su alegre e impetuosa presencia para sentirme vivo una vez más… —se acercó otro poco más—… ¡Y le juraría amarla profundamente durante toda la eternidad!

Y sin que Jacky pudiera evitarlo, James la tomó de los hombros y la miró con los ojos arrasados en lágrimas.

—Jacky… —su voz sonaba estrangulada por el dolor y la esperanza—¿eres tú¿Eres tú en verdad?

Con lo ojos enormemente abiertos, nuestra protagonista se quedó completamente petrificada por la sorpresa de haber sido descubierta.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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