Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 16: La Partida de Un Amor
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Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo!
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
Capítulo 16: La Partida de Un Amor
James no tenía idea de cuanto tiempo se había quedado dormido en la bañera pero cuando se despertó sentía bastante frío, pues la tibieza del agua había desaparecido y, si no fuera aquella noche un tanto calurosa, hubiera pescado de seguro un buen resfriado. Se había olvidado completamente de Jacky, así que cuando se sacó el paño de los ojos, grande fue su sorpresa cuando la encontró parada frente suyo, con una botella de whisky en la mano, vistiendo un largo camisón femenino lleno de vuelos y encajes, mirándolo con una expresión tan lujuriosa que lo asustó.
—Ya era hora de que despertara —le dijo—. Hace quince minutos que estoy aquí. Me metería al agua con usted, pero el baño y yo no nos llevamos muy bien, ¿savy?
Luego de quedársele mirando como un estúpido durante unos segundos, el comodoro Norrington se puso bastante azorado.
—¿P-pero qué haces aquí? ¿Es que no tienes un poco de decencia?
Y haciendo como que estuviera midiendo una pequeña fracción de aire con los dedos meñique índice y pulgar, la pirata declaró descaradamente:
—No, ni un poquito de decencia, comodoro.
—Pues yo sí, así que vete de aquí —replicó molesto.
—¡Oh, vamos! ¡No sea tan aguafiestas, comodoro! —rebatió Jacky mientras se agachaba aferrándose en el borde de la bañera con la mano que le quedaba libre, mostrando sus bellos atributos femeninos—. Vine a divertirme un rato con usted.
James frunció el entrecejo.
—Puede que sea divertido para ti, pero para mí no lo es, así que vete de una vez y déjame solo.
—¡Uuuuh! ¡Me parece que ahora estamos de muy mal humor! —se burló la pirata mientras se sentaba el borde de la tina y se llevaba la botella a la boca y bebía su fuerte contenido—. Creo que deberé hacer algo al respecto… ¿No quiere algo de whisky? Le aseguro que lo pondrá muy jocoso…
—¡No! ¡Y claramente te he dicho que no volvieras a tomar!
Sonriente, y desafiándolo, la capitana Sparrow se llevó otra vez aquel liquido a sus seductores labios.
—Usted solamente se refirió al ron, nunca habló del resto de las bebidas…
Al saberse pescado por su propia regla, James Norrington dio un bufido de fastidio y se cruzó de brazos hundiéndose en el agua hasta el mentón. Mirándolo detenidamente, a Jacky se le ocurrió comprobar algo que le habían ducho respecto a los finos caballeros ingleses, así que, sin previo aviso, metió la mano al agua y, tomando uno de los tobillos del hombre, levantó bruscamente la pierna hacia fuera del agua provocando que su pobre dueño se sumergiera completamente bajo el agua, agitando sus brazos como un desesperado.
—¡Vaya! ¡Lo que me dijeron era verdad! —exclamó asombrada—. ¡Ustedes se afeitan las piernas!
Apenas hubo terminado de decir esto, James logró aferrarse de los bordes de la tina para poder sacar su cabeza de debajo del agua y comenzar a respirar agitadamente.
—¡Va-váyase inmediatamente de aquí si no quiere que le prohíba beber hasta el agua! —exclamó furioso.
Viendo que lo único que había logrado era enfurecerlo aún más, la pirata se alzó de brazos bastante indiferente a esa amenaza y le soltó la pierna, que cayó pesadamente al agua provocando un buen salpicón.
—Bueno, me voy —dijo ésta mientras se levantaba con su acostumbrado vaivén—. Viendo que usted se ha dispuesto a ponerse de muy mal talante, no le veo la gracia permanecer aquí por más tiempo.
Pero, cuando apenas dio un paso bajo la enojada mirada de su "prometido", el agua que había caído al suelo le provocó un inesperado resbalón que la obligó a dar unos bruscos y cómicos patinazos hasta que la capitana Jacky Sparrow cayó sobre la tina justo sobre el sorprendido Norrington, dándose un buen chapuzón y quedando cara a cara frente a él, quien la miraba con los ojos bien abiertos por la sorpresa.
Jacky hizo una mueca de asco.
—¡Aaagh! ¡Odio el agua jabonosa! —exclamó molesta mientras se sentaba sobre las piernas de Norrington y sacudía las manos tratando vanamente de sacarse el agua de encima. La botella de whisky había caído al suelo, afortunadamente, sin romperse.
Cuando la capitana Sparrow por fin fijó su atención sobre el comodoro, notó que este aún la miraba en completo silencio pero con la cara tan roja como un tomate. La razón era que el delicado camisón que ella llevaba puesto (muy a su pesar) se había mojado completamente y ahora contorneaba sus simétricas y perfectas formas de una manera muy sugestiva. Además, el contacto tan íntimo de sus cuerpos mojados los había cohibido completamente, hasta a la descarada pirata, quien últimamente había comenzado a sentir verdadero afecto por aquel fino caballero tan serio y correcto, se sentía muy ruborizada. Pero eso no iba a ser razón para detenerse y pasarla bien.
Mientras ella le revelaba la ubicación del capitán Jack Sparrow y sus hombres, que se encontraban a varias leguas de distancia ocultos en el Perla Negra que estaba anclada en una hondonada, la libidinosa pirata no perdió de vista cada movimiento de su compañero, quien con la larga ropa de baño chorreando agua, salió de la tina dispuesto a secarse y a ponerse decente tras el biombo. Sonriendo, mientras apoyaba ambos brazos sobre el borde de la bañera afirmando a su vez el mentón sobre ellos, Jacky pensó que James tenía un bonito trasero y que valía la pena pellizcárselo alguna vez.
—Debes irte a tu cuarto, Jacky —le dijo mientras se cambiaba.
—Prefiero quedarme aquí —objetó mientras alzaba la botella de whisky y miraba con tristeza su reducido contenido gracias a que se había desparramado por el suelo cuando se cayó.
—Eso es imposible; no quiero que los criados descubran que, en vez de estar en tu habitación, estás en la mía.
—De eso no te preocupes, ya conoces mi privilegiada inteligencia; me iré antes de que esos estirados se levanten.
Hubo un corto silencio antes de que Norrington replicara a eso, y, cuando lo hizo, fue cuando salió de detrás del biombo, ya con la ropa de dormir puesta.
—¿Y se puede saber la razón por la que quieres quedarte aquí? Me has prometido respetar mi deseo sobre nuestra noche de bodas.
—Mi estimado Norry —dijo ésta mientras salía de la tina, no sin cierto coqueteo—, ¿es que solamente piensas en el sexo? El que un hombre y una mujer estén en un mismo cuarto no significa, necesariamente, que tengan sexo; pero, pensándolo mejor, por otra parte, el que un hombre y una mujer estén en el mismo cuarto significa, necesariamente, que tengan sexo; a menos, claro, que uno de los dos no esté en el cuarto, que, necesariamente, tendrían que satisfacerse de alguna manera. ¿Me entiendes?
—Cámbiate de ropa o te vas a enfermar —fue lo único que él dijo mientras le lanzaba uno de sus camisones poniendo una cara de "mira quién habla"—. Puedes quedarte aquí, pero no por mucho tiempo. Y tampoco quiero que me molestes, ¿entendido?, tengo que levantarme a las cinco de la madrugada para poder zarpar cuando suba la marea.
Odiando aquella actitud tan pesada que el comodoro Norrington a veces tenía, Jacky solamente atinó a sacarle la lengua y comenzar a desvestirse frente suyo —sabiendo que eso lo molestaría—. Tratando de ignorar aquella actitud desafiante, James se dedicó a apagar las velas, dejando prendida únicamente la lámpara que estaba en una mesita al lado de la cama. Una vez hecho esto, procedió a acostarse y tratar de dormir un poco (a sabiendas que no lo lograría con su nueva compañera). Sonriendo maliciosamente, la descarada pirata también se dirigió al lecho y se arrojó al colchón de un salto, rebotando y haciendo rebotar a un asustado comodoro sobre el mullido colchón de plumas.
Muy molesto, James le dirigió una terrible mirada asesina a Jacky, quien solamente se limitó a sonreírle inocentemente y, llevándose delicadamente la mano a la boca, dijo:
—¡Ups! Lo siento mucho…
Frunciendo el entrecejo con disgusto, Norrington volvió a acostarse, dándole la espalda a ella y tapándose hasta el cuello con las blancas frazadas. Pasaron tan solo unos minutos cuando Jacky, inmensamente aburrida, preguntó:
—¿Lees libros antes de dormir? Sé que todos los finos caballeros lo hacen, o, por lo menos, los más instruidos.
Luego de unos segundos en silencio, su compañero contestó de mala gana con un lacónico "Sí".
—¿Y qué es lo que estás leyendo ahora?
—… "Robinson Crusoe…"
—¿Y es interesante?
—… Muy interesante…
—Tal vez la lea.
James se volvió para mirarla un tanto incrédulo y, con una mezcla de burla y sorpresa en su voz, preguntó:
—¿Acaso tú sabes leer?
Esta vez fue Jacky quien se cruzó de brazos y lo asesinó con la mirada.
—Le dije que hay muchas cosas que no sabe de mí, ¿savy?
—Bien. Quiero verte leer el libro —y se inclinó hacia la mesita para tomarlo y dárselo—. Aquí lo tienes. Léelo, disfrútalo y déjeme dormir de una buena vez.
Con una fingida sonrisa que demostraba tanto molestia como desagrado, la capitana del Perla Negra tomó el libro y se reacomodó en la gran almohada de plumas y se dispuso a la difícil tarea de leer.
"Nací en 1632, en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no de la región, pues mi padre era un extranjero de Brema1 que, inicialmente, se asentó en Hull2. Allí consiguió hacerse con una considerable fortuna como comerciante y, más tarde, abandonó sus negocios y se fue a vivir a York, donde se casó con mi madre, que pertenecía a la familia Robinson, una de las buenas familias del condado de la cual obtuve mi nombre, Robinson Kreutznaer. Mas, por la habitual alteración de las palabras que se hace en Inglaterra, ahora nos llaman y nosotros también nos llamamos y escribimos nuestro nombre Crusoe; y así me han llamado siempre mis compañeros." —aburrida, dejó descansar el rústico libro sobre su vientre y dirigió su vista hacia James, que seguía dándole la espalda.
Aún tenía ganas de fastidiarlo.
—Dijiste que iba a verme leer el libro.
—… Lo dije figuradamente… —replicó un tanto disgustado luego de unos momentos de no decir nada.
—Entonces no voy a leer el libro si no me miras.
—… Como tú quieras. Ahora déjame dormir que mañana tengo un día muy difícil…
Frunciendo el entrecejo, Jacky se echó nuevamente sobre la almohada y se quedó mirando fijamente hacia la nada hasta que un recuerdo cruzó por su cabeza y comenzó a reírse con muchas ganas provocando que James Norrington, tremendamente fastidiado, se diera vuelta y se le quedara mirando detenidamente.
—¿Y ahora de qué te ríes?
La pirata lo miró radiante de la alegría y respondió:
—Me hubiera gustado muchísimo ver tu rostro cuando Will y yo te robamos el Interceptor, ¿savy? ¡Debe haber sido muy divertido!
—… Pues para mí no lo fue… —replicó mientras se incorporaba y se cruzaba de brazos, mirándola seriamente.
—Entonces… ¿tú te acuerdas de todo eso?
—De toooda mi vida —exclamó haciendo un enorme círculo imaginario con sus brazos—; mis pensamientos, mis sentimientos, mis pillajes, mis aventuras, mis desventuras, a las personas que conozco y conocí, a mis amantes…. Absolutamente todo, ¿savy?
—Y, aún así, con tu nuevo aspecto, tu nuevo cuerpo, tu nueva vida y el haberte separado de Jack Sparrow…
—Capitán, capitán Jack Sparrow —aclaró la pirata.
—… capitán Jack Sparrow —se corrigió—… ¿Sabes que, de alguna manera, eres diferente a él?
—Perfectamente hablando, haciéndole honor a la verdad: lo soy. Es por eso es que ahora puedo estar contigo sin sentir ningún remordimiento ¿savy? —le dijo zalameramente mientras lo tomaba del brazo y se acurrucaba junto a él. Había algo de verdad en aquella declaración, pero también había algo de falsedad. Jacky aún no estaba totalmente acostumbrada a ser una mujer.
—¿Sabes una cosa? —le dijo él mientras volvía la cabeza para mirarla.
—¿Mh?
—Lamento haberme portado como un patán hace un rato, la verdad, es que no estoy acostumbrado a tener a alguien más en mi cama.
—Pues tendrás que acostumbrarte a tenerme a tu lado, mi querido "patán".
James sonrió.
—¿Sabes? Durante toda mi vida soñé con tener a una compañera con quien conversar en las horas de comida, en las de descanso, en las fiestas, hasta en la cama… Conversar sobre la vida que quisiéramos llevar, sobre los buenos y los malos momentos, sobre nuestros proyectos, todo.
La pirata no dijo nada al respecto, solo mantenía su cabeza apoyada en el hombro de aquel hombre que le abría su corazón, mirando fijamente hacia la extinguida chimenea con una expresión muy seria en su rostro.
James siguió sincerándose con ella:
—Cuando Elizabeth decidió quedarse con Turner, decidí que lo mejor era respetarla y dejarla ir aunque eso significara un tremendo sufrimiento para mí. Dudé en comenzar una nueva búsqueda del amor porque aún la quería muchísimo, pero entonces apareciste tú en un momento de mi vida que jamás hubiera imaginado enamorarme otra vez, ni mucho menos, de una pirata… Pero me enamoré perdidamente de ti.
—¿Aún sigues amando a Elizabeth? —preguntó sin mirarlo. James, nostálgico, dirigió su vista hacia la ventana que se encontraba a su izquierda.
—Elizabeth sigue estando en un lugar muy especial en mi corazón… —miró a Jacky y sonrió—. Pero es a ti a quien amo y nada ni nadie podrá cambiar nunca eso. Cada mañana que me despierte y te encuentre a mi lado, mi amor por ti crecerá aún más.
Lanzándole una mirada significativa, frunciendo el seño, la mujer pirata volvió su atención hacia él.
—Aunque pienses lo que piensas de mí, me sorprende saber lo cursi que puedes llegar a ser ¿savy?… Y yo que siempre pensé que Will era el cursi… ¿Qué te parece si nos dormimos de una vez? —propuso mientras se volvía a acostar y se cubría con la frazada dándole la espalda a su confundido admirador. Éste se le había quedado mirando por un rato hasta que una sonrisa nació en su rostro.
—Dime una cosa, Jacky… —quiso saber—. ¿Cómo es que lograste aprender a utilizar los cubiertos tan bien? ¡Hasta supiste cuáles eran para la sopa, la carne o el postre!
Orgullosa por aquellos halagos, Jacky se volvió para mirarlo sonriente mientras colocaba el codo sobre la almohada y apoyaba su cabeza sobre la mano.
—Pues…, practiqué —fue la sencilla respuesta—. Sabía que querías a una fina dama en tu casa y quise darte gusto.
Sonriendo y sintiéndose muy agradecido por los esfuerzos de Jacky por ser una dama (que seguramente deberían haber sido muy grandes), James posó suavemente la mano sobre la mejilla de su amada y le dijo:
—Trata de no darme gusto muy seguido, Jacky; yo me enamoré de una pirata, no de una fina dama…
Aunque jamás lo hubiera admitido frente a nadie, el corazón de la capitana del Perla Negra comenzó a latir a gran velocidad en cuento escuchó aquellas palabras tan sinceras pronunciadas por aquel regio comodoro que la aceptaba tal cual era ella. Nuevamente él comenzaba a tomar aquel pequeño lugar que ella le había otorgado en algún momento durante la pasada aventura de la Maldición del Anillo de la Calavera.
Lentamente, y mientras cerraban los ojos, Jacky y James se besaron dulcemente en la boca. Luego de unos momentos separaron sus labios y él, que la miraba amorosamente, le dijo:
—Hasta mañana, mi querida pirata…, y gracias por haberme hecho el hombre más feliz sobre la tierra. ¡No sabes lo mucho que agradezco tu presencia en mi vida!
Lo único que atinó a hacer la aludida, era sonreír forzadamente sin poder evitar sentirse culpable.
Durante todas las horas que la capitana Jacky Sparrow permaneció al lado de James, quien dormía tranquilamente a su lado, se dedicó a tomarse lo que quedaba de la botella de Whisky mientras pensaba que las cosas se le estaban yendo de las manos. En un principio no le hubiera importado ni pizca lastimar los sentimientos del comodoro, pero, a medida que él iba demostrándole su gran amor y devoción, ella comenzaba a preocuparse por que él no descubriera su engaño. ¡No quería verlo sufrir por su culpa! Todos sus planes de eliminar a su "hermanito", obtener el Perla Negra y piratear libremente por el Caribe, ya casi no significaban nada para ella al lado del cariño sincero que le profesaba Norrington. Debía admitirlo, así fuera en contra de su orgullo masculino, ella amaba a James y tenía un miedo horrible de lastimarlo.
"Te estás comportando como un estúpido sentimental, Jack Sparrow —se dijo a sí misma—, ¿te das cuenta de lo que estás pensando? ¡Estás admitiendo que amas a un hombre!".
Y en ese mismo momento, acordándose repentinamente de algo, la capitana Sparrow salió del lecho de James apresuradamente y se arrodilló para comenzar a buscar a tientas sus ropas de pirata que había escondido bajo la cama, y una vez que las encontró, esbozó una sonrisa y las sacó de allí.
Pero no eran aquellas sucias y harapientas ropas las que quería, sino un objeto especial que le permitiría saber lo que deseaba su corazón y así poder poner en orden sus propios sentimientos y pensamientos.
—¡Aquí está! —festejó murmurando mientras tomaba entre sus manos el objeto de sus deseos.
Con manos temblorosas por no saber lo que se encontraría, la pirata abrió la tapa de la brújula mágica y se fijó en ella para ver hacia dónde apuntaba. Grande fue su sorpresa cuando vio que la aguja giraba como loca hacia todas direcciones revelando que su corazón estaba seriamente confundido.
Con la sonrisa huyendo de su bello rostro moreno, la mujer se sentó sobre sus talones y dejó caer las manos con la brújula sobre su regazo.
—… Interesante… —murmuró con desagrado—, muy interesante… —y miró detenidamente a James.
Totalmente ofuscada, la "hermanita" del capitán Jack Sparrow, se vería obligada a decidir aquella noche, por sí misma, entre seguir con su plan, quedarse definitivamente con James o desaparecer completamente de su vida.
Media hora antes de que el comodoro Norrington se despertara, Jacky salió a hurtadillas de su habitación (no sin antes asegurarse de que no hubiera ningún criado cerca) y se dirigió a su propio dormitorio. Una vez dentro, se metió a la cama y procuró dormir a pesar de la cantidad de pensamientos que la acosaban respecto a su futuro, pero por mucho que lo intentó, no lo logró, así que decidió levantarse y comenzar a vestirse como pudiera entes de que Jane, la criada que estaba bajo su cargo, llegara para despertarla e intentara ayudarla a ponerse el vestido.
La noche anterior, la pirata había logrado con gran éxito disuadir a la joven y poco lúcida sirvienta de que no la ayudara a vestirse tras el bastidor y se dedicara a acomodar sus nuevos vestidos —cosa que Jane no se opuso para nada, puesto que le encantaban los vestidos— para luego entonces la ayudara a peinarse el oscuro cabello (que en eso sí no podía negar la ayuda de nadie). Teniendo varios tatuajes y algunas cicatrices en casi todo el cuerpo, Jacky siempre había procurado usar chal sobre sus hombros y largos guantes en las manos, tratando de tapar sus nada femeninos adornos ante los ojos del resto de la gente.
Hasta que la capitana estuvo debidamente vestida, la criada aún no había aparecido, quien seguramente se había hecho la idea de que la señora no iba a levantarse tan temprano o simplemente la propia criada se había dormido, así que decidió bajar al comedor para darle una grata sorpresa al comodoro Norrington, a quien creía encontrar desayunando bajo su elegante estampa de oficial de la marina.
Cuando llegó, se dio con que el criado que respondía al nombre de Charles, se encontraba limpiando la mesa.
—¿Qué hace levantada tan temprano, señorita Watson? —preguntó el mayordomo algo sorprendido pero sin perder su pomposa personalidad—. Son apenas las seis de la mañana.
—No podía dormir pensando en James… —bromeó la pirata al tiempo que se dirigía a la mesa con la intención de sentarse y disfrutar del delicioso desayuno compuesto por té, leche, pan, mantequilla y mermelada.
Acostumbrada a tomar asiento sin que nadie hiciera alardes de caballerosidad, Jacky casi se cae al suelo cuando el mayordomo le corrió la silla para que se sentara, pero, gracias a los rápidos instintos adquiridos durante toda su vida de pirata, logró evitar el bochorno aferrándose rápidamente a la mesa y al espaldar de la silla.
Luego de pedirle perdón en reiteradas ocasiones, el afligido mayordomo la ayudó a sentarse, y, luego de servirle el desayuno, pretendió retirarse para ir a despertar a Jane para que peinara el desastroso cabello de la dama.
—¿En dónde está el comodoro Norrington? —Jacky le preguntó de repente mientras mordía un pedazo de pan abundantemente embadurnado con mermelada y mantequilla—. ¿Cuándo bajará a desayunar?
Deteniéndose en el umbral de la puerta, éste la miró algo perplejo.
—Ya se ha retirado, señorita Watson. Zarpará con su flota dentro de poco y no creo que volvamos a verlo por un buen tiempo.
Quedándose boquiabierta, aquellas sencillas palabras le habían revelado, como el repentino destello de un rayo, lo que realmente deseaba su corazón, y, sacando rápidamente la extraña brújula de entre sus ropas, notó sorprendida que la aguja apuntaba hacia el puerto. ¡Era a James a quien deseaba! ¡No al Perla Negra!
—… ¡Maldición…! —murmuró la pirata mientras se levantaba súbitamente de su asiento y salía corriendo fuera del comedor dirigiéndose inmediatamente hacia la puerta de salida. Tanto ímpetu había usado en su escapada, que provocó la caída al suelo de todo un juego de porcelana que la avinagrada señora Kinderhouse llevaba en una bandeja y que recién había acabado de lustrar.
Tanto el criado como el ama de llaves se quedaron mirando atónitamente hacia la puerta de calle que la "fina dama" había dejado abierta tras su huracanado paso.
Mientras el fuerte viento azotaba una y otra vez la magnífica puerta de madera, el ama de llaves exclamó:
—¡Por Dios santo! ¡Qué manera tan atroz de comportarse! ¿Qué pasó?
—Le dije que el señor Norrington se había marchado.
El terrible viento que corría sobre Port Royal era lo suficientemente fuerte como para desanimar a más de un comerciante a abrir sus negocios, los pescadores miraban hacia el cielo e intuían un temporal poco apto para una pesca segura, y los pocos habitantes que habían tenido la osadía de salir a la calle se dieron con la inesperada sorpresa de ver correr con todas sus fuerzas a una mujer de buen vestir que llevaba sus oscuros cabellos alborotados por el vendaval. Jacky, quien no era otra la mencionada mujer, se había puesto en camino a toda velocidad hacia el muelle con la firme convicción de detener al comodoro Norrington en su misión de acabar con el escurridizo capitán Jack Sparrow, a quien ella había traicionado.
No quería que se topara con él, no quería correr el riesgo de que su querido comodoro se enterara de sus antiguas malas intenciones para con él, ya que su antigua indiferencia había desaparecido casi por completo para ocupar su lugar un sincero cariño que iba naciendo poco a poco en su interior a pesar de querer negarlo con todas sus fuerzas. ¿Para qué negarlo? ¡Amaba a ese hombre! ¡Y si quizás su propia existencia como flamante mujer fuera quizás un capricho del destino o la manera de romperse que tenía el hechizo, ¿qué demonios importaba?! ¡Si ella era o no el verdadero capitán Jack Sparrow o un triste reflejo de su anterior existencia como mujer, ¿qué demonios importaba?! ¡Aquella vida que parecía tan vieja ahora le parecía completamente nueva al saberse dueña de su propio destino! ¡Aquella inseguridad que había comenzado a gobernar poco a poco su corazón al saberse diferente a su par masculino, había comenzado a desaparecer imperceptiblemente bajo el amor y la protección de tan gentil caballero! James tenía sus momentos, claro, pero lo compensaba enormemente con su sentido del honor y su nobleza.
"¡Al diablo! —pensaba mientras corría a toda velocidad por las calles del pueblo— ¡Aunque piensen lo que piensen los demás, me importa un bledo! ¡Amo a ese tonto oficial y que todo lo demás se vaya por la borda y que me condenen al averno!".
El viento seguía soplando con verdadera fuerza cuando negros nubarrones en el horizonte parecieron amenazar con una feroz tormenta. Para cuando Jacky logró llegar al puerto, unas cuantas gotas ya habían comenzado a caer.
Mientras tanto, a poca distancia de allí, los tripulantes de las dos naves ya casi habían terminado con todo lo concerniente a preparar los aparejes para la inevitable travesía. Los oficiales de rango más alto veían con cierta preocupación la proximidad de la tormenta que parecía prometer ser bastante tempestuosa.
—¿Cree que sea prudente zarpar con este temporal, comodoro? —preguntó el teniente Gillette a su superior, quien permanecía estoicamente de pie a su lado. Ambos se encontraban sobre el puente de la nave insignia.
—Con peores tempestades nos hemos hecho a la mar, teniente Gillette, no debe preocuparse por semejante nimiedad —se volvió resuelto hacia su subordinado—. No pienso perder la oportunidad de ponerle las manos encima a Jack Sparrow y llevarlo a la horca.
El teniente lo miró un tanto consternado, aquella repentina convicción de parte de su superior a pesar de haber fracasado con anterioridad respecto a la captura de tan escurridizo pirata, lo hacían preguntarse una y otra vez sobre el origen de las pistas que sabía el comodoro acerca del paradero del mencionado delincuente.
Y cuando ya estaba a punto preguntarle acerca de aquella misteriosa información, uno de los marineros que estaba trepado a uno de los mástiles del otro barco, grito:
—¡¡Comodoro Norrington!! ¡¡Allí!! ¡¡Es una mujer y viene corriendo hacia aquí!!
—¡¿Cómo?! —se sorprendió el aludido mientras se aferraba a la barandilla del puente junto a un igualmente extrañado Gillette.
—¡Mire, Señor! ¡Es Katrina Watson! ¡Su prometida! —exclamó el joven oficial quien no cabía en su asombro, quien ya estaba al tanto del futuro compromiso de su superior gracias a que él mismo se lo había mensionado.
No hay palabras para describir lo que James sintió cuando vio que la mujer que más había amado en toda su vida corría sin detenerse un solo segundo para recobrar algo de aliento, con toda su elegante ropa mojada y los zapatos sucios por el barro, los cabellos morenos meciéndose con el viento y sus manos agarrando torpemente las faldas de aquel odiado vestido. Había cierta preocupación en su hermoso rostro moreno, no el que presagiaba desgracias, sino esa que solamente saben tener las personas que tienen alguna aflicción proveniente del corazón.
Extrañado y hasta un poco preocupado pero sin evitar ponerse feliz de volver a ver a su amada pirata, James bajó a cubierta y se dirigió rápidamente hacia la tabla hasta poner los pies sobre el puerto en donde Jacky había llegado al mismo tiempo justo para detenerse frente a él tan cansada que parecía a punto de perder el sentido.
—¡Pero, Jacky! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué vienes corriendo de esa manera? —quiso saber el comodoro mientras trataba de sostenerla.
Respirando el aire a bocanadas, nuestra protagonista apenas podía sostenerse en pie, y encorvada, apoyaba una de sus manos sobre una de las rodillas mientras que con la otra le pedía a James en silencio que la esperara.
Cuando al fin pudo recuperar algo de su fuerza, murmuró a modo de reproche:
—… E-eso me pasa por beber tanto ron…
—¿Cómo dijiste? —quiso saber el oficial.
La mujer alzó la cabeza y lo miró directo a los ojos.
—… Di-dije que no te vayas…
—¿Eh? ¿Y por qué no quieres que me vaya?
Incorporándose esta vez del todo, Jacky se aproximó aún más a él y alzó los puños con los dedos índices extendidos, indefinidamente apuntando hacia arriba o hacia el comodoro, como siempre solía hacer para poner más énfasis en sus palabras.
—Tú solo hazme caso, ¿si? Te estoy pidiendo que no cometas algo increíblemente estúpido.
—¿Te refieres a ir en busca de Jack Sparrow? ¡Pero, mi querida Jacky! ¡Ahora que sé su paradero exacto no pienso perder la oportunidad de capturarlo! —La miró de reojo, con cierta sospecha en sus ojos—… ¿Acaso no era cierto todo lo que me dijiste acerca de sus deshonestas intenciones para contigo?
—¡No! ¡Todo eso es cierto! ¿Pero has visto el mal temporal que hay? —le dijo mientras miraba a su alrededor y extendía los brazos—. ¡Sería una locura zarpar bajo estas condiciones! ¡Tu flota podría zozobrar!
James sonrió.
—Jacky, ¿es que realmente estás preocupada por mí?
La aludida bajó los brazos y volvió su seria mirada hacia él. Quería decirle que sí, deseaba hacerlo, pero su arraigado orgullo masculino que aún subsistía en ella se lo estaba impidiendo. Aún no podía ser totalmente sincera con su querido Norry, así que no le quedaba otra cosa más que seguir fingiendo.
—Tal vez sí, tal vez no. ¿Quién sabe? —le respondió mientras se encogía de hombros—. Pero lo que sí sé es que no quiero que zarpes ahora… —lo miró de soslayo—. Si dices que tanto me quieres, no partas, hazlo por mí…
Radiante de felicidad, el aludido la tomó suavemente por el mentón y la obligó a levantar la cabeza para mirarlo a la cara.
—Mi querida Jacky, esto no solamente lo hago por ti, también lo estoy haciendo por mi deber, por la obligación de mi puesto como protector de Port Royal. Prometí liberar estas aguas de todo aquel que infringiera la ley de la Corona Inglesa, así que me veo obligado a ignorar tu pedido y seguir adelante con mi deber como oficial de la Armada.
—¿Pero vas a salir con este temporal? —insistió.
Norrington miró hacia el cielo gris y tormentoso.
—Ya he estado en peores situaciones que esta —le dijo mientras bajaba la cabeza y la miraba—. Tú eres una pirata y sé que sabrás que esta tormenta no significa nada para alguien que ha pasado toda su vida navegando aún en los peores momentos. Además, sé que Jack Sparrow jamás imaginaría que alguien lo atacara justo en un momento así. Debo aprovechar esta oportunidad única para atraparlo ya que sé que no volverá a presentarse tan fácilmente otra vez… —en sus ojos había tanto determinación como tristeza—. No puedo acceder a tu deseo por el momento, pero te prometo que te devolveré con creces este desaire…
La abrazó repentinamente y la estrechó suave y firmemente contra su pecho. Sorprendida pero muy desilusionada a la vez, Jacky también lo abrazó después de unos segundos.
—Voy a extrañarte como no tienes idea, mi amor —le dijo aquel tozudo y enamorado oficial—, el pensar que deberé sepárame de tí me rompe el alma… ¡Pero el verte llegar de esa manera me llenó de felicidad y esperanzas al creer que realmente me amas en algún lugar de tu corazón!
Sin separarse de él, Jacky abrió enormemente los ojos.
—¿Creíste que no lo sabía? —le dijo él sin apartar su cabeza de la de ella—. En algún lugar de mi mente había una pequeña vocecilla que siempre me advertía que me cuidara de ti, que algo traías entre manos y que lograrías hacerme un daño irreparable, que solamente estabas conmigo para utilizarme a tu antojo como si fuera un simple juguete que luego echarías a la basura una vez que te aburriera o no te sirviera… —la asió con más fuerza, su voz, otrora tan estoica, ahora revelaba las emociones más tiernas de la que era capaz de expresar—. Pero, poco a poco noté que algo en ti había comenzado a cambiar, tus maneras pronto comenzaron a ser verdaderas y había una especie de verdadero cariño para conmigo en tus miradas… Creí tener que esperar mucho tiempo hasta ver que realmente me amabas, ¡pero todo se ha dado tan maravillosamente rápido que apenas puedo creerlo! Y aunque nunca puedas decirme con tus propios labios que me amas, sé que lo haces y eso me llena de felicidad… —la apartó suavemente y la miró a la cara, sus ojos verdes estaban gobernados por las lágrimas.
—¡Te amo, jacky! ¡Te amo con toda mi alma y mi corazón! ¡Quiero que lo sepas por si acaso no regreso jamás!
Ella se aferró a los brazos de su amado, y, aunque quiso evitarlo, las lágrimas comenzaron a huir de sus ojos oscuros. ¿No volver a verlo jamás? ¿Muerto y perdido para siempre en el fondo del mar? ¿Acaso era ese su destino como su futura compañera? ¿Esperar un regreso triunfante de sus arriesgadas misiones o una eterna y dolorosa espera en el puerto sabiendo que jamás volvería a verlo? ¡No! ¡No quería saber siquiera de una posible muerte! ¡Él tenía, no, él debía permanecer vivo para amarlo con todo su ser! Pero… ¿era posible hacérselo saber? ¡Oh, orgullo! ¡Cuántas veces por haber sido escuchado has guiado a todo quien te oyera hacia el camino equivocado!
Mientras él comenzaba a apartarse lentamente de ella, Jacky quiso hablar, pero las palabras se negaron a salir de su boca. Cuando tan solo estaban tomados de las manos, intentó pedirle que no se fuera, pero tan solo un susurro inaudible salió de sus labios.
—Deséame suerte, mi querida Jacky —le oyó decir con una voz que le parecía muy lejana—. Adiós…
Y el noble comodoro se despidió con un tierno beso en la frente la pirata, sonriendo luego con una sonrisa entre forzada y resignada.
—… ¡No…! —exclamó ella con un tenue balbuceo que se perdió entre el frío sonido del viento mientras sentía cómo la mano de James se escapaba de entre las suyas dejándolas extendidas y suplicantes en el vacío.
Y así, la capitana Jacky Sparrow, quien antes había sido el afamado capitán Jack Sparrow del Perla Negra ya que ahora aceptaba de buena gana su nueva vida, vio cómo el único hombre que había sido capaz de amarla y ser finalmente retribuido por ella, subía a la nave insignia dispuesto a cumplir con su promesa y su deber a pesar de todo.
"¡Testarudo! —pensó entre molesta y desesperada— ¡Eres un tonto testarudo! ¡vete si quieres, no me importa!".
Pero sí importaba, importaba porque sabía que lo amaba, y aunque estaba segura de que Jack jamás respondería al ataque y huiría sin hacerle daño alguno, la tormenta podría acabar con la vida de su Norry y la posible captura de su "hermanito" podría acabar con el amor que sentía él por ella en cuanto supiera la verdad acerca de la apuesta. Y por supuesto, Jacky no quería que sucediera ninguna de las dos cosas.
Y mientras el fuerte viento se encargaba de apartar los navíos poco a poco pero sin detenerse desde el muelle hacia las profundas aguas del mar, la triste pirata deseaba con todo su corazón que su Norry regresara sano y salvo a sus brazos.
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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