Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 11: El Reencuentro

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 11: El Reencuentro

Haciendo un enorme esfuerzo, Annete Foubert logró levantarse del suelo arenoso entre vacilaciones y mareos. No veía muy bien y le dolía terriblemente la cabeza, que la tenía toda despeinada y ensangrentada. La bala solamente la había rozado.

A medida que comenzaba a caminar algo tambaleante y arrastrando los pies, la mujer comenzó a recordar lo que había pasado: Chrsitian, los piratas, las amenazas, las súplicas del doctor, su propia confesión de amor, la confesión de amor por parte de él, el arma, la disculpa y el disparo, y luego, oscuridad…

La pobre mujer no sabía si las intenciones de Christian habían sido asesinarla o dejarla inconsciente para que la creyeran muerta y la dejaran abandonada en la playa… ¡Pero aquello había sido tremendamente arriesgado¿Acaso Christian sabía lo que estaba haciendo¿Y si realmente lo que quería era matarla? No, aquello no podría ser así, debía confiar en él…

Terriblemente ofuscada, Annete se tomó la cabeza con ambas manos y emitió un pequeño grito ahogado. ¡No podía creer que aquella noche terminara así¡Justo cuando se decidía a entregar su corazón y ser feliz¡No era justo!

—No… —susurró—, debo confiar en él o no seré digna de su amor… Debo ser fuerte…

Y entonces, bajo la lluvia torrencial, madame Foubert volvió a caminar, dirigiéndose con cierta dificultad hacia la casa del comodoro James Norrington e informarle lo sucedido lo más rápido posible. Quizás, lograrían detener a los piratas y recuperar a Christian a tiempo.

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Mientras Isabel se cambiaba de ropas en su cuarto luego de haber regresado de los acantilados, James Norrington se curaba las heridas que tenía en el rostro y en la mano. La herida que más le dolía era la de la mano, puesto que había sido la más profunda y peligrosa, pero aquel intenso dolor no era nada comparado a lo que sentía en su alma y en su corazón al haber perdido tan valiosa amistad. No podía creer que todo había terminado tan catastróficamente entre los dos después de tantos años de entrañable amistad. ¡Ahora ella ni siquiera quería dirigirle la palabra! Aquella terrible situación lo asfixiaba sobremanera…

Angustiado, luego de terminar de vendarse la mano, el comodoro se cubrió el rostro con las manos tratando de contener su aflicción, quedándose muy quieto y en completo silencio sentado sobre el sofá rodeado de la oscuridad que invadía impunemente toda la sala, afuera, la lluvia parecía querer menguar. Y así pasó un buen rato hasta que el almirante George Jacobson hizo su aparición. James alzó la vista y se le quedó mirando tristemente.

—Vengo a anunciarte que estoy listo para partir —avisó sin ninguna emoción en su fingida voz masculina.

—¿Entonces…, no hay manera de que cambies de opinión?

—No. Ya no deseo estar en este lugar… —hizo una pausa y agregó con un dejo de ira en su estoica voz:

—Y tampoco deseo permanecer más tiempo a tu lado.

—Isabel… —comenzó a decir mientras se levantaba de su asiento, pero ella no lo dejó seguir.

—¿Isabel? Yo no conozco a ninguna Isabel, comodoro Norrington. Usted está parado ante el almirante George Jacobson —lo miró severamente—, y que no se le olvide eso, oficial, o veré que su carrera militar termine en este preciso momento.

Sorprendido ante tan inesperada amenaza, James decidió permanecer en completo silencio, no quería correr el riesgo de perder también su comisión. Y entonces, en ese preciso momento, Isabel se dio cuenta de todo el poder que ahora tenía al formar parte del almirantazgo; James estaba en sus manos y eso le daba absoluto placer ya que podía hacer de él lo que quisiera. Pero como ella era una persona que calculaba sus posibilidades y no le gustaba apresurarse demasiado hasta estar segura de su victoria —que con su propuesta de matrimonio había fracasado estrepitosamente— sabría esperar el momento oportuno para volver a tratar de convencer a James de ser su esposo, tanto por las buenas como por las malas.

—Permaneceré aquí hasta que mi tío regrese y, cuando él esté listo, regresaremos a Liverpool —dijo al fin y se sentó en una elegante silla, cruzándose de brazos y permaneciendo completamente inmóvil y en silencio. Tan furiosa estaba con su amigo, que ni siquiera quiso preguntarle cómo estaba de sus heridas.

Luego de un corto silencio, el comodoro se animó a preguntar sobre lo que pasaría entre el doctor y su ama de llaves, a lo que Isabel contestó de muy mala gana que eso tendrían que resolverlo lo más pronto posible en cuanto ellos estuvieran en casa, pues estaba decidida a marcharse de allí lo más pronto posible.

Nuevamente reinó el silencio en toda la habitación, los sirvientes que anteriormente habían acudido a la sala alertados por el ruido de vidrios rotos, habían sido despachados por Norrington, quien les dijo que había tropezado con la pata de la mesa y que se había caído sobre la ventana, rompiéndola. Para tranquilizarlos, también les había dicho que no había nada de qué preocuparse por él, que apenas se había hecho unos rasguños y él mismo se había encargado de curarse las heridas.

Y así había transcurrido cerca de una hora hasta que los dos escucharon que alguien había llegado a la puerta principal haciendo sonar reiteradas veces la campanilla. Una de las criadas de la casa fue a abrir la puerta.

Un terrible grito de alarma proveniente de la joven, hizo que los dos oficiales tomaran sus armas y salieran disparados hacia la entrada principal para averiguar lo que estaba ocurriendo, dándose de lleno con la horrorosa escena de una casi inconciente madame Fouber, quien tenía la cabeza cubierta de sangre entre los brazos de la aterrorizada muchacha.

Actuando con la rapidez mental que la caracterizaba, Isabel salió de su estupor tan pronto como entró en él e inmediatamente puso manos a la obra. Hizo reaccionar a James, quien se había quedado un tanto anonadado con semejante escena, y lo mandó a atender a madame Foubert e intentar preguntarle lo que había ocurrido, mientras tanto, ella mandó a uno de los criados a llamar a un doctor, preguntándose para sus adentros si a su tío también la había pasado algo malo.

Cuando apenas la pobre mujer terminó contarle lo sucedido al comodoro Norrington, éste mandó a llamar a uno de los soldados que estaba de guardia en el jardín y le ordenó que trajera al teniente Gillette de inmediato. Alarmada por eso, Isabel se acercó para averiguar lo que había pasado.

—Lo siento, George —respondió James con un dejo de tristeza y alarma en el rostro—, pero unos piratas atacaron en la playa a madame Foubert y a tu tío… A él se lo llevaron.

Desde que había muerto su familia, Isabel Jacobson jamás había sentido otra vez la horrible sensación de un completo vacío e inseguridad a su alrededor, sintiéndose vulnerable y asustada, pero ahora aquella sensación volvía de nuevo y la aterrorizaba. No podía creer todo aquello, su tío, que siempre la había acompañado en casi todas sus campañas, jamás le había ocurrido nada malo, y ahora se enteraba que unos desalmados piratas se lo habían llevado. ¡Quizás, ya sería demasiado tarde para salvar su vida!

James, al ver que su amiga se había quedado completamente muda y petrificada por lo que había escuchado, trató de darle fuerzas para que volviera en sí. Juntos, tenían que decidir la mejor manera de resolver aquella devastadora situación.

—¡George! —exclamó mientras la tomaba por lo hombros y la sacudía un poco—. ¡Escúchame, George¡No es momento para turbarse¡Tienes que reaccionar para que podamos hacer algo por tu tío¡Tenemos que ir a rescatarlo¡Se lo llevaron¿Entiendes¡Si hubieran querido lo habrían matado en ese mismo momento¡¡Él aún está con vida!!

Aquello último revivió a la joven y la hizo volver en sí, miró a su amigo un tanto avergonzada por su débil reacción y enseguida se apartó de su lado, quedándose en absoluto silencio, sumida en las más profundas y oscuras cavilaciones.

Luego, James había ordenado a sus dos criadas que llevaran a madame Foubert hasta su habitación y que la asistieran solícitamente en lo que pudieran hasta la llegada del doctor. Mientras tanto, él comenzaría a prepararse para ir a su despacho y reunirse con sus oficiales de alto rango para tramar la captura del los osados piratas y el rescate del doctor Jacobson. Claro estaba, que tenía que poner al gobernador Swann al tanto de tan terrible situación.

Una vez llegado el preocupado teniente Gillette, los tres oficiales partieron en carruaje hacia la oficina del comodoro Norrington ubicada en la base militar de Port Royal. George no pronunció una sola palabra durante todo el viaje, permaneciendo aislado de lo que comentaban sus compañeros. Una vez llegados al lugar en cuestión, se apearon y subieron las escaleras de la base y entraron en la oficina, en donde los esperaba un ansioso gobernador Swann que ya había sido informado de la situación por uno de los soldados comandados por el comodoro. Afuera, en el puerto, los soldados comenzaban a alistarse para un inminente levantamiento de anclas.

Dentro del despacho, luego de haber aclarado la procedencia de las accidentales heridas del comodoro Norrington, las estrategias militares no se hicieron de esperar, ya que el secuestro de una persona tan noble y buena como lo era el doctor Christian Jacobson, era una ofensa y no iba a quedar impune.

Mientras el comodoro marcaba una ruta que posiblemente habrían tomado los piratas, todos los presentes comentaban sobre lo acontecido:

—¿Cree usted que esos sujetos que estropearon el baile de mi hija hayan tenido que ver con el secuestro del doctor Jacobson? —inquirió el gobernador.

A James le cayó como una bomba aquella pregunta, ya que aún estaba fresco el confuso recuerdo de la extraña mujer besándolo y diciéndole que ella era Jacky Sparrow.

Carraspeó un poco nervioso antes de contestar.

—No es muy probable, señor. Es casi seguro que esos dos impertinentes hayan sido unos timadores de poca importancia.

—Yo no estuviera tan seguro —interrumpió el almirante con una mirada tan penetrante que podría haber hecho temblar hasta el más valiente espadachín de todos—, tal vez sí tenían algo que ver. Tal vez los mandaron como espías.

Los demás se le quedaron mirando boquiabiertos.

—Puede que sea o no sea así, almirante —replicó James—, pero yo no creo que haya sido gente de Morgan, ya que ellos no suelen hacer esas cosas.

—¿¡MORGAN!? —repitieron los otros al unísono, completamente sobrecogidos.

—¿Y-y por qué piensa que u-un monstruo como ése sea el responsable del secuestro del doctor Jacobson? —preguntó muy asustado el gobernador de Port Royal, como si tuviera al mismo pirata en frente.

—Madame Foubert ha tenido la fortaleza de ánimo como para haber podido darme una descripción de los tres desalmados que atacaron al doctor Jacobson, Señor, y he llegado a la conclusión que el pirata en cuestión no podía haber sido otro más que el terrible capitán Bartolomé "Sangre Negra" Morgan: alto, sucio, corpulento, malhablado, de largos cabellos negros y barba enmarañados, vestido de negro, dientes podridos, maldad pérfida, una oreja cortada… —suspiró—. No hay otro pirata con esa descripción más que él…

Luego de oír aquello, todos se quedaron en absoluto silencio, sabiendo en su interior que hubiera sido mejor para el noble doctor Jacobson estar muerto antes que en manos de aquel terrible e insensible monstruo. Isabel, como era de esperarse, era la más afectada por eso, ya que se sentía culpable por haber tratado tan mal a su tío la última vez que se habían visto. Ahora resultaría casi imposible pedirle disculpas; quizás, él ya estuviera muerto en el fondo del mar.

—Morgan, Dios mío… Dios mío… —murmuraba escandalizado el padre de Elizabeth—. ¡Pobre amigo¡Pobre!

—¿Seguimos trazando el posible curso a seguir, comodoro Norrington? —quiso saber el teniente Gillette, pero antes de que el aludido le respondiera, el almirante Jacobson intervino.

—Nadie hará nada, yo mismo me ocuparé de este asunto.

Todos lo miraron muy sorprendidos.

—Pero almirante… —quiso replicar Norrington.

—Nada de "peros" —replicó de inmediato mirándolo con encendida furia en los ojos—. Al que secuestraron fue a mi tío y a nadie más, no hay necesidad de que ustedes intervengan en esto, ya que esto se ha vuelto completamente personal… —se acercó a James hasta quedar frente a frente—. Esa acción fue para vengarse de mí y de nadie más, así que nadie más indicado que yo para resolver esto. Morgan está buscando una manera de enfrentarse a mí y ha querido herirme a través de mi tío… ¡Y juro que este crimen no quedará impune! —gritó golpeando fuertemente la mesa con su puño.

Se alejó del comodoro y se dirigió hacia la ventana, tanto como para ver el puerto como para respirar el aíre del mar que tanto le hacía falta a su atribulada mente. Apoyó las manos sobre el marco, suspiró visiblemente y agregó:

—Es muy probable que mi tío ya esté muerto, pues no he sabido de nadie que haya sobrevivido bajo la tiranía de Morgan, además, sería una verdadera estupidez si ustedes van tras él y dejan desprotegida a Port Royal… —se dio media vuelta y los miró determinantemente a todos—. Les sugiero que olviden este asunto y no se metan en lo que yo decida hacer. Si alguien va a castigar a ese individuo, ese alguien será yo, y que no se hable más.

Y diciendo esto, se dirigió velozmente hacia la puerta y la atravesó como un rayo bajo la mirada atónita de los demás.

—¡Pero ese hombre es incorregible! —protestó el gobernador Swann—. ¿Acaso piensa enfrentarse él solo a tan temibles piratas¡Es inconcebible y hasta insolente con nuestro ofrecimiento de ayuda¡Pobre doctor Jacobson¡Pobre hombre!

Dirigiéndole una mirada significativa, James decidió ir tras Isabel para persuadirla de que le dejara ayudar.

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Afuera, en el puerto, un enorme navío se preparaba para levar anclas y llevar al almirante George Jacobson de regreso a Inglaterra. Se encontraban en los últimos preparativos cuando los marineros recibieron con verdadera sorpresa y aflicción la terrible noticia del destino de Christian Jacobson. Todos lo conocían muy bien y pronto se reunieron para rezar por la vida de tan querido y bondadoso personaje.

Mientras le daba las últimas órdenes al timonel, George vio llegar a Norrington, quien se había apresurado para alcanzarlo antes de que partiera.

—¿Qué haces aquí? —preguntó frunciendo el ceño en cuanto el visitante se detuvo a su lado.

—Vine a convencerte de que me permitas ayudarte a rescatar el doctor Jacobson.

—Ya me escuchaste antes, mi decisión ya está tomada y no me retractaré. Yo mismo me encargaré de este problema.

—¡Pero será muy peligroso!

—¡Jah¿Y cree que eso me preocupa? Me has visto pelear antes y Morgan no significó ni significará nada para mí, tendré su cabeza colgada del palo mayor en un mes.

—Pero tal vez te haya tendido una trampa, no creo que hubiera capturado a tu tío sin saber las represalias que le seguiría.

—¡Bah! No es necesario que me recuerde esa posibilidad, no en vano he llegado al almirantazgo, no me rebaje a la condición de un ignorante, comodoro Norrington.

—Esa no era mi intención, George…

—¡Tráteme con más respeto, comodoro! —le advirtió su amiga con ojos centellantes de ira—. ¡Voy a acusarlo de desacato a la autoridad si no me trata como se debe!

Con visible sorpresa, James se sobresaltó con aquellas duras palabras que venían de quien aún consideraba su mejor amiga.

—Lo siento mucho, señor, no volverá a pasar —respondió inclinando la cabeza, poniéndose rojo como un tomate.

—Muy bien… —asintió con la cabeza, satisfecha de tener gran dominio sobre él—. Recuerde su lugar y no replique más mis órdenes… Ahora váyase a tierra, le prometo que lo mantendré al tanto sobre este asunto.

Triste y adolorido, el comodoro obedeció sin chistar y se dispuso a marcharse, no antes de que Isabel terminara de atormentarlo aún más.

—Recuerde, comodoro Norringon, que ya no tiene usted un amigo en mí y cuando yo regrese, veré la forma de hacerle pagar por lo que me hizo pasar.

James se detuvo, quiso replicar pero enseguida se dio cuenta de que iba a ser en vano, así que cruzó la cubierta y bajó a tierra, destrozado. Luego de dirigirle una triste y última mirada a quien fuera alguna vez su más íntima y querida amiga, se marchó. Tras verlo alejarse definitivamente, Isabel suspiró un tanto triste, pero como la furia y el despecho aún latían furiosamente en su pecho, no le dirigió ni un solo pensamiento positivo.

—¡¡Prepárense para zarpar junto a la marea alta!! —ordenó secamente a sus hombres— ¡¡Tenemos a unos caballeros de fortuna que perseguir y ejecutar!!

Y mientras sus hombres trabajaban arduamente, Isabel rezaba con todas sus fuerzas por que su tío aún estuviera con vida para poder liberarlo lo más pronto posible y ajustar cuentas con Morgan.

Mientras tanto, en una de las bodegas de mercaderías del puerto, Jack y Jacky Sparrow, ya vestidos como era su costumbre, se encontraban escondidos tras unas cajas de madera, esperando el momento oportuno para salir. ¿Qué era lo que hacían allí si su plan original era que los dos embarcaran inmediatamente en el Perla Negra apenas hubiera terminado el baile? La respuesta era que la capitana Sparrow había querido quedarse en Port Royal a pesar de las protestas de su "hermanito", quien no quiso dejarla sola, no porque estaba preocupado, sino porque no confiaba en ella. Y, mientras aguardaban, se dedicaron a tramar con inusitada diligencia sus negros y dispares planes.

—¿Estás segura que quieres quedarte aquí, hermanita? —preguntó el pirata a la vez que sacaba impunemente una botella de exquisito ron de una de las cajas que acababan de abrir y, mientras se la bebía sentado en el piso de madera y apoyando la espalda sobre otra caja y limpiándose el oído con su dedo meñique, agregó —¿Por qué no me dices de una vez qué es lo que estás tramando?

La pirata no respondió inmediatamente, pues se dedicaba más a mirar el puerto a través de las rendijas de las cajas, vigilando, esperando a que "cierta" persona pasara por allí.

—¿Para qué quieres que te lo diga? —respondió al fin sin desviar un segundo la vista—. No quiero que intervengas en mis cosas; recordarás que hicimos una apuesta y no quiero que interfieras, "hermanito".

—Es por esa razón que dejé ir solo a Gibbs al Perla Negra, "hermanita", no tengo la intención de dejarte ganar la apuesta.

Jacky lo miró de refilón y sonrió mientras sacaba otra botella y la abría con su acostumbrada experiencia y comenzaba a acercarse a Jack.

—Eso es trampa, hermanito, no te comportas como un hombre honesto.

—Eso es porque no soy un hombre honesto, hermanita; si yo fuera un hombre honesto entonces perdería la apuesta porque entonces tú serías la deshonesta, pero si tu fueras la honesta entonces yo ganaría la apuesta puesto que yo entonces, sería el deshonesto.

—Pero si ambos seríamos honestos, entonces cualquiera de los dos ganaría la apuesta honestamente, pero como no somos honestos, entonces difícilmente ganaríamos la apuesta honestamente, por lo tanto, como ambos aceptamos que somos deshonestos, resulta evidente que cualquiera de los dos ganaría la apuesta cometiendo actos completamente deshonestos¿verdad?

—Hablas honestamente con la verdad, hermanita.

—¿Entonces no te molestarás si hago algo completamente deshonesto?

—¿Honestamente hablando? Déjame pensarlo… Mmm…. Sí, honestamente hablando, sí.

Y sin que el capitán Jack Sparrow se lo esperara, su "hermanita" le partió la dura botella de ron sobre la cabeza, dejándolo desmayado boca abaji sobre el polvoriento piso de madera.

Mientras lo miraba condescendientemente, murmuró sonriente:

—Honestamente, no me importa tu opinión —luego miró lastimeramente el pico roto de la botella que aún goteaba ron y llevaba en su mano. Le dio un enorme beso— ¡Qué pesar tener que hacerte esto siendo tú el único amor de mi vida¡Pero no me negarás cuánta ayuda me prestas cada vez que te necesito!

Y aprovisionándose de un buen par de botellas de ron bajo el brazo, Jacky Saparrow dejó abandonado a su compañero para salir a hurtadillas del galpón y dedicarse a seguir a cierta persona que había visto pasar hacía unos momentos frente al galpón, quien no era otro más que el comodoro James Norrington.

Sin que éste se diera por enterado, pues aún estaba triste y furioso con el asunto de Isabel, Jacky lo seguía a hurtadillas muy de cerca sin quitarle la vista de encima y a la vez tratando de no ser descubierta por algún que otro soldado que vigilaba la seguridad y el sueño de las personas que aún dormían en sus casas.

Pero, unas cuantas gotas de lluvia que cayeron sobre su lastimado rostro, hizo que James se olvidara por unos momentos de Isabel y se sintiera vigilado, entonces comenzó a darse vuelta cada tanto tratando de descubrir a su supuesto acechador pero la pirata siempre lograba esconderse —para no ser vista— tras alguna caja, bolsa, carro o hasta finalmente detrás de Murtogg y Mullroy, quienes ni siquiera se habían dado cuenta porque permanecían dormidos, parados codo contra codo y sien contra sien, como si fueran un par de pollos.

De repente, Norrington regresó molesto hacia el par de amigos, tras los cuales se encontraba Jacky oculta y agazapada, mordiéndose nerviosamente los labios y rezando porque James aún no la descubriera.

—¿¡Estas con formas de cumplir con sus deberes, soldados!? —exclamó parándose frente a ellos y despertándolos de sus sueños con un sobresalto.

Murtogg y Mullroy, algo confundidos por el sueño y asustados al verse al descubierto por su oficial al mando, no hacían más que balbucear tonterías e incoherencias.

—¡Ya basta¡Ni siquiera debería permitirles que abrieran la boca¡No hay excusa que valga para semejante desatino¡Quedan ambos relevados de sus puestos hasta que yo se los diga!

—¡Sí, Señor! —asintieron los dos poniéndose bien derechitos, haciendo enojar aún más a su superior.

—¡¡Márchense inmediatamente!!

Asustados, Murtogg y Mullroy obedecieron los más rápido que pudieron, dejando al descubierto a una desprevenida Jacky Sparrow que justo en ese momento estaba de espaldas sentada al estilo indio y bebiéndose un buen poco de ron esperando a que la reprimenda parase.

Reconociendo inmediatamente aquella vestimenta extravagante, el sorprendido comodoro Norrington desenfundó inmediatamente su arma y le apuntó.

—¡Capitán Jack Sparrow¡Puede usted considerarse prisionero bajo la ley de la Corona!

Jacky se quedó helada, con el pico de la botella en su boca y con los ojos completamente abiertos como platos. No había sido intención que Norry la descubriera tan pronto, aún quería seguir divirtiéndose con él. Un tanto nerviosa y hasta temerosa, comenzó a volverse lentamente hacia el comodoro hasta que sus rostros se enfrentaron.

Incrédulo ante lo que veía, James abrió su boca y sus ojos tanto grande como pudo, atónito ante aquella inesperada aparición de la persona que más había amado en toda su vida y a la que había creído perdida para siempre. ¡Todo aquello tenía que ser un error¡Estaba viendo visiones¡Se había vuelto loco! Sin embargo… allí estaba ella, allí estaba Jacky Sparrow en carne y hueso.

—¿Ja-Jacky¿E-eres tú en verdad…?

Mullroy y Nurtogg se volvieron para mirar y la capitana del Perla Negra pensó que lo mejor sería encontrarse con Norry a solas para poder tratar sus "asuntos" en privado, así que sin mediar palabra, salió corriendo hacia las callejuelas de las bodegas, rauda como una liebre, perdiéndose entre las tenues penumbras de la moribunda noche. Aquella reacción tomó por sorpresa al oficial, pero se repuso enseguida con la esperanza de atraparla y ajustar cuentas con ella.

—¡¡Rápido¡¡Tras ella!! —exclamó mientras se disponía a iniciar la persecución, pero cuando apenas dio unos pasos, se dio cuenta que los fusileros ni siquiera habían reaccionado.

—¿Pero qué les ocurre? —se volvió para recriminarlos—. ¿Acaso no escucharon que les di una orden¿Por qué no se mueven?

Un tanto asustados y confundidos, los compañeros de armas se miraron significativamente para luego mirar tontamente hacia su enfadado superior.

—E-es que usted dijo que estábamos relevados; Señor…, no podemos seguir sus órdenes… —comenzó a decir Murtogg.

—… Y-y también nos dijo que nos avisaría cuándo volveríamos a estar bajo sus órdenes, Señor —acabó de decir Mullroy.

James Norrington dio un bufido de fastidio¿cómo podía ser posible tener a aquel par de tontos bajo sus órdenes?

—¡Inútiles¿Acaso son tan idiotas¡Les acabo de dar una orden¡Obedézcanla inmediatamente si no quieren que los meta en un calabozo por incompetencia y desacato!

El comodoro no necesitó repetir otra vez aquella orden, ya que los asustados fusileros salieron corriendo torpemente tras la fugitiva y, suspirando cansadamente, él también se internó en las callejuelas con la esperanza de encontrarla.

Ya recuperada del susto y del impacto de haberse encontrado con Norry tan de repente, la capitana Jacky Sparrow se había perdido entre los corredores y recovecos de las callejuelas del puerto, que aunque no era muy grande, era lo bastante intrincado como para perderse a propósito en ellos. Con la esperanza de encontrarse a solas con Norry y mientras entretejía velozmente su maquiavélico plan en su mente, trataba de mantenerse algo visible para que su perseguidor pudiera seguirle el rastro. Murtogg y Mullroy eran visiblemente unos incompetentes y no tenía porqué preocuparse por ellos, ya que perdían su rastro por más que ésta se los mostrara para que llamaran al comodoro Norrington.

Con las carabinas en sus torpes manos, los fusileros tropezaban con cada caja o fardo que se encontraban¡y hasta se encontraron de repente con un enorme y feroz perro negro, que furioso por haber sido interrumpido en su sueño porque Mullroy le había pisado la cola, comenzó a perseguirlos por todos lados. Los pobres soldados corrieron despavoridos tratando se salvar sus retaguardias a toda costa, olvidándose de su misión y de su superior.

Sin saberlo, ya que se encontraba rastreando en otro sector, el comodoro James Norrington se había quedado completamente sólo en la búsqueda de la fugitiva. Mientras caminaba sigilosamente entre las penumbras de los viejos edificios que funcionaban como bodegas o embarcaderos, evitando tropezar con cada objeto que se encontrara en su camino, sabía que Jacky iba delante de él, era como si le permitiera seguirla, lo guiaba, podía oler su fuerte olor a ron, sus movimientos extraños, su presencia, su todo.

Al dar una vuelta por una de las esquinas de una vieja y pequeña construcción, el comodoro se dio de lleno frente a una de las bodegas más grandes y antiguas de Port Royal. Era tenebrosa y no tenía ningún deseo de entrar para inspeccionar su interior, la repentina aparición de Jacky lo había impresionado demasiado y, para una persona del siglo XVIII, podía llegar a interpretarlo como la desagradable aparición de un espíritu.

—Será mejor que regrese con refuerzos… —murmuró un tanto asustado mientras se disponía a dar la media vuelta y marcharse de allí, pero justo en ese preciso momento, comenzó a llover otra vez, con más furia que antes. Un enorme rayo partió el oscuro cielo en dos e iluminó todo el lugar, y para sorpresa de James, pudo ver por unos segundos en el portón abierto del edificio, la silueta de Jacky Sparrow, de pie, mirándolo. James dio un respingo, espantado, pero la oscuridad había vuelto y la figura de la pirata había desaparecido.

Norrington se llevó la temblorosa mano al pecho, sentía una enorme ansiedad, el corazón le golpeaba como un martillo en el pecho, su respiración era tan acelerada que podía escucharse a sí mismo. Ni siquiera todo el entrenamiento del mundo podría haberlo preparado para aquel momento, si la visión de su amada Jacky era un fantasma o producto de su imaginación o si fuera ella en carne y hueso, tenía que descubrirlo por sí mismo.

Reuniendo fuerzas y valor, como si estuviera por enfrentarse a un enorme contingente de enemigos, aspiró aire y entró a la bodega.

Adentro todo estaba completamente oscuro, las cajas y fardos de alimentos se encontraban apilados listos para ser embarcados en un barco mercante o distribuidos en Port Royal; sea cual fuera su destino, para James Norrington solamente eran un montón de objetos oscuros que mantenía oculta a la misteriosa persona que estaba buscando. Dio unos cuantos pasos, con el sable en una mano y el arma en la otra, listo para cualquier emboscada. La tormenta arreció aun más pero faltaba cerca de media hora para que amaneciera y eso le daba cierta tranquilidad.

De pronto, un precipitado ruido de cajas se dejó escuchar y se sintió a alguien caer bruscamente al suelo y proferir una ahogada blasfemia.

—¿Jacky¿Eres tú? —preguntó James estirando un poco el cuello en un vano intento de ver en la oscuridad—. ¿Te has hecho daño?

Silencio… la capitana Sparrow había quedado impresionada con la última pregunta, realmente no se lo había esperado, pero era una prueba segura de que él aún estaba enamorado y que nada tenía que ver el hechizo roto de la Maldición de la Calavera.

—Interesante… —murmuró mientras aún estaba tirada sobre el polvoriento suelo después de haber tropezado con unas pequeñas cajas—. Creo que el tonto de Jack tiene la apuesta completamente perdida…

"Es hora de hacer mi espectacular e inolvidable aparición" —pensó sonriendo malvadamente.

—¿Jacky? —James volvió a preguntar sin animarse a seguir adelante, tenía miedo y vergüenza de estar haciendo el ridículo si la persona que estaba buscando no era la que él esperaba, después de todo¡le habían pasado un montón de cosas en esa noche! —. Jacky…, si eres tú déjate ver, por favor… no sabes lo mucho que te he extrañado… —la voz pareció quebrársele—… Jacky, te lo pido, ya deja de atormentarme de esta manera… ¡Ya no podré soportarlo por más tiempo!

Aunque conmovida por aquellas desesperadas palabras, Jacky Sparrow trató de mantener la entereza tratando de convencerse a sí misma de que no sentía nada por el comodoro y que solamente se daría a conocer nuevamente a él sólo por conveniencia y nada más. Poco a poco fue apartándose de las cajas apiladas que la mantenían oculta y se dejó mostrar del todo frente al angustiado hombre, quien se le quedó mirando como si estuviera parado frente a él un fantasma.

Al ver que el comodoro nada lograba decir, la pirata decidió dar el primer paso a pesar que se encontraba bastante nerviosa. No entendía muy bien el motivo, puesto que ya lo había visto en el baile de máscaras.

—… He vuelto para fastidiarte una vez más, mi caballero… —palabras cursis, pero sabía que funcionarían.

James, al verla allí, parada en frente suyo, hablando tonterías como casi siempre lo hacía, demostrándole que no era ningún fantasma ni ninguna visión, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Tal vez fue el dolor y el abandono que había sentido aquellos últimos meses tras la pérdida de Jacky, la angustia de haber perdido la amistad a su mejor amigo o las copas que había tomado de más, pero sea cual fuera la razón, James soltó las armas y caminó con los brazos extendidos hacia la sorprendida pirata, a quien en cuanto alcanzó, la abrazó con todas sus fuerzas atrayéndola suavemente hacia sí. La capitana Sparrow no hizo nada para evitarlo, el solo hecho de sentir su cuerpo contra el suyo la hacía estremecer como nunca antes lo había hecho, aún así, no deseaba abrazarlo.

Y así, mientras permanecían en completo silencio bajo el ruido de una lluvia torrencial y dentro de una sucia bodega de puerto, Jacky y James se volvieron a encontrar oficialmente luego de estar tanto tiempo separados, sin adivinar siquiera que aquel reencuentro marcaría sus vidas para siempre.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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Notas de una Bloguera Arrinconada:
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