Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 12: El Juego del Gato y el Ratón
(Esta imagen fue realizada con IA)
Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo!
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
TERCERA PARTE: JACKY Y NORRY, UNA PAREJA DISPAREJA
Capítulo 12: El Juego del Gato y el Ratón
Cuando Jack logró volver en sí, no abría pasado más que diez minutos desde que Jacky lo había abandonado, adolorido se levantó penosamente del suelo y se sentó sobre si mismo cruzando las piernas al estilo indio y tomándose la adolorida cabeza con una mano. Una vez acomodadas sus neuronas, miró a su alrededor buscando a su "hermana" y, al no encontrarla, frunció el entrecejo muy disgustado, adivinando acertadamente que lo que ella quería, era quitarlo de en medio.
Al colocarse de nuevo su viejo y querido sombrero, el pirata vio la botella rota de ron que Jacky había utilizado para noquearlo y, poniéndose mucho más molesto que antes, la tomó como quien toma a una pequeña criatura y la miró lleno de desconsuelo.
—¡Mi pobre ron¡Desperdiciado de esta manera¡Ah¡Pero ya pagará mi hermanita por lo que nos hizo¡Ella no sabe que con qué clase de hombre deshonesto ha hecho la apuesta! —y se rió malévolamente por un buen rato hasta que un pensamiento alarmante cruzó por su cabeza y lo puso un tanto serio.
—Me olvidaba… —comentó pensativo—, que mi "hermanita" es mi contraparte femenina, o sea, que es mi otro yo, o sea, que es mi otra mitad, o sea, que soy yo mismo, o sea, que ella también es deshonesta, o sea… ¡que yo no sé con qué clase de mujer deshonesta he hecho la apuesta! —con aquel inquietante pensamiento, inmediatamente se levantó del suelo y comenzó a caminar de aquí para allá con una mano en la barbilla y la otra atrás de su espalda, poniéndose en actitud pensativa.
—Mmm… Creo que debí pensar mejor en esto; conociéndome y, por lo tanto, conociéndola, tengo grandes probabilidades de perder mi amado Perla Negra…
De pronto se detuvo y golpeó sus manos con renovado espíritu.
—¡Pues no voy a permitir que mi hermanita se salga con la suya¡Me pondré a pensar en la mejor manera de ganarle esta apuesta¡Como que mi nombre es Jack Sparrow que lo lograré¡Rumbo al Perla Negra para tramar mi maquiavélico plan que tirará por los mares los planes de mi hermanita! —exclamó lleno de ímpetu mientras señalaba con su dedo índice hacia ningún ligar en particular. Luego, se volvió sobre sus huellas y tomó algunas botellas de ron de la caja que los dos piratas habían abierto.
—Necesito de mucha inspiración… —dijo mientras las ponía bajo el brazo y se dirigía hacia la puerta de salida.
Pero no llegó a atravesarla, puesto que se detuvo y nuevamente se volvió sobre sus pasos y, tomando una caja entera de ron, dijo:
—Necesito de muuuuuucha inspiración.
Y así, el capitán Jack Sparrow por fin se marchó, dispuesto a no dejar ganar a su hermanita la mencionada apuesta. ¡No tenía idea de las consecuencias que acarrearía aquella maniobra que estaba a punto de tramar!
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Pasada la primera impresión, y dándose verdadera cuenta de lo que estaba haciendo, el comodoro James Norrington se separó rápidamente de la capitana Jacky Sparrow y desvió la mirada bastante turbado, sin saber a ciencia cierta cómo actuar en aquel embarazoso momento.
Divertida con aquella actitud, Jacky sintió unos deseos terribles de divertirse con él, pero aquella idea se fugó de su mente al notar que Norry tenía la mano derecha vendada y la cara lastimada, y no pudo evitar preocuparse por ello.
—Creo que debería conseguirse una mujer lo más rápido posible ¿sabe, comodoro Norrington?
James la miró sin comprender muy bien a lo que se refería.
—¿Por qué lo dice?
Jacky le hizo una indicación con la cabeza, frunciendo la boca y la nariz.
—Por lo de su mano… Jamás habría pensado esa afición en usted, comodoro.
Entendiéndolo por fin, James, sintiéndose tremendamente agraviado y ofendido, replicó:
—Lo que usted acaba de decir es un insulto a mi orgullo, capitana Jacky Sparrow, me ofende usted enormemente. Lo que usted insinúa es completamente erróneo ya que no practico esa clase de "actividades" repulsivas propia de gente como usted —Luego, su mancillado orgullo pareció desaparecer hasta volverse una triste expresión cuando siguió hablando.
—Cuando llegué del baile de máscaras, que supongo fue usted quien lo arruinó, había llegado a casa un tanto… bebido y tropecé con la pata de una mesa y me caí sobre una de las ventanas de la sala… Comprenderá, entonces, el origen de estas insignificancias.
Terminó de hablar, pero lo sobresaltó el hecho de que Jacky se le había quedado mirando tan intensamente, que parecía como si estuviera mirando a través de él, examinándolo intensamente, como si supiera que le estaba mintiendo. El comodoro bajó la vista un tanto nervioso cuando ella se le acercó lentamente sin quitarle le vista de encima, sintió cómo ella lo rodeaba mientras colocaba suavemente sus manos alrededor de sus hombros y le musitaba suavemente al oído:
—Me insulta usted, comodoro¿cree que voy a creerme semejante patraña? —lo miraba insinuantemente a la vez que él trataba de evadir su mirada. Jacky lo tomó del mentón y lo obligó a mirarla—. Aunque usted no tenga la cara tan encantadora como la del joven Will, resulta una verdadera lástima que alguien haya sido capaz de lastimarle su recio rostro, comodoro —Tomó su mano vendada y la alzó hasta el nivel de su hombro para poder observarla mejor—. Y me parece que esta herida fue la más peligrosa¿verdad? Se ha cortado la muñeca…, supongo que aún debe dolerle muchísimo… —soltó la mano y volvió a concentrarse en el rostro del azorado oficial, acercándolo al suyo—… y no me refiero únicamente a su herida, comodoro… —acercó sus sensuales labios a los temblorosos de él—… Quien le hizo esta canallada debería caminar por la tabla¿sabe?
Temblando como una hoja, con la dura pérdida de su querida Isabel y el terrible maltrato que ella le había hecho objeto, el adolorido oficial cerró sus ojos llenos de lágrimas, esperando un beso consolador por parte de Jacky.
La pirata, aunque quisiera negarlo con todas sus fuerzas, deseaba como nunca el poder besarlo otra vez, pero su antiguo orgullo masculino luchaba contra su nuevo deseo femenino de disfrutar la compañía de tan estimado enemigo. Sus impulsos masculinos de poseer eran tan fuertes como sus impulsos femeninos de entregarse a él¡lo que sentía era una poderosa mezcla de pasiones a punto de hacer explosión y no tenía pleno control sobre ellos!
"¿Hace cuanto que no paso una buena noche de pasión? —pensaba—. Desde que tengo este cuerpo no me han satisfecho del todo mis antiguas novias… —recordó las cachetadas de Scarlett y Giselle—. Necesito sentir el placer como lo sentía antes… pero… pero… ¡Yo soy en realidad un hombre, no una mujer!".
Y aunque se negaba a entregarse a la verdad, Jacky decidió, en cambio, entregarse un poquito a la pasión y decidió aprovecharse, como siempre, del afecto que le profesaban los demás. Si Elizabeth era su debilidad como hombre, pareciera que James iba a ser su debilidad como mujer, así que se decidió a probar aquel delicioso néctar que le ofrecían en bandeja de plata.
Pero cuando estaba a punto de hacerlo, pudo escucharse un ruidoso… ¡CLICK!
Sorprendida, Jacky se dio por enterada que el comodoro Norrington había sido más astuto que ella y le había puesto uno de los grilletes en su muñeca derecha, atrapándola. Desconcertada, lo miró.
Sonriendo astutamente, mientras su captor se ponía el otro grillete en la muñeca izquierda, decía:
—No crea, capitana, que voy a caer de nuevo en sus jueguitos —la miró jactancioso—. Oficialmente está arrestada, capitana Jacky Sparrow.
Lejos de seguir ofuscada, la pirata se rehizo enseguida y, para la confusión y asombro de James, se le apoyó sugerentemente y, jugando con el moño de su peluca, dijo:
—No sabía que le gustara estos "jueguitos" de alcoba, comodoro… Interesante… interesante… a mí también me gustan mucho. ¿Acaso quiere que comencemos en éste polvoriento lugar? Yo no me opongo¿sabe?
El comodoro Norrington, a pesar de quedarse completamente pasmado por aquella idea, pudo lanzarle una mirada asesina a la degenerada pirata, quien, al notarlo, hacía como si nada.
—Le he colocado estos grilletes, capitana Sparrow, para evitar que usted pudiera escaparse nuevamente. Hay varias preguntas que quiero hacerle.
—¿Cómo en qué posición me gusta dormir en la cama?
James bufó fastidiado y puso los ojos en blanco¿es que ella nunca hablaba en serio? Realmente había olvidado lo impertinente que era.
—¡Nooo¡Sepa usted que está arrestada¿Lo entiende ahora?
—¿Me va a meter en un calabozo? —inquirió muy preocupada esta vez.
—Esteee, no. ¡Ejem! Voy a llevarla a mi casa… —le respondió poniéndose bastante colorado.
—¡A su casa¿Entonces va a meterme en su cama en vez de un calabozo?
—¡No¿Pero es que acaso usted solamente piensa en eso?
—¿Y es que acaso usted solamente piensa que siempre hablo en serio¿No se da cuenta que le estoy tomando el pelo, comodoro?
Con aquella réplica burlona, el comodoro James Norrington prefirió quedarse callado y no decir nada más. ¡Jamás sabría si aquella mujer hablaba en serio o no! Con una mirada amenazante y dando un bufido de fastidio, el comodoro la arrastró tras él, dirigiéndose hacia el portón de salida de la bodega.
—Cúbrase con esto, así nadie sospechará —le dijo mientras le lanzaba una capa azul con capucha que había encontrado abandonada sobre unas cajas.
Jacky olió aquella sucia ropa y frunció el entrecejo.
—¡Uf¡Huele a pescado!
James se volvió y le replicó con una sonrisa maliciosa:
—¿No hay gran diferencia con el ron, verdad? Póngaselo que ya está amaneciendo y no quiero que nadie se fije en sus ropas… singulares.
Sonriendo, Jacky le hizo caso y se puso la capa, se sacó el sombrero y lo escondió bajo la capa para después subirse la capucha. Ella estaba muy interesada en conocer la casa de su "caballero", aparte, claro, que allí cerraría el cerco alrededor de él y ganaría la apuesta y por consiguiente el Perla Negra sería suyo. ¿Por qué el comodoro quería llevársela a su casa en vez de al calabozo? La respuesta salía por si misma: él aún estaba enamorado de ella y quería tenerla a su lado y, Jacky sabría aprovecharlo muy bien.
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Ya había amanecido cuando el capitán Jack Sparrow finalmente había aparecido sobre la cubierta del Perla Negra, trayendo tranquilidad a todos sus tripulantes, quienes se habían quedado muy preocupados al saber, por boca del contramaestre Gibbs, que Jack y Jacky no volverían por el momento.
—¿Qué sucedió con la capitana, Jack¿Por qué no ha regresado ella con usted? —preguntó el contramaestre visiblemente preocupado mientras seguía a su capitán hasta el castillo de popa.
Jack detuvo de inmediato su andar vacilante, y con los brazos extendidos a los costados, se dio media vuelta para enfrentar a Gibbs.
—Ni siquiera preguntes por esa especie de mujer… —le apuntó con el dedo índice como si se lo estuviera advirtiendo—. Ella cometió la más alta de las traiciones, Gibbs.
Y siguió su camino perseguido se cerca por una parte su intrigada tripulación. Fastidiado, Jack, que solo pensaba en irse a echar una siestecita a su camarote, se volvió muy enfadado.
—¡Bien¿Qué es lo que quieren saber?
—Pues… —comenzó a decir el enano Marty—¿cu-cuál fue su traición?
—¡Uf¿Acaso no es obvio¡Esa malvada rompió una botella de exquisito ron en mi cabeza!
Y dejando a todos bastante consternados, el capitán Sparrow entró al castillo de popa y desapareció tras la puerta de su camarote.
—¿Se referirá a que ella rompió la botella o que lo golpeó a él? —inquirió una extrañada Ana María.
—¡Eso es todo un misterio! —exclamó Gibbs alzando las manos.
Cuando éste y los demás ya estaban a punto de cuchichear entre ellos sobre aquel asunto engorroso y decidir a cuál de las dos cosas Jack se refería a una traición, se oyó gritar a su capitán:
—¡¡Señor Gibbs¿¡Barbossa ya se ha recuperado de su "indisposición"!?
—¡¡No, capitán!!
—¡¡Ah¡¡Pues, qué lástima!!
Luego de unos instantes en completo silencio, Ana María le preguntó con un susurro a Gibbs:
—¿No crees que fuimos demasiados duros con el capitán Barbossa?
—¿Con el capitán Barbossa? — la miró un tanto pensativo por unos momentos para luego agregar con absoluta firmeza y apatía mientras negaba con la cabeza y fruncía el entrecejo:
—¡Noooooo! No lo creo. ¡Le venía muy bien aquel laxante!
En ese momento, el loro de Cotton comenzó a chillar posado en el flacucho hombro de su dueño.
—¡Leven anclas¡Leven anclas!
—No lo sé, Cotton, se le voy a preguntar —le respondió el contramaestre.
Y llevando su obeso cuerpo hasta la puerta del camarote de su capitán, Gibbs se inclinó un poco y golpeó suavemente la puerta.
—Jack, entonces… ¿Vamos a partir?
La voz del capitán se dejó escuchar un tanto soñolienta.
—… No, Gibbs, no. Tengo que saber qué es lo que está tramando mi "hermanita", no puedo permitirle que gane la apuesta y me quite el Perla Negra… Ahora déjame dar un pequeño sueñecito y estén alertas, no quiero que nos capturen Norrington y sus hombres…
Sorprendido, el contramaestre volvió con sus compañeros.
—¿Qué te dijo? —preguntó una ansiosa Ana María.
Gibbs la miró significativamente.
—¡Dice que apostó el Perla Negra a la capitana Jacky!
La estupefacta cara de todos reveló la enorme sorpresa con la que habían recibido aquella extraordinaria noticia.
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Mientras tanto, cuando ya amanecía sobre la mojada ciudad de Port Royal y los habitantes empezaban a levantarse al canto vespertino de los gallos y las naves mercantes comenzaban a levar anclas incluyendo al navío del almirante Jacobson, dos personas iban caminando velozmente hacia el sector más elegante de la ciudad. Una de ellas iba cubierta con una larga y ondulante capa azul con capucha, la otra persona, que iba tomándola de la mano, iba vestido como un militar de alto rango de la Real Armada Naval. Eran Jacky Sparrow y James Norrington, y juntos caminaban a toda prisa hacia la casa del mencionado oficial.
Saludando nerviosamente a cada soldado o pueblerino que los que se encontraban, y hasta a veces secundado imprudentemente por la pirata, el comodoro no veía la hora de llegar a su casa y ocultar a Jacky ante la vista inquisidora de todos, pues no quería que la atraparan y la condenaran a la horca por sus actos de piratería. Nadie la conocía, pero no quería correr el riesgo.
Luego de algunos contratiempos causados por Jacky, ambos pudieron llegar a la elegante vivienda. Una vez que traspasaron el umbral de la casa y cerraron la puerta tras de sí, James se sintió bastante aliviado y le quitó las esposas a la pirata.
—Ni se le ocurra escaparse, en esta parte de la ciudad hay muchos soldados haciendo guardia —le advirtió.
Había sido una verdadera suerte que el mayordomo no estuviera allí para atender la puerta, así que condujo rápidamente a la visitante a la sala de estar.
Mientras ayudaba a la pirata a sacarse la capa, ésta miraba a su alrededor muy interesada por las cosas valiosas que habían a su alrededor, deseosa de apoderarse de ellas. James colgó la capa en la percha de pie y se volvió para mirarla, no podía evitar sentirse tan lleno de felicidad. Jacky se volvió y sus miradas se encontraron, quedándose ambos mirándose en completo silencio.
El comodoro carraspeó un tanto nervioso, no sabía cómo reaccionar en aquel momento… ¡por fin tenía a Jacky en su casa y no sabía cómo actuar! Pero también se avergonzaba de sus propios sentimientos… ¡aquella mujer era en verdad el odioso capitán Jack Sparrow!
—¿Qui-quieres un poco de té? —ofreció.
—Mmm… ¿No tienes algo más interesante¿Ron, por ejemplo? —preguntó mientras inspeccionaba con gran interés cada rincón de la sala y curioseaba cada objeto que llamaba su atención.
—¿Ron? —sabía que no debía impresionarse por aquella petición, pero lo estaba—. No, no tengo, pero podría ofrecerte otra cosa.
—Mientras tenga alcohol…
Norrington se apresuró a ir hasta el aparador y sacó de él una botella de gin y un par de vasos. Él también necesitaba beber algo, estaba muy nervioso.
Una vez que hubo llenado ambos vasos, le dio uno a Jacky, quien lo rechazó enseguida y tomó la botella de gin para sí para el asombro de James, que se le quedó mirando con la boca abierta.
—Así está mucho mejor —arguyó la capitana del Perla Negra mientras se bebía un buen poco de aquel líquido fuerte.
El comodoro le dio la espalda y se dirigió hacia la ventana, sintiéndose muy desconcertado y, mientras observaba el amanecer, dijo:
—Estoy un poco confundido, Jacky… ¿Eres tú, verdad? —la miró—. Sé que eres tú, lo presiento, pero no entiendo por qué eres de nuevo una mujer¿acaso no se había roto ya la maldición?
Jacky Sparrow no le contestó de inmediato, en su lugar se echó sobre uno de los cómodos sillones, puso la botella de gin sobre la delicada mesita de caoba que había a un costado, juntó la yema de los dedos y se cruzó de piernas con actitud seria.
—Mi estimado Norry —comenzó a decir—, confieso que no tengo la menor idea de lo que pasó; la maldición se rompió de cierta manera… pero lo extraño es que Jack y yo nos separamos.
—¿Se separaron? —inquirió asombrado.
—Así es, ahora somos dos: un hombre y una mujer.
—O sea que…
—Ahora soy toda una dama, mi caballero —una sonrisita picaresca asomó en el rostro de la pirata, sabiendo perfectamente lo que eso significaría para el comodoro.
Maravillado con aquella feliz noticia y mirando nuevamente por la ventana, James se sintió completamente libre de amar por primera vez desde que había conocido a la versión femenina del capitán Jack Sparrow. Ahora que ambos se habían separado (de eso quería estar completamente seguro) y Jacky oficialmente era una mujer, ya no habría implicaciones morales para desear estar con ella y compartir toda su vida a su lado. ¡Estaba completamente feliz¡Por fin estaría con ella sin sentirse automáticamente avergonzado¡Por fin podía declararse oficialmente enamorado¡Ahora era libre de amarla¡Se habían acabado las penurias¡Volvía s ver la vida como antes! No…, no iba a ver la vida como antes¡la iba a ver completamente diferente con la capitana Jacky Sparrow¡Vida¡Eso era lo que ella le daba¡Vida a su propia vida!
Se volvió hacia ella, su rostro otrora tan estoicamente ingles, estaba radiante, dichoso; sus ojos brillaban por la emoción y la enorme felicidad que sentía en su corazón. Para Jacky, aquella imagen la impactó lo suficiente como para sorprenderse y darse cuenta de que, el aburrido inglés, era bastante guapo y que valía la pena divertirse un poco con él.
—No sabes lo feliz que me ha hecho escucharte decir eso —le confesó—. Siempre temí estar haciendo lo incorrecto al sentir… al sentir lo que siento por ti… —se puso colorado y volvió a mirar el alba en silencio.
Sonriendo, sabiendo ahora que lo tenía en sus manos, Jacky se levantó de su asiento y se dirigió hacia el comodoro para abrazarlo por detrás, tomándolo por la cintura, sorprendiéndolo.
—No sabía que era tan tímido para expresar sus sentimientos, comodoro Norrington —le dijo con una pícara sonrisa mientras él la miraba cada tanto de soslayo, bastante avergonzado—. Pero me gusta¿sabe? —le susurró en el oído, haciéndolo temblar.
—… E-eran u-ustedes dos los que estaban en el baile de máscaras disfrazados de españoles¿verdad? —apenas pudo preguntar.
—Así es. Yo quería verte, pero Jack había insistido en acompañarme.
—¿Q-querías verme?
—Por supuesto, mi estimado Norry, hacía mucho tiempo que no lo veía y extrañaba mucho fastidiarlo¿sabe…¡Estoy tan aficionado-a a usted!
James se volvió para mirarla, ella aún abrazaba su cintura y él tenía una de sus manos sobre el marco de la ventana y la otra relajada a su costado.
—Entonces… ¿usted me ama, Jacky?
—¿Amarlo, dice? —acercó su rostro al de él, entrecerrando los ojos—. Eso sería mucho pedir para mí¿sabe?
—… ¿Y puedo pedirle un beso…? —preguntó mientras se inclinaba un poco, cerrando los ojos.
—… Eso se puede arreglar… —.Y lo besó en la boca.
En ese mismo y mágico instante, mientras los dos se besaban tierna y suavemente, todo el dolor y la soledad que James sentía, desapareció completamente de su vida; en cambio, Jacky sintió que toda su confusión e inseguridad que sentía acerca de su nueva personalidad, desaparecían para entonces dar lugar a una confusa mezcla de pasión y miedo. ¡Tenía miedo de ser una mujer para siempre y perder la libertad que tanto amaba¡Pero a la vez era tan fuerte su deseo de poseer a aquel hombre tan locamente enamorado de ella! (porque ahora era "ella" y no "él", había que aceptarlo… ).
De pronto, cuando más apasionados estaban, Jacky se levantó rápidamente y tomó al sorprendido James de la casaca y también lo obligó a levantarse, luego alzó el sombrero —que se había caído al suelo al otro lado de la cama— y se lo colocó para después abrir la puerta y sacarlo a empujones al pasillo. Norrington estaba tremendamente consternado y no acababa de entender nada.
—¿P-pero qué pasó? —le preguntó mientras se asomaba al dormitorio a través de la puerta semiabierta.
—Nada, ya tienes que irte a trabajar —le respondió con una sonrisa burlona y le cerró la puerta en la cara.
James se quedó como un tonto parado en la puerta, mirándola, pero enseguida aquella extraña situación le hizo gracia y, sonriendo, se acomodó la ropa, la peluca y el sombrero y se marchó a la habitación en donde se encontraba reposando madame Foubert, quería saber cómo se encontraba antes de marcharse.
En la alcoba de Norrington, la capitana Jacky Sparrow no podía estar más satisfecha; estaba acostada en la cama bebiendo plácidamente su amado licor e ideando las mil y un travesuras para fastidiar a su Norry. Sabía que lo tenía en la mano al igual que la victoria en la apuesta; sabía que podía tener todo lo que quisiera mientras estuviera al lado de Norry; podía vivir como una dama de alta sociedad y una descarriada pirata a la vez; tendría toda la libertad para poder viajar como la prometida de un comodoro alrededor del mundo y ser a la vez una fugitiva pirata a lo largo de todo el Caribe. ¡Todo se desarrollaba tan maravillosamente que resultaba casi imposible! Ya no se lamentaba tener que entrar a la cama con él, era lo suficiente lujuriosa como para aceptarlo y gozar con ello, después de todo, pasar toda su vida al lado de él, parecía ser que iba a ser muy tranquila y entretenida a la vez. Claro que quizás él se opusiera inicialmente a la idea de permitirle seguir pirateando, pero Jacky sabía muy bien que podría convencerlo de lo contrario.
—Esto es más de lo que me había propuesto… —dijo—. ¡Creo que he encontrado a la gallina de los huevos de oro! —miró hacia la percha de pie en donde colgaba una de las casacas de oficial de James—… Más bien, creo que he encontrado un fabuloso tesoro…
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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