Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 40: ¿Amigo o Enemigo? Un trato Traicionero Entre Jacobson y Beckett

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 40: ¿Amigo o Enemigo? Un trato Traicionero Entre Jacobson y Beckett

William Turner estaba furioso con el almirante Jacobson por lo que había hecho con su amada Jacky, ¡ganar el duelo sin siquiera haber sido invitado y darle semejante beso! Entonces, Will comenzó verlo como a un ogro y a verse a sí mismo como el príncipe azul del cuento. ¡Él salvaría a su dulce princesa! En cambio, Elizabeth Swann estaba sinceramente asombrada (interiormente se sentía vengada por lo que le había hecho Jack a ella, ya que sabía que él detestaba ser besado por otros hombres), James Norrington, en cambio, se sentía traicionado, ¿cómo explicar ese sentimiento?, ni él mismo podía entenderse muy bien ni tampoco podía entender el accionar de su amigo George, puesto que este odiaba a muerte a todos los piratas, especialmente a Jack Sparrow. Al final, James lo atribuyó a su estado de ebriedad.

Mientras tanto, el almirante George Jacobson había encerrado al capitán Jack Sparrow en su camarote para evitar que este provocara más problemas. El pobre de Jack, sintiéndose como un león enjaulado, iba y venía por toda la habitación, maldiciendo al desgraciado que lo había encerrado allí sin una sola gota de ron.

Pero el mayor problema del capitán Sparrow, era, que sin quererlo se había enamorado rotundamente de Jacobson, cosa que lo sacaba de quicio, pues sin saber que éste en realidad era una mujer, se espantaba con la idea de haberse enamorado de un hombre. Sí, le había gustado aquel beso avasallador que le había dado en contra de su voluntad, Jack se había sentido por primera vez en su vida, dominado por otra persona, y eso lo llenaba de pánico. TENÍA que alejarse sí o sí de aquel oficial de la armada real, puesto que no quería terminar entregándose a él y convertirse en mujer para siempre.

A todo eso, el almirante George Jacobson estaba de lo más campante en la proa del barco, parado junto a su tío, quien lo miraba con cierta preocupación en el rostro.

-¿Estás seguro que no te traerá problemas lo que hiciste con ese bandido? –le preguntó al fin.

-No te preocupes, tío, es parte de mi venganza. Como hombre, sé que él detesta ser besado por los de su género.

Luego, Jacobson miró seriamente a su tío Christian y le dijo:

-Tío, pronto me embarcaré en un barco pirata y no sé lo que podría ocurrir allí. Podría ser muy peligroso para ti, por lo tanto no quiero que vengas conmigo.

El hombre de canos cabellos lacios sonrió al escuchar aquella advertencia, luego colocó su mano sobre el hombro de su querido sobrino y le dijo:

-Jacob, sabes muy bien que a dónde tú vayas, yo iré, aunque tuvieras que ir al fin del mundo yo te seguiría sin dudarlo un instante para ayudarte en lo que pudiera. ¿Acaso solamente es tuya la venganza? No, pues yo también perdí a mi hermano, mi cuñada y mi sobrinito. Tu venganza es mía también y no retrocederé jamás un paso ante la adversidad.

George sonrió agradecido, no porque él lo seguiría hasta el final, sino porque compartía los mismos sentimientos que albergaba su corazón. Ambos podían entenderse muy bien.

-Eres tan testarudo como yo, tío Chris –le murmuró mientras colocaba su brazo alrededor se su tío.

-No olvides que somos familia, Jacob –replicó el otro mientras dirigía su mirada sobre la ciudad bautizada como Port Royal.

Una vez tocado puerto, los pasajeros y la maltrecha mercadería bajaron del navío mercante para iniciar el camino hacia sus respectivos destinos. Como ya se estaba poniendo el sol y pronto tocaría el toque de queda, todos tenían que marcharse hacia sus respectivas casas.

Elizabeth había invitado a el almirante George Jacobson a que se hospedara en su casa para tratar así de provocarle celos a William, pero éste ni siquiera se molestó por eso más bien estaba renuente a que el comodoro Norrington se llevara a Jack hacia su casa, y lo mismo sentía James con el joven herrero, que también tenía las mismas intenciones.

-¡No permitiré que te lleves a Jacky! –protestó el muchacho tomando a Jack por uno de sus brazos.

-¡Pues me parece imprudente dejarlo a manos de alguien tan trastornado como tú! –replicó James mientras tomaba al pirata por el otro brazo.

-¡Los dos son los trastornados! ¡Él no se quedará con ninguno de ustedes dos! ¡Vendrá conmigo a mi casa! –exclamó Elizabeth aferrándose a los cabellos del pobre Sparrow.

-¡Ouch! ¡Cuidado! –pidió el pirata mientras sentía que comenzaban a tironearlo hacia todas direcciones.

-¡Eso sí que no! ¡Jamás te la llevarás!–se molestó Turner mientras volvía a tironearlo por el brazo.

-¡Está claro que quieres hacerle daño! –exclamó Norrington haciendo lo mismo que William.

-¡Oigan! –pidió muy preocupado el pobre capitán del Perla Negra-. ¡Ya basta!

Pero nadie le hizo caso, como siempre.

-¡Y tú ya suéltala! –volvió a protestar Will en el mismo momento en que jalaba fuertemente a Jack.

-¡Suéltelo usted primero, joven Turner! –ordenó el comodoro haciendo lo mismo que el muchacho.

-¡Suéltenlo los dos! –pidió la joven Elizabeth también tironeando malintencionadamente fuerte del pelo de Sparrow.

-¡Ay! ¡Eso dolió! –se quejó Jack Sparrow apenas manteniendo el equilibrio ante tanto zarandeo-. ¿Por qué me hacen esto? ¿No saben que hay Jack Sparrow para todos?

Pero entonces, William Turner tuvo una excelente idea para lograr que el comodoro soltara a su amada.

-¿Ve cómo se niega a dejarla en paz? ¡Eso quiere decir que también la ama!

Y sin que ninguno de los otros tres y ante la sorpresa de George Jacobson, el comodoro James Norrington soltó repentinamente el brazo de Jack Sparrow provocando que Will, Elizabeth y Jack cayeran al agua del mar, pues resulta que estaban a la orilla del puerto.

-Mira –le dijo Norrington mientras se acercaba a la orilla y veía a los tres salir a flote completamente mojados y escupiendo agua salada-, puedes llevarte a este mequetrefe si tanto lo quieres, a mí no me importa.

Y dicho al hecho, aunque no lo quisiera hacer realmente, el comodoro James Norrington se marchó de allí.

-Bueno, -dijo Jacobosn mientras extendía su mano y tomaba a Jack por los cabellos y lo ayudaba a salir del agua-, ustedes se olvidaron que yo gané el duelo, por lo tanto, esta mujer se irá conmigo a un hostal.

-¿U-un hostal? –el maltratado y sorprendido pirata no le gustó nada aquella propuesta.

-¡¿Un hostal?! –se asombraron los otros dos que aún estaban en el agua.

Y mientras el almirante George Jacobson se llevaba a las rastras al afligido Jack Sparrow, quien ni por todo los tesoros de los siete mares quería quedarse a solas en una habitación con la persona a quien se sentía totalmente atraído, Will y Elizabeth lograron salir del agua.

-¡¡Jacky!! –la llamó Turner desesperado, pero justo en el momento en que se disponía a ir a rescatarla, el muchacho recibió un fortísimo golpe de cabeza que lo dejó tumbado en el suelo, completamente desmayado.

-Eso te lo tienes merecido –murmuró Elizabeth, autora del golpe provocado por el mango de su espada.

En ese momento, un par de soldados pasaban por allí y la chica les pidió que llevaran William Turner hacia su casa, ya que ahora estaba indispuesto.

Una vez logrado su propósito, Elizabeth Swann se dirigió hacia su casa tomando un carruaje.

Aquella noche, el capitán Jack Sparrow tuvo que dormir encerrado en el armario de una habitación alquilada por Goerge, reforzando aún más su opinión sobre la personalidad gay del almirante Jacobson.

-Ha de estar enamorado de Norrington… -pensó bastante fastidiado el pirata.

A la mañana siguiente, ya con el asunto solucionado sobre el barco que partiría hacia Isla Tortuga, y el haber arreglado algunos asuntillos en el fuerte, el comodoro James Norrington fue a visitar a Lord Cutler Beckett para conversar sobre lo que harían al respecto con Jack Sparrow. Quería convencerlo de que lo dejara en paz.

Ya en la oficina del intrigante, el oficial trató de volver a hablar sobre el asunto que les concernía a los dos.

-¿Y qué quiere que aclaremos, comodoro Norrington? –preguntó el despreciable hombre de la Compañía de las Indias Orientales mientras se sentaba en su elegante silla y tomaba un vaso de oporto-. Ya todo está dicho: usted tiene que traerme la Piedra Mística y la mujerzuela Jack Sparrow. No me venga ahora con sentimentalismos, usted es un oficial y no puede echarse para atrás en sus decisiones. Usted hizo un trato y por su honor de caballero, tendrá que traerme a esa perra. ¿Entendido?

James lo miró con una mirada asesina. No le gustaba esa palabra, no era de caballeros decirla, ni mucho menos que se refiriera así de la mujer que amaba.

Beckett se rió repugnantemente, le divertía torturarlo de esa manera, pues sabía que aunque éste deseara mandarlo de paseo, no podía, no tenía ni el valor ni el rango para hacerlo. Lord Beckett era muy poderoso y podría acusarlo de desacato perdiendo todo lo que había conseguido hasta ese momento y más.

-Bueno –dijo haciendo un gesto con la mano-, si ya no tiene nada interesante qué decirme, le sugiero que se marche, tengo muchas cosas que tratar.

Norrington estaba que ardía de la rabia que sentía, pero sabía muy bien que nada podía hacer contra aquel hombre poderoso, así que se, tragándose su orgullo, se dio media vuelta y se dirigió en silencio hacia la puerta de salida.

-Comodoro Norrington –llamó Beckett de repente. James se detuvo, pero no se volvió para mirarlo, simplemente mantenía una firme mirada hacia la puerta-. Recuerde el mal rato que me hicieron pasar usted y su amorcito en la mansión del gobernador, puedo vengarme, ¿sabe usted? Así que le sugiero que me triga lo que le pido sin dudarlo. ¿Está claro?

James nada dijo, lo único que deseaba era traspasar con su espada el negro corazón de aquel hombre.

-¿Está claro? –volvió a repetir el poderoso Lord, pero agregando a sus palabras un ligero tono de amenaza.

-… Está claro, señor –apenas pudo decir y se retiró lo más rápido que pudo.

Habían pasado unos minutos desde que el comodoro se había marchado, y mientras que Lord Cutler Beckett firmaba unos papeles, otra persona de gran importancia hizo aparición ante él mientras salía por detrás de las aterciopeladas cortinas rojas del gran ventanal que daba al jardín.

-Buenos días, Lord Cutler Beckett –saludó el almirante George Jacobson.

-Buenos días… ¿A qué se debe su inesperada visita, Sr. Jacobson? Espero que tenga una buena explicación por su accionar. No me agradan los espías –dijo con un tono de amenaza mientras volvía su vista hacia los papeles en que estaba escribiendo con su pluma de ganso luego de haber levantado su vista al darse con la sorpresa de la inesperada visita de aquel hombre.

-Vine a negociar con usted. Tengo entendido que quiere conseguir para usted la Piedra Mística y a Jack Sparrow. Yo podría conseguírselos sin ningún problema. –Todo eso lo dijo con un rostro inexpresivo, puesto que él también odiaba a ese hombre inescrupuloso. Pero por su amigo James, haría cualquier cosa, hasta traicionar su confianza.

Al escuchar todo aquello, Lord Cutler Beckett sonrió hipócritamente, y mientras extendía su mano invitando a su nuevo visitante a que tomara asiento, dijo:

-¡Oh! Lo que usted dice me interesa bastante. ¿Por qué no toma asiento y lo charlamos un poco mientras tomamos una buena copa de Whisky?

George tomó asiento sin siquiera sonreír un segundo.

-Muy bien –respondió.

Y mientras le servía la bebida ofrecida en una hermosa copa, Beckett preguntó curiosamente:

-Me imagino que el comodoro Norrington fue quien le contó todo, ¿no es verdad? No me sorprende, pues siempre fueron muy buenos amigos ustedes dos desde que se conocieron en la escuela naval…

-Vayamos al punto que nos concierne –ordenó el almirante sin más preámbulos. No tenía intención de hablar cosas personales con aquel sujeto.

-Muy bien, como usted diga –comentó el ambicioso hombre mientras volvía a tomar asiento frente a su invitado y juntaba las yemas de sus dedos-. Comience con su propuesta, soy todo oídos.

George, sin demostrar en su rostro lo desagradable que le era conversar con Beckett, comenzó a hablar:

-Como usted dijo, fue el comodoro James Norrington quien me confesó todo este enredado asunto, y viendo que él ya no está en plena posesión de sus facultades mentales, he decidido actuar en cuenta suya y traerle lo que usted tanto desea.

-¿Traicionará entonces a su amigo, almirante Jacobson? –inquirió con una malvada sonrisa.

-No malinterprete lo que le estoy diciendo, Sr. Beckett –Jacobson pareció molestarse ante aquella insinuación-. Jamás se me ocurriría hacerlo.

-¿Entonces?

-Actuaré por Norrington y usted le otorgará el puesto de almirante. ¿Entendido? No quiero absolutamente nada para mí, sólo que cumpla con su parte del trato.

-¿Entonces no quiere nada para usted?

-Nada, solamente lo que le estoy pidiendo.

-Entiendo… -dijo Cutler mientras se ponía en pie y miraba hacia el mapamundi que estaban pintando en su pared-. Si usted me trae lo que quiero, tenga por seguro que cumpliré con mi parte del trato que hice con el comodoro Norrington.

-¿trato hecho, entonces? –preguntó el almirante mientras se ponía en pie, ansioso por acabar con aquella desagradable entrevista.

Entonces, Lord Cutler Beckett se dio media vuelta y contestó dichosamente mientras extendía su mano derecha:

-Trato hecho entonces, Sr Jacobson.

Y mientras le daba un apretón de manos como señal de que se cerraba el trato, comentó con un ligero tono de amenaza en su voz:

-Recuerde, Sr. Beckett, "que un trato hecho, jamás será deshecho".

-Concuerdo con usted. –Respondió otra vez con una sonrisa despreciable-. ¿Pero acaso no tiene miedo de caer hechizado por esa maldición? Usted corre el mismo riesgo que su amigo.

-No se preocupe, ya lo tengo todo controlado.

Y en cuanto George Jacobson se dirigió hacia la puerta de salida, Lord Beckett le comentó algo sorprendente:

-¡Oh! ¡Se me olvidaba…! ¿Se enteró usted que aquel sucio pirata que atrapó en los mares ingleses se escapó el día en que lo iban a ahorcar?

-¡¿Cómo?! –George se detuvo de inmediato y se volvió hacia el Lord-. ¿Se está refiriendo a Bartolomé Morgan?

-Ése justamente. Tengo entendido que se escapó en medio de una gran confusión provocada por una repentina y espantosa tormenta eléctrica. Muy extraño, ¿no le parece?

El almirante frunció la boca y dijo:

-Tuvo suerte, pronto volveré a atraparlo.

-No lo dudo. Usted es tan despiadado como lo fui yo con esos tunantes.

-No merecen perdón alguno, ninguno de ellos –casi se podía ver el odio reflejado en su bello rostro.

-¿Hasta el ridículo del capitán Jack Sparrow?

-Especialmente él. –Y apenas terminó de decir esto, George se dirigió otra vez hacia la puerta principal, pero Becket, como si lo hubiera recordado en último momento, exclamó:

-¡Oh! ¡Felicidades por su nuevo ascenso, almirante Jacobson!

El aludido sólo lo miró con el ceño fruncido por unos instantes sin decir nada para luego marcharse definitivamente de aquel lugar.

Después de que lo vio marcharse, Lord Cutler Beckett se rió de buena gana y volvió a tomar asiento, y mientras colocaba sus codos sobre la fina mesa francesa y juntaba la yema de sus dedos, murmuró:

-¡Cuanta devoción hacia ese hombre! Siempre fue así desde nuestros días de colegio… Por otro lado, resulta extraño que se confíe tanto con el hechizo de la maldición del anillo, ¿Por qué estará tan seguro de que no lo afectará? Es realmente extraño…

Y, en sus pensamientos, quiso responderse esa pregunta a sí mismo:

-Seguramente debe ser gay y estará enamorado del comodoro Norrington…-pensó un tanto escandalizado.

Luego de su desagradable entrevista con Lord CutlerBeckett, el almirante George Jacobson subió al carruaje que lo estaba esperando y se dirigió directamente hacia el hostal para sacar a Jack de su encierro y dirigirse ambos hacia el puerto, pues ya faltaba muy poco para zarpar hacia la Isla Tortuga.

Una vez liberado y totalmente muerto de sed y hambre, Jack Sparrow fue introducido al carruaje de mala manera por el almirante y entonces partieron inmediatamente de allí.

En el momento en que Jack trató de abrir la boca para protestar por su maltrato, el almirante Jacobson lo interrumpió diciéndole:

-Si llegas a pronunciar una sola palabra de queja delante de mí, juro que no bajarás con vida de este carro.

El sorprendido Sparrow, cerró la boca inmediatamente y se cruzó de brazos recostándose en el asiento, muy molesto. Se preguntaba por qué aquel sujeto que lo odiaba tanto, había ganado el duelo por él, pues estaba claro que no lo quería.

Y mientras observaba recelosamente a aquel pirata, George pensaba que había grandes posibilidades de que James se enojara con ella en cuanto llevara a cabo su plan y le arrebatara a ése, pero contaba que en cuanto lo alejara de él y que éste olvidara su tonto amor hacia aquel pirata, y luego de que ella le confesara sus verdaderos sentimientos hacia él, James accedería a casarse con ella.

Isabel aún se encontraba soñando con aquella posibilidad cuando notó que ya habían llegado al puerto. Luego de apearse, se dirigió hacia el barco mercante que zarparía dentro de media hora hacia Isla Tortuga, el hogar de todos los sucios piratas del Caribe.

Ya en el puerto, Elizabeth Swann había conseguido que su padre le permitiera marcharse de nuevo, y se había reunido con el joven Will Turner y James Norrington, quien ya había hecho arreglos para poder zarpar aquella misma tarde hacia donde tanto deseaban ir. Will y Elizabeth, totalmente enojados, ni siquiera habían cruzado palabra alguna entre ellos.

George Jacobson y Jack Sparrow se reunieron con ellos al cabo de unos minutos.

-Buenos días a todos, ¿están listos para partir? –le preguntó a sus compañeros de viaje una vez que se paró frente a ellos al lado del puente del navío.

-Estamos todos listos –respondió su amigo James.

-¿Y las bebidas también? –preguntó Jack Sparrow.

Nadie le respondió, ya que George habló antes que nadie.

-Muy bien, abordemos el navío –ordenó mientras les hacía un gesto para que acataran su orden, no sin antes dirigirle una mirada asesina al pirata.

Elizabeth subió a empujones a "Jacky", luego, por detrás de ellas las siguió Will Turner, quien no podía evitar su disgusto para con el almirante, sobre todo el haberse llevado a Jacky cuando todos sabían que la detestaba.

-¿Quién se creerá este idiota para darnos órdenes?-se preguntó muy molesto-. Se debe creer que está entre sus subordinados…

Definitivamente, el pobre de Will seguía molesto por el asunto del duelo del día anterior y por haberle arrebatado a su dama.

James Norrington siguió después de él, aún sumido en sus pensamientos con respecto a traicionar o no a su amor no correspondido. El almirante Jacobson, su amigo incondicional, apresuró sus pasos para poder caminar a su lado.

-Hay algo que no te dije, James –George le confesó mientras subían por el puente del navío mercante.

-¿Qué es?

-Bartolomé Morgan escapó de la horca hace una semana.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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