Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 44: Todo lo que Hago, lo Hago por ti
(Esta imagen fue realizada con IA)
Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
Capítulo 44: Todo lo que Hago, lo Hago por ti
Varios días pasaron desde que el capitán Jack Sparrow había hecho su sorprendente elección, y varias cosas habían cambiado desde aquél memorable día: el doctor Jacobson aparentaba ser el mismo de siempre, pues nadie había notado su inesperada posesión. El pobre William Turner era manipulado como quería por el atolondrado Jack, convirtiéndose en su "lacayo" personal haciendo todo lo que él le pedía. La despechada Elizabeth Swann, en cambio, furiosa y celosa, siempre encontraba una buena excusa para darle una que otra paliza al pervertido capitán como desquite por su herido corazón. Los capitanes Hector Barbossa, McKinley, y los demás miembros de la tripulación del "Perla Negra", también encontraban varias oportunidades durante el día para querer acabar con el muchacho Turner, pero éste siempre lograba escapar de los intentos de asesinato. El laureado héroe de Inglaterra, el almirante George Jacobson, se encontraba muy preocupado por su amigo, pues éste había cambiado radicalmente su personalidad desde aquel día nefasto: se había abandonado a sí mismo, peleaba con todo el mundo y bebía todo el tiempo. Hasta el capitán Jack Sparrow parecía preocuparse por Norrington, (aunque disimulaba muy bien aquel sentimiento).
Una noche tranquila, después de varios días de viaje llenos de anécdotas memorables, el "Perla Negra" hizo un pequeño alto en el puerto de una pequeña ciudad portuaria africana, región colonizada por los holandeses (Sudáfrica) desde hacía un siglo, y como casi toda la tripulación del Perla deseaban estirar un poco las piernas y comer algo que no estuviera rancio, decidieron ir a cenar, quedando el barco casi a solas, dándole la oportunidad exacta para que Isabel hablara a solas con su amigo James y lo hiciera entrar en razón.
Una vez que George (Isabel) se percató de que no había nadie más a bordo, buscó al comodoro James Norrington por todo el navío hasta que lo encontró sentado sobre unos toneles bebiendo a más no poder con varias botellas de ron a su alrededor. A Isabel no le gustó para nada lo que vio: su abatido amigo llevaba la ropa sucia y desordenada, se estaba dejando crecer la barba, y olía terriblemente a ron. En resumen, el comodoro era un completo desastre.
James Norrington se encontraba mirando hacia el vacío, tan sumergido en sus propios pensamientos que ni siquiera notó que George se había acercado a él.
-James… -lo llamó en voz baja, sorprendiéndolo un tanto-, ¿podemos conversar unos momentos?
El comodoro Norrigton ni siquiera lo miró, sólo se limitó a contestarle con cierta molestia:
-… ¿Qué quieres? Si vienes a darme un sermón, prefiero no escucharte.
George bufó fastidiado, odiaba aquella actitud de derrotismo en su amigo, ¿quién más como ella sabía lo que era perderlo completamente todo? Aún así, jamás se había dejado llevar por la sensación de derrota, pues nunca se lo había permitido a sí misma. ¿Por qué él era tan débil?
-No seas ridículo, James, te estás comportando como un tonto por culpa de ese pirata mal agradecido. ¿Acaso crees que podrás convencerlo comportándote de esa manera y tener alguna oportunidad con él? ¿Por qué de todos estos locos enamorados, tú eres el único que se comporta de esta manera? ¡Eres patético! ¡Estás haciendo el ridículo! ¡Despierta ya de ese loco enamoramiento!
Isabel no lo podía negar, pero a parte de sentirse preocupada por él, se encontraba celosa por lo que su amigo James sentía por aquella desagradecida pirata que ni siquiera le correspondía. ¡Cómo le hubiera gustado que él sintiera lo mismo por ella! ¡Aunque sólo sea una milésima parte!
James la miró entonces, y una sonrisa despectiva apareció en su rostro, la pobre Isabel no estaba preparada para escuchar lo que éste le diría a continuación.
-No tienes derecho a juzgarme, George, por lo menos yo soy sincero con mis sentimientos –le replicó con ironía-, y no ando por ahí fingiendo ser lo que no soy, como lo haces tú…
Entonces, George Jacobson abrió enormemente sus ojos celestes al escucharle decir a su amado tamaña ofensa y traición, ¡se suponía que habían prometido que jamás insinuarían su doble identidad ni siquiera cuando estuvieran a solas!
-James, no sé qué pensar de ti, ¿cómo puedes llegar a ser tan cruel? –lo amonestó muy resentida, sorprendida por aquel cambio radical en James, pero luego, lo que ella le dijo a continuación, le llegó a James directo al corazón.
-Tú no te doblas ante la adversidad, James, te quiebras…
Y así, totalmente defraudada y sin ganas de seguir hablando, Isabel Jacobson se fue de allí sin mirar hacia atrás.
El comodoro James Norrington se le quedó mirando, pensativo ante lo que su mejor amigo le había dicho. ¿Y si era cierto? ¿Y si por cualquier contrariedad él se dejaba caer? ¿Hasta qué sería capaz de hacer él si se dejaba llevar por la desesperación? ¿Llegaría hasta el suicidio?, ¿la traición? Entonces, el comodoro recordó lo que aquella extraña pitonisa le había advertido cuando fueron a verla en los pantanos:
"Ten cuidado con la desesperación, tienes un buen corazón, pero la desesperación te llevará a cometer errores con lo que tendrías que paga rhasta con tu vida. El destino del capitán Jack Sparrow está en tus manos, piensa bien en lo que vas a hacer…".
Luego de recordar esto, James por fin comprendió lo que aquella mujer quiso decirle, también comprendió la preocupación de su amigo y entendió que se estaba comportando de una manera totalmente ridícula y patética, dándole qué hablar a la chusma del barco. Y por sobre todo, haciéndole ver a Jack Sparrow que tenía pleno control sobre su voluntad, riéndose de él.
Entonces, Norrington se puso de pie, se acercó a la baranda, miró la botella de ron que llevaba en su mano derecha e inmediatamente la lanzó al mar. Y así, el comodoro James Norrington había decidido dejar de dar lástima y seguir adelante con valentía demostrándole a todos que no era una persona débil de voluntad…, aunque su adolorido corazón estuviera matándolo por dentro...
Luego de unos minutos mirando pensativo hacia el mar, dijo:
-… Aunque dudo que pueda soportar verla tan feliz al lado de ese fastidioso de William Turner… - murmuró para sí refiriéndose a la forma femenina del capitán del "Perla Negra".
Mientras dejaba sólo a su amigo James a bordo del "Perla Negra", el almirante George Jacobson bajó al puerto y se marchó velozmente hacia el pueblo portuario para cenar y dedicarse a beber para así poder borrar aquel sentimiento de frustración que sentía por la irracional actitud de su querido amigo y amor secreto. Su tío, el doctor Christian Jacobson, quien lo estaba esperando tranquilamente al final del puente, se unió a su sobrino caminando rápidamente a la par suya.
-¿Lograste volverlo en sí? –le preguntó con cierto interés.
-No lo sé –contestó tajante el almirante-, y no me interesa saberlo, lo único que ahora quiero es ir a emborracharme hasta el amanecer.
¡Oh! Ya veo… -comentó el doctor un tanto apesadumbrado, luego le sonrió simpáticamente y agregó:
-En ese caso, voy a acompañarte hasta que me dé sueño. Pero te advierto otra vez, mi querido sobrino, que la bebida es mala para tu hígado.
Jacobson miró muy agradecido a su tío, quien siempre había permanecido a su lado en las buenas y en las malas apoyándolo en todo momento, renunciando a todo en su vida personal.
-Gracias, tío… -murmuró con gran gratitud.
-No hay de qué –le sonrió amablemente.
Y mientras se marchaban por el camino que conducía hacia el cercano pueblo, no se dieron cuenta de que se habían cruzado con el capitán Jack Sparrow, quien se dirigía hacia su amado barco "Perla Negra" con varias botellas de ron en los brazos y en "la cabeza", pues estaba tan borracho, que caminaba zigzaguearte entre la vegetación en medio de la oscuridad. Una vez llegado penosamente a su embarcación, se dio con que toda la tripulación aún permanecía fuera, incluyendo a Elizabeth y Will, quienes antes lo habían acompañado a la taberna del pueblo y habían estado toda la noche fastidiándolo, uno enamorado empalagosamente, y la otra buscando pretextos para gritarle y pegarle.
-…¡No hay nadie a bordo!... Se van a robar mi navío un día de estos… Juro que están todos locos… ¡Hic! –renegó el capitán mientras subía a bordo tambaleándose-… Y esos dos…,uno quiere hacerme el amor y la otra quiere matarme… ¡Hic! ¡Hasta el pomposo gobernador de esta ciudad quiso casarse conmigo apenas me conoció! ¡Ma-maldito y sensual cuerpo de mujer…! ¡Hic! ¡Ma-maldito anillo!
Pero mientras Jack decía toda esa parafrasearía, no se había percatado que había solamente una única persona que no había dejado aquel barco, y esa persona era el comodoro James Norrington, a quien era al último que Jack quisiera ver en aquellos momentos.
Mientras tanto, el atribulado oficial de la armada real inglesa, aún pasado de copas, se encontraba sólo entre la oscuridad de la noche, sentado sobre la cubierta y apoyado contra el balaustre, tratando de re acomodar los pedazos de su destruido corazón. Al haber renunciado a la bebida, no podía evitar que un remolino de sentimientos y pensamientos confusos sobre su mente, notándose en su rostro una expresión que iba entre la seriedad y la profunda tristeza. Pensaba en lo cruel que era el destino tras haberle empujado a los brazos de un amor imposible, el agónico dolor que sentía cada vez más profundo en su mente y corazón, era cada vez más profundo e insoportable… ¿Pero por qué? ¿Por qué tenía que sentir algo tan intenso por alguien a quien había despreciado tanto? ¿Alguien que se había burlado de él en reiteradas ocasiones? ¿Alguien que no era lo que aparentaba? ¿Alguien quien jamás sería una verdadera dama? ¿Alguien que jamás sentiría un mínimo aprecio por él? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿¿Por qué??
James, apenado, escondió su rostro entre los brazos, tratando de reprimir un sollozo que luchaba por salir. Todo aquello era demasiado, aunque él fuera un oficial muy serio y dedicado, tenía que admitir que aún seguía siendo un hombre como todos los demás, vulnerable ante los asuntos del amor. El que hubiera sido despreciado por Elizabeth Swann era ya terrible, pero el enamorarse de su enemigo jurado y ser también rechazado nuevamente por "él" era ya una cruel broma del destino… Una vez más había perdido ante la juventud y personalidad de William Turner, cuando por fin había creído que la rebelde pirata lo elegiría, perdía otra vez ante él, y eso, que de por sí era ya humillante y doloroso, lo estaba destruyendo por dentro sin piedad. "Jacky" había preferido a Turner antes que a él, de nada le había valido todo lo que había hecho por ella, nada. ¡La vida era tan injusta! Pero aún así, él estaba seguro de que, sin dudarlo un instante, volvería a arriesgar su vida por ella, incluso, hasta la perdería gustosamente.
El comodoro suspiró profundamente y llevó su entristecida vista hacia la hermosa luna llena que comenzaba a taparse tras un manto gris hecha de nubes, que aún así podía bañar con sus haces de luz plateada su pálido y calenturiento rostro. ¡Cómo deseaba volver a ser el de antes y perseguir al odioso de Jack Sparrow para hacerle pagar por todo el infierno por el que estaba ahora atravesando!
Comenzó a lloviznar.
De pronto, el repentino ruido de un porrazo sobre cubierta le hizo volver su atención al presente y enjuagarse rápidamente los ojos, y entonces, muy sorprendido, vio a Jack Sparrow, el culpable de sus tribulaciones, todo despatarrado y tirado sobre el suelo de la cubierta.
El capitán Sparrow, sin darse cuenta de la presencia del comodoro, se levantó del suelo maldiciendo la ya humedecida y pesada soga en la que se había enredado haciéndolo tropezar. En cuanto por fin se puso de pie y se sacudió la ajada y humedecida ropa vieja, dijo:
-¡Estos flo-flojos piratas de agua dulce! ¡Hic! ¡Toda la cubierta está completamente sucia! Si yo no estoy aquí para decirles lo que tienen que hacer no hacen nada. ¡Ese Bar-Barbossa es un inu… -se calló al darse cuenta de que Norrington estaba de pie mirándolo a sólo unos metros de distancia.
Entonces, Jack se quedó atónito al ver al comodoro frente a él, a tan solo unos metros de distancia. Aquel hombre a quien le había hecho la vida imposible a propósito con la sola intención de divertirse, estaba allí parado, con una mano sobre la balaustrada, mirándolo sorprendido, con la blanca luz de la luna bañando su triste y pálido semblante… Entonces, al embriagado y confundido pirata, le pareció notarlo muy atractivo.
Rápidamente nuestro pobre capitán sacudió la cabeza para sacarse de encima aquel alocado pensamiento que se le cruzó por la mente, echándole la culpa al dichoso anillo maldito. Pero no podía evitarlo, desde aquel día en que tía Dalma le había comunicado que se sentiría atraído hacia uno de sus pretendientes por culpa de la maldición del anillo, siempre había temido que el elegido por su manipulado corazón fuera aquel hombre que tenía enfrente: el comodoro James Norrington. ¡¡Horror!! ¿Pero por qué elegirlo justamente a él? ¿Sería acaso porque le empezaba a caer agradable su compañía? ¿O porque había arriesgado su vida por él? ¿O porque al verlo sufrir de esa manera por su culpa sentía lástima por él? El capitán Sparrow prefería no averiguarlo, por eso lo había evitado todos los otros días. Jack odiaba con toda su alma aquel objeto maldito que trataba de forzarlo para que se convirtiera en una mujer, que si no fuera porque perdería su libertad, realmente no sería un gran problema serlo, pues igual podría seguir pirateando. Pero lo de enamorarse de su peor enemigo ya era de por sí una terrible desgracia. Jack había elegido a William Turner más bien por su propia seguridad evitando a los libidinosos de Barbossa y McKinley, pero por sobre todo, no quería demostrarle a nadie que se sentía atraído por otro hombre, ¡¡nadie tenía que saberlo.
Al ver que las cosas podían salírsele de control, el capitán Jack Sparrow decidió marcharse lo más rápido que pudiera, pues la triste mirada de Norrington comenzaba a "conquistarlo".
-No quise molestarte, Norry, pensé que no había nadie. ¡Nos vemos! ¡Hic! –le dijo apresuradamente y se dio media vuelta para irse de allí veloz como un rayo, pero como estaba borracho, caminaba en sig zag chocando con todo a su paso.
-Nadie más que tú me llama por "Norry" –Jack le oyó decir a James-, ¿y sabes? De alguna manera, me gusta que lo hagas… ¿Por qué lo haces?
Petrificado en el lugar en dónde se había quedado cuando escuchó a James hablarle, Sparrow no quiso volverse para mirarlo, pues tenía miedo de volver a sentirse atraído por él.
El cielo comenzó a nublarse mucho más, la lluvia amenazaba con iniciarse en su totalidad de un momento a otro.
-Yo… -casi le contestó en un susurro-, no lo sé. Co-comencé a llamarte así desde que me salvaste la vida cuando Morgan me atrapó. ¡Hic!
-… Entonces… ¿lo haces porque sientes algo de simpatía por mí? –Norrington adelantó un pie, creyó ver alguna luz de esperanza en su corazón.
-Podría ser… -respondió Jack mientras se ponía cada vez más nervioso, pues no le gustaba hablar sobre sus sentimientos-. Mi-mira, tengo que irme sí o sí, ¡hic! no tengo tiempo para hablar sobre estas cosas… ¡Hic!
-¿Siempre tratas de no inmiscuirte demasiado con los demás, no es cierto, Jack Sparrow? –había cierto desafío en la voz de James, quien parecía no querer darse por vencido. .
-¿No es eso lo que su dignísima persona también hace? –replicó Jack sin volverse a mirarlo.
-Yo soy un oficial, pelee en muchas batallas y los sentimientos no tienen cabida allí, sin embargo, aunque quisiera, no puedo involucrarme demasiado con alguien, pues podría llegar a ser desastroso para esa persona si yo muriera en batalla ¿y usted?
-Yo cumplo con lo que mi co-corazón me dicta, ¡hic!, y eso significa ser verdaderamente libre de toda re-regla y atadura sentimental, comodoro Norrington, la libertad es lo más importante para mí. ¡Hic!
-¿Entonces no siente nada por William Turner? ¿Todo fue una farsa?
-Cla-claro, ¡hic!, ¿cómo se te ocurre pensar que el gra-grandioso capitán Jack Sparrow elija a un amante varón?
-¿Estuvo burlándose de mis sentimientos y de mi amor hacia usted todo este tiempo? –James, quien se había referido a sí mismo, pareció comenzar a enfadarse.
-E-exactamente, ¡hic! –No, Jack no quería mostrarle lo que realmente sentía en esos momentos, algo que trataba de mantenerlo oculto dentro de su corazón todo el tiempo posible.
-¡Oh! ¿Con que esas tenemos? ¿Sólo he sido un juego para usted? ¡Vaya! ¡Pero qué ciego he sido! Ha estado burlándose de mis sentimientos todo este tiempo… - James se sentía frustrado, estaba cansado de darse la cabeza contra la pared por alguien que no sentía un comino por él. Era hora de ajustar las cuentas pendientes, así que desenvainó inmediatamente su espada y preguntó:
-¿Y qué es lo que le dice ahora su corazón, Sparrow? ¿Seguirá tratándome como a un patético imbécil? Todo lo que he hecho por usted de nada a valido, ¡hasta casi di mi vida por la suya! ¡Pero qué estúpido fui! Lo único que he logrado, es solamente desprecio de su parte…
El pirata miró hacia el oscuro cielo nublado y revoleó los ojos fastidiado. Las palabras de amor herido que él le profesaba no significaban absolutamente nada para él ¿Qué era lo que quería ahora Norrington? ¿Pelear con él? ¿Desquitarse por su amor no correspondido? ¿Combatir ahora que había planeado tomar toda la noche? El efecto de la primera borrachera aún no había desaparecido y no quería correr el riesgo de hacer alguna tontería de la que se arrepintiera en el futuro.
-No sé qué mo-mosca te picó, ¡hic!, pero yo me voy de aquí. –le dijo Jack apresuradamente, pero apenas dio unos pasos, que de pronto, James corrió hacia él/ella y le colocó el filo de la espada en su cuello.
-Capitán Jack Sparrow, usted no se va de aquí hasta que arreglemos un par de asuntos que nos conciernen. ¡Saque su espada inmediatamente!
-¡Tranquilo, tranquilo! ¡Hic! Si pelear es lo que quieres, pelea tendrás, ¿contento? Co-concederé tu caprichito, ¡Hic!… -Bromeó el aludido mientras alzaba las manos un tanto sorprendido ante aquella actitud. Aún así no pudo evitar mirar cara a cara a su contrincante y ponerse rojo como un tomate al sentirse nuevamente atraído a él.
-¿Qué te pasa? –replicó James fastidiado-, ¡deja de tomarme el pelo y saca tu espada!
El capitán Sparrow volvió a suspirar un tanto cansado con los duelos sin sentido, ¡y él que había planeado una juerga de ron en su camarote!.
-Bueno –dijo-, si tú quieres… ¡Hic! Saca tu espada de mi bello cuello de cisne y co-comenzaremos con la pelea, lo prometo.
-Los piratas no tienen honor, pero está bien, pues no te queda otra que enfrentarte a mí –arguyó el comodoro sin siquiera quitarle la vista de encima, pues temía que se le escapara.
-Qué gracioso, eres un odioso, realmente no sé que ví en ti… -replicó el pirata. James arqueó las cejas, ¿otra vez el capitán Sparrow estaba hablándole en doble sentido?
Ambos, parados frente a frente, se miraban directamente a la cara, dispuestos a tratarse como se trataron antes en el pasado, pues ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder otra vez ante la maldición del Anillo de la Calavera, y si alguien tenía que salir herido, pues así sería.
Entonces, se oyó un tremendo trueno y comenzó llover precipitadamente, mojando a nuestros personajes.
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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NOTA IMPORTANTE:SI TE ENTERAS QUE ESTA SERIE (U OTRAS)ESTÁN SIENDO EMITIDAS POR TELEVISIÓN, POR FAVOR,SI NO VAS A MIRARLAS, POR LO MENOS DEJA LA TV PRENDIDA.DALES RATING PARA QUE CONTINÚEN DOBLÁNDOLAS EN NUESTRO IDIOMA.O COMPRA SUS PRODUCTOS OFICIALES
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