Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 49: Perdidos en el Desierto
(Esta imagen fue realizada con IA)
Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
Capítulo 49: Perdidos en el Desierto
Jack jamás había imaginado que las noches en el desierto resultarían ser tan frías, luego de haber caminado durante toda la noche desde que se había escapado del campamento nómada, preparado con sus armas dispuesto a defenderse por si lo encontraban los bandidos una vez que se hubieran percatado de su fuga, aún así, deseaba no tener que enfrentarse a ellos.
Después de haber caminado por varios kilómetros, el capitán Sparrow se encontraba tan cansado que decidió descansar sus adoloridos pies sentándose en la arena y quitándose las botas. Después de haberse recostado en el suelo y maldecir su mala suerte, se quedó dormido.
Jack no tuvo un buen sueño, más bien, tuvo una terrible pesadilla: soñó que se quedaba convertido para siempre en una mujer y se casaba con el fastidioso mono de Barbossa, con quien compartía un apasionado beso y tenía monitos como hijos...
-¡¡Que un mal rayo parta a esa bestia peluda!! –exclamó asustado al despertarse de repente, sudando y con el cuerpo totalmente adolorido.
De muy mal humor, el capitán del "Perla Negra" decidió seguir caminando aunque estuviera muy agotado antes que soñar cosas así.
No sabía cuánto tiempo había caminado, pero justo cuando creyó que se iba a morir de frío y cansancio, comenzó a amanecer y la temperatura empezó a subir considerablemente hasta llegar a ser totalmente insoportable para nuestro protagonista.
-¡Este país tiene un clima totalmente cambiante! ¿Y por qué demonios no traje vino en vez de agua? –se quejaba mientras escupía el "detestable" líquido y volvía a colgarse la cantimplora en el cinto para seguir arrastrando de mala gana los pies por la arena.
Mientras miraba hacia el poderoso astro rey, ni siquiera se imaginaba que dos grupos de personas estaban buscándolo desesperadamente para diferentes propósitos.
Después de haberse despertado por sí solo y darse con la mala nueva de la fuga de su futura esposa, Nefud Yidda salió disparado de la tienda para encontrarse con que ninguno de sus hombres se encontraba en el campamento.
El valeroso líder, antes de levantar falsas especulaciones, se dedicó a averiguar lo que había ocurrido allí para luego decidirse por la mejor acción a seguir. Sabiendo que la mujer lo había noqueado para escaparse, ya que sus cosas personales no estaban, el notar unos extraños tubitos quemados bajo las huellas de los cascos de los caballos, el ver dichas marcas junto a las de sus hombres, y luego, descubrir unas huellas solitarias que se dirigían hacia el norte, supo exactamente hacia dónde había huido su futura esposa y lo que había hecho para burlarlos a todos ellos.
Su interés por aquella rebelde mujer, se acrecentó aún más.
Entonces, Nefud vio con alegría a su caballo venir trotando desde el desierto hacia su encuentro. Una vez reunidos, el árabe pasó cariñosamente su mano sobre el lomo del animal mientras le hablaba:
-Mi querido Baba… ¿qué te parece si vamos en busca de la muchacha rebelde?
El semental relinchó como si le diera un sí emocionado.
-¡Vamos a buscarla, entonces! –exclamó lleno de felicidad mientras lo montaba de un ágil salto y tomaba las riendas-. ¡Arre!
Raudos como una liebre, el caballo negro partió hacia donde su dueño le indicaba. Nefud Yidda esperaba encontrar muy pronto a su huidiza novia.
Ignorando totalmente que su raptor había salido en su busca, el/la capitán/a Jack "Jacky" Sparrow, seguía caminando por el árido desierto como si ya no pudiera hacerlo más. Ésta se había quitado las botas y el chaleco para poder soportar un poco más el terrible calor que lo asediaba.
-¡Mi navío por una sola gota de ron! –pedía desesperado y jadeante.
Pero justo cuando se estaba por dejarse caer nuevamente al suelo, se sorprendió al ver a uno de los caballos de sus secuestradores retozando en pleno desierto.
-¡Transporte! ¡Carne! –Jack no podía ordenar sus prioridades a medida que comenzaba a apurar sus pasos para alcanzar al animal.
Como si el caballo supiera para qué lo quería aquella extraña mujer, comenzó a escapársele de a poco a medida que la pirata se aproximaba a él. Como si quisiera divertirse con ella, el caballo se detenía por un momento para luego salir trotando cada vez que la pirata se acercaba a él. Era como el clásico juego de "atrápame si puedes". Por más que Jack Sparrow se esforzara por atraparlo, jamás lograba ponerle siquiera un dedo encima, comenzando una comiquísima persecución con muchos tropiezos por parte de nuestro protagonista. Extenuado, el hombre convertido en mujer, se detuvo dándose por vencido.
-¡Ma-maldito animal peludo! ¡Coleccionista de pulgas y garrapatas! –se quejó después de haberse sentado de golpe sobre el árido suelo. El caballo, como si lo disfrutara, relinchó mostrando sus dientes.
-Vete al diablo, ¿quién te necesita…? –lo menospreció mientras se recostaba otra vez sobre la arena, pues había quedado muy cansado después de haberlo perseguido por un cuarto de hora.
Viendo que se había acabado el juego y que su asediador se había rendido, el pícaro caballo se acercó al desfallecido pirata lleno de curiosidad. Una vez a su lado, el animal comenzó a olfatearlo mientras Jack trataba de aguantar la risa hasta que…
-¡Te tengo! –exclamó de repente mientras sujetaba velozmente con sus manos las riendas del sorprendido animal-. ¡Jah jah jah! ¿Creíste que podías burlarte del capitán Jack Sparrow? ¡Pues no, amigo! ¡Acuérdate de este día, como el día en que el capitán Jack Sparrow te atrapó! –dijo triunfante.
Pero apenas terminó de decir esto, el orgulloso y temperamental jamelgo echó a correr a toda velocidad arrastrando al desesperado Jack tras de sí, pues se le habían enredado las riendas en uno de sus tobillos.
Mientras Jack maldecía desesperadamente al caballo y manoteaba hacia todos lados, ambos desaparecieron por el desértico horizonte dejando tras de sí una polvareda.
A todo eso, a varios kilómetros de allí, el joven Will Turner y sus compañeros de aventuras viajaban sobre sus camellos a paso rápido a través del implacable paisaje desértico llevando por carga lo justo y necesario para poder avanzar velozmente. Guiados por la brújula de Jack Sparrow, que curiosamente obedecía a los fuertes deseos del comodoro Norrington, seguían una ruta segura hacia el encuentro de su capitán.
George (Isabel) Jacobson se preguntaba por qué aquella brújula tan extraña respondía tanto a los designios de su amigo, ¿tanto deseaba encontrarlo? ¿Por qué el supuesto "amor" del joven Turner no alcanzaba como para guiar a la brújula? Muy extrañada, la joven mujer disfrazada de hombre, desconocía totalmente la verdadera razón de sus preguntas, al final, lo atribuyó a la los poderes de la maldición.
Al comodoro James Norrington no le gustaba ni pizca tener que ser él el que los guiara, ya que eso demostraba ante los demás lo mucho que le importaba la seguridad del capitán Jack Sparrow. El profundo odio y el inmenso amor que sentía hacia ambas personalidades del pirata, provocaba que su deseo por encontrarlo fuera mucho más poderoso que su deseo de eliminarlo, motivo por que la brújula los guiara sin titubeos.
Will estaba realmente furioso al verse obligado a cederle el paso a su enemigo y a depender de él para poder encontrar a su amada.
-¿Para qué creen que se hayan llevado a Jack? –preguntó la joven Swann-. ¿Acaso será para…? –no se atrevió a terminar la oración.
-¿Qué pasará con los demás afectados por la maldición si a ese sucio pirata lo terminan convirtiendo en una mujer? –preguntó a tía Dalma el almirante Jacobson adivinando los pensamientos de Elizabeth.
La aludida sonrió tranquilamente mientras conducía a su camello por el camino que le indicaba el comodoro.
-Si eso pasa, los hombres que están "enamorados" de Jack enloquecerán sin remedio… -le contestó siniestramente.
-Rayos… -murmuró la hija del gobernador de Port Royal. ¡Contaba con tan poco tiempo para liberar a su novio de aquella maldición!
Will y James nada dijeron, pero no pudieron evitar el preocuparse un poco. En cambio, George (Isabel) Jacobson, sí que se había preocupado mucho.
-Eso mismo podría pasar con ese infeliz de Beckett –pensó-. Si ése tipo logra ponerle las manos encima cuando yo se lo entregue, James jamás volverá a ser el mismo… -dirigió una preocupada mirada hacia su amigo-. Debo pensar muy bien en lo que haré cuando llegue el momento.
-¡Miren eso! –les llamó la atención el comodoro mientras que a la vez se dirigía hacia un montículo para desmontar allí a su camello.
Mientras se agachaba para recoger un objeto que se encontraba tirado en la tierra, los demás también se acercaron.
-¿Qué es? –preguntó Elizabeth sin bajarse de su cabalgadura.
-Creo que es la espada del capitán Sparrow… -le contestó un tanto preocupado mientras se ponía en pie.
-Él jamás la dejaría abandonada de esa manera, siempre cuida sus cosas, a menos que… -Will no quiso aventurarse a decir más.
-No creo que le haya pasado algo malo, recuerden que no puede morir mientras tenga ese anillo puesto –aclaró tía Dalma.
-Es verdad, me había olvidado de eso… -murmuró la joven Swann.
-Pero SÍ le pueden hacer daño –replicó el aprendiz de herrero con preocupación-. Por eso quiero encontrarla lo más rápido posible.
El almirante Jacobson estaba sinceramente asombrado, pues no sabía nada acerca de la "ventaja" con la que corría aquel pirata al no poder ser muerto por nadie.
-¿Te diste cuenta? –le escuchó decir a su amigo Norrington-. Aquí sólo hay huellas de los cascos de un solo animal.
Muy interesado y ante el silencio de los otros, George se apeo de su camello he hincó una de sus rodillas al agreste suelo para examinarlo con mayor atención.
-Tienes razón, estos son cascos de un caballo… Parece que echó a correr arrastrando a alguien… -comentó muy pensativo y concentrado mientras inspeccionaba aquellas huellas casi ininteligibles.
-Jacky… murmuró preocupado el joven Turner-. ¿Alguien se lo habrá llevado arrastrando? ¡El muy miserable! ¡Cobarde!
-También cabe la posibilidad de que el torpe de Jack se haya escapado en un caballo, caerse y ser arrastrado por las riendas… -Elizabeth aventuró despectivamente sin saber cuan cerca estaba de la verdad.
-Eso me parece más posible –apoyó la pitonisa.
-De todas formas, sea como sea, tenemos huellas que seguir aparte de las dudosas indicaciones de una brújula rota –arguyó el almirante-. Propongo seguirlas de inmediato para encontrar a nuestra... hombre.
Todos asintieron dándole la razón al oficial de alto rango, así que George y James volvieron a montar sus camellos para ponerse en marcha junto a sus compañeros.
El comodoro Norrington, al igual que su amigo, no creía mucho en la "magia" de la brújula de Jack, pero el sólo hecho de que ese objeto pertenecía a la pirata, era razón suficiente para no separarse de dicha brújula, llevándola fuertemente sujeta a su mano.
-Espero que pronto nos encontremos… -pensaba-, y con sinceridad deseo que nada malo te haya pasado…
Sólo unos cuantos kilómetros separaban a este grupo del pequeño grupo nómada del temible bandido Nefud Yidda, quien había encontrado a dos de sus hombres junto a sus caballos y había partido con ellos en busca de la fugitiva. Habían recorrido varios kilómetros hasta que el líder de la banda había divisado las botas de su "prometida", que estaban tiradas en la arena junto a unas extrañas huellas.
-No está muy lejos de aquí… -comentó Yidda mientras tomaba una de las botas y miraba hacia el horizonte-. ¡Vamos! –ordenó mientras subía nuevamente a su jamelgo, y con una seña de su mano, los tres partieron rumbo a su objetivo siguiendo las tenues marcas en la tierra, sin imaginar siquiera que estaban muy cerca de los compañeros de Jack Sparrow.
A medida que avanzaba el día, el sofocante calor comenzaba a ser más agobiante aún, pero eso no parecía detener al brioso corcel color castaño que corría a toda velocidad por aquel agreste territorio desértico arrastrando tras de sí a un desesperado pirata que no podía liberarse de las enredadas riendas que lo sujetaban.
-¡Ya detente, cuadrúpedo del infierno! –gritaba-. ¡Me estás llenando de arena toda la ropa!
Pero el caballo no se detuvo, y sólo porque las riendas de cuero no resistieron más, rompiéndose al fin, Jack habría seguido siendo arrastrado por el animal por toda la región.
Una vez liberado y escupiendo arena, el capitán Sparrow se quedó sentado en el suelo por unos momentos tratando de ordenar sus ideas mientras el caballo se hacía burla de él a sólo unos metros de distancia.
-Si tuviera mi mosquete ya te hubiera dado tu merecido… -amenazó sin aliento, pero poco a poco sus ojos se fueron agrandando al sentirse demasiado, y cuando comenzó a registrarse a sí mismo, buscando sus pertenencias personales; no halló ni sus botas ni su espada ni su arma, y por sobre todas aquellas cosas, ¡no encontró su amado sombrero cobre su cabeza!
-¡¡AAAAAAAAAH!! ¡¡PERDÍ MIS COSAS!! –gritó histérico mientras se tomaba las cabeza con las manos.
Inmediatamente nuestro amado capitán se puso en pie mientras exclamaba:
-¡¡TE VOY A CONVERTIR EN MORTADELA, MALDITO CABALLO DE PACOTILLA!!
Y mientras echaba a correr tras el animal, que había comenzado a escapársele mientras relinchaba de alegría, Jack no se había dado cuenta que habían llegado hasta un oasis que se encontraba frente a un enorme muro de piedra de una montaña.
Pero sólo cuando Jack Sparrow se detuvo a descansar luego de haber perseguido a dicho corcel por todo el lugar, se dio cuanta de en dónde se encontraba, y lleno de alegría, le dio un enorme beso en el hocico al pobre animal para luego correr y lanzarse de cabeza a la laguna de aguas cristalinas.
Claro, Jack había encontrado un oasis, pero con el agua sola no era suficiente para su agotada mente y su abatido cuerpo; había calmado la sed y refrescado su cuerpo, pero como no había comido nada durante todo ese día, se encontraba muerto de hambre. De nada le había valido trepar a los dátiles para sacar sus frutos, pues no los tenían o ya estaban podridos, y para colmo de la mala suerte, se había dado un tremendo porrazo al caerse del árbol. Tampoco podía cazar nada, puesto no había ningún animal viviendo en aquel solitario lugar y él ahora no tenía ningún arma para cazarlos, si los hubiera.
Totalmente rendido, el capitán Jack Sparrow se dejó caer sobre la arena y se quedó allí tendido, mirando hacia el cielo azul y pensando en los pros y los contra de ser la versión femenina de sí mismo. Cerca de allí, el corcel se encontraba comiendo pasto.
-¡Pffffh! Ni una gota de vino, tendría que haberme traído una botella conmigo… -se quejó mientras ponía boca abajo la cantimplora completamente vacía-. ¡Cómo me gustaría tener en este momento toda la provisión de bebidas alcohólicas de ese pesado de Jacobson!
Otra vez se quedó pensativo, pues la increíble y desagradable atracción que había sentido hacia aquel hombre la primera vez que lo había visto, ahora había desaparecido completamente tras haber caído aún más bajo la terrible influencia de la maldición de aquel anillo que llevaba en su mano. Ahora, era el comodoro Norrington por quien suspiraba.
-¡Maldición! –se quejó-, ¡maldigo el momento en que se me ocurrió ponerme este anillo de porquería!
Y luego de pasar varios minutos en completo silencio (algo inusual en él), su estómago se quejó por la falta de comida con un ruidoso quejido.
-…Tengo tanta hambre, que me comería hasta el apestoso mono de Barbossa… -miró hacia el caballo-, o hasta una sabrosa mortadela…
Al escucharlo, el animal sólo relinchó con sorna.
Ignorándolo, Jack cerró los ojos para imaginarse todas las exquisiteces posibles que comería si pudiera, las comestibles y las bebibles, hasta que… alguien lo llamó.
-¡¡Jack!!
-¿Norry? –la pirata se incorporó de inmediato, poniéndose muy alerta. ¿Era a Norrington a quien había escuchado llamarlo? ¿Sería posible? -¿Acaso fuiste tú el que me habló? –le preguntó al caballo, que por toda respuesta fue una blanqueada de ojos.
-¡¡Jack!!
-¡Norry!
Esta vez no había duda, aquella flemática voz inglesa era la del comodoro James Norrington, no la del cuadrúpedo. ¡Al fin lo habían encontrado!
Jack, lleno de felicidad, se puso de pie y oteó el horizonte hasta que pudo ubicar a sus amigos mientras bajaban velozmente por una duna montando sus respectivos camellos.
El pirata se había quedado parado en dónde estaba mientras los demás se aproximaban, y una vez que estos se hubieran detenido a sólo unos cuantos metros de él, James desmontó apresuradamente de su cabalgadura.
-Estuvimos muy preocupados por usted, capitán Jack Sparrow, pero ahora vemos que supo cómo escapar de sus captores, como es su costumbre –todo esto lo dijo a su manera inglesa, sin demostrar sentimiento alguno en su voz ni en su rostro, pero un brillo especial en sus ojos rebelaba su enorme alegría al encontrarlo sano y salvo.
-No sabe lo mucho que me alegra verte… -dijo la pirata con enorme gratitud.
Y entonces, para el asombro de todos y la alegría de Norrington, Jack salió corriendo a su encuentro con los brazos extendidos loco de felicidad.
Mientras la pirata se aproximaba velozmente hacia él para recibirlo, James también abrió los brazos dispuesto a abrazar a su amada, pero, ¡oh, sorpresa!, nuestro alocado protagonista pasó de largo dejándolo abrazar el aire totalmente perplejo. Lentamente el oficial se dio media vuelta para ver a quien había ido a abrazar su querida "Jacky" Sparrow, y no era otra cosa que una hermosa y codiciada botella de ron que había sacado de las alforjas del camello del almirante Jacobson.
-¡Oh! ¿Cómo puede ser que ambos hayamos permanecido tanto tiempo separados? –declaraba el capitán del "Perla Negra" mientras acariciaba con su mejilla a la botella-. ¡Cuánto te he extrañado! ¡Jamás volveré a hacerte algo así!
-… Es como si estuviera hablándole a su amante… -opinó Elizabeth con cara de aprensión.
-Suelta ya esa botella si no quieres que te rebane con mi espada –amenazó el almirante al ver que Jack destapaba su botella y se la tomaba.
-Me encontraron rápido, ¿utilizaron mi brújula? –preguntó ignorando aquella amenaza mientras se limpiaba la boca con la manga de su camisa.
-Así es, capitán Sparrow, nos fue de mucha utilidad esta… cosa –le contestó el comodoro mientras se le devolvía y trataba de contenerse para no abrazarlo-. También le traje a su camello.
Jack frunció el entrecejo y se acercó al dromedario inclinando su cuerpo y extendiendo las manos, y mientras lo miraba de reojo, dijo:
-¿Es el mismo que te vomitó encima?
-… Sí… -afirmó con desgano y poniéndose muy ruborizado al sentir todas las miradas de burla y sorpresa que le dirigían los demás, quienes no habían sabido nada al respecto, hasta ahora.
-¡Entonces adoro a este camello! –exclamó alegremente mientras abrazaba al animal, cosa que puso muy celoso al caballo que lo había traído a rastras.
-Jacky… –dijo Will a la vez que se bajaba del camello y tomaba una de las "delicadas" manos de su "amor no correspondido"-. Me preocupaste tanto… El estúpido de Norrington es un incompetente al haber permitido que te secuestrara esa banda de rufianes.
El aludido le clavó una mirada asesina al muchacho. Al ver que las cosas podían violentarse, Elizabeth decidió intervenir:
-Mira, Jack, nos has metido en tantos problemas que espero que pronto encontremos el dichoso templo para poder hallar la manera de romper el hechizo.
-Estás celosa porque estos caballeros ya no te dan ni la hora –le replicó sonriente.
-¿Cómo?
Entonces, sin poder evitar mofarse de la chica, Jack comenzó a burlarse de Elizabeth.
-Mira lo que me compraaaron, mira lo que me compraaron, a ti no te compran naaada porque eres una odiooosa –le cantaba jocosamente mientras le mostraba las cosas que James le había comprado en el zoco, bueno, las pocas que le habían quedado después de haber sido arrastrado por medio desierto por el caballo.
-Voy a matarlo… -dijo la chica muerta de rabia mientras Will trataba de contenerla tomándola por el brazo.
Pero antes de que esta pudiera ponerle las manos encima, todos escucharon un terrible grito de guerra, y cuando dirigieron sus miradas hacia una loma de arena que se encontraba cerca de allí, notaron con asombro que habían tres jinetes vestidos de negro sobre aquel lugar, y su líder, Nefud Yidda, era el que había dado el grito de guerra.
-¡Son los que secuestraron a Jacky! –exclamó Will sorprendido.
-Oh oh… -la pirata supo entonces que las cosas se iban a poner bastante feas, sobre todo para el comodoro Norrington, a quien había acusado de ser su "abusador" ante aquel bandido.
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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NOTA IMPORTANTE:SI TE ENTERAS QUE ESTA SERIE (U OTRAS)ESTÁN SIENDO EMITIDAS POR TELEVISIÓN, POR FAVOR,SI NO VAS A MIRARLAS, POR LO MENOS DEJA LA TV PRENDIDA.DALES RATING PARA QUE CONTINÚEN DOBLÁNDOLAS EN NUESTRO IDIOMA.O COMPRA SUS PRODUCTOS OFICIALES
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