Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 41: Retorno al Perla Negra, Comienza el Viaje Final

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!


Capítulo 41: Retorno al Perla Negra, Comienza el Viaje Final

El navío mercante llegó sin problemas hasta Isla Tortuga, durante la primera mitad del viaje había sido escoltado por un par de navíos militares del comodoro Norrington, que luego, para no crear disturbios más adelante cuando se infiltraran en aguas piratas, se volvieron hacia Port Royal.

-¿Así que ésta isla es el refugio de todos los malditos piratas? –inquirió el almirante George Jacobson con cierto tono de desprecio mientras miraba hacia dicha isla a medida que se iban acercando más y más hacia el puerto donde amarraban los barcos piratas, chalupas pesqueras de los isleños y osados navíos mercantes.

Como la jurisdicción de Jacobson siempre fue en aguas europeas, asiáticas y africanas, jamás había navegado sobre aguas americanas, por lo tanto, llegar hasta el escondite de los piratas y forajidos de la ley, lo entusiasmaba.

-No te aconsejo que hables en ese tono mientras te encuentres entre los piratas –le advirtió William Turner, quien estaba parado a su lado-, podrían asesinarte.

-Jamás lo lograrían, pues soy invencible con la espada de esgrima –replicó desafiante el almirante.

-¿En dónde aprendiste a pelear así? –preguntó curioso el comodoro Norrington, quien también estaba parado al otro lado de Jacobson-. Nunca vi a alguien tan ágil como tú.

George miró a su amigo con disimulado cariño y le respondió con gran tranquilidad:

-Cuando fui teniente, me adiestré en el arte de la esgrima en Francia y luego en la lucha de espada en Grecia. Después de graduarme a comodoro, pedí que me trasladaran al continente asiático en dónde viajé a China y Japón en dónde aprendí el estilo de lucha con espada del Kung Fú y el estilo de pelea japonés con la katana. –Y al finalizar su explicación, llevó su mano al mango de su extraña espada y la sacó de su vaina para mostrársela a James.

-¿Notas que esta espada es diferente a las que usamos los europeos? Es estilizada y extraordinariamente filosa a pesar de verse delgada. Ésta, amigo mío, es una auténtica espada japonesa, elaborada arduamente durante días con selectos materiales a fuego vivo, golpes de martillo y trabajada por varias manos maestras en el arte de la creación milenaria de katanas japonesas. Esta hermosa espada que me fue otorgada por un famoso jefe Tokugawa, fue elaborada por un respetable hacedor de espadas, cuyo filo puede cortar diez cabezas de un solo tajo.

Will y Norrington, asombrados al escuchar semejante historia, observaban con fascinación aquella mortal espada de bella pero peligrosa hoja de metal prensado. Entonces, el joven Turner notó unos extraños símbolos gravados en la base de dicha hoja, muy cerca del mango de madera.

-¿Qué significa esto? –preguntó extrañado mientras señalaba las marcas.

-Es mi nombre en japonés y una dedicatoria del Shogunato.

Los dos hombres estaban sinceramente sorprendidos, realmente el almirante George Jacobson era un superdotado en lo que se refería al arte de la lucha con espada. Por la mente de James, cruzó la vaga idea del desperdicio que hubiera sido si la verdadera Isabel jamás se hubiera decidido a disfrazarse como un hombre. ¿Habría tal vez otras mujeres con semejante capacidad?

El comodoro Norrington no tubo tiempo se seguir meditando sobre aquel pensamiento tan controversial para aquella época, ya que una "personita" apareció de pronto por la puerta de la cabina del barco exclamando a los cuatro vientos:

-¡Vean al maravilloso Jack Sparrow en todo su esplendor piratezco! –(Sí, esa era una palabra inventada por el inculto pirata).

Y para sorpresa del almirante George Jacobson y de todos los demás tripulantes que lo habían conocido con ropas de mujer y como "Katrina Watson", el susodicho capitán del Perla Negra apareció vestido con sus viejas, sucias y rotas ropas de pirata, o sea, su propia vestimenta estrafalaria de siempre.

-… Me gusta más cómo se ve así… -murmuró James Norrington sin darse cuenta de lo que decía, pues Will y George lo escucharon y lo miraron muy sorprendidos. Al ver cómo lo habían mirado, el comodoro se dio cuenta de lo que había dicho, y poniéndose muy colorado, carraspeó y miró hacia otra dirección haciéndose el tonto.

Y mientras el capitán Jack Sparrow iba y venía muy contento por haberse deshecho de aquellas ropas femeninas tan fastidiosas para él, tiraba por la borda a diestra y siniestra cada parte de su ex indumentaria femenina.

-¡Adiós zapatos que siempre me hicieron salir callos en los pies! ¡Adiós corsé que nunca me dejaste llenar mi estómago con mucho ron! ¡Adiós falda que jamás me diste la libertad que me da un buen par de pantalones!

-¡¡JACK!! ¡¿Pero se puede saber lo que estás haciendo?! –llegó Elizabeth completamente enfurecida al ver lo que estaba haciendo el pirata-. ¡¡Estás tirando la ropa que te presté!!

-Ya no me hace falta –fue la fresca respuesta del aludido, pero luego agregó:

-Aunque debo admitir que me veía realmente hermoso en esos complicados vestidos…

-¡¡Uuuuuyyy!! ¡Cuánto te detesto!

-Pues el sentimiento no es mutuo… -murmuró el pervertido mientras se acercaba mucho más a ella y pasaba su brazo por la cintura de la joven-. Yo en cambio te aprecio mucho… ¿No te atrae hacerlo con una mujer como yo? Sería una experiencia inolvidable para las dos.

-Jack… -respondió dulcemente la hija del gobernador.

-¿Sí?

-¡¡NO!!

-¡Bah! Qué aburrida eres… Tú te lo pierdes -se quejó el hombre convertido en mujer-. Iré con alguien que sí quiera divertirse un rato.

Y así, dejó a la intrigada Elizabeth para luego marcharse hacia donde se encontraban los otros tres hombres. Jack se paró frente a ellos como si los estuviera evaluando, y por fin de decidió por uno de ellos.

Y ante la sorpresa de todos, el descarado pirata se colgó del brazo del comodoro Norrington.

-¿Q-qué haces? –preguntó éste estupefacto.

-¿Acaso no te das cuenta, Norry? Te estoy eligiendo a ti.

-¡Oh! ¡Por todos los cielos! –se quejó Will al ver que su amada lo traicionaba frente a sus ojos.

-¡Pero qué cara dura es! ¿Cómo puede permitir James que ese pirata lo trate de esa manera? –pensó George (Isabel) con encendida indignación.

-… ¡Sinvergüenza…! –murmuró la igualmente ofendida Swann, para luego pensar:

-¿Así que él es tu segunda opción? ¡Que bajo me hace sentir!

Eslizbeth, sin quererlo, se sentía celosa, no por James, sino por Jack.

Jack y James seguían con su romántica conversación en frente de los demás.

-¿E-en serio me eliges a mí? –no sabía si sentirse molesto a alagado.

-¡Claro tonto! ¿Acaso no lo estás escuchando de mi propia boca?

Jack parecía estar coqueteándole.

-Bueno yo…, este… -el pobre oficial se había puesto muy colorado y no sabía qué decir-. ¿Pa-para qué me e-elegiste?

-¡Para cargar con mis cosas, claro! –exclamó con picardía mientras le encajaba entre las manos del comodoro un saco repleto de botellas-. Una delicada mujer como yo no puede cargar todo el camino con eso.

Todos de quedaron totalmente atónitos con aquella ocurrencia, especialmente el comodoro James Norrington, quien además se sentía completamente ridiculizado, pues se había imaginado otras cosas... ¡Oh! ¡Pero ya se vengaría de él! ¡No se le tomaba el pelo al jefe de la flota naval de Port Royal!

-¿Son tus botellas de ron? –preguntó James con una falsa sonrisa.

-Más bien son las bebidas del almirante –aclaró con frescura Jack Sparrow.

-¡¿Cómo?! –exclamó George tomado por sorpresa.

-¡Se las robaste! ¡Pirata! –acusó Elizabeth-. ¡Eres un desvergonzado!

-Eso es lo que soy, ¿no lo recuerdas? –le guiñó el ojo, y mientras se daba media vuelta para enfilar hacia proa, dijo:

-Cuida mucho mi equipaje, Norry. Sé que harás un buen trabajo.

Y cuando apenas dio unos cuantos pasos, escuchó que el mencionado militar lo llamaba por su nombre, y al darse otra vez la media vuelta para ver por qué lo llamaba, no le gustó para nada lo que vio.

-Mira lo que hago con tu "equipaje". –dijo Norrington molesto mientras se daba media vuelta y extendía los brazos para dejar la bolsa suspendida sobre las aguas del mar.

-¡¡No!! ¡¡Por el amor de Dios!! ¡¡No te atrevas!! –pidió Jack con desesperación mientras se inclinaba hacia delante y se ponía a abanicar las manos. George estaba completamente impactado.

Pero James no hizo caso.

-Jamás me gustó que una mujer tomara como un borracho despreciable. ¿No recuerdas que siendo mi "prometida" no puedes tomar estas bebidas? –y apenas terminó la frase, soltó el saco que cayó a las aguas y se hundió hasta el fondo sin remedio.

-No… –exclamó Jacobson apesadumbrado mientras se afirmaba por la baranda para ver cómo perdía su provisión alcohólica. A su lado, James sonreía con satisfacción y malicia.

-¡¡Botellas al agua!! –exclamó Sparrow pasando rápidamente por entre ellos para luego tirarse inmediatamente el agua para intentar rescatar su preciado tesoro hundido.

Will, Elizabeth, James y George se quedaron boqui abiertos mirando cómo el capitán del Perla Negra se sumergía en el agua.

-No va a poder sacar al saco de allí, estará muy pesado… -opinó Elizabeth.

George no opinó nada, pero en su interior deseaba que aquel sucio pirata muriera ahogado para terminar con todo de una sola vez por todas.

-No sale… -comentó Norrington comenzando a preocuparse al ver que los segundos pasaban y Jack no salía a flote.

-¡Pues iré por ella! –exclamó William Turner mientras se sacaba los zapatos para así poder lanzarse al mar sin tanto estorbo y salvar a su damisela en aprietos.

Y cuando el comodoro luchaba entre imitarlo o no, y sin que nadie se lo esperara, el tío de George Jacobson habló:

-Yo ya me encargué de eso –afirmó con su serena y flemática voz inglesa mientras permanecía apoyado en la barandilla unos centímetros más allá de ellos cuatro.

Entonces, todos dirigieron sus miradas hacia las aguas del mar y notaron con sobrada sorpresa una soga que salía del agua y que llegaba hasta la cubierta del barco para luego verla atada en uno de los mástiles. Los cuatro miraron entonces inquisitivos al doctor Christian Jacobson pidiendo explicaciones, y este se las dio sin ningún problema.

-Como ví que nadie hacía nada en cuanto ella, o él, se tiraba al agua, y sabiendo yo que no podría sacar ese peso extra debido a su poco volumen muscular propio de una dama, rápidamente até esa soga a uno de los mástiles y luego até el otro extremo a un pequeño barril con clavos (que luego pagaré, por supuesto), y lo tiré al mar para que se hundiera mientras todos ustedes estaban como atontados. Le costará hacerlo, pero seguramente saldrá a flote enseguida.

Y ante el asombro de todos, el capitán Jack Sparrow apareció por la borda tras haber escalado el casco del navío con la ayuda de la soga. Se encontraba jadeante y escupiendo agua salada, pero muy feliz tras haber rescatado su tesoro.

-¿Quién fue el de la idea? –inquirió la capitana mientras bajaba los mojados pies a cubierta-. ¿Fuiste tú Elizabeth? ¿O quizás tú, Will? ¿Norry? Pues no creo que haya sido idea del almirante…

Entonces, a modo de respuesta, los interrogados dirigieron sus miradas hacia el elegante hombre de edad, quien ni siquiera les estaba prestando atención.

-Tocamos por fin el puerto de esta isla… -comentó tranquilamente el doctor mientras se acercaba al pasamanos y colocaba sus manos sobre él, dirigió sus ojos celestes hacia el pueblo poblado de criminales y gente dedicada a la pesca-. Mucho me temo, capitán Jack Sparrow, que también he caído bajo su hechizo y no me hacía gracia verlo morir ahogado por seguir su dañina adicción hasta el fondo del mar.

Tanto Jack como George, James y Will, se quedaron completamente mudos por la sorpresa, pero Elizabeth tuvo la fuerza suficiente como para murmurar:

-¡Oh, cielo santo…! ¡Jamás me lo hubiera imaginado…!

-¡Voy a matar a ese pirata engendro del mal! –pensó con rabia y frustración el almirante George Jacobson, pues no podía evitar sentirse un tanto traicionado por su tío.

Cuando el puente fue colocado sobre el puerto, todos los viajeros desembarcaron, incluyendo a Jack Sparrow y compañía, e inmediatamente se dirigieron hacia donde tendría que estar anclado el Perla Negra. Jack hubiera deseado quedarse a beber unos tragos y comer un buen plato de tocino en su taberna preferida, pero el almirante Jacobson y Elizabeth Swann no querían saber nada al respecto, así que el pobre no podía hacer nada para evitarlo, ni siquiera el que el almirante le hubiera confiscado sus bebidas.

A pesar de la confesión inesperada del doctor Christian Jacobson, éste se comportaba como si nada lo hubiera afectado. Era la tranquilidad en persona. Siempre con el semblante rosa pálido en alto, adornado ya con las indelebles arrugas propias de su edad, y que a pesar de eso, igual dejaba rebelar que había sido un hombre tan atractivo como lo había sido alguna vez toda la familia Jacobson. Sobre su elegante nariz llevaba puestos sus pequeños anteojos redondos. Christian, ataviado con el infaltable peluquín blanco propio de un hombre de su estatus, un tricornio negro, camisa blanca con vuelos y medias del mismo color, chaleco, casaca, pantalones y zapatos negros. Él era, sin duda, el erudito del grupo y no perdía la cabeza por nada del mundo. Era un perfecto caballero enchapado a la antigua y siempre sabría cómo comportarse.

-Allí está –comentó Turner al divisar el tan buscado navío negro.

-¡Por fin comenzará el final de todo esto! –suspiró Elizabeth.

-¿Así que ese es tu apestoso barco? –pensó Jacobson con desprecio.

Jack Sparrow nada dijo, pero en su moreno rostro se pintaba la alegría que se experimentaba cuando uno se encontraba frente a frente a su más admirado ídolo. Y sin decir una sola palabra, el pirata se encaminó rápidamente hacia su amado navío.

-¡Vamos! ¿Qué están esperando? –les dijo a los demás mientras abanicaba uno de sus brazos haciéndoles señales-. ¡No se queden allí parados como tontos, marineros de agua dulce! ¡Abordemos ya el Perla Negra!

-Ella está muy feliz… -murmuró Will con alegría.

-"Ella" es él –corrigió su ex novia muy molesta.

-¿Nos dijo "marineros de agua dulce"? –repitió George muy ofendido-. ¿Pero cómo se atreve?

James le colocó una mano en el hombro para tranquilizarlo.

-No le des importancia, es un ignorante, sigámoslo de una vez.

Entonces, todos siguieron al dichoso capitán hacia el inconfundible navío pirata. Cuando ya estaban muy cerca, el loro de Cotton, que estaba sobre uno de los mástiles, divisó a su querido e inigualable capitán.

-¡¡Wah!! ¡¡El capitán!! ¡¡El capitán!! ¡¡Wah!! –por primera vez en su vida de cotorra, había hablado correctamente, quizás fue la alegría de volver a verlo después de un mes sin saber nada de él.

-¡¡El capitán Jack Sparrow!! –exclamó muy emocionado Gibbs mientras los demás armaban un gran alboroto, felices por volver a ver a su querido y estrafalario capitán.

-Ya era hora de que la capitana "Jacky" apareciera… -murmuró el capitán Hector Barbossa mientras salía de "su" camarote y se apoyaba sobre la balaustrada para verlo llegar.

-… Pero miren quienes llegaron… -murmuró Beatriz al divisarlos desde el lugar en donde estaba amarrado el barco pirata, pero enseguida su vista se posó en el apuesto hombre que los acompañaba.

-Vaya, vaya, pero miren qué tenemos aquí… -dijo con un brillo especial en los ojos-, es el caballero más atractivo que he visto en mi vida.

-A mí me interesa más las dos damas que lo acompañan… -replicó mordazmente Henry MacKinley, quien se encontraba al lado de la mujer.

Ana María, quien estaba conversando con sus compañeros pescadores cerca de donde estaba el Perla Negra, había fruncido la boca con disgusto al ver llegar a Jack Sparrow.

El capitán Jack Sparrow (capitana Jacky Sparrow) al ver a todos muy alborotados, exclamó con alegría mientras los saludaba con la mano:

-¡¡Hola a todos!! ¡¡Lamento la demora!!

-No sabes cuánto te extrañamos, Jack –confesó Beatriz mientras se le acercaba seductoramente.

-Y tú no sabes lo mucho que extrañé tus curvas… -no pudo evitar decirle poniendo cara de baboso.

Y sin que nadie se lo esperara, la joven y atractiva Beatriz tomó a Jack por los hombros y le obsequió un gran beso en la boca, para luego sonreírle y subir a bordo del Perla Negra, no sin antes dirigirle un guiño atrevido a George Jacobson, a quien no le gustó nada..

-… Realmente…, soy un seductor… -apenas pudo decir la pirata Sparrow mientras se bamboleaba un poco ante tamaña sorpresa.

-¡Hola, queridita! –llegó a su encuentro MacKinley con los brazos bien extendidos como para darle un gran abrazo.

-Yo no soy tu que… -Jack no tubo tiempo de quejarse, ya que el otro capitán lo abrazó fuertemente y le dió un enorme beso en la boca.

-Nos vemos en la cama, preciosa –se despidió mientras se dirigía hacia el navío color azabache.

Nadie dijo nada, pues permanecían todos completamente boquiabiertos por lo que acababa de ocurrir.

-¡Puaj! Ya lo estaba extrañando… -apenas pudo opinar con ironía Jack mientras se limpiaba la boca con las manos y se reponía de aquel desagradable beso.

Y así estaban hasta que se acercó Ana María caminando a grandes y enérgicos pasos, su andar era de una persona decidida.

En cuanto se paró frente a Jack, éste le sonrió pícaramente y le preguntó como si fuera un gran conquistador de mujeres:

-¿Tú también deseas besarme, Ana María?

Ana le sonrió, pero lo que vino después fue tan rápido que a Jack no le dio tiempo a reaccionar.

¡¡PAF!! Un enorme cachetazo propinado por la joven le hizo dar vuelta la cara.

-¡¿Y quien quiere besar a un travesti como tú?! ¡¿Cómo te atreves a demorar tanto?! ¡¡Todo un mes!!

-¿Entonces te preocupaste por mí? –inquirió ilusionado mientras se sobaba la adolorida mejilla.

¡¡PAF!! Otro cachetazo en la otra mejilla, tan fuerte que hasta a los otros les dolió.

-¡¿Preocuparme por ti?! ¡¡Tonto!! ¡¡Recuerda que me debes dos barcos!!

-¡Ouch! No sabes cómo te quiero… -comentó con una descarada sonrisa.

-¡Rata! –y después de insultarlo, subió furiosa al barco.

-… Pero qué carácter… -murmuró el pirata venido a mujer, luego, se dio media vuelta y les dijo a sus invitados:

-Bueno, creo que ya no falta nadie más para que me dé la bienvenida, subamos a bordo de mi navío.

Y mientras lo seguían en completo silencio para luego subir por el puente, Sparrow vio que el capitán Barbossa lo estaba esperando al final del puente.

-¡Uf! ¡El que faltaba! –pensó Jack con desgano.

-¡Bienvenido a mi barco pirata, Jacky! –saludó alegremente su contrincante.

-¿Qué tal, Barbossa? ¿Ya te marchas de mi navío? ¡Pero qué lástima! –replicó el aludido mientras se colocaba frente a él.

Hector sonrió maliciosamente.

-¡Pero qué dices, Jacky! ¿Cómo se te ocurre que me iría sin antes despedirme de ti?

-Pues despídete y desaparece de aquí –pidió fastidiado, cayendo redondo en la trampita de Barbossa.

-¡Como gustes! –exclamó el pirata y tomó al pobre Sparrow por la cintura, lo inclinó un poco hacia atrás y le propinó un gigantesco beso en la boca, luego lo soltó y le gritó a los demás:

-¡¡Suelten las amarras!! ¡¡Partimos hacia donde indique su linda capitán!!

-¡¡SÍ!! –exclamó toda la tripulación con algarabía y enseguida se pusieron a trabajar.

Mientras los otros observaban muy sorprendidos al pobre de Jack Sparrow sentado en el piso con cara de incredulidad, este se lamentaba:

-Esto es una locura… ¡¡Quiero que esta maldición acabe de una vez!!

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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