Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 46: La Calma Antes de la Tormenta

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del 2006 y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 46: La Calma Antes de la Tormenta

Para cuando la lluvia cesó y todos los tripulantes del "Perla Negra" regresaron, Jack y James habían desaparecido de la cubierta, yéndose cada uno por su propio lado y con sus pensamientos muy ocupados en lo que habían acabado de hacer.

Ya mucho más tranquilo, en su mente y su corazón, el comodoro James Norrington decidió irse a dormir como hacía mucho no lo había hecho. Por fin, después de tantas penurias vividas, se sentía correspondido por la persona que tanto lo había hecho sufrir. Claro, era una locura pensar en el capitán Sparrow como si fuera una mujer de verdad¿pero qué podía hacer al respecto?, lo que veía frente suyo era a una bellísima e indomable mujer pirata, no a aquel sucio y estrafalario Jack Sparrow, era como si ese tipo jamás hubiera existido antes.

Después de mudarse sus mojadas ropas por otras secas, Norrington se reacomodó en su litera, pues él también dormía en la cabina en donde descansaba con el resto de la tripulación (corriendo el riesgo de ser literalmente degollado por alguno de ellos), por fin había comenzado a sentir hambre y sed. El comodoro sonrió sin abrir los ojos, puesto que estaba aún muy cansado¡al fin podría recuperarse de todo aquel tormento físico y mental que tanto había padecido!

Aquel apasionado beso lo había revivido inmediatamente, devolviéndole una luz de esperanza a su desesperado ser. James jamás iba a olvidar aquel maravilloso momento en que los dos se habían besado bajo la lluvia. ¡Fue tan intenso, tan maravilloso!

-Debo haberme vuelto completamente loco... -Murmuró el comodoro, a sabiendas que aquella felicidad era sólo aparente y que pronto terminaría en cuanto lograran romper la maldición y Jack Sparrow volviera a ser Jack Sparrow. ¿Pero era eso lo que James quería?, no ciertamente, pero nada podía hacer él, ya que tenía una misión que cumplir por encima de sus propios sentimientos: conseguir la "Piedra Mística" y entregar al capitán Sparrow a Lord Beckett.

El comodoro James Norrington suspiró, ahora que tenía la certeza de que él era el elegido de la bella capitana, debía sufrir con la idea de que le perdería en cualquier momento¿pero qué le iba a hacer?, las cosas se habían dado de esa manera tan extraña. Ella jamás aceptaría permanecer a su lado, y eso, él lo sabía muy bien.

De pronto, James sintió que los demás habían llegado, así que rápidamente se volvió a recostar para fingirse dormido, y luego de unos minutos, se quedó profundamente dormido, como hacía muchas noches que no lo hacía.

En cambio, Jack Sparrow, encerrado en su camarote, bebía a más no poder para luego ponerse a vomitar todo lo que había tomado, maldiciendo el momento en que tubo que besar a ese odioso enemigo. Si James había pasado la mejor noche de su vida, Jack había pasado la peor noche de su vida.

-¡Maldito romanticismo femenino¡Hic¡Me odio a mí mismo! –se quejaba el pirata mientras se limpiaba la boca-¡esta no te la voy a perdonar mientras viva¡Ya verás, te haré pagar por haberme obligado a actuar tan ridículamente¡Hic!

Y mientras llevaba el pico de la botella de ron a su boca, el pobre de Jack recordó otra vez aquella "escenita" y la "dulce" boquita del comodoro.

-¡¡Puuuaaaajjjjjjj!! –el pirata se asqueó y otra vez se puso a volver todo lo ingerido.

-¡Debería haber dejado que se mue-muera¡Hic¿En dónde estará ese maldito mo-mono? –se preguntaba Jack mientras sacaba su mosquete y buscaba con la mirada a dicho animal, a quien utilizaba como remedio desestresante, y al no encontrarlo, pensó entonces en dispararle a Barbossa.

-¡Ma-maldita maldición¡Maldito anillo de por-porquería! –Volvía a exclamar furioso mientras se servía otro poco de ron en su jarra y se lo tomaba de un solo trago-. ¡Ma-maldito No-norry¡Hic¿Po-porqué tuve que besarlo?

Apenas terminó de decir esto, su mente embotada otra vez rememoró aquella romántica escena con el oficial inglés sobre la mojada cubierta del "Perla Negra".

-¡¡¡PUUAAAAJJJJJ!!! -vomitó nuevamente asqueado nuestro mareado protagonista al cruzársele aquel extraño pensamiento.

-¡Sé que me han dicho en varias ocasiones que soy medio "rarito", pero esto es el colmo¡Hic! -protestó mientras se limpiaba la boca con la manga de su casaca, para llevarse el pico de la botella a su boca y tomar su preciado líquido, cosa que no le duró mucho, pues otra vez volvió a vomitar.

-¡Puaj! -se quejó mientras volvía a limpiarse y se sentaba en el piso-. ¡Juro que esta me la vas a pagar¡Hic¡E-esto no se quedará así¡Nadie se aprovecha de la inocencia del capitán Jack Sparrow!

Apenas terminó de decir esto, el pobre y borracho pirata cayó de espaldas al suelo y se quedó allí sumido en sus profundos pensamientos. ¿En qué pensaba? pues en su "querido don Juan".

-¡Pero que tipo más problemático! -se quejaba- ¡Mira que obligarme a besarlo para que dejara de sufrir por mí¡Pero qué estupidez! ... –luego frunció el entrecejo-. Pero por otro lado..., ese beso no estuvo tan mal... Hasta casi me gustó... -Jack comenzó a quedarse dormido-... Juro que me vengaré por esto, lo prometo... Ya verá...

Y poco a poco, el capitán del "Perla Negra" (ahora flamante representante del sexo débil), se quedó completamente dormido y comenzó a roncar.

Afuera del camarote del capitán Jack Sparrow, Will y Elizabeth se encontraban de pie junto a la puerta, los dos jóvenes apenas habían escuchado algunas de sus declaraciones exaltadas antes de que éste se quedara dormido.

-¿A qué se habrá estado refiriendo? -la joven le preguntó muy extrañada a su ex prometido.

-No lo sé -le respondió molesto-, pero si ese atrevido de Norrington le puso una sola mano sobre mi prometida, lo pagará con mi espada.

-¡Por Dios, Will¡Te estás refiriendo al asqueroso de Jack Sparrow¿Acaso no te das cuenta?

Turner la miró con detenimiento, y luego de unos segundos, le dijo con mucha vehemencia:

-Ahora él es una dulce e inocente mujer, Elizabeth, es mi deber velar por su bienestar, ella es mi prometida -y apenas terminó de decir esto, se marchó, dejando a una desilusionada hija del gobernador.

-Hay que romper esta maldición cuanto antes... -se dijo a sí misma con gran determinación.

A la mañana siguiente, cuando ya todo estuvo preparado para zarpar, el almirante George Jacobson tomó el mando del "Perla Negra", ya que su verdadero capitán se encontraba "indispuesto", y que los capitanes Hector Barbossa y Henry MacKinley no estaban plenamente en sus cabales por causa de la maldición que los aquejaba (ya que se la pasaban peleando).

Con una buena provisión de comestibles y otros objetos (regalados generosamente por el gobernador del pueblo portuario africano que acababan de abandonar como tributo a la bella pirata), reiniciaron la última parte de su travesía hacia el medio oriente.

Nadie se había percatado del cambio que se había realizado en las relaciones entre su capitán y el comodoro Norrington, no hasta después de haber abandonado tierra y estuvieran navegando nuevamente en alta mar.

Con el inicio de aquel nuevo día, nuestra pareja despareja había cambiado completamente su forma de pensar respecto a sus pasados razonamientos de la noche anterior:

El capitán Jack Sparrow, ya más desahogado y con un fuerte dolor de cabeza, se lo había pensado mejor y decidió que la cosa no era tan grave como la veía en un comienzo, después de todo, sólo había sido un estúpido beso y nada más. ¿Y qué? Nada malo había en eso, por lo tanto¡la vida continuaba y había que disfrutarla! Ahora, Jack había decidido que se divertiría de lo lindo con su caballero inglés, pues el comodoro tenía que pagarle de alguna manera aquel "favorcito" que él le había hecho con besarlo.

En cambio, no tan inmoral como su contraparte, el comodoro James Norrington ahora veía aquel enredado asuntillo como algo desastroso y totalmente vergonzoso para su pulcra persona. ¡Él había besado a su peor enemigo¡Y lo peor de todo es que le había gustado! Enamorado como estaba, pero totalmente desubicado, al pobre hombre le daba una terrible vergüenza el sólo hecho de tener que verle la cara al desvergonzado pirata. La lógica que siempre había gobernado su mente y su corazón, luchaba por predominar en su persona por encima de los pasados sentimientos románticos de la noche anterior.

Durante la mañana, James había estado evitando un encuentro con Jack Sparrow, puesto que se sentía avergonzado por lo que había sucedido entre ellos dos la noche anterior. Mientras el pirata (la pirata) paseaba cómodamente por su querido navío cantando sus canciones piratas favoritas, tan fresco como una lechuga, como si nada trascendental hubiera ocurrido en su vida, había notado muy divertido aquella pudorosa actitud por parte del comodoro.

Rechazado una y otra vez por su supuesta "novia", William Turner también andaba deambulando por todo el barco tratando de descifrar el enigmático comportamiento de su querida capitana, pues se suponía que él era el elegido para compartir felizmente su vida con ella. Ahora, "Jacky" lo trataba como a su sirviente personal y nada más, cuando él la quería besar, la capitana Sparrow siempre se le ocurría un ridículo pretexto para evitar tal cosa y se marchaba de su lado, dejándolo solo y abandonado. ¡Ah¡Pero ya averiguaría él la razón de su extraño comportamiento!

El viaje en sí iba a ser bastante complicado gracias a la maldición que aquejaba al capitán Jack Sparrow, ya que toda la tripulación masculina de a bordo (incluyendo al loro y al mono), había caído irremediablemente bajo el hechizo del anillo de la calavera, provocando que estos desatendieran sus deberes marítimos y dirigieran toda su atención hacia la "linda capitana" del Perla Negra.

Era en vano que Jack tratara de hacer que sus hombres trabajaran correctamente por más que acataran sus órdenes, pues al estar ellos tan embobados por culpa del "amor" que sentían por su capitán, cometían errores garrafales en la navegación haciendo peligrar la travesía y a la propia nave, por lo tanto, lo único que hacían era servir en todo lo que se le antojara al caprichoso Jack Sparrow, quien ya tenía su "trono" especial para que lo adoraran.

Aún así, el capitán del Perla Negra no tenía de qué preocuparse, ya que a él lo ayudaban a comandar el barco las mujeres y los pocos hombres que podían ayudarlo sin perder la cabeza: James Norrington, George Jacobson, Christian Jacobson (éste último no sabía nada acerca de la navegación, así que ayudaba con lo que podía), y Gibbs. En cambio, William Turner, Hector Barbossa, Henry McKinley y todos los demás, se la pasaban peleando por llamar la atención de su bella capitana.

Nadie se imaginaba que aquel último tramo del viaje iba a estar lleno de sorpresas.

George "Isabel" Jacobson se encontraba muy intrigada por el cambio de actitud de su amigo James, pues éste prácticamente había vuelto a la normalidad y a su antigua personalidad, ya no tenía aquella actitud derrotista y su aspecto físico y anémico habían mejorado notablemente, se hacía odiar con medio mundo (como era su costumbre), se encargaba de dar las precisas órdenes a las mujeres, caminaba por cubierta con su característica actitud de grandeza y seriedad llevando típicamente sus manos hacia atrás. Sorpresivamente, su amigo Norrington volvió a ser quien ella había conocido. Pero había algo que le llamaba muchísimo la atención a Isabel, y era el hecho de que James tenía un brillo especial en sus ojos y en su poca habitual sonrisa. Extrañamente, éll parecía estar completamente feliz¿pero cuál sería la razón? Isabel estaba dispuesta a averiguarlo.

-A pesar de su ignorancia respecto a la navegación y el echo de que sean mujeres, ellas trabajan bastante bien -le dijo ésta en cuanto el comodoro se le hubiera acercado luego de haberle dicho a Elizabeth lo que debía hacer con unas sogas.

El aludido se paró al lado del almirante, mirando hacia un punto distante para luego volver su vista hacia su amigo, y sonriéndole levemente, le dijo:

-Ellas saben que nadie más que ellas pueden maniobrar este barco para poder llegar a nuestro destino. Esa mujer llamada Ana María sabe lo que hace, pero debo admitir que tu tío, Elizabeth y la otra joven lo hacen muy bien a pesar de que esta es la primera vez que se encargan de los aparejos de una nave.

-Mi tío siempre está dispuesto a ayudarme en lo que puede. Siempre sentí una gran admiración hacia su espíritu de sacrificio humanitario... -sonrió un tanto ensimismada, sintiéndose culpable porque su tío había roto su compromiso con una buena mujer hacía ya muchos años atrás, todo por apoyar la causa que Isabel perseguía.

El laureado almirante sacudió un tanto su cabeza, obligándose a sí mismo a volver a la actualidad y salir del pasado. Habían otras cosas de qué ocuparse.

Miró a su amigo y le dijo con un dejo de alegría y alivio:

-Veo que ya te repusiste de tu depresión, James

-Lo que pasa es que veo todo con otra perspectiva… -replicó ensimismado mientras volvía a dirigir su vista hacia el horizonte, con sus pensamientos puestos en aquel beso avasallador.

De pronto, el comodoro no pudo evitar dar un fuerte estornudo, consecuencia de su aventurilla de la noche anterior. Isabel lo observó con mucho interés, para luego preguntarle con suspicacia:

-¿Fueron mis palabras las que te hicieron entrar en razón, o algo muy especial te sucedió anoche?

Norrington la miró sorprendido, pues aquella pregunta lo había tomado completamente por sorpresa¿tanto se notaba el hecho de que ahora él fuera feliz?

-Yo... -comenzó a decir, pero un repentino alboroto que vino desde la dirección del camarote del capitán Jack Sparrow, hizo que su atención y el de las demás se fijaran en lo que estaba sucediendo.

El capitán Jack Sparrow, sabiéndose deseado y viendo que su "amorcito" titubeaba con acercársele, se había estado paseando por todo su barco con su camisa bien desabotonada mostrando todo lo que tenía que mostrar para poder llamar la atención y así lograr armar un gran alboroto entre sus admiradores y hacer que "su Norry" se peleara con ellos.

-"A lo mejor, alguien pueda encargarse de él…" -había pensado con malicia nuestro capitán, pero éste no había reparado en que el sátiro de Henry Mackinley iba a intentar propasarse con él.

-El capitán Sparrow se comporta cada vez peor –se quejó Ana María-, ya no tiene nada de vergüenza.

-¿Acaso la tubo alguna vez? –le preguntó tía Dalma con ironía.

La joven morena se lo pensó mejor, y luego le respondió meneando la cabeza:

-Tiene razón, nunca la tubo.

-Veo que el hechizo está cada vez más fuerte –opinó Elizabeth mientras observaba a Jack tratando de sacarse de encima al pesado de McKinley-. Jack está logrando manipular a todos los hombres de a bordo. ¡Los está trastornando!

-Ya casi es imposible reconocerlos -opinó de pronto tía Dalma mientras se paraba al lado del almirante-, sus personalidades están siendo distorsionadas por la maldición del anillo, muy pronto perderán la razón como le sucedió al Shake Tel Aviv. ¡Y la hechicera Jetzabel pronto volverá a triunfar si no logramos romper este poderoso hechizo!

George Jacobson se le quedó mirando muy preocupado, ahora lograba entender la magnitud que alcanzaba aquel peligroso hechizo.

-Este barco es un asilo de enfermos mentales –replicó con desagrado mientras manejaba el timón y se guiaba con la extraña brújula que Jack le había entregado a pesar de sus negativas.

"Esta brújula le ayudará a encontrar lo que busca. Usted sólo déjate guiar por ella. ¿Sabe?" –le había dicho el pirata con su particular mal aliento, cosa que Isabel no creía posible al ver que aquel artefacto no respetaba las leyes magnéticas de la naturaleza.

Mientras estaba sumida en sus pensamientos, escuchó a su amigo James Norrington decir:

-Iré a ayudarlo –dijo James al ver con preocupación que McKinley trataba de arrancarle la camisa a Jack.

-No vayas, deja que se las arregle solo –le aconsejó su amigo, pero para su disgusto, él no le hizo caso y se fue en su misión de rescate.

Las otras tres mujeres se le quedaron mirando.

-Se va a meter en graves problemas ese tonto pomposo –comentó Beatriz con desprecio.

Al escucharla, el almirante la fulminó con la mirada.

-Deja de decir estupideces y vete a limpiar la cubierta como te ordené.

-¡Oye, cálmate¿Quieres? –replicó ofendida la mujer-. No me escapé de aquel sucio burdel para que otro hombre me trate de esi. ¿Por qué no me lo pides amablemente como buen caballero?

-¿E-estuviste en un burdel? –inquirió Elizabeth sorprendida y un tanto asqueada-. ¿Y qué hacías allí?

-¿No es obvio, pequeña ricachona? –le respondió con desprecio-. ¿O acaso quieres que te lo explique con todos los detalles?

-Yo… -la joven Swann no sabía qué pensar mientras se sonrojaba.

-Déjala –dijo Ana María con cierta compasión-, es una pequeña ignorante malcriada.

Elizabeth se molestó al ser caratulada de esa manera, pero Isabel nada dijo, pues conocía la dura vida que llevaban las mujeres en las casas de citas. Habían muchas en Londres y sus compañeros oficiales siempre lo habían instado a concurrir a aquellos lugares para divertirse un rato, mostrando el poco aprecio que ellos sentían por aquellas mujeres desafortunadas. Todo militar que se precie había concurrido a aquellos sitios, incluyendo a James y a ella, pero obviamente, Isabel jamás había pasado la noche con otra mujer, siempre se las había arreglado para marcharse justo a tiempo ayudada por su amigo. Por supuesto que a ella no le gustaba que James se quedara en esos lugares, pero esa era la costumbre de los oficiales, el "divertirse" un poco, sobre todo, cuando a la mañana siguiente tenían una dura batalla de dónde podrían salir muertos.

Estaba pensando en esto cuando, de repente, escuchó que una lucha de espadas había comenzado. ¡James Norrington se estaba batiendo a duelo con el capitán Henry MacKinley!

-¡Maldita sea! –murmuró Isabel fastidiada¿hasta cuando él iba a comportarse como un tonto?

Pero Norrington y MacKinley no fueron los únicos en pelearse, pues luego de unos minutos, los demás también comenzaron a batallarse entre ellos (incluyendo al joven Will), provocando una gran batahola por todo el "Perla Negra".

A todo eso, el comodoro se había interpuesto entre Jack y sus acosadores, dispuesto a defender su honor.

-¡A ver¡Vengan a enfrentarme si tienen agallas¡Partida de cobardes! -los desafió mientras sacaba su espada.

-¡Será un placer eliminarlo, comodoro! -exclamó Barbossa mientras desenvainaba su sable.

-¡Apártense¡Esa mujer será mía! -amenazó Henry MacKinley, quien también desenfundaba su espada dispuesto a eliminar a la competencia.

Pero justo cuando los tres trababan sus espadas listos para iniciar su duelo, con Jack interpretando el papel de damisela en problemas detrás del comodoro Norrington, le había llegado el turno a William Turner para intervenir, y como él no había visto el inicio de aquel asunto, lo interpretó todo muy mal.

-¡¡Son unos sucios pervertidos¡¿Cómo se atreven a deshonrarla de esa manera?! -exclamó el muchacho completamente furioso, fuera de sí al ver en el "lamentable estado" en que se encontraba "Jacky" Sparrow, e inmediatamente los sorprendidos Norrington, Barbossa y MacKinley recibieron cada uno un buen golpe de puño en el rostro propinados por el chico, lanzándolos pesadamente al suelo.

-¡¿Pero quién demonios te has creído, maldito chicuelo?! -Hector Barbossa se levantó del suelo completamente furioso-. ¡¡Vas a pagar esta osadía con tu sangre!!

-¡¡Lo mismo digo yo!! -exclamó furioso el capitán MacKinley mientras se ponía en pie dispuesto a vengarse del muchacho.

El comodoro James Norrington también se había levantado, y mientras se limpiaba la boca con la manga se su casaca, protestó:

-¡Estúpido Turner¿Acaso no tiene una pizca de cerebro¡Yo lo estaba protegiendo!

-¡No le creo¡Usted es tan pervertido como ellos!

-¡¿Pero cómo se atreve a compararme con ese par de estúpidos piratas de mala muerte¡Juro que se arrepentirá de haberme insultado de esa manera! –(Los otros dos lo fulminaron con la mirada al verse insultados)

-¡Pues vengan los tres juntos a pelear conmigo¡Puedo luchar contra ustedes durante todo el día! -declaró Will con valentía mientras se preparaba a defenderse con su espada.

Y mientras los cuatro comenzaron a pelear entre ellos, ningún integrante de la tripulación del "Perla Negra" se animó a intervenir en aquella peligrosa pelea a muerte, todos se detuvieron para observar el combate.

Mientras Jack Sparrow miraba muy entretenido todo el desastre que había provocado, ya alejado de aquel combate a muerte, Elizabeth Swann se le acercó a él/ella y le recriminó su imprudente actitud:

-¿Pero qué hiciste, Jack¡Se van a matar entre ellos!

El aludido la miró con una leve inclinación de cabeza y le contestó:

-Yo no los obligué a pelearse, "Lizzy", ellos solitos comenzaron.

-¡Porque tú te andabas pavoneando como premio de feria¡¿Por qué lo hiciste?!

-¡Oh! Porque soy el capitán Jack Sparrow, querida. Creí que lo sabías… -le contestó sin más preocupación y siguió mirando su "obra maestra".

Todo iba bien hasta que Jack se percató de que Barbossa se había unido a MacKinley para acabar con el comodoro Norrington, cosa que no pudo evitar desagradarle.

-¡Ups! Creo que metí la pata… -murmuró mientras la joven Swann lo miraba extrañada.

Como James aún no estaba completamente repuesto, resultaba obvio que no iba a poder soportar por mucho tiempo el que dos hombres bien sanos lo atacaran a la vez, aunque James se sabía muchos trucos de combate de esgrima, su fuerza no le era suficiente para poder ganarles.

Durante el lapso de los minutos finales de aquella pelea, Hector Barbossa pudo desarmar a su odiado contrincante y arrinconárlo, disponiéndose luego a rebanarlo como a una salchicha junto a MacKinley.

-Prepárate a se cortado en pedacitos… -amenazó el ex capitán del "Perla Negra" mientras alzaba su espada.

-Así aprenderás a no hacerte el importante… -acusó MacKinley, también listo para hacerlo fiambre.

Arrinconado contra el mástil mayor, el oficial pensó que aquel sería el último momento de su vida¡y justo ahora que encontraba el amor!

Will Turner no sabía si intervenir o no en aquel asunto, ya que veía a Norrington como a su rival en el amor, pero justo en el momento en que ambos piratas bajaban sus espadas sobre su víctima, y antes de que George diera un paso hacia allí para ayudarlo, una espada bloqueó sorpresivamente la de los otros dos, interponiéndose entre ellos y su víctima.

-¡Ah, ah…! Nada de muertes innecesarias, viejos… -les decía Jack Sparrow mientras negaba con su dedo índice.

-¡No puedes evitar que lo fileteemos como a un atún y lo lancemos a los tiburones, Jack! –se quejó Barbossa.

-Pues yo creo que sí puedo –replicó el aludido mientras le sonreía y bajaba la espada.

-¿Ah sí¿Y cómo? –lo desafió MacKinley.

A modo de respuesta, Jack Sparrow se les acercó aún más, puso cara de perrito regañado, juntó las manos y les dijo suplicante:

-Por favor… No sean malitos y váyanse de aquí¿sí? Háganlo por su querida capitana que los ama tanto y que se los pide con gran humildad…

Mientras James y Will lo miraban sorprendidos y los otros dos fruncían el entrecejo mirando detenidamente al pirata convertido en mujer, estos respondieron luego de dar un bufido de fastidio:

-Está bien, por esta vez ese patán seguirá con vida –le dijo Hector Barbossa mientras envainaba su espada y se marchaba de allí.

-Lo hacemos por ti¿eh? –le confesó Henry mientras apuntaba a Jack con su dedo índice-, espero que sepas retribuirnos.

-¡Oh! De eso no te preocupes¡será con creces! –exclamó el aludido mientras extendía circularmente los brazos.

Y mientras el capitán del "Cazador de Doncellas" se iba, Jack ayudó a Norrington a ponerse de pie.

-¿Acaso debo darle las gracias por haberme ayudado, capitán Jack Sparrow? –le preguntó el comodoro con un dejo de arrogancia.

-Por supuesto –respondió incorregible el pirata mientras le sonreía.

-¿Debo suponer que usted provocó esta pelea por alguna razón?

-Me lee usted la mente, comodoro.

-¿Puedo saber la razón?

-Bueno, como usted ni me daba la hora, pensé en obligarlo a actuar. ¿Sabe?

La pirata y el oficial se miraron en silencio por unos momentos, pero James no pudo evitar sonreír al ver la cara graciosa que le hacía el capitán Sparrow.

A todo esto, Will, muy extrañado, se había unido a las mujeres después de que se detuvo la pelea, mirando junto a ellas aquella extraña escena.

-Mira a aquellos dos –le dijo Elizabeth con cierto disgusto-, están conversando como si jamás hubieran sido enemigos.

-¿No se suponía que estaban peleados? –preguntó Beatriz un tanto suspicaz.

-¡Claro que sí, puesto que son adversarios jurados! –exclamó celoso el muchacho.

Pero Beatriz, tras haber presenciado anteriormente una "escena romántica" entre aquellos dos personajes, se dio cuenta enseguida de la verdad que había tras ellos.

-¡¿Acaso no se dieron cuenta?! –exclamó fascinada con su descubrimiento-. ¡El comodoro James Norrington era el verdadero candidato de Jack¡Tú nunca lo fuiste¡Te engañó como a un tonto!

-¡¿C-cómo...?! -apenas pudo replicar el muchacho por lo asombrado que estaba tras esa increíble revelación.

Pero no hubo más tiempo para asimilar semejante descubrimiento, pues el almirante George Jacobson, luego de haber conversado con su tío y varios tripulantes del Perla, declaró para el asombro de todos:

-Señores, señoras... Ha ocurrido una terrible desgracia -pidió la atención de todos-. ¡Nos han robado las piedras blancas!

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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