Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 31: Revelaciones


Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo!
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 31: Revelaciones

Una vez todos a salvo de los temibles pelegostos, la tripulación del Perla Negra se dispuso a maniobrar el barco y alejarse lo más rápido posible de aquella horrible isla en donde varios de sus compañeros habían perecido cruelmente bajo los voraces apetitos de los isleños.

—¡Alejémonos de esta monstruosa isla cuanto antes y salgamos a mar abierto! —pidió el maestre Gibbs con gran ansiedad a sus dos capitanes cuando éstos apenas habían a bordo.

—Sí a lo primero, sí a lo segundo, pero con la condición de que siempre nos mantengamos en aguas poco profundas… —dijo Jack mientras miraba un tanto extrañado a los reaparecidos Pintel y a Ragetti cuando éstos los cubrían sumisamente a ambos con sus casacas secas.

—¿Acaso no estaban ustedes en prisión? —quiso saber Jacky.

—¡Oh! ¡Es que la Divina Providencia nos ayudó a escapar, mi capitana! —contestó rápidamente el nervioso Ragetti.

—¡Oh, sí! ¡Y justo a tiempo para tener al Perla Negra listo para ustedes, mi capitana! —agregó Pintel igualmente nervioso.

Frunciendo el entrecejo, Jacky prefirió escuchar la conversación que mantenían su hermano y el maestre Gibbs, que prometía ser más interesante.

—Eso es un poco contradictorio, capitán Sparrow —replicó confundido el mencionado Gibbs, aludiendo a los deseos de su capitán de salir a mar abierto pero sin adentrarse a mar adentro.

—¡Bah! Eso no debería sorprenderte, Gibbs, Jack siempre ha sido un idiota —comentó Jacky, dedicándole una linda sonrisa de desprecio a su hermano.

En vez de replicarle, Jack le arrebató el tricornio de la cabeza y se lo colocó en la suya mientras volvía su atención hacia su maestre.

—Tengo mucha fe en tu destreza en la navegación, maestre Gibbs —replicó seriamente.

—Y yo tengo fe en que alguna vez… —comenzó a decir su hermana, acercándosele con un contoneo muy seductor— ¡¡dejes en paz a mi sombrero!!

Y le quitó el tricornio luego de darle una buena patada en sus partes íntimas, dejando a su hermano terriblemente adolorido mientras todos los demás lo miraban lastimeramente con la cara fruncida al imaginar el dolor que estaría sintiendo su capitán.

—¿Dó-dónde está el mono…? Necesito dispararle… —pidió Jack cuando al fin pudo recuperar su voz. Estaba furioso y terriblemente estresado, necesitaba desquitarse con la mascota inmortal de Barbossa.

De pronto, el ojo de madera de Ragetti cayó desde arriba, y mientras él se arrojaba muy contento hacia la cubierta para alzarlo y limpiarlo con una escupida, los demás alzaron la vista y vieron al mono correr a través de los aparejos de las velas.

Sacando decididamente su carabina del cinturón, Jack se dispuso a utilizarla en contra de la odiosa mascota del capitán Barbossa, pero, como siempre, alguien lo interrumpió.

—¡Jack! ¡Jacky! —exclamó seriamente William Turner mientras se aproximaba muy decidido hacia los capitanes.

—¿Eh? —el aludido volvió su rostro hacia él.

—Elizabeth está en peligro.

—¿Has considerado vigilarla más de cerca? Podrías encerrarla bajo llave, quizás bastaría —aconsejó un tanto molesto el capitán Sparrow mientras comenzaba a dirigirse hacia el castillo de proa. Él tenía sus propios problemas en qué preocuparse.

—¡Ya está encerrada en prisión! ¡Condenada a la horca por haberte ayudado! —replicó el joven armero aún más molesto y desilusionado al ver como reaccionaba la persona en quien Elizabeth confiaba ciegamente.

—Llega un momento en que a veces hay que asumir las responsabilidades de los errores cometidos —rebatió lavándose las manos de todo compromiso en el asunto mientras terminaba de subir los escalones seguido por el muchacho y su hermana Jacky.

Sintiéndose muy desesperado al no encontrar una ayuda satisfactoria en su supuestamente amigo Jack Sparrow, Will le sacó repentinamente el alfanje a Jacky y colocó diestramente su filo sobre el cuello del capitán del Perla Negra, amenazándolo.

—Necesito tu brújula, Jack —le dijo con gran determinación a la vez que le dirigía una mirada de soslayo al objeto deseado que se encontraba en el cinturón del pirata—. La cambiaré por su libertad.

—Pues entonces, toma el de mi hermana —respondió—. Ella también tiene una y no necesitamos dos brújulas en un hermoso barco como éste.

—Navío. Se dice Navío, hermanito —corrigió Jacky muy molesta.

—Es lo mismo —se quejó Jack, poniendo los ojos en blanco bastante fastidiado.

—¡No es lo mismo! —replicó la pirata, acercándosele.

—¡Es lo mismo!

—¡No es lo mismo!

—¡Es lo mismo!

—¡No es lo mismo!

—¡Oh, no! ¡Aquí vamos de nuevo! —se quejó Ana María mientras se llevaba la mano a la cabeza.

—Aunque sean una la mitad del otro, son muy diferentes entre sí a pesar de ser la misma persona —comentó Gibbs, a lo que la joven morena lo miró un tanto extrañada con aquel comentario.

—No te entendí —dijo.

—Yo tampoco me entendí… —confesó tristemente.

Frunciendo el ceño bastante enfadado al ver cómo discutían ambos "hermanos" ignorándolo completamente, Will se dio media vuelta y le colocó rápidamente el filo de la espada en el cuello de la espantada capitana, callándolos a los dos.

Alzando los brazos muerta de miedo y mirando hacia el filo de la espada, exclamó:

—¡Está bien! ¡Está bien! ¡El idiota tiene razón! ¡Es lo mismo!

—¡Eso no me importa! —exclamó desesperado y luego agregó—: Jack tiene razón, no necesitan dos brújulas teniendo una.

—¡Ah, claro! ¿Y por qué tengo que ser yo el que te entregue la brújula? —exclamó ofendida—. ¿Me lo ordenan porque soy una mujer? ¡No es justo! ¡Eso es discriminación! ¡Ana María! —se volvió hacia la joven pirata llamando su atención y dejando a William bastante perplejo—. ¡Comencemos una huelga contra la injusta discriminación de la que somos objetos! ¡Formaremos un sindicato de piratas agraviadas y molestas!

Y mientras levantaba su puño al cielo, dueña de un enorme orgullo seguida por una frenética Ana María que la secundaba en su protesta feminista, declaró con vehemencia:

— ¡¡Que se hundan en el averno estos sucios cerdos machistas discriminadores!!

—¡¡Sí!! ¡¡Que se hundan!! —repitió la joven pirata con gran ímpetu mientras alzaba su puño al cielo, imitando a Jacky Sparrow.

—¡¡Que vivan los derechos de la mujer!! —siguió declarando ante toda la preocupación varonil de a bordo.

—¡¡Sí!! ¡¡Que vivan!!

—¡¡No a la maternidad!!

—¡¡No!! ¡¡Buuuuh!!

—¡¡No a los casamientos obligados!!

—¡¡No!! ¡¡Que se casen con un perro si quieren que alguien obedezca sus órdenes!!

—¡¡No al analfabetismo!!

—¡¡No!! ¡¡Yo quiero aprender a leer!!

—¡¡Fuera las camisas opresoras del hombre!!

—¡¡Sí!! ¡¡Fuera las camisas!!

—¡¡Sí al voto femenino!!

—¡¡Sí al vo…!! ¡¡QUÉEE…?? —y para su propia suerte y la desilusión de todos los presentes, Ana María reaccionó justo a tiempo antes de sacarse completamente la camisa frente a los ojos de todo el mundo.

"¡Maldición! ¡Faltó tan poco para que lo hiciera de verdad!" —se quejó la tramposa capitana Sparrow, habiendo preparado la escena de adrede para poder ver los pechos de la muchacha.

Terriblemente furiosa y avergonzada, Ana María se acercó a ella y puso los brazos en jarra.

—¿Así que los derechos de la mujer, eh?

—Eeeeh… Exacto —sonrió muy nerviosa.

—¡¡Pues ahí tienes tu derecho a ser abofeteada!! —y le propinó una buena cachetada que la lanzó justo los brazos del sorprendido William Turner.

—¡Por las barbas de Neptuno! ¡Qué cachetada! —exclamó la capitana con la mano en su adolorida mejilla mientras observaba a su compañera marcharse.

—Buen intento, hermanita, lástima que no resultó —la consintió muy frustrado el capitán Jack Sparrow.

—¿Te encuentras bien? —quiso saber el amable e inocente muchacho, a lo que Jacky decidió divertirse un poco con él, así que, abrazándose a su cuello y acercando su bello rostro al de él, le contestó con tono seductor:

—Mientras esté a tu lado, jamás me sentiría mal, mi joven potrillito…

Viendo que las cosas se estaban poniendo muy extrañas y se habían ido por las ramas del asunto que lo había llevado hasta allí, Will soltó repentinamente a la capitana, provocando que ésta cayera de cara al suelo.

—¡Jack! —exclamó, volviendo a colocar el afilado alfanje sobre el cuello del aludido—. ¡Estoy hablando en serio! ¡Necesito esa brújula con desesperación! ¡Necesito liberar a Elizabeth! ¡No quiero perder más tiempo con sus payasadas! ¡Dame la brújula!

Notando que el chico estaba realmente decidido a hacer cualquier cosa por salvar a su novia, Jack cruzó miradas cómplices con su hermana mientras ésta se levantaba del suelo.

—¡Señor Gibbs! — Jack lo llamó mientras se sacaba despectivamente la espada de encima.

—¿Sí? —contestó el aludido, quien se encontraba cerca de ellos al mando del timón y adivinando que a su capitán de la había ocurrido una idea siniestra.

—Es necesario navegar río arriba…—le susurró al oído mientras miraba de soslayo al joven Turner— Necesito que nos lleves hacia el río….

Muy preocupado y percatándose de que era peor de lo que él pensaba, dijo:

—¿Por "necesario" te refieres a una necesidad nimia o fugaz? O tal vez sea un capricho ya pasajero, señor, una absurda fantasía.

—No, es una necesidad real, integra y flexible —le respondió sencillamente a la vez que se dirigía hacia la balaustrada del castillo de proa para otear el horizonte.

—Lo que necesitamos, es volver a Port Royal de inmediato, sin tardanza alguna —declaró Will, acercándosele.

—William —comenzó a decir el capitán Jack Sparrow mientras que su hermana se colocaba al lado del chico y le sonreía conciliadoramente—, cualquiera de nosotros va a darte la brújula… si tu quieres ayudarnos a buscar esto —terminó de decir mientras sacaba un viejo lienzo del bolcillo interior de su casaca y lo extendía ente los ojos castaños del joven armero.

Aquel lienzo no era otra cosa más que aquel que Jack Sparrow había ido en su busca en la prisión turca.

Will lo observó lleno de extrañeza el dibujo de una llave.

—¿Quieren buscar… esto? —preguntó.

—No —lo corrigió—. Tú quieres buscar esto. Porque al encontrar esto, te encontrarás encapacitoriamente al encuentro y/o localizando tu descubrimiento, cuando aparezca, que aparte de ese gran descubrimiento, hallarás una manera de salvar a tu querida novia…, como se llame, ¿Savvy?

Muy confundido por toda aquella palabrería sin sentido, Will se volvió hacia Jacky en busca de una entendible traducción.

Bufando un poco fastidiada, Jacky le tradujo de mala gana:

—Dice que cuando encuentres esa llave, también encontrarás otro modo de salvar a Elizabeth…

—¿Y si no la encuentro?

—Entonces, Jack, amablemente, te dará su brújula.

—¿Y quién dijo que yo seré quien le entregue la brújula? —se quejó Jack inmediatamente—. ¿Por qué no se la entregas tú, hermanita?

—¡Claro que no! ¡Dale la tuya, hermanito!

—¡No! ¡Mejor dale la tuya!

—¡No! ¡La tuya!

—¡No! ¡La tuya!

—¡No! ¡La tuya!

—¡No! ¡La tuya!

Y así, los hermanos Sparrow volvieron a comenzar una de sus infaltables peleas caprichosas ante el asombrado muchacho, quien miraba a uno y a otra respectivamente, hasta que colmaron su paciencia.

—¡Ya basta ustedes dos! —exclamó mientras los separaba—. ¡Me da igual cual de los dos me da su brújula, siempre y cuando me la den! —y, dirigiéndose hacia Jack, tomó el lienzo y preguntó:

—¿Esto es lo que salvará a Elizabeth?

En vez de responder a esa pregunta, Jack decidió comprobar algo en los conocimientos del muchacho, para asegurarse.

—¿Qué saber acerca de Davy Jones? —quiso saber.

Un tanto pensativo, mientras fruncía el entrecejo tratando de recordar algo sobre el hombre que portaba ese nombre, respondió que no sabía mucho acerca de él.

Jack y Jacky se miraron muy contentos.

—Sí, esto va a salvar a Elizabeth —le respondió al fin el capitán Sparrow, muy satisfecho con la ignorancia del pobre muchacho.

--

Al día siguiente de su primera noche de pasión, Isabel se había levantado muy temprano en la mañana, dejando al capitán Seagull Hood completamente dormido sobre la cama. Una vez vestida con uno de los tantos hermosos vestidos que él le había regalado, salió a cubierta para pensar en todo lo que le había ocurrido aquella inolvidable noche, y, apoyándose sobre la balaustrada y mirando hacia las costas jamaiquinas, ella se dejó llevar tanto por sus pensamientos como por sus sentimientos.

La noche anterior había experimentado el placer más grande de su vida al haberse dejado arrastrar por sus impulsos más bajos e inmorales que habían permanecido latentes en su interior, haciendo el amor una y otra vez con aquel sucio pirata que tanto detestaba. ¡Jamás había imaginado en sus más de 30 años que hacer el amor era la experiencia más maravillosa que se podía experimentar! ¡Casi tan excitante como ganar una batalla! Claro que había sentido un poco de miedo al principio, además de haber estado bastante nerviosa, pero se había controlado perfectamente, demostrándole a aquel hombre que ella podía mostrarse tan profesional en algo que desconocía como en algo en lo que era una erudita.

Isabel sonrió satisfecha, ahora ella por fin era toda una mujer y se lo demostraría a James apenas se diera la oportunidad. ¿Él quería a una cualquiera como esposa? Bueno, eso le daría y también le demostraría que ella sabía tanto de sexo como él… ¡Caería rendido a sus pies en cuanto supiera toda la pasión que ella podía entregarle! Ahora sabía lo que le gustaba a los hombres, y estaba dispuesta a satisfacer todas las necesidades íntimas de James para conquistarlo. ¡Al fin sería suyo!

Pero, a parte de la experiencia, Isabel había decidido que, sabiendo hacer el amor como a ella le gustaba, ningún hombre, ni siquiera James, le impondría nunca nada sobre cualquier lecho. Ella era dueña absoluta de su vida y de su cuerpo, y nadie se impondría ante ella en cualquier aspecto de su vida. Ella tendría, como siempre, el poder y el control sobre todas las cosas.

Aun así, aunque sintiera que había ganado algo precioso, no podía evitar sentirse sucia al haberle permitido a un asqueroso pirata tocarla de esa manera. ¡Hasta se ruborizó muy avergonzada cuando pensó en lo que le hubiera dicho su tío Christian si se hubiera enterado de lo que ella había hecho! Pero… ¿importaba eso ya ahora que él estaba muerto? No lo sabía, pero sí sabía que ella misma había cambiado desde que James la había rechazado aquella noche, cuando ella estaba dispuesta a ser su esposa, entregarse a él y olvidar así su doloroso pasado. Pero también se preguntaba si aquella oscura personalidad suya no se había mantenido oculta todo aquel tiempo detrás de una fría máscara de rectitud e integridad. ¿Ella habría sido así si sus padres no hubieran muerto? ¡Por supuesto que no! ¡Ella habría sido una mujer normal como tantas otras! Tal vez habría conocido a James de otra manera y seguramente se habrían casado… Pero nada de eso había pasado, ella jamás podría haberse convertido en una distinguida dama como lo había sido su madre y enamorar a James sin tener que haberle rogado a casarse con ella… Todo había sido por culpa de los piratas, nadie más que ellos habían sido los culpables de haberle provocado una vida tan llena de angustia y rencor. Todos debían ser eliminados, absolutamente todos.

—Malditos piratas… —murmuró muerta de rabia mientras hacía rechinar sus dientes—, juro que no dejaré a ningún pirata con vida sobre la faz de la Tierra…

—¡Buenos días, mi amor! ¿Has dormido bien anoche? —la saludó repentinamente el capitán Seagull Hood mientras salía de su camarote y se estiraba muy satisfecho por el nuevo y hermoso día después de haber pasado una noche más que maravillosa.

Viendo que ella no le decía nada, él se acercó sonriente y le rodeó cariñosamente la cintura con su bien formado brazo.

—Realmente la pasé muy bien anoche, ¿sabes? Y yo que pensaba que eras una inexperta en el amor… Pero veo que me he equivocado y debo inclinarme a tus pies… —y le hizo una graciosa venia, inclinándose ante ella.

Isabel lo miró despectivamente, cruzándose de brazos.

Sin querer percatarse de aquella actitud tan fría que ella le demostraba, Seagull siguió proyectando su amor con gran emoción.

—¡Ah! ¡Será magnífico el que tú y yo vivamos juntos como marido y mujer! ¿Te imaginas todo lo que disfrutaremos? ¿Las aventuras que tendremos juntos a lo largo y a lo ancho de los siete mares? Todos dirán: "¡Allí viene el heroico Seagull Hood, acompañado por Isabel Hood, la mujer más hermosa de todas la princesas piratas que se hayan visto jamás en los siete mares!

—¡No! —exclamó Isabel apartándose bruscamente del sorprendido pirata—. ¡¿Quién te ha dicho que yo quiero pasar el resto de mi vida contigo, sucio animal?! ¡Jamás aceptaría ser una pirata y ni mucho menos casarme con uno!

—¡P-pero…! —el pobre Seagull no podía creer lo que estaba oyendo, pues había estado seguro de que ella se había enamorado perdidamente por él—. ¿Y lo que hicimos anoche? ¿No significó nada para ti?

—¿Significar algo para mí, dices? ¡Ja, ja, ja! ¡No seas ingenuo! —le divirtió sobremanera ver la profunda expresión de desencanto en el apuesto rostro varonil de aquel pirata—. ¡Solamente fue para mi una entera satisfacción y no para querer tener algo especial contigo! ¿Pero quién te has creído que eres para que yo me sintiera atraída por un sucio y asqueroso pirata como tú? —sonrió cruelmente—. Tan sólo eres un pobre diablo creído de su propia imagen…

Completamente impactado por aquella brutal confesión por parte de la mujer que lo había enamorado, Seagull hizo un esfuerzo más que increíble para volver a sonreír y aparentar indiferencia mientras sentía que su destrozado corazón se caía a pedazos al igual que sus sueños.

—¡Vaya! ¡Menos mal que me hiciste saber lo que piensas en realidad! —dijo sonriendo falsamente—. Por un momento pensé que te habías enamorado de mí y que no me dejarías en paz hasta que lograras casarte conmigo!

—¿Y por qué dijiste todas esas cosas? —ella quiso saber, incrédula ante sus palabras.

—¡Bah! Solamente fue para ponerte a prueba para ver cómo reaccionabas, y si te hubieras puesto contenta, te habría mandado directamente hacia Port Royal, porque… ¿sabes? —se golpeó el pecho con el puño para darle más impacto a sus palabras—El capitán Seagull Hood es una gaviota tan libre como el mar y ninguna mujer lo atrapa en sus redes.

—Pues, después de todo, deberás mandarme hacia Port Royal —le replicó sonriente.

—¿Y por qué razón si los dos la pasamos fantástico? —le preguntó extrañado.

Entonces, mirando hacia el horizonte, justo cuando la ciudad de Port Royal comenzaba a hacerse visible, ella le contestó con marcada arrogancia:

—Porque el comodoro James Norrington está esperándome —lo miró sonriente—. Él es mi prometido, ¿lo sabías?

Pero si ella había esperado una reacción de desagradable sorpresa en el rostro de Seagull, mayor fue su desconcierto cuando éste le contestó entre sonriente y atónito:

—¡Vaya! ¿Dices que el comodoro Norrington es tu prometido? Pues creo que ahora ambos están parejos, querida, ambos se engañaron.

—¿Por qué dices eso?

—Porque tan sólo hace unos días, cuando yo estaba a punto de zarpar de estas aguas, me enteré que el comodoro Norrington había arriesgado su vida y su rango tras haber salvado de la horca a su amante…: una pirata, la hermana gemela del capitán Jack Sparrow.

--

Mientras tanto, en el muelle de Port Royal, un barco mercante llamado Edinburgh Trader, terminaba de levar anclas y soltar las velas con toda la tripulación lista para zarpar e iniciar una nueva travesía comercial.

Ya en alta mar, cuando todos estaban ocupados con sus quehaceres, uno de sus tripulantes que se encontraba limpiando la cubierta, hizo un extraordinario descubrimiento: un vestido de novia.

En aquellos tiempos, la gente podía ser demasiado supersticiosa, así que, al haber encontrado aquel vestido entre medio del cargamento del barco, había despertado una histeria colectiva entre toda la tripulación sobre el origen y la causa de aquella prenda.

Intrigado por el escándalo que se había armado en cubierta, el capitán del Edinburgh Trader, decidió salir de su camarote y averiguar lo que estaba ocurriendo entre su agitada tripulación.

—¿Qué es lo que sucede? —preguntó en cuanto vio que dos de sus marineros se encontraban tironeando un vestido, enzarzados en una fuerte discusión.

Luego de que todos guardaran silencio, el capitán agregó con sarcasmo al ver el vestido en manos de dos de sus hombres:

—Si les gusta el vestido y quieren usarlo, sólo compártanlo, primero se lo pone uno y después el otro.

Toda la tripulación rompió en carcajadas mientras los dos hombres que tenían dicha prenda miraban a su alrededor un tanto molestos.

—No se trata de eso, Señor —le dijo el que parecía más culto—. La nave está embrujada —fue su sorprendente declaración.

—¡Ah! ¿Eso crees? —replicó incrédulo—. ¿Y tú qué crees? —le preguntó al otro que tenía peor apariencia que su compañero y además era calvo.

—Hay… una presencia femenina a bordo, señor… —le respondió bastante nervioso mientras miraba a su alrededor—. Todos los hombres lo perciben…

Tomando ahora más en serio aquella inusual situación, el capitán puso los brazos en jarra y miró preocupado hacia aquel vestido, pensando.

—Es el fantasma de una dama, enviudada antes de la boda, supongo —agregó temeroso otro de los marineros mercantes, uno bastante menudo y que se encontraba en medio de los ostros dos—. Que busca a su esposo que se ahogó en el mar.

—Debió ser doncella. Lo más probable es que fuera virgen —agregó otro que era un tanto viejo—, y eso trae mal presagio, por lo que cuentan.

Y mientras esta supersticiosa conversación se llevaba a cabo, un joven muchacho que se encontraba barnizando la madera de la balaustrada y que era el único que se mantenía apartado de toda aquella situación, volvió su esbelto rostro hacia ellos, escuchando atentamente las palabras que entre ellos se decían. Aquel muchacho no era otro más que la joven Elizabeth disfrazada de hombre, llevando la cara sucia para no ser reconocida como representante de su género femenino.

—¡Por eso propongo que arrojemos el vestido por la borda con la esperanza de que el espíritu lo siga…! —habló el primer hombre, arrebatándole el vestido a su compañero.

—¡No! —negó asustado el hombre calvo mientras tomaba la prenda entre sus manos—. Eso no alejará al espíritu, señor, lo enojaría aun más. Lo que hay que hacer es averiguar qué necesita el espíritu, y luego…

—¡Devuélvelo! —replicó su compañero, tironeando el vestido y haciendo oídos sordos a su sugerencia.

—¡Suéltalo! —rebatió el otro, tironeando con fuerza y negándose a soltarlo.

Elizabeth no pudo reprimir una sonrisa de burla al ver que aquellos hombres volvían a pelearse por su vestido de novia. El plan parecía marchar sobre ruedas.

Viendo que sus hombres volvían a perder el control, el capitán decidió intervenir con racionalidad.

—¡¡Basta!! ¡¡Silencio!! ¡Son un par de idiotas supersticiosos y esto los ha trastornado! ¡Son historias solamente! —les arrebató el vestido muy enojado—. ¡La impresión que yo tengo es que esto indica es que tenemos un polizón a bordo! —a Elizabeth no le gustó nada aquella sugerencia—. ¡Al parecer una mujer joven! ¡Quiero que registren todo el barco y la encuéntren!

Todos los miembros de su tripulación comenzaron a mirarse entre ellos, algo incrédulos ante las lógicas palabras de su capitán.

—¡Ah! Y… —agregó éste con picardía su capitán— es probable que esté desnuda…

—¿Has oído? ¡Desnuda! ¡Hay que correr! —exclamó muy emocionado el primer hombre que había hablado.

Y así, el capitán había logrado hacer desviar la atención de su tripulación hacia algo más concreto y agradable para ellos, quienes, excitadísimos por hacer ese gran descubrimiento femenino, comenzaron a buscar frenéticamente por todo el barco a la polizona que, probablemente, estaría desnuda. Elizabeth, para guardar las apariencias, también inició su propia búsqueda, rezando para sus adentros que aquellos sujetos no la descubrieran. ¡No quería imaginar siquiera lo que harían con ella si la encontraban!

--

Más tarde aquel mismo día, el Perla Negra se encontraba anclado cerca de la costa en una región oscura y pantanosa, frente a la desembocadura de un afluente llamado Río Pantano, por donde los hermanos Sparrow ya se encontraban navegando sobre un par de botes acompañados por su reducida tripulación y el joven Will Turner, con la intención de visitar nuevamente a la famosa pitonisa llamada Tía Dalma.

Cotton (y su loro), Ana María y Marty iban en el primer bote junto con Jack; Will, Gibbs, Ragetti y Pintel iban en el segundo bote con Jacky y, mientras recorrían aquellas oscuras aguas en medio de un silencio sobrecogedor que se rompía bajo los monótonos trinos de las aves o chillidos de las bestias que allí habitaban, rodeados por siniestros árboles y observadores silenciosos, un lugar cubierto por una espesa niebla por donde apenas se abrían paso algunos ases de luz, Will quiso saber algo que lo había intrigado desde que se había reencontrado con los capitanes Sparrow.

—¿Por qué Jack y su hermana le temen al mar abierto? —preguntó, llamando la disimulada atención de Jacky, quien iba en la proa del barco oteando algo nerviosa a su alrededor al igual que su hermano.

—Mira, si crees en estas cosas…, en cuentos… —comenzó Gibbs a explicarle con su habitual locuacidad misteriosa para contar historias, espantando especialmente al miedoso de Ragetti—, hay una bestia que obedece a Davy Jones, ¡una feroz criatura con tentáculos gigantes que succiona la piel de la cara hasta arrancarla y arrastran una nave entera hacia la profunda oscuridad eterna!

Y luego de hacer una breve pausa para aumentar el suspenso a su narración, reveló el nombre de dicha bestia—: ¡El Kraken!

Todos se miraron muy preocupados —excepto Jacky, quien seguía mirando hacia adelante, escuchando disimuladamente—, pues cada uno de ellos habían escuchado hablar de aquel terrible monstruo alguna vez en sus vidas, y no era algo muy agradable de recordar.

Viendo cómo reaccionaban a sus palabras, el maestre Gibbs siguió con su narración:

—Se dice que el hedor de su aliento apesta a… —hizo una mueca de asco—. Imagina que justo ante de dejar este bello mundo sólo oigas el rugido del Kraken y sientas el fétido olor de mil cadáveres en descomposición… Suponiendo que creas en estas cosas.

—¿Y con esa llave, Jack y su hermana se salvarían? —preguntó intrigado el muchacho.

—Esa es justo la pregunta que ellos buscan contestar… —Hizo una pausa antes de agregar un tanto resignado—, hasta el punto, incluso, de llegar visitarla a… ella.

—¿A ella? ¿Te refieres a Tía Dalma?—repitió intrigado, levantando una ceja.

—Sí.

—¿Pero qué tiene de mal…?

—Cómo les gusta hablar mal de los ausentes, ¿verdad? —lo interrumpió la capitana Sparrow un tanto molesta, volviendo su rostro hacia ellos—. ¿Acaso se olvidaron de la enorme ayuda que Tía Dalma nos prestó hace unos meses cuando caí en la Maldición del Anillo de la Calavera? Ustedes son bastante malagradecidos, savvy?

—Eso era justo lo que yo iba a decir —aclaró Will.

—Pero mi capitana —comenzó a decir su primer oficial—, ¿acaso olvida usted su pasada relación con ella hace algún tiempo atrás?

Para William, aquello era bastante raro, pues en vez de imaginarse a Jack y a Tía Dalma juntos, se imaginaba a Jacky con Tía Dalma.

—Confundes al muchacho, Gibbs —replicó ella mientras observaba detenidamente al muchacho para luego volver su atención hacia Gibbs—. Es cierto que cuando yo era un hombre hubo algo entre nosotros dos, pero como bien tú bien dijiste: eso quedó en el pasado. "Lo pasado pisado", Savvy?

—¡Pero ella no es una mujer confiable, mi capitana! —protestó.

—Te equivocas de punta a punta, Gibbs, ella es MUY confiable para mí.

Gibbs frunció el entrecejo y preguntó:

—¿Dices eso porque ella salvó la vida del comodoro Norrington, capitana?

Ella lo fulminó con la mirada y luego le volvió la espalda mientras se cruzaba de brazos.

—Puede ser… Por lo menos demostró ser mucho más confiable que todos ustedes, partida de cobardes.

Luego de un breve silencio, Will se acercó aún más a Gibbs y preguntarle por lo bajo.

—¿A qué se refiere con eso? Se la ve muy molesta con ustedes…

—Lo que pasa, Will —miró de reojo a su capitana—, es que nosotros no quisimos ayudarla a rescatar al comodoro Norrington cuando éste la ayudó a escapar de la horca en Port Royal el otro día, así que… creemos que de verdad ella siente algo por él, y como seguramente ya sospechamos, al pobre ya lo habrán ahorcado por alta traición por haber liberado a una pirata.

—Pero el comodoro Norrington no está muerto —fue la sorprendente revelación del joven Turner—. Bueno, eso creemos Elizabeth y yo.

Sin volver su rostro hacia el muchacho y sintiendo la cara muy caliente, Jacky pudo controlar sus emocionados y confundidos sentimientos así como los agitados latidos de su corazón tras haber escuchado que su Norry aún estaba con vida.

—¿A qué te refieres con eso de que creen que está con vida? —preguntó, dominando apenas el tono ansioso de su voz.

—Pues, en el momento en que iban a ahorcarlo, la dama francesa y el pequeño Billy lo rescataron justo a las puertas de la muerte y se lo llevaron quién sabe dónde.

Durante unos segundos interminables, todos guardaron silencio, esperando ver la reacción de Jacky Sparrow tras haberse enterado que el comodoro James Norrington posiblemente estuviese con vida, pero, ella no se volvió para mirarlos en ningún momento, simplemente siguió dándoles la espalda manteniendo los brazos cruzados sobre su pecho.

A medida que todos comenzaban a mirarse, ésta los sobresaltó diciendo:

—Will, ¿tú querías la brújula para entregársela a Beckett para que éste liberara a Elizabeth, no es así?

—Así es.

—Pues olvídate de la mía —fue la terminante decisión, dejando a todos muy sorprendidos, especialmente a William Turner.

Y mientras seguían navegando a través del Río Pantano, la capitana Jacky Sparrow lloraba en silencio inmensas lágrimas de alegría.

"¡Está vivo! —pensaba muy emocionada mientras se llevaba la mano al agitado pecho—. "¡Mi Norry está vivo! ¡No murió! ¡Podré verlo de nuevo!" —bajó disimuladamente su mano hacia la codiciada brújula—. "¡Con esto podré encontrarlo de nuevo y muy pronto volveré a fastidiarlo todo lo que yo quiera! ¡Y juro que esta vez no se me escapará ni habrá un no como respuesta!".

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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Notas de una Bloguera Arrinconada:
                                                                  Mis ojos se resienten un poco más ahora me me puse a escribir... Añoro esos tiempos en que podía escribir un poco más antes de que mis ojos lo lamentaran, pero esos tiempos ya pasaron y no volverán, ahora tengo que saber administrar aún más mis tiempos para no dañar demasiado mis ojos... Me encanta escribir, también dibujar, pero no me considero tan buena como escribiendo. ¡Fui de esos tantos soñadores que quieren ser mangakas! ¡Oh, sueños de juventud! ¡Algunos logran cumplirlos y otros no! Es lindo ser tan ingenuo, je je je XD La verdad yo no lamento nada de mi vida, pero sí que me hubiera gustado tener una buena vista desde el nacimiento, pero bueno, qué se va a hacer, eso es algo imposible de cambiar y hay que aprender a aceptarlo y remar con el problema y convivir con ello, cosa que considero que hago bastante bien. Por otra parte, mi tía, la hermana de mi mamá, también sufre de ojo seco crónico desde su juventud, y como ella siempre tuvo más posibilidades económicas que nosotros, se hizo ver con todo los oftalmólogos posibles, hasta con los charlatanes sólo porque quería, y quiere, una solución mágica a su problema, y cualquiera que padece esta afección sabe muy bien que no hay soluciones mágicas, sólo tratamientos paliativos y mucho cuidados de parte de uno mismo, así que mi tía lo único que consiguió fue arruinar su vista hasta el punto de quedar casi ciega... Qué se le va a hacer, yo soy más juiciosa y realista en ese sentido, casi no uso el celular, sólo para trabajar en mi negocio, no entro a las redes sociales, no veo la tele con la luz apagada, leo lo justo y necesario y tampoco veo mucha tele. Lo único que no puedo evitar es usar la compu, y cuando a veces me excedo, mis ojos terminan resintiéndose, como ahora, je je XD ¡Ah! Y también estudio un poquito todos los días, como siempre, por mi misma. ¡Qué mala suerte que todo lo que me gusta hacer se necesita de una buena vista de la que nunca tuve la gracia de tener! En fin, al que quiera celeste que le cueste, ¿no? je je je XD ¡Cuiden sus ojitos! ¡Una vez estropeados no hay vuelta atrás!
                                                                  ¡Muchas gracias por leer y seguir mi blog! ¡Y recuerden! ¡Permitan la publicidad y traigan más visitantes, se los agradecería un montón si les dicen qué pueden conseguir en él porque si alguien lo visita por primera vez, no sabrá para qué sirve este blog! ¡Cuídense! ¡Hasta la próxima entrada!! ¡Cuídense! ¡Hasta la próxima entrada!

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Sayounara Bye Bye!
Gabriella Yu ദ്ദി(˵ •̀ ᴗ - ˵ ) ✧

                                      

                                                                                     

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