El Intrépido Brabucón -Novela Original- Capítulo 1: Recogiendo un gato perdido
Géneros: Aventura · Fantasía · Romance · Humor · Acción - Yaoi
Formato: Novela por capítulos
Estado: En publicación
Capítulo 1: Recogiendo un gato perdido
19 de Junio de 1730
No puedo más.
Voy a morir, lo sé.
¡Me hace tanto frio
que me congelo!
¡Tengo tanta hambre
que desfallezco!
Lo siento, abuela.
Lo lamento tanto.
Yo no quería que las
cosas terminaran así…
Constance
Christian Jacobson era un joven doctor muy atractivo e inteligente de unos
30 años de edad. Proveniente de una de las familias más aristocráticas y
poderosas de Inglaterra era de por sí un Lord con todas las de la ley, pero él
era un hombre poseedor de una mente curiosa ávida de conocimientos científicos,
un espíritu rebelde y un corazón repleto de empatía y bondad hacia todo ser
humano. Tal vez sus mayores defectos eran creer que toda persona malvada debía
de tener aunque sea un pequeño rasgo de bondad, además, siendo él tan mordaz en
su humor, sarcástico en lo político y un gran crítico social, no era una
persona muy querida en los círculos de la alta sociedad, sobre todo siendo él
un hombre muy educado y caballeroso con las damas que morían por él con mucha
facilidad debido a su extraordinaria belleza tanto interior como exterior.
Aquella exclusión de los altos círculos aristocráticos ni siquiera molestaba al
buen doctor, dedicándose por entero a sus pacientes de todas clases sociales,
pues era muy bueno en su profesión y no le negaba su ayuda a nadie. Y fue eso
último lo que lo llevó a ayudar a un pequeño “gato perdido”.
Ya era muy tarde aquella noche, después de haber hecho una visita médica
a un niño de una familia sin recursos, Christian caminaba presuroso como podía
a través de las oscuras y angostas calles encharcadas de uno de los barrios más
pobres de la emergente ciudad londinense. Tenía que taparse la nariz con su blanco
pañuelo de encaje debido al nauseabundo olor de las calles llenas de
desperdicios y excrementos. Por supuesto que no quería toparse con algún
delincuente que quisiera robarle o hacerle algún daño al ver sus ropas finas,
pero si se diera el caso, sabría defenderse muy bien, sobre todo con su
inteligencia, o eso creía él.
Entonces se detuvo de pronto y miró hacia el cielo un tanto molesto,
colocando la pálida palma de su mano hacia arriba, sintiendo finas gotas de
lluvia sobre ella.
—Genial. Lluvia.
Un tanto disgustado se dispuso a seguir con su camino cuando de pronto
un hombre enorme que cargaba una pesada caja de madera sobre su espalda lo
empujó fuertemente hacia un lado para abrirse paso, por lo que Christian cayó
de bruces al suelo, con las rodillas y las manos sobre el asqueroso fango
maloliente y su maletín revolcado y caído más allá, en el interior de una
callejuela lateral.
—¡Ay, no! ¡Pero qué asco y que mala educación! ¿Tanta prisa por llegar a
un lugar que de todas maneras llegará?
Se quejó, sacudiendo las manos con gesto de desagrado mientras se ponía
de pie. Se limpió lo mejor que pudo con otro pañuelo porque el otro ya no tenía
remedio empapado en medio del barro. Terminado el acicalado, caminó hacia su
maletín que estaba a tan sólo un par de pasos de distancia y fue cuando sus
ojos se fijaron sobre un bulto que estaba afirmado en contra de la pared de
ladrillos de una vieja casa. Pudo distinguirlo vagamente gracias a la luz de
unas candelas de la casa del otro lado.
Siguiendo sus instintos de médico, se acercó lentamente hasta ese bulto
y se hincó para investigarlo mejor, sin importarle ya la suciedad del lugar. Se
dio cuenta que era una persona en posición fetal enrollada en harapos. Por su
contextura física podría ser un jovencito o jovencita menudos, o tal vez un
hombre o una mujer consumidos por el hambre.
Le puso la mano en la mugrienta frente y se alarmó al sentir una fiebre
terriblemente alta en aquella pobre alma perdida, por lo que sin detenerse a
pensarlo un segundo siquiera, decidió darle cobijo en su propio hogar para
poder tratarlo, así que rápidamente se dio media vuelta y lo cargó sobre su
espalda. Apenas logró ponerse de pie y tomar su maletín porque él no era un
hombre muy fuerte físicamente, pero lo compensaba enormemente con su gran
fuerza de voluntad y determinación, así que paso a paso logró atravesar las
callejuelas hasta llegar a una calle más ancha en donde tomó un carruaje y le
pagó doble al cochero para que los llevara a su casa en aquellas condiciones
tan precarias.
Cuando el coche se detuvo frente a una hermosa casa de dos pisos con un
bello jardín al frente ubicado en las afueras de la ciudad en una zona
campestre residencial, Christian fue recibido rápidamente por John Wilkes,
quien era el encargado de cuidar toda la propiedad. Sin embargo, no tenía mucho
qué cuidar puesto que su Señor podría haber tenido una propiedad mucho más
grande debido a la desahogada posición económica de la que gozaba, pero había
elegido vivir en un lugar bastante modesto en comparación del resto de la
aristocracia.
—Mi Señor, ya nos estábamos preocupándonos por usted. Debería permitir
que Timothy lo acompañara a esos lugares tan peligrosos para alguien de su
nivel social. —Le dijo mientras se acercaba con cara de preocupación y una
lámpara de aceite en la mano.
—También sería peligroso para él, John… ¡Uf! ¿Podrías ayudarme a
llevarlo a la casa? Necesita atención medica… —Le pidió mientras intentaba
bajar al pobre menesteroso del coche.
Un tanto fastidiado porque no era la primera vez que su señor traía a un
desconocido a la casa quien seguramente, ya recuperado, no dudaría en robar,
como tantos otros antes, la costosa platería
al menor descuido de la servidumbre y el disgusto de la ama de llaves.
Y mientras el carruaje regresaba a la ciudad, Christian y su encargado
llevaron al nuevo paciente a la casa para la sorpresa del mayordomo y el ama de
llaves en cuanto abrieron la puerta para recibirlos.
—¡Pero, Mi Señor! ¿Otra vez? ¡Me lo tendría que haber imaginado por lo
mucho que se estaba demorando en volver! —Se quejó la mujer, haciéndose a un
lado para permitirles entrar.
—Iré a avisarle a la joven Jane para que prepare un cuarto para el nuevo
gato perdido —Fue todo lo que dijo el mayordomo, marchándose a las habitaciones
de los criados.
—No despiertes a todos, sólo a los necesarios. —. Le pidió Christian.
—Muy bien, señor —Asintió el mayordomo.
Y mientras se marchaba, John pensó:
“Usted también debe estar cansado, Señor… Debería preocuparse también
por su propio descanso…”.
Entonces fue todo un alboroto en la casa durante la siguiente media hora
como cada vez que su amo aparecía con otro “gato perdido”. A regañadientes
todos hicieron lo que debían hacer, pero interiormente se sentían muy orgullosos
de servir a una persona tan preocupada por el bienestar del prójimo y del
desvalido.
A pesar de las quejas de la
servidumbre, Christian se salió con la suya y se quedó velando al gato perdido
para bajarle la fiebre y vigilar su evolución durante toda la noche,
administrándole la medicina y cambiándole el paño fresco de la frente,
dormitando de tanto en tanto en una cómoda mecedora que estaba al lado de la
cama, ubicada en una habitación bastante bien amoblada.
A la mañana siguiente, el ama de llaves entró suavemente a la
habitación, encontrando a su amo completamente dormido en la mecedora, con un
libro abierto a punto de caérsele de las manos. Sus cabellos rubios estaban un
tanto desordenados sobre su delicado y pálido rostro masculino.
Sigilosamente la veterana mujer se acercó al gato perdido y se inclinó
para sentir su respiración y tocar su frente con el dorso de la mano.
Sonrió.
El gato perdido dormía tranquila y profundamente.
—Señora Kinderhouse… —Murmuró Christian, despertándose calmadamente.
—Buenos días, Mi Señor. No quise despertarlo… —Se disculpó con
sinceridad para luego y mirar bondadosamente a través de los cristales de sus
pequeños anteojos al joven paciente con los largos y castaños cabellos
desparramados sobre la almohada—. ¿Debería llamar al joven William para que se
ocupe de las necesidades higiénicas del paciente? Seguramente lo necesita.
—El joven William no es la persona adecuada para ello, señora Kinderhouse…
—Se puso de pie mientras se tapaba la
boca y bostezaba suavemente para luego comenzar a desarrugarse plácidamente la
ropa—. Dígale a la joven Emma que venga.
—¿La joven Emma? ¿Pero por qué, Mi Señor? —Lo miró con los ojos como
platos.
—¿No lo adivina? —Le guiñó un ojo con picardía mientras abría la puerta
que daba al pasillo—. El “gato perdido” es una jovencita.
Y cerró tranquilamente la puerta detrás de él, dejando al ama de llaves
completamente sorprendida. Luego, miró al gato perdido, quien dormía
tranquilamente luego de una dura noche febril.
—¡Oh, cielos!
NOTA IMPORTANTE:SI TE ENTERAS QUE ESTA SERIE (U OTRAS)ESTÁN SIENDO EMITIDAS POR TELEVISIÓN, POR FAVOR,SI NO VAS A MIRARLAS, POR LO MENOS DEJA LA TV PRENDIDA.DALES RATING PARA QUE CONTINÚEN DOBLÁNDOLAS EN NUESTRO IDIOMA.O COMPRA SUS PRODUCTOS OFICIALES
¡Primer capítulo luego del prólogo! ¡Aparece el doc en escena! En el próximo episodio aparecerá el pícaro brabucón, je je... ¡Él se conocerá con el doc gracias a Constance y no habrá quien se lo quite de la cabeza! ja ja ja ja!!! ¡Muchas gracias por leer y seguir mi blog! ¡Y recuerden! ¡Permitan la publicidad y traigan más visitantes, se los agradecería un montón si les dicen qué pueden conseguir en él porque si alguien lo visita por primera vez, no sabrá para qué sirve este blog! ¡Cuídense! ¡Hasta la próxima entrada!! ¡Cuídense! ¡Hasta la próxima entrada!
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