El Intrépido Bravucón -Novela Original- Capítulo 2: Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas
Género: aventura, romance, comedia, fantasía histórica, acción, yaoi/shōnen-ai.
Formato: Novela por capítulos
Estado: En publicación
Capítulo 2: Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas
Nadie en el Château de Bellecour, la elegante residencia de la familia
aristocrática de Constance, se habría imaginado su repentino escape habiendo
sido ella siempre una chica bien portada e inteligente, y por esa razón que les
costó creer cuando la abuela de la familia, Madame Éléonore Duquesa Viuda de
Montreuil, les mostró la breve carta que su nieta había escrito como despedida.
— ¡Ay, no! ¡Mi bebé! —. Exclamó la madre de Constance, dejándose caer
sobre uno de los elegantes sillones de un cuerpo, con la mano delicadamente
colocada en su pecho y su rostro blanco como el papel, temblando de pies a
cabeza—. ¿Pero por qué hizo algo así? ¿En dónde estará?
—¿No imaginas por qué lo hizo? —Replicó muy molesto su esposo,
poniéndose de pie para comenzar a caminar de aquí para allá muy decepcionado,
con las manos entrelazadas detrás de su espalda—. ¡Es su manera inmadura de
decirnos que no quiere contraer matrimonio con el Marqués de Valençay! ¡Dios Santo!
¡Qué vergüenza!
—Ya les ordené a los sirvientes de mayor confianza que la busquen por
todo el castillo y sus alrededores, además de los lugares que ella suele
frecuentar. Obviamente deberán hacerlo con la mayor cautela posible para no
despertar las sospechas de los indeseables y esparzan rumores humillantes sobre
esta situación tan vergonzosa —. Fue lo que sentenció la matriarca, dejando
despectivamente la pequeña nota sobre la mesa para luego dirigirse hacia el
elegante y alto ventanal para mirar el hermoso y basto jardín—. Resulta
apremiante hacerla volver a tiempo para que esté presentable y celebre su
primer encuentro con el Marqués en la fiesta de esta noche.
—Usted siempre tan eficiente, madre —. El padre de la fugada se inclinó
caballerosamente ante ella—. Estoy seguro que encontrarán a mi hija muy pronto,
le daré un apropiado escarmiento y esta noche aceptará la mano del Marqués sin
dudar.
—Eso espero, por su bien —. Su voz resonó fría al igual que sus ojos
claros fijos en la lejanía.
La madre de Constance se acercó a la elegante mesa y tomó
temblorosamente la nota, la leyó y se la llevó a su acongojado pecho, cerrando
los ojos mientras bajaba la cabeza para comenzar murmurar una oración por la
felicidad de su hija y que pronto fuera encontrada.
Su marido la miró con marcada desaprobación.
—Estás siendo muy exagerada, Isabelle, tampoco es para tanto. Deberías
marcharte a tus habitaciones si no sabes cómo controlar tu temperamento.
La aludida le lanzó una furiosa mirada chispeante a su marido,
saltándole las lágrimas, y se marchó de allí muy disgustada. ¿Cómo hacerle
entender a su rígido esposo que presentía que ese día ni en los próximos días
su hija no iba a ser encontrada?
—Esta mujer no tiene remedio… —Murmuró fastidiado en cuanto se cerró la
puerta detrás de ella.
—Prepárate para comenzar a escribir notas de disculpa, hijo mío —Le
advirtió la Duquesa Viuda sin siquiera volverse hacia él —. Si no encontramos a
tiempo a Constance, deberemos posponer el baile de compromiso.
Al escuchar aquello, por primera vez en ese día, el padre de Constance
sintió miedo por su hija.
Aquel día no pudieron encontrar a Constance por ningún lado. Habiendo
descubierto que faltaban algunas prendas de uno de los jóvenes sirvientes y
también algo de comida, comprendieron finalmente que la chica no estaba allí y
que realmente se había fugado quien sabe dónde, por lo que enviaron los
mensajes de disculpa a quienes estuvieron a tiempo de recibirlos en sus casas y
se alojaron a los que llegaron a la residencia luego de las debidas disculpas
por la haber pospuesto el baile de compromiso porque, según la familia,
Constance había enfermado repentinamente de un fuerte resfriado.
A quien no pudieron contentar con una disculpa, fue al prometido de
Constance, quien de inmediato había pedido una audiencia con la matriarca de la
familia aquella misma noche.
—Buenas noches, Madame Duquesa Viuda de Montreuil, aunque no creo que
sean tan buenas por lo que he escuchado de su hijo, el Duque de La
Rochefoucauld —Le dijo en un tono neutro con un dejo de molestia en su voz
elegante.
Él era un fino caballero francés de unos 33 años, alto y grueso de cabello
rubio oscuro, inclinado galantemente frente a la abuela de Constance y a los
padres de ésta. Los cuatro estaban en el distinguido salón de recepciones.
Una vez dicho esto, Gaspard-Henri de Valençay, marqués de Valençay, alzó
la mirada, sus ojos grises demostraban a un hombre muy decidido y honesto en
sus acciones.
— ¿Puedo suponer que la joven Mademoiselle de La Rochefoucauld se fugó
debido a su negativa silenciosa a nuestro compromiso?
El padre de Constance abrió la boca para contestar pero su madre habló
primero, interrumpiéndolo.
—Espero pueda disculpar este arranque de inmadurez de parte de mi nieta,
Marqués, pero debe comprender usted, que para una jovencita de su edad y su
sensibilidad y quien nunca ha tenido contacto íntimo con un caballero, la noche
de bodas o el sólo acto de que un caballero la tome de la mano, puede
resultarle tremendamente aterrador. Verá usted… Mi querida nieta es una
jovencita muy tímida cuyo primer baile iba a ser el de su compromiso.
Gaspard se le quedó mirando un tanto pensativo.
—Tel vez tenga usted razón, Duquesa Viuda… —Dijo, no muy convencido—. Si
es así, temo haberle dado una mala impresión a la niña y que por esa razón se
ha fugado.
—¿Por qué no tomamos asiento y discutimos este delicado asunto, mi
querido Marqués? Debemos concentrarnos en la urgente tarea de encontrar a mi
hija lo más rápido posible, ya sabe, temo por su seguridad. —Le ofreció el
padre de Constance, tratando de calmar al pretendiente de su hija con tono
conciliador.
Gaspard le dirigió una mirada penetrante, luego soltó un pequeño bufido
de fastidio y se sentó en uno de los refinados silloncitos de la sala,
colocando sus manos sobre el manguito dorado de su costoso y elegante bastón.
Los padres de la desaparecida también tomaron asiento, pero en un sillón
de tres cuerpos. La Duquesa Viuda se limitó a acercarse a uno de los ventanales
para mirar su propio reflejo y el de los demás en el cristal.
—Sepa usted disculpar mi rudeza, Duque, pero este asunto me tiene muy
preocupado. Además de la seguridad de la vida de su hija y su integridad, seré
el objeto de las burlas de todo el mundo, y ya sabe usted lo crueles que pueden
ser las personas.
—Entiendo su preocupación, Marqués, y veré que mi hija sea ejemplificada
apenas regrese a casa.
—Sobre eso lo discutiremos después. Lo principal ahora es encontrarla, y
si no queremos que nadie más tenga conocimiento de este incidente, sugiero
llamar a la persona adecuada para resolverlo.
—¡Oh! ¿Y quién es esa persona, Marqués? —Quiso saber Isabelle de
inmediato. Su esposo la miró con gesto de desaprobación, pero ella lo ignoró,
la preocupación por su hija precedía las amonestaciones de su pareja.
—Su nombre es Dom Sebastião de Almeida e Meneses, caballero de confianza
para asuntos delicados.
—¡Oh! ¡Ese caballero portugués! ¡Mis amigas siempre hablan sobre él! —Exclamó
Isabelle sorprendidísima, tapándose la boca y llamando la atención de todos.
—Oh, yo… —Quiso disculparse, sonrojada.
—Decirle “caballero” es demasiado para ese hombre, Mademoiselle, yo que
usted y sus amigas, tendría cuidado con él, no tiene buena reputación como
“caballero” ni entre los hombres ni entre las mujeres. —Le advirtió el Marqués.
—Y yo te recomendaría que ya no frecuentes esas dudosas amistades,
querida. —Fue más una advertencia que un consejo.
—Pero…
—No repliques.
El tono de voz de su esposo fue tan cortante y determinante que la pobre
Isabelle no tuvo más remedio que bajar la cabeza, roja como un tomate por la
indignación y las manos crispadas sobre el regazo de su elegante vestido. ¡Los
hombres eran tan dados a los malos pensamientos!
El Duque volvió su atención hace el Marqués.
—¿Y por qué deberíamos pedir los favores de ese “caballero” de dudosa
reputación?
El aludido le clavó la mirada, tan decidido como su interlocutor.
—Porque si duda alguna puede encontrar una aguja en un pajar.
Un pesado silencio se hizo en el salón, hasta que la abuela de Constance
lo rompió sin dejar de observarlo todo a través del cristal.
—Pues traiga a ese caballero para que haga el trabajo, Marqués de
Valençay.
—¡Pero, madre!
—Dije que lo haga llamar, Marqués de Valençay —Replicó, interrumpiendo a
su hijo y volviéndose hacia ellos. En su mirada sólo había determinación—. Si
usted dice que es un caballero de confianza para asuntos delicados y que puede
encontrar una aguja en un pajar, es suficiente para mí como recomendación, así
que llámelo inmediatamente, y si está ocupado, ofrézcale una fortuna a cambio
de su trabajo.
—Lo que usted ordene, Duquesa Viuda —El Marqués se levantó
inmediatamente para inclinarse respetuosamente ante ella.
Al padre de Constance no le gustaba ni pizca semejante decisión. Poner
la reputación de su esposa y de su hija al alcance de semejante despreciable,
era simplemente inconcebible.
Una semana más tarde, bajo el sol de un hermoso día, un caballero alto y
bien formado, de mirada sagaz y ojos burlones y suspicaces, hizo su aparición
frente al Château de Bellecour bajándose de un fino coche junto a su paje, un
chicuelo de unos 12 años, vestido casi tan elegante como su amo.
—Perfecto… —Murmuró el atractivo y muy peligroso hombre sonriendo con
una impecable sonrisa picaresca—. Hacía mucho tiempo que quería conocer esta
elegante residencia, sus mujeres desafortunadas, y tal vez algún hombre un
tanto… delicado, y por supuesto, sus costosas joyas… ¡Wajajajaaaah!
Al escuchar esa declaración y la risa diabólica final, el jovencito
torció el gesto un tanto disgustado. ¡Aquello no significaba más que problemas
en el futuro!
NOTA IMPORTANTE:SI TE ENTERAS QUE ESTA SERIE (U OTRAS)ESTÁN SIENDO EMITIDAS POR TELEVISIÓN, POR FAVOR,SI NO VAS A MIRARLAS, POR LO MENOS DEJA LA TV PRENDIDA.DALES RATING PARA QUE CONTINÚEN DOBLÁNDOLAS EN NUESTRO IDIOMA.O COMPRA SUS PRODUCTOS OFICIALES
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