Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 43: El Plan de Isabel

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Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII. 


Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo!
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 43: El Plan de Isabel

—¿Dices que esa niña es una descendiente directa de los elfos? —repitió Isabel muy interesada mientras miraba a Alwine—. Fascinante… No sabía que esa antigua raza aun existía

Aquella idea no la sorprendía en nada, ya que ella misma había invertido parte de su tiempo buscando antigüedades místicas y encontrado muchas de ellas para formar parte de su fantástica colección que tenía en su casa de Liverpool.

Entonces, sonriendo maliciosamente, ella se volvió hacia Morgan y le dijo:

—Puedes llevártela, pero te daré un par de condiciones.

—¿Cuáles? —quiso saber el pirata, frunciendo el entrecejo con disgusto.

—Que me entregues ese libro y que el capitán Seagull Hood acompañe a la niña en el viaje.

—¡No! —Smith se negó inmediatamente, abrazando con fuerza el libro contra su pecho—. ¡Este libro me pertenece y jamás se lo entregaré a nadie!

Al escuchar esto, el truculento pirata le dirigió una terrible mirada de fría advertencia, provocando que el viejo y obeso aventurero se aterrorizara y cambiara de idea para salvar su pellejo.

—Puedo entregarle el libro —Morgan le dijo a Isabel—, pero no me gusta la idea de que ése perro estúpido se embarque en mi barco.

—Bien —sonrió maliciosamente mientras tomaba la empuñadura de su sable—, si usted no acepta mis términos, me veré obligada a acabar con su vida en este mismo instante…

Al ver que ella lo tenía con las manos atadas, "Sangre Negra" soltó un gruñido de furia.

—Está bien —respondió entre dientes—. Ése imbécil nos acompañará, pero no respondo lo que le sucederá a él y a esa mocosa cuando consiga la espada…

Isabel Jacobson lo miró detenidamente.

—Ése es un riesgo que tanto ellos como yo correremos —replicó con impresionante frialdad.

Tanto Seagull como los demás no tenían idea de lo que Isabel y Morgan estaban tramando a sus espaldas, pero a la sagaz capitana Jacky Sparrow no le pasó inadvertido que el libro que tanto deseaba pasara de las temblorosas manos de Smith a las seguras manos de Isabel.

Antes de que la almirante se volviera hacia los demás para comunicarles su trato, el capitán Morgan le pidió un pergamino que se encontraba en el interior del libro.

—Con la ayuda de ese pergamino lograré dar con la condenada espada —fue la explicación del pirata.

De mala gana, Isabel abrió el libro y buscó y rebuscó hasta que encontró algo parecido a un viejo papel amarillento que estaba doblado.

—¿Es éste? —le preguntó extendiéndoselo.

—Sí —le respondió mientras lo tomaba.

Luego de dirigirle una mirada poco amistosa, la oficial se dirigió con paso rápido y decidido hacia James y los demás.

Jacky, suponiendo que ahora ésta veía a acabar con su vida, juntó las manos y comenzó a suplicar por su vida, ocultándose detrás de un sorprendido Norrington.

—¡No me corte el pescuezo, almirante! ¡Juro que jamás volveré a acercarme a Norricito ni a su paquete! —decía en su falso clamor, mirando a la oficial con ojos de cachorro abandonado mientras James le clavaba la vista, furioso—. ¡Lo juro por los huesos de mi madre y de mi padre! (aunque él no este muerto todavía…) Tendrá clemencia, ¿verdad?

Pero grande fue el desconcierto de la capitana Sparrow y el de los demás cuando ésta pasó de largo -luego de asesinar a Jacky con la mirada-, y tomar repentinamente a Alwine de la mano para comenzar a arrastrarla en dirección al capitán Morgan, quien sonreía perversamente, dispuesto a recibir a la niña.

—Ah, bueno; si prefieres llevarte a la mocosa, por mí no han ningún problema… —comentó Jacky, lavándose las manos y mirando hacia otro lado mientras se llevaba las manos hacia atrás y comenzaba a silbar una tonadilla pirata.

El valiente Billy, sabiendo que aquello no estaba bien, quiso impedir que la almirante se llevara a su amiga interponiéndose en su camino, pero ésta lo apartó bruscamente, lanzándolo a la arena mientras Alwine hacía todo lo posible para soltarse, sin conseguirlo.

—¡No te resistas! ¡Tú vendrás conmigo! —Isabel le dijo secamente, arrastrándola por la fuerza.

—¡No! ¡No quiero! —negó la pequeña, pero nada podía hacer, su fuerza no era nada comparada a su captora.

James, tan sorprendido y alarmado como los demás, corrió tras ellas para averiguar lo que estaba pasando.

—¿Pero qué es lo que estás haciendo, Isabel? ¿Acaso has perdido la razón? —le preguntó bloqueándole el camino—. ¡Se suponía que debías eliminar a ese pirata! ¿Por qué le llevas a la niña? ¡Está asustada! ¿Por qué no la sueltas?

Isabel se detuvo y le lanzó una mirada terriblemente amenazadora, atemorizándolo.

—No te metas en esto —le dijo—. Hice un trato con Morgan y voy a cumplirlo —y, haciéndose a un lado, siguió con su camino con la pobre Alwine llorando desesperadamente.

En cuanto James quiso volver a insistir, fue sobrepasado rápidamente por Billy, quien, decidido, se aferró de la mano de Alwine e intentó que Isabel la soltara. Pero ésta le propinó una buena cachetada, lanzándolo nuevamente al suelo. Furioso, Norrington tomó a su amiga firmemente del brazo y la hizo volverse para que lo mirara.

—¿¡Pero qué estás haciendo, demonios!? ¿¡Estás loca!? ¡¡Suéltala!!

—¡Ya te dije que no te metas en esto! —le gritó, propinándole un buen golpe de puño en el estómago, dejándolo arrodillado en el suelo, adolorido.

—¡Norry! —exclamó Jacky, corriendo hacia él junto con el ama de llaves mientras Billy lo ayudaba a ponerse de pie.

—¡Isabel ha perdido el juicio…! —les dijo muy afligido en cuanto ellas estuvieron a su lado para auxiliarlo.

—¿Y qué? —le dijo la capitana del Perla Negra alzándose de hombros, tratando de quitarle importancia al asunto—. Todos estamos un poquito locos, ¿savvy?

—¡Pero ella es mi amiga…! —exclamó con una angustia y tristeza infinitos en sus ojos verdes, conmoviéndola.

El capitán Seagull Hood estaba tan impresionado como Elena, pero éste decidió intervenir, desenvainando su espada y colocándosela amenazadoramente en el cuello de Isabel.

—¿Qué crees que estás haciendo? —le dijo—. ¿Piensas entregarla a ese maniático? Realmente eres una mujer muy despiadada…

La aludida sonrió burlonamente y desvió la hoja de la espada con su mano libre.

—No deberías preocuparte por el bienestar de esta pequeña —le dijo—, ya que tú irás con ella para evitar que le suceda algo malo.

—¡¿Qué?! ¡No puedes decidir por nosotros!

—Claro que puedo. Si no haces lo que te ordeno, acabaré con tus hombres y con todos los que conocen mi verdadera identidad —lo amenazó mirándolo con impresionante frialdad—. Decide: o la acompañas para salvar su vida o no la acompañas y condenas a todos a una muerte segura. Y bien sabes que cumpliré con mi promesa…

El capitán Hood se le quedó mirando como quien mira algo que nunca imaginó ver, pero dándose cuenta que la vida de todos estaba en sus manos (además de tener la oportunidad de acabar con Morgan durante la travesía y rescatar a la pequeña damisela de sus pervertidas manos), decidió lo que era más prudente y conveniente de hacer.

—Está bien, preciosura —le respondió con una sonrisa fingida—, tus deseos son órdenes para mí. Acompañaré a la pequeña damita.

La almirante sonrió triunfante y empujó a Alwine a sus brazos.

—Bien, se la encargo encarecidamente, capitán Seagull Hood, usted es el único que puede cuidarla de ese maldito asesino… —la sonrisa se borró de su rostro y se puso muy seria—. Yo no soy tan insensible como todos piensan, ¿sabe? No quiero que le ocurra nada malo…

Y entonces, dirigiéndose hacia los demás, declaró:

—He hecho un trato con el capitán Morgan, y, en memoria de mis padres, hemos acordado un duelo definitivo en cuanto él obtenga una espada legendaria con ayuda de esta niña.

Asombrados, James, Annete y hasta Elena quisieron protestar, pero ella no los dejó.

—No tienen por qué preocuparse por la suerte de Morgan ni de la niña. Yo me encargaré de buscarlo más adelante y ajustar las cuentas con él; y en cuanto a la pequeña, el capitán Seagull Hood se encargará de su bienestar acompañándola durante toda la travesía hasta que sea encontrada la espada.

—¿Pero por qué tienen que llevársela? —preguntó el ama de llaves—. ¡Es una imprudencia dejarla en manos de ese criminal tan peligroso!

—Morgan la necesita porque ella pertenece a la raza de los elfos y es la única que puede ayudarlo a obtener la espada —fue la sorprendente revelación. Todos intercambiaron incrédulas miradas entre sí.

—¡Tonterías! —exclamó Norrington con cierto sarcasmo—. ¿Cómo puedes creer en la existencia de una raza que jamás existió?

—Hay muchas cosas de las que te sorprenderías saber que existen, mi querido Norry… —comentó Jacky con preocupación.

Tanto Alwine como Seagull se habían quedado muy sorprendidos, pero para la niña era algo mucho más importante porque por fin sabía algo sobre ella misma. Nunca nadie le había contado cuál era su origen y quiénes habían sido sus padres, ya que, desde que tenía uso de razón, recordaba haber sido cuidada por una vieja mujer hasta que esta murió bajo la mano de Morgan, quien la había tomado como su esclava hacía ya unos meses.

—¿S-soy un elfo…? —repitió confundida—. ¿Y qué es eso?

Isabel abrió la boca para responderle, pero fue Smith quien lo hizo con su habitual pedantería:

—Los elfos, niñita, son una raza menor de dioses en la mitología nórdica y germánica, representados como hombres y mujeres de gran belleza que viven en bosques, cuevas o fuentes. Son considerados como seres de larga vida o inmortales y con poderes mágicos… Sencillamente maravilloso, ¿no creen?

—¡Ja! ¿Dioses inmortales? ¿Poderes mágicos? ¡Pero qué enorme estupidez! —replicó James—. ¡Ni por un segundo creeré en semejante patraña!

—¿Y si se lo demuestro? —fue la sombrosa propuesta del viejo aventurero.

—¿Demostrármelo? —repitió molesto—. ¡Bah! Déjense de tonterías y liberen a esa pobre niña de todo esto. Ustedes no tienen ningún derecho en obligarla participar en semejante locura.

Sin darle importancia a sus palabras, Smith se acercó a la asustada y confundida Alwine y, agachándose un poco, le propuso con tono amable:

—¿Quieres saber quién eres en realidad, pequeña? ¿Qué te parece averiguarlo curándole las heridas a ese hombre? —señaló hacia el sorprendido James Norrington.

Estupefacta con aquella inesperada idea, la niña se le quedó mirando entre temerosa y confundida. ¿De verdad ella era un elfo? ¿Un ser mágico que podía curar a la gente? ¿Entonces no era humana como su querido padre Christian? Aquello no era justo, ella no quería ser diferente a los demás; no quería ser diferente a su padre... Entonces, la pequeña Alwine no pudo evitar comenzar a sollozar, sintiéndose muy asustada y confundida, por lo que James, al verla reaccionar de ese modo, protestó inmediatamente:

—Bien, ¿ven lo que han logrado con decir semejantes estupideces? ¡La pobre niña está llorando! ¿Por qué no la dejan en paz de una vez?

—Estoy de acuerdo con el señorito Norrington —lo apoyó madame Foubert—, están confundiendo a la niña con sus cuentos.

Frunciendo el entrecejo, Isabel miró acusadoramente al viejo aventurero.

—¿Realmente es verdad lo que dices acerca de esta niña? —le preguntó.

—Claro que sí, estoy seguro de que es verdad —aseveró ofendido—. Si usted tiene la molestia de levantarle el cabello, verá que sus orejas son diferentes a las nuestras.

Por unos segundos, la oficial dudó en hacerlo porque no quería incomodar a Alwine ya que sentía cierta ternura por ella, pero, endureciendo el corazón, se acercó a la pequeña e hizo lo que Smith le había aconsejado.

—Es… verdad… —asintió muy asombrada al ver que las orejas de Alwine eran diferentes a las normales, ya que eran puntiagudas.

Todos se asombraron al verlas, hasta se atemorizaron al confirmar que aquella niña era un ser sobrenatural.

—¡Maldita sea! ¡Estuve con una pequeña rata monstruo! —exclamó Elena mientras se ocultaba detrás de Norrington.

—U-una señorita no ma-maldice, jovencita —replicó asustada el ama de llaves sin poder evitar corregirla, ocultándose también detrás de su ex pupilo.

—… Interesante, muy interesante… —fue lo único que dijo Jacky, llevándose la mano al mentón en una clara actitud meditativa para sacarle provecho a la situación.

Billy, como todos los demás, se había quedado muy impresionado con lo que había visto, pero al notar la infinita tristeza y desesperación de Alwine y la actitud negativa de los demás, sintió que era una injusticia tratarla de esa manera tan cruel por ser diferente y corrió hacia ella para abrazarla y consolarla con su amistad.

Pirata, el perro de Elena, hizo lo mismo que el italianito, solamente que éste comenzó a lamerle el rostro hasta hacerla reír con ganas.

—Muy bien —dijo Isabel llamando la atención de todos luego de obligarse a apartar su vista de aquella tierna escena—, ya basta de perder el tiempo y acaten mis órdenes si quieren salir con vida de esta condenada isla… —los miró a todos amenazadoramente—. Los muertos no hablan, ¿recuerdan?, desde ahora en adelante permanecerán callados como una tumba acerca de todo lo que han visto y oído en este lugar.

—¿Y qué quiere que hagamos, almirante? —preguntó James un tanto reticente a acatar sus ordenes bajo semejante amenaza.

—Como he dicho antes, quiero que la niña y el capitán Hood acompañen al capitán Morgan y al señor Smith en su búsqueda por la Espada de Odín. El joven Billy se quedará con usted, señor Norrington, y yo partiré inmediatamente a Inglaterra acompañada por madame Foubert y la muchacha.

—¿Yo? —protestó Elena inmediatamente, poniendo los brazos en jarra y frunciendo la boca—. ¿Acaso se ha vuelto más loca de lo que está, vieja desquiciada? ¡Jamás me iré de aquí! Yo nací en Isla Tortuga y jamás pondré un solo pie en su odiosa y puerca tierra inglesa!

—Entonces no tendré más remedio que silenciarte… —la amenazó desenfundando su sable, dirigiéndole una terrible mirada de advertencia.

Elena tragó saliva, pero era lo suficientemente testaruda como para protestar.

—Igual vas a matarme como a una rata en cuanto estemos allá, ¿verdad?

—No seas idiota —replicó—, si quisiera matarte, ya lo habría hecho, ¿no te parece? Quiero asegurarme de que no digas nada en este lugar; prefiero llevarte a mi residencia para que trabajes decentemente para mí antes que te quedes aquí y abras la boca como la idiota testaruda que eres y me obligues a asesinarte.

Aquella proposición de un trabajo obligado era no era muy tentadora para Elena, pero se lo pensó mejor y decidió arriesgarse antes que verse ensartada como un embutido. Aún si aquella loca se la llevara para convertirla en su sirviente, tendría asegurado un plato de comida y una cama confortable todos los días de su vida. Después de todo, no tenía nada qué perder.

—Está bien… —asintió de mala gana—, pero debe prometerme que Alwine estará bien…

La pequeña niña la miró agradablemente sorprendida, Elena jamás la había llamado por su nombre. Comprendiendo que su amiga por fin le había tomado cariño, se le llenaron los ojos de lágrimas: además de haber tenido un padre, ahora tenía a una hermana.

—El capitán Hood será quien estará a cargo de su seguridad, jovencita —le contestó—. Toda la responsabilidad recaerá sobre él en cuanto partan hacia su destino.

—Qué conveniente… —murmuró el aludido de mala gana.

—Bien, ya fue suficiente; hagan lo que les he ordenado y no me hagan perder el tiempo —Isabel les ordenó con frialdad, pero James Norrington ya no estaba muy dispuesto a seguir sus órdenes, no estaba muy de acuerdo con su despotismo y se lo haría saber por primera vez en su vida: enfrentaría a Isabel, no como su subordinado, sino como su amigo:

—Escucha, Isabel —comenzó a decir—: no estoy de acuerdo con tu plan, pones en peligro a una inocente niña por culpa de tu orgullo. Te aconsejo, por nuestra amistad, que olvides esta locura y acabes de una vez con ese asesino o… o juro que el almirantazgo sabrá acerca de tu secreto.

Jacky y Annete lo miraron un tanto sorprendidas con su rebeldía, pero, como éstas no conocían de lo que era capaz Isabel, no se preocuparon demasiado por los resultados que vendrían con su repentina actitud.

Atónita por la inesperada actitud disidente de su amigo, subordinado y prometido, Isabel logró recuperar su temple y, sin decir nada, recorrió el corto trecho que la separaba de él y lo tomó fuertemente del brazo para obligarlo a caminar al lado de ella hasta quedar fuera del alcance de los oídos de los demás, cerca de unas palmeras y detrás de una enorme roca que los ocultaba de las curiosas miradas de los presentes.

—¿Qué crees que estás haciendo, James? —preguntó furiosa—. ¿Cómo te atreves a ponerte en mi contra? ¡Somos amigos!

Él le clavó los ojos, ofendido.

—Pensé que ya no lo éramos por la forma en que me has tratado últimamente, "amiga…"

Notando el tono de sarcasmo que James había utilizado en la última palabra, sintió cómo la sangre comenzaba a hervirle en las venas. Rabiosa, lo empujó bruscamente contra una palmera.

—¿¡Cómo te atreves a hablarme de esa forma, maldito borracho!? ¿¡Acaso quieres que te mate aquí mismo!? ¡Esta es mi venganza y ni tú ni nadie va ha decirme cómo realizarla!

—¡Eso no te da derecho a disponer de las vidas de los demás como se te antoje! —replicó igualmente furioso.

A modo de respuesta, Isabel le propinó una terrible cachetada, silenciándolo.

—¡Estúpido! ¡Claro que tengo el derecho de disponer de la vida de los demás como me plazca! ¡Soy el poderoso almirante George Jacobson! —y, tomándolo del cuello de la camisa y presionándolo fuertemente contra el cocotero, acercó su bello y amenazante rostro al de él—. Tú, maldita basura, no vas ha arruinarme con tus chantajes. Hicimos un trato y no vas a romperlo por culpa de tu estúpido sentimentalismo… ¡Eres un oficial y vas a cumplir con tus órdenes! ¿Entendido? ¡o yo misma me encargaré de que tu querida pirata acabe sus días colgada de una soga, secándose lentamente al calor del sol…!

Impactado con semejante amenaza, James, sintiendo una infinita tristeza, por fin se convenció de que su querida amiga había perdido la razón.

—Estás loca… —murmuró, mirándola con lástima—; por dios, mi querida amiga, finalmente has enloquecido…

La ruda franqueza de quien había sido su único y mejor amigo durante toda su vida, había conmocionado dolorosamente en el corazón de la joven, quien se vio obligada a soltarlo.

—Tal vez tengas razón, James —le dijo—, tal vez todo lo que he tenido que pasar me haya afectado en cierta forma, pero sinceramente, mi querido amigo, el día en que tú desees vengarte de alguien aún a costa de tu propia alma, lograrás comprenderme.

—Ya he pasado por eso, Isabel —rebatió muy seguro de sus palabras—, y créeme cuando te digo que he perdonado completamente a la persona que me ha lastimado.

Su amiga sonrió con incredulidad.

—¿Tú crees? —fue su enigmática réplica.

Y mientras le daba la espalda, agregó:

—Te lo advierto, James: no te entrometas o me veré obligada a hacértelo pagar… Y no olvides que debes robarle la brújula a esa pirata si es que quieres volver a recuperar tu vida de antes.

Viendo a Isabel desaparecer detrás de la roca, Norrington suspiró muy afligido y se dejó caer lentamente hasta quedar sentado en el suelo, mirando tristemente hacia el horizonte en cuya lejanía podía verse una dorada línea amarilla que comenzaba a disiparse a medida que caía la noche.

¿Por qué las cosas no eran como antes? ¿Por qué todo en su vida había cambiado? La amistad de Isabel, el amor de Jacky y la seguridad de su posición comenzaban a convertirse en un nostálgico recuerdo del pasado que ya nunca más regresaría.

"No, —pensó con una triste sonrisa, obligándose a ser optimista—, aún me queda el amor de Jacky y una esperanza de volver a recuperar mi vida y, tal vez, ya concluida la venganza de Isabel, se le olvide esa loca idea de casarse conmigo y volvamos a ser amigos como antes…".

Ya más animado con aquel pensamiento, James se puso en pie lo mejor que pudo y comenzó a dar un paseo entre las palmeras para intentar despejar aún más su atormentada mente, pero, grande fue su sorpresa cuando escuchó, no muy lejos de allí, el murmullo de unas voces muy conocidas para él.

Sintiendo curiosidad por lo que estuvieran hablando, se acercó sigilosamente hasta donde se encontraban los dueños de aquellas voces, siempre amparándose entre las sombras de las palmeras.

"Como lo sospechaba… —comentó para sí mismo mientras se asomaba sigilosamente detrás de un cocotero—, ¡son Isabel y Jacky…! Pero es extraño.., ¿por qué tendrán que hablar en secreto? Ambas son enemigas juradas…

Y así, escondido detrás del cocotero, el ex comodoro James Norrington escucharía una conversación que marcaría su destino para siempre.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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                                                                 ¡Mañana son las elecciones presidenciales en Brasil! Va a estar bueno, je je XD A pesar de que soy más de derecha que de izquierda, no me gusta ninguno de los dos candidatos. Lula me hace recordar a Cristina Kirchner y Bolsonaro a Milei... ¡Para mi ninguno vale la pena! Pero, igualmente, gane quien gane, Brasil seguirá con los mismos problemas, como el resto del mundo: sueldos bajos, inflación, corrupción, falta de presupuesto, etc.
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