El Intrépido Bravucón -Novela Original- Capítulo 4: Encontrando dos agujas en un pajar
Género: aventura, romance, comedia, fantasía histórica, acción, yaoi/shōnen-ai/BL
Formato: Novela por capítulos
Estado: En publicación
Capítulo 4: Encontrando dos agujas en un pajar
22 de Junio de 1740
¿Es un ángel el que
está frente a mí?
¿Acaso he muerto?
¡Mamá! ¡Abuela!
¡Padre!
Lo siento
Lo siento mucho
No quise hacerles
daño
23 de Junio de 1740
El ángel me ha
sonreído
Ese ángel es un
doctor
Un doctor hermoso
Parece ser muy
bondadoso
Estoy a salvo
Estoy con vida
Soy feliz
—¿Te sientes mejor? —Le preguntó Christian una vez que la joven logró
despertarse completamente y ordenar sus ideas.
La chica estaba muy delgada y demacrada, pero por fortuna, la fiebre
había cedido por completo gracias a los atentos cuidados de Christian desde el
momento en que la encontró.
—Si… Gracias…
—No intentes hablar, por favor, tienes que ahorrar fuerzas —Se levantó de la
mecedora y le colocó suavemente la mano sobre la frente y sonrió aliviado—.
Afortunadamente la fiebre cedió por completo y sólo te queda descansar, comer y
recuperarte. Le pediré a la cocinera que haga algo apropiado para tu estómago.
Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, volvió su bello y
jovial rostro y le dijo:
—Cuando estés mejor, hablaremos. Pero no te preocupes, no te echaré de
esta casa sea cual sea el motivo por el que te llevó hasta ese estado.
Y se fue, dejando a la joven muy sorprendida, y hasta se podría decir
aliviada y agradecida por la bondad y comprensión de su cuidador.
Y así, los últimos días de primavera se fueron para dar paso a los
primeros días de verano y la paciente mejoró lo suficiente como para poder
levantarse y pasear en una silla de ruedas empujada por Christian, que estaba
completamente abocado a su recuperación pero sin descuidar a sus otros
pacientes que venían a verlo a su consultorio y a los que él visitaba en sus
casas.
Como siempre en aquellos casos, la servidumbre estaba muy preocupada por
la salud de su Señor, pues era su mala costumbre descuidarla sin darse cuenta
cuando en su cabeza sólo existía la recuperación absoluta de un enfermo a su
cargo.
Casi un mes después de haberla llevado a su casa, ambos se encontraban
dando un paseo en el hermoso y extenso jardín de la residencia de Christian.
Ella en la rústica silla de ruedas y él empujándola, como lo habían estado
haciendo en los últimos días.
—Cuando estés lista, podrás contarme sobre ti, Constance —, Le pidió a su
manera tan amable de siempre—. Lo único que pido es que me digas la verdad,
sino, no podré ayudarte como debiera.
Se detuvieron bajo un frondoso árbol bastante coposo que les dio un
alivio al calorcito que estaba haciendo aquella tarde de verano.
Christian se sentó sin ningún problema sobre el césped al estilo indio,
sacó un libro que llevaba en el bolsillo de su casaca y lo abrió en la parte en
donde estaba el lazo marcador.
—¿Quieres que continuemos con la lectura? ¡Quisiera saber qué es lo que
hará ahora Gulliver! —. Exclamó emocionado.
—Ya puedo leerlo por mí misma, señor Jacobson, no se tome tantas
molestias por mí, por favor. Ya ha ayudado más de lo que se imagina…
Su voz se estranguló un momento, así que Christian volvió a guardar el
libro y, sin volverse para mirarla, dirigiendo en cambio su mirada hacia los
hermosos rosales del jardín en donde el jardinero estaba discutiendo con su
joven ayudante sobre quién sabe por qué, dijo:
—Constance… Sé que eres una joven perteneciente a la aristocracia porque
sabes leer y hablar varios idiomas y hemos conversado sobre grandes obras
literarias y sus autores y tus manos no conocieron ningún trabajo manual que
las estropee… También noté que eres una jovencita muy juiciosa y tímida, es por
eso que me gustaría saber por qué huiste… ¿Acaso te casaron con alguien a quien
no amas? ¿O alguna madrastra o padrastro te maltrató demasiado? Porque no creo
que tu razón haya sido infantil puesto que me pareces una joven muy madura y
sensata.
Constance suspiró decepcionada y cabizbaja.
—Si fuera tan madura como usted dice, milord, hubiera aceptado mi
destino comprometiéndome con el Marqués aquella noche, pero me dio miedo y huí…
Y yo… Ahora… ¡No puedo imaginar el mal momento que les estoy haciendo pasar a
mi familia! ¡A mi mamá y a mi abuela sólo por haber sido tan cobarde y egoísta
de mi parte!
Entonces la joven comenzó a llorar desconsoladamente, tapándose el
rostro bañado en lágrimas, entonces Christian se puso de pie y la abrazó por
detrás, colocando su mejilla al lado de la de ella, tratando de consolarla.
—Llora todo lo que quieras, Mademoiselle Constance, desahógate todo lo
que necesites y no te culpes más. Les avisaremos que estás bien, y también tú deberás
decidir sobre tu futuro y mantenerte firme con mucho valor con la decisión que
tomes…
Constance apenas pudo asentir porque seguía desahogándose en los brazos
de su paciente y bondadoso salvador.
De pronto, Christian sintió que los estaban observando, por lo que miró
hacia el horizonte lejano y le pareció ver por un segundo el brillo que sólo el
sol refleja sobre un vidrio. Torció el gesto. Tal vez ya habían localizado a
Constance, ¿pero por qué no se presentaban como Dios manda antes de observarlos
a escondidas?
Aquello no era una buena señal.
—Vamos adentro, Constance, debes descansar —Le sonrió
gentilmente mientras le entregaba un pañuelo para que se limpiara el rostro.
Ella asintió muy solícita y Christian pensó en lo mucho que la muchacha habría
sufrido fuera de su casa. Ya tendrían más tiempo para conversar sobre ello, eso
esperaba.
Y mientras se marchaban a la casa, volvieron a espiarlos a lo lejos a
través de un ostentoso catalejo dorado con incrustaciones de joyas preciosas.
Una sonrisa maliciosa iluminó el regio y moreno rostro de Don Sebastián
de Almeida e Meneses, quien estaba hincado sobre el suelo, sin la casaca, con
una mano sosteniendo el catalejo y la otra regiamente sobre la cintura,
viéndose muy varonil en su pose teatral.
—Encontramos la aguja en el pajar, mi querido Billy —Le dijo mientras el
chico permanecía de pie sosteniendo las bridas de los caballos que pastaban
tranquilamente cerca de ellos bajo la sombra de los árboles cuyas copas
verdosas se menaban con la brisa veraniega matutina—. Aunque debería decir que
encontramos dos agujas en el pajar, y la segunda aguja resultó ser una muy
apetitosa…
Se relamió los labios mientras seguía observando al rubio angelical
entrando a la casa junto a Constance, el pobre Billy frunció el ceño.
Verdaderamente su amo era un pervertido con todas las de la ley.
A la mañana siguiente, como solía hacerlo casi a diario según el clima y
sus propias ganas, Christian fue a bañarse al hermoso lago que había en su
propiedad.
Como él era por naturaleza más pudoroso de lo normal a pesar de ser un
hombre, siempre iba solo a disfrutar de aquel momento en comunión con la
naturaleza que tanto amaba y su forma personal de ser tan tranquila y
armoniosa. Pero, no tenía idea de que muy pronto alguien irrumpiría como un
huracán en su tranquilo mundo y lo pondría todo patas arriba.
Aquella mañana era especialmente hermosa y tranquila, el lago permanecía
calmo y claro, como siempre, y la suave luz matutina de la campiña inglesa
atravesaba el follaje de los árboles que se movían sutilmente con la brisa
mañanera. Christian lavaba su esbelto cuerpo masculino naturalmente delicado y
sinuoso con un suave jabón perfumado con rosas que él mismo había fabricado, el
agua le llegaba hasta el nacimiento de la columna, más debajo de la cintura, y
le estaba dando la espalda a la orilla en donde había colocado sus anteojos y
sus ropas cuidadosamente dobladas sobre un árbol seco caído que también solía
usarlo como asiento. Sus rubios cabellos mojados brillaban como oro bajo los
haces de luz y su piel blanca era un oda a la pureza.
—Lord Christian Jacobson, me imagino…
—¡Oh!
Por instinto, el aludido se dio media vuelta, cubriéndose el torso con
los brazos cruzados y no puedo evitar sentir miedo al ver frente a él, en la
orilla del lago, con un pie apoyado despreocupadamente sobre el tronco, a un
hombre alto, fornido, vestido de forma extravagante, sin casaca, con el blusón abierto
mostrando su musculoso pecho moreno, con su cabello largo, alborotado y
naturalmente rizado, dándole un aspecto amenazador para su delicada persona
además mirarlo como si… Mirándolo de una manera tremendamente insultante,
poniéndolo muy nervioso y hasta avergonzado.
Al intruso le encantó ver tanta delicadeza masculina. Aquel bello joven
era justo de su tipo.
—¿Qui-quién es usted y quién le dio permiso para ingresar a mis tierras,
Señor? —Christian intentó parecer lo más seguro y valiente posible.
—¡Oh! ¡Perdone mi mala educación, Doctor Jacobson… —Sacó el pie del
tronco en donde estaba la ropa de Christian y se inclinó galantemente sin
perder su peligrosa sonrisa y su mirada burlona:
—Me presentaré: soy Don Sebastián de Almeida e Meneses, caballero de
confianza para asuntos delicados de la Agencia de Asuntos Extraordinarios y he
venido a llevarme de aquí a Mademoiselle Constance de la Rochefoucauld.
—¡Oh!
El miedo desapareció como por arte de magia sólo para ser reemplazado por una valiente determinación, Christian cerró los puños contra su cuerpo mojado y enarcó las cejas. Jamás entregaría a Constance a un tipo aparentemente tan peligroso como el que estaba frente a él, jamás.
NOTA IMPORTANTE:SI TE ENTERAS QUE ESTA SERIE (U OTRAS)ESTÁN SIENDO EMITIDAS POR TELEVISIÓN, POR FAVOR,SI NO VAS A MIRARLAS, POR LO MENOS DEJA LA TV PRENDIDA.DALES RATING PARA QUE CONTINÚEN DOBLÁNDOLAS EN NUESTRO IDIOMA.O COMPRA SUS PRODUCTOS OFICIALES
¡Por fin se conocieron! Y este peculiar y vergonzoso encuentro será siempre recordado por Sebastián, especialmente frente al pobre y avergonzado Christian... Ja ja ja!!!! ¡En el próximo capítulo empieza la recta final y el primer combate! XD ¡Muchas gracias por leer y seguir mi blog! ¡Y recuerden! ¡Permitan la publicidad y traigan más visitantes, se los agradecería un montón si les dicen qué pueden conseguir en él porque si alguien lo visita por primera vez, no sabrá para qué sirve este blog! ¡Cuídense! ¡Hasta la próxima entrada!! ¡Cuídense! ¡Hasta la próxima entrada!
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