Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 42: El Misterio de Alwine es Revelado
Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturales, piratas fantasmales (Capitán Barbossa, Davy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII.
Argumento: Jack y Jacky se separaron! ahora son 2! un hombre y una mujer! Doble problemas para todos! Lograrán cambiar sus destinos y el de los demás? Continuación de La Maldición del Anillo de la Calavera. James y Jacky pasan su primera noche juntos...¿pero será la última? ¡Tiene de todo!
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 384,335
Duración: 57 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2007-2009 (Iniciado el 31 de Octubre del 2007 y finalizado el 17 de Mayo del 2009)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!
Capítulo 42: El Misterio de Alwine es Revelado
El momento era sublime, tenso, único. Tanto el tiempo como el espacio dejaron de existir a su alrededor. El sentido del movimiento había desaparecido sin dejar rastros de su existencia ante la estática posición de ataque y defensa que ambos contendores mantenían uno frente al otro.
No había para los espectadores imagen o sonido alguno que acaparara su atención más que aquella escena detenida a punto de cobrar una salvaje y sorprendente animación. Las pupilas se achicaron, las bocas se entreabrieron, tragaron saliva, el sudor comenzó a recorrer sus cuerpos, sintiendo cómo se tensaban los músculos al presentir que le momento tan esperado estaba ya sobre ellos.
Isabel Jacobson y el capitán Seagull Hood se miraban directamente a los ojos, con sus músculos rígidos pero con sus mentes libres de todo pensamiento, estaban prestos a comenzar su enfrentamiento, cuyo resultado decidiría el destino de ambos. Confiada en sus habilidades como espadachín, Isabel estaba segura de poder derrotar a un hombre tan presuntuoso como Seagull; y éste, a su vez, también confiaba plenamente en sus facultades para vencerla en la pelea que ambos estaban a punto de comenzar.
La brisa golpeó sus rostros, meciendo los cabellos castaños del pirata y la peluca de Isabel, quien se había quitado el tricornio antes de iniciar la pelea.
—¿Listo? —preguntó con una media sonrisa.
—Listo —respondió con otra sonrisa.
Nada más se dijeron hasta que, de pronto, ambos gritaron al mismo tiempo y se lanzaron el uno contra la otra con una pasmosa velocidad, chocando ambas espadas con una fuerza tal que a todos les pareció escuchar el atronador rugido de un trueno. Ambos giraron al mismo tiempo y sus espadas volvieron a chocar para luego dar un salto hacia atrás para quedarse mirando detenidamente.
—Nuestras fuerzas están igualadas —dijo Seagull, siempre sonriente—. Veo que me decías la verdad acerca de nuestro enfrentamiento anterior; no estabas en buenas condiciones.
—Y yo debo admitir que usted es realmente muy bueno con la espada, capitán Seagull Hood, a pesar de poseer una gran boca. A estas alturas yo ya lo habría derrotado… —ella le replicó también con una sonrisa, pero inmediatamente su rostro cambió de expresión, poniéndose muy seria mientras tomaba otra pose de lucha muy diferente a la anterior, una en dónde llevaba su sable japonés al costado derecho de su cabeza, en posición vertical.
—… pero le aseguro que no pasará mucho tiempo hasta que lo haya logrado —declaró.
—Y yo digo que no pasará mucho tiempo hasta que tú te conviertas en mi esposa, preciosura —rebatió sonriente.
—¡Cállate! ¡Eso jamás sucederá! ¡¡Aaaaaaaaahhh!! —y se lanzó sobre él con una fuerza y velocidad tan asombrosa, que apenas le dio tiempo a Seagull de eludirla, recibiendo una ligera cortada en uno de sus costados en cuanto ella había bajado la espada.
El capitán Hood se miró la herida muy sorprendido, tapándola instintivamente con la mano. Isabel, quien permanecía tranquilamente de pie, dándole la espalda y mirándolo por sobre su hombro, sonrió condescendientemente mientras se llevaba el sable sobre su hombro.
—¿Lo ves? —le dijo—. Jamás seré tu esposa puesto que jamás lograrás derrotarme con tus estúpidas e infantiles técnicas de esgrima.
—Tienes mucha razón. Jamás podré derrotarte si no te tomo en serio… —rebatió mirándola detenidamente.
—¿Qué? —exclamó sorprendida—. ¿Acaso quieres decir que hasta ahora no has estado peleando en serio? ¡Ja, ja, ja! Ni pienses que voy a creerte esa patraña.
—No es ninguna patraña, preciosura, hablo muy en serio… —le dijo mientras se ponía en posición de ataque al estilo de la esgrima europea—. Yo también he practicado muy duro para ser el mejor espadachín de los siete mares.
—¡Ja, ja, ja! ¿Tan sólo los siete mares? —lo miró condescendientemente—, pues yo soy la mejor del mundo y voy a demostrártelo acabando con tu vida… —y también se preparó para el ataque.
Isabel Jacobson fue quien atacó primero, lanzándose nuevamente con una peligrosa estocada contra el apuesto pirata, quien esperó hasta último momento para esquivar el ataque haciéndose a un costado, dejando pasar de largo a la mujer y aprovechando el momento para dejarla en ridículo con un inofensivo golpe de espada en el trasero, haciéndola trastabillar.
Mientras Segull festejaba la broma con una teatral carcajada poniendo los brazos como jarra, la agredida se dio media vuelta terriblemente furiosa, llevándose la mano a su trasero golpeado.
—¡Tú! ¡Maldito desgraciado! ¿Pero cómo te atreves a hacerme esto? —protestó con la cara roja por la indignación al percatarse de que los demás también estaban riéndose de ella, exceptuando a James Norrington, quien se encontraba tan sorprendido como ella.
Rabiosa e indignada, Isabel se volvió hacia ellos y les advirtió que cerraran la boca si es que querían salir con vida de aquella horrible isla. Todos se callaron, excepto el capitán "Sangre Negra" Morgan, a quien ella le lanzó una horrible mirada de advertencia.
—De todas formas vas a matarme, ¿no es así, perra? —le dijo acertadamente.
Dando un suspiro de fastidio, Isabel se acercó inmediatamente a él y le propinó una buena patada en el estómago, dejándolo sin aire y encorvado de dolor, arrodillado en la arena.
—Tiene razón, capitán Morgan —le dijo mirándolo con desprecio y altanería—, de todas formas voy a matarlo, pero antes me aseguraré de que sufra de tal manera, que me pedirá de rodillas que acabe con su vida de una vez por todas.
Y diciendo esto, se volvió hacia el sonriente Seagull y lo apuntó con su sable.
—A ti no te va a ir mejor —le dijo.
Antes de que éste pudiera reaccionar, Isabel ya se había lanzado contra él en una frenética pero bien realizada seguidilla de espadazos, obligándolo a bloquear los golpes lo mejor que pudo hasta que, para la sorpresa de ella, el capitán Hood brincó y pasó por encima de ella con una ágil voltereta, aterrizando detrás para propinarle otro latigazo en el trasero, haciéndola gritar tanto por la sorpresa como por el golpe.
—¡Ja, ja, ja! ¡Con eso aprenderás a no ser tan caprichosa, cariñito! ¡Ja, ja, ja! —se burló descaradamente.
Enfurecida, la avergonzada almirante se volvió velozmente junto con un terrible y rápido golpe de espada, logrando herir al desprevenido pirata en el estómago. Herido, el sorprendido hombre retrocedió unos pasos hasta que echó a correr hacia la ribera, por lo que Isabel sonrió muy orgullosa al ver aquella cobarde actitud y se fue corriendo tras él para seguir ajustándole las cuentas.
Seagull Hood se detuvo cuando el agua del mar le llegó hasta los tobillos y se volvió para esperar a su rival, quien, al alcanzarlo, intentó atacarlo nuevamente pero el astuto pirata pateó con fuera el agua, lanzándosela a los ojos y dejándola ciega el tiempo suficiente como para volver a azotarle el trasero con su espada y salir corriendo lo mejor que pudo hasta las palmeras. Con la paciencia ya acabada, Isabel giró sobre sus pies y lo contempló largamente con sus ojos claros lanzando chispas de furia.
—¡Esto jamás te lo perdonaré, capitán Seagull Hood! ¡Nadie me hace quedar en ridículo! ¡Nadie!
Y diciendo esto, nuevamente corrió en dirección al divertido agresor, quien comenzó a utilizar hábilmente como escudo cada palmera que interpuso entre él y ella.
—¿Qué pasó, almirante George Jacobson? —le preguntó mientras esquivaba casi sin problemas uno de los ataques de su enemiga—. ¿Mis grandiosas habilidades lo superan?
—¡Tonterías! —exclamó rabiosa lanzando otro golpe—. ¡Usted jamás me superará, capitán Seagull Hood!
—¿Ah, no? ¿Y qué le parece esto? —y cuando apenas terminó de decir esto, aprovechando la estocada que Isabel le había lanzado, el pirata la tomó inesperadamente de la muñeca y la atrajo rudamente hacia él y la besó tan profundamente que la dejó completamente atontada, mirándolo como una idiota.
—¿Lo ve? —le sonrió triunfante para luego soltar una carcajada sobreactuada—. ¡Usted terminará convirtiéndose en mi esposa, preciosura! ¡Ja, ja, ja!
A la distancia, tanto James como los demás no podían creer lo que estaban viendo: ¡el poderoso e invencible almirante Jacobson estaba siendo ridiculizado por un vulgar pirata!
—¡Wow! ¡Se besaron! —festejó Jacky batiendo las palmas llena júbilo—. ¡Pronto habrá boda! ¡Y ron! ¡Mucho ron!
Pero la pirata no pudo seguir festejando, puesto que notó que James le había lanzado una terrible mirada de desaprobación. Frunciendo el entrecejo, Jacky se cruzó de brazos y le dijo muy molesta:
—Me imagino, ex comodoro James Norrington, que usted no estará celoso su amiguita, ¿verdad? —cada palabra que ella había pronunciado, rezumaban de celos.
—Mi querida Jacky —comenzó a decir con su habitual altanería—, no son los celos o el ron lo que deberían preocuparte, sino de lo que Geor… Isabel puede llegar a hacer cuando se toma en serio un combate.
—¿Eh? —exclamó mirándolo muy sorprendida.
—¿Qué quiere decir con eso, señorito Norrington? —preguntó Annete.
James volvió su atención hacia el combate que mantenían su amiga y el capitán Seagull, y sonriendo levemente.
—¿Realmente creían que un pirata tan ridículo como ése podría derrotarla? La conozco muy bien y la he visto combatir contra poderosos rivales durante todos estos años… pero nadie tan ágil y habilidoso como ese pirata, pero eso no significa que tiene la batalla ganada… —la mentalidad de oficial afloró en su semblante, quitándole algo de su demacrada humanidad—. Ella lo derrotará cuando aclare su mente y la libere de todo sentimiento y pensamientos…
Jacky lo miró muy preocupada para luego dirigir su atención hacia los combatientes. Tal vez James podía ser un hombre cariñoso, honesto y bueno, pero cuando notaba que su fría mentalidad de militar dominaba aquellos nobles sentimientos, se preguntaba si realmente lograrían ser felices alguna vez.
Mientras tanto, ya dueña de sí misma, Isabel se limpió la boca con la mano, sintiendo verdadera repugnancia por aquel beso no deseado.
—Usted me da asco, capitán Seagull Hood —le dijo mirándolo con unos ojos terriblemente fríos.
El aludido sonrió burlonamente.
—No dijiste eso cuando estuvimos en la cama, preciosura —fue su inesperada réplica.
—¡¡Eres un maldito!! —gritó furiosa, lanzándole uno de sus más poderosos ataques, cortando la palmera en dos y obligando a un sorprendido Seagull a retroceder inesperadamente, cayendo al suelo pesadamente al tropezar con una piedra.
Aprovechando aquel descuido, la oficial saltó inmediatamente sobre su oponente para estacarlo con la punta del sable, pero el pirata pudo esquivar aquel ataque a duras penas rodando sobre sí mismo y comenzar a brincar hacia atrás para evitar que ella lo cortara con una peligrosa seguidilla de golpes furiosos y bien realizados.
La sonrisa de confianza del capitán Hood que había tenido desde un principio, había desaparecido por completo al darse cuenta de que Isabel había cambiado completamente su estrategia de pelea, llegando a ser mucho más agresiva y mortal que antes.
Con la ropa hecha jirones, finalmente se vio obligado a utilizar todas sus fuerzas para bloquear el último ataque de ésta. Mirando directamente a los ojos mientras hacían fuerza uno contra otro, espada contra espada.
—Creo que te subestimé, querida… —le dijo esbozando una sonrisa.
—Aun no he demostrado todo mi poder, capitán Seagull Hood —le respondió también con una sonrisa.
—¿Y qué esperas para demostrarlo? Yo tampoco lo he utilizado, ¿sabes? Puedo derrotarte en cualquier momento, además… —los ojos de Seagull brillaron con la expectativa—, sé que serías una estupenda esposa para un hombre como yo.
Ella se rió socarronamente.
—Qué interesante —dijo—, pero lamentablemente para usted, yo pienso que James Norrington es el hombre perfecto para mí, ¿sabe?
—¿Él? —le dirigió una corta mirada de desaprobación al aludido antes de volver nuevamente su atención sobre Isabel—. Lo siento, pequeña, pero me parece que su corazón pertenece a la hermana de Jack Sparrow… Y no lo culpo, ella es realmente muy sensual…
—¡Oh! ¡Cállese, idiota! —replicó furiosa—. ¡Él terminará siendo mi esposo cueste lo que me cueste!
—Por lo que veo, eso es tan sólo otro de tus caprichos, preciosura —le dijo—. Te aseguro que jamás serás feliz con él porque, por lo que he visto, él es mucho más sentimental que tú y yo a pesar de esconderse detrás de la indiferente máscara de un oficial —la miró fijamente—. Vas a hacerlo miserable.
Isabel sonrió con cinismo.
—Hablaste como mi tío… —De pronto, pareció sumergirse en los recuerdos, pero enseguida volvió a la realidad—Pero no creas que vas a convencerme, yo sé que él y yo seremos felices siempre y cuando estemos juntos por el resto de nuestras vidas.
—Te equivocas, y lo sabes muy bien…
—En ese caso —sus ojos se volvieron como el hielo—, él jamás se quedará con ella. Jamás permitiré que ellos se queden juntos… ¡Sería una terrible vergüenza para la corona Inglesa el que uno de sus hombres se case con una pirata!
Entonces, Seagull no pudo evitar mirarla con una mezcla de asombro y lástima.
—Eres una mujer caprichosa, insensible, egoísta y fría… ¿Cómo alguien con una belleza insuperable y grandes habilidades puede ser tan perversa? ¿Entonces por qué te acostaste conmigo? Pensé que habías llegado a sentir algo por mí…
—¡Ja, ja, ja! —se rió con desprecio—. ¿Crees que lo hice porque me gustaste? ¡Claro que no, tonto cretino! ¡Solamente lo hice porque era algo que yo quería hacer!
—¡Pero yo soy un pirata! ¿Acaso no te arrepientes de lo que hiciste conmigo? —preguntó incrédulo.
—Por supuesto que no —su rostro perdió toda expresividad humana—. Yo jamás me arrepiento de lo que hago.
—¿Aunque estés equivocada? —preguntó sorprendido.
—Aunque esté equivocada. Yo siempre sé lo que hago y nunca siento remordimientos por mis actos pasados, capitán Seagull Hood.
El pirata se le quedó mirando boquiabierto, impresionado por la extremada frialdad de aquella hermosa mujer que parecía ser un ángel pero que poseía el corazón de un cruel demonio. Aún así, él sabía que la seguía amando.
—Ya basta de tanto palabrerío y terminemos con esto de una vez —dijo ella de repente, volviéndolo a la realidad.
Seagull sonrió.
—De acuerdo —asintió con la cabeza, sonriendo nuevamente—. Éste será nuestro último ataque, el definitivo.
—Muy bien.
Entonces, ambos giraron velozmente hasta quedar de espaldas uno contra la otra. Los pocos segundos que transcurrieron desde aquel momento parecieron interminables para todos porque intuían que aquello sería el último y definitivo movimiento de ambos espadachines. Tanto Isabel como Seagull eran igualmente buenos con el sable, pero las técnicas que utilizarían sería lo que decidiría cuál de los dos era el mejor.
De pronto, ambos se volvieron con una velocidad asombrosa y chocaron sus espadas varias veces, provocando una lluvia de chispas hasta que nuevamente volvieron a girar sobre sí mismos y sus espadas quedaron increíblemente a unos cuántos centímetros del cuello de su oponente. Los dos habían utilizado la misma técnica; los dos eran igualmente buenos…
—Ha sido un empate —fue la sentencia de James mientras sus compañeros se habían quedado con la boca abierta, impresionados.
Pronto, los serios semblantes de Isabel y Seagull se relajaron hasta esbozar una tenue sonrisa de satisfacción.
—Veo que decías la verdad cuando declaraste que eras muy bueno con la espada, capitán Hood —dijo ella.
—Y yo admito que tampoco mentías, cariñito —replicó él.
—Esto ha quedado en un empate hasta que volvamos a enfrentarnos de nuevo. ¿Está de acuerdo con eso?
—¿Otro enfrentamiento? Muy bien, para entonces te derrotaré y serás mi esposa.
—Y yo le advierto que si lo derroto, significará la muerte para usted.
—Bien, correré el riesgo.
—Estamos de acuerdo, entonces.
Y así, tanto la oficial como el pirata, apartaron el filo de sus sables del cuello de cada uno y la envainaron con gran satisfacción, pues ambos jamás habían tenido una pelea tan excelente y entretenida como la que habían protagonizado. Pero Isabel tenía que hacer algo muy importante antes de marcharse de la isla, así que se dirigió prestamente hacia el lugar en donde se encontraban el capitán Bart "Sangre Negra" Morgan y el señor Smith.
—¡Espera! —exclamó Seagull tomándola fuertemente del brazo—. ¿Es que realmente piensas asesinar a ese tipo después de todo?
—¡Claro que sí! ¡Tú no te metas en esto! —exclamó irascible mientras se desembarazaba bruscamente de él—. ¡Ese maldito bastardo asesinó a mis padres y a mi hermanito y a quién más sabe Dios! ¡Tengo todo el derecho de vengarme! ¡No por nada he invertido toda mi vida para cumplir mi promesa!
Y acercando su bello rostro al de él, declaró con gran determinación:
—Es mi derecho y ni tú ni nadie van a impedírmelo, ¿comprende, capitán Seagull Hood? —viendo que él ya no iba a oponerse a su voluntad, Isabel se dirigió con paso seguro hacia Morgan, quien la miraba detenidamente sin siquiera pestañar.
—Comience a orar si es que cree en algún Dios, capitán Morgan —le dijo mientras desenvainaba la espada dispuesta a cortarle la cabeza—, éste es el final de sus días.
Pero justo cuando ella alzaba el arma para descargar el golpe fatal sobre su victima ante los aterrorizados ojos de Smith, quien sostenía fuertemente el libro entre sus brazos, "Sangre Negra" murmuró:
—Es una lástima que una mujer tan hermosa y fuerte termine siendo una miserable cobarde como lo soy yo…
La oficial se detuvo de golpe, sorprendida.
—¿Cómo dice?
—Dije que, al final, resultó ser tan miserable y patética como yo —le respondió mientras la miraba con desprecio.
—Esas van a ser sus últimas palabras, capitán Morgan —y se dispuso a ejecutarlo, pero el pirata no se dio por vencido y estaba dispuesto a disuadirla.
—¿Está feliz de haber sido derrotada por aquel imbécil?
Isabel se detuvo otra vez, ofendida.
—Yo no fui derrotada, hubo un empate —aclaró.
Entonces, el horrible hombre soltó una carcajada de burla:
—¡¡Jua, jua, jua!! Veo que después de todo usted resultó ser, al final de cuentas, una mujer débil y estúpida como las demás…
—¿Débil y estúpida? —repitió furiosa.
—Claro, solamente una mujer podría estar contenta con un empate.
—¡¡Yo soy una mujer!!
Morgan volvió a reírse, pero esta vez no fue con un marcado tono de burla, sino de menosprecio.
—Eso quedó claro, almirante, pero todos lo admiraban y le temían cuando era un hombre —dijo—, pero ahora que a demostrado que es una mujer como cualquier otra sin nada en especial, pues… ya no creo que se la admire como antes…
Isabel Jacobson bajó el sable, y mientras inclinaba la cabeza y achicaba los ojos, preguntó con suspicacia:
—¿A dónde quiere llegar con todo esto, capitán Morgan? ¿Qué quiere? ¿Qué le perdone la vida? Está muy equivocado si cree que haré eso.
—¡Oh! No lo dudo, almirante, pero pensé que, tal vez, como le gusta tanto los combates y ser la mejor en ellos, ambos tengamos un último y espectacular combate, digno de nuestra reputación y así vengaría a su familia con verdadero esfuerzo y honor.
—Si usted fuera mejor espadachín que el capitán Seagull Hood, tal vez aceptaría su desafío, pero lamentablemente para usted, su sanguinaria y truculenta reputación es mucho más impresionante que su habilidad con la espada.
—Eso se puede arreglar… —fue la sorprendente revelación de Morgan, llamando poderosamente la atención de Isabel.
—Explícate —pidió muy interesada.
Morgan sonrió satisfecho, tal vez podría salirse con la suya.
—Existe una leyenda sobre una poderosa espada que está ubicada en un antiguo y misterioso templo de las tierras del norte cerca de los límites entre el fin del mundo y las puertas de Asgard, la residencia sagrada del dios Odín. Se dice que esa espada perteneció alguna vez a ese poderoso dios y que tiene el poder de hace invencible en la batalla a quien la porte… Yo quería esa espada con la sola intención de derrotarla a usted, almirante, por eso había buscado ese maldito libro que tiene el imbécil.
—¿Qué contiene ese libro?
Esta vez, antes de que el pirata lograra responderle, el aventurero fue quien lo hizo:
—Este magnífico libro contiene numerosas pistas y claves para encontrar los tesoros ocultos de las leyendas y los mitos de la humanidad, las bestias y los dioses. Durante siglos, mi familia se dedicó a investigar y recopilar toda la información que contiene —declaró con arrogante orgullo.
Isabel estaba francamente impresionada y, sin que Smith pudiera impedirlo, le arrebató el dichoso libro de las manos.
—¿Entonces éste es el famoso Libro del Destino? —inquirió hojeándolo con desusado interés, pues ella era una fanática coleccionista de antigüedades—. A primera vista no parece la gran cosa, como su dueño, pero su contenido es increíblemente valioso… Puede cambiar el destino de quien consiga los tesoros que ofrece…
—¿Lo ve, almirante? Es por eso que quiero pedirle tiempo para encontrar esa espada y enfrentarla en una de las batallas más épicas del la historia de la humanidad —le dijo Morgan, cuyas seductoras palabras terminaron por convencer a Isabel.
—¿Una de las batallas más épicas de la historia de la humanidad? —repitió mientras cerraba el libro—. Se equivoca usted, capitán Morgan, nuestra pelea será la batalla más legendaria de la historia de la humanidad, digna de mi gloriosa venganza y que quedará para siempre en los anales de la historia.
Se volvió hacia Smith y le devolvió el libro mientras decía:
—Levántese del suelo, capitán Morgan. He tomado una decisión y le he perdonado la vida para que busque esa espada libremente a cambio de que nos enfrentemos en una espectacular batalla final. ¿Está de acuerdo?
—Estoy de acuerdo… —sonrió victorioso mientras se ponía en pie—. Pero necesito otra cosa tan importante como el libro para conseguir la Espada de Odín, almirante Jacobson.
—¿Qué es? —preguntó volviéndose hacia él.
—¡Aquella niña! —exclamó apuntando hacia la pequeña Alwine, quien se encontraba tan sorprendida como los demás, ¿qué había pasado con la venganza de Isabel? Como nadie había escuchado nada de lo que ellos habían hablado, no lograban entender nada de lo que estaba ocurriendo.
—¿Para qué la quieres? —lo miró amenazadoramente—. Juro que si le pones una mano encima, nuestro acuerdo jamás se llevará a cabo.
Bart "Sangre Negra" sonrió algo desencantado.
—Lamentablemente no puedo hacerle daño, ella es lo que necesito para abrir las puertas del templo de Odín… Esa mocosa es una descendiente directa de los elfos...
Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!
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