Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 17: Intento de Escape II: Terror a Bordo

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del mismo año y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 17: Intento de Escape II: Terror a Bordo

Frente a frente, a ambos lados de la puerta de la bodega, se encontraban enfrentados ambos hombres (bueno, lamentablemente, uno era mujer), y como era de esperar, nada bueno resultaría de aquella situación.

-¿Cómo llegaste hasta acá? –preguntó el capitán del "Perla" un tanto consternado.

-Vi cuando abordaste este horrendo barco, por lo tanto, subí yo también con la ayuda de una soga.

-Eres más testarudo que los caprichos de una mujer…

-Te dije que nunca podrás liberarte de mí, Jack Sparrow. –Dijo McKinley.

-¿Es que nunca vas a dejarme en paz? –Replicó el aludido con una expresión de cansancio.

-No hasta que te tenga entre mis brazos… -contestó este, e inmediatamente se le abalanzó encima para atraparlo, pero entonces, Jack quiso cerrarle la puerta en la cara como había hecho antes, pero McKinley ya estaba sobre aviso y paró el portazo con la fuerza de sus brazos.

-Ese truco no volverá a funcionar conmigo, primor. –Dijo sonriendo triunfalmente.

Jack lo miró sorprendido, pero se repuso rápidamente ocurriéndosele una brillante idea.

-¿Y qué te parece este otro? –dijo mientras le propinaba un feroz puntapié en la entrepierna, y claro, junto con las cadenas de compañeras.

Esta vez, Henry no pudo pronunciar palabra alguna, sólo habían en su mente muchas estrellitas y chispazos. Cayó de rodillas semi desmayado y su cuerpo se abalanzó hacia delante, donde se encontraba Jack de pie sobre las escaleras, así que este se hizo a un lado permitiendo que su ex amigo rodara escaleras abajo.

Mientras Jack lo veía caer por las escaleras, haciendo muecas con los hombros y la cara como si él mismo estuviera recibiendo los golpes, comentó con cierta burla al verlo estrellarse abajo:

-No debiste haberte olvidado que no soy una "dama", primor. –Y mientras salía de allí y cerraba la puerta, agregó:

-Con todos estos golpes que les he dado a lo de mi género, creo que no me merezco volver a mi estado natural… Pero bueno, ahora soy una tierna mujer después de todo y tengo que aprovecharlo al máximo.

Entonces, ya liberado de sus crueles enemigos, sus pensamientos se concentraron en armar un plan de escape para huir de aquel navío. En primera planeó conseguir una lancha y largarse de allí lo más rápido posible, no le importaba si estaba lejos de tierra, lo importante era que no lo llevaran ante el maldito Shake. Mientras tanto, tenía que evitar que alguien lo descubriera sobre cubierta. Pero notó que había algo extraño estaba sucediendo, y era que no había nadie sobre cubierta.

"Qué raro…" –pensó nuestro capitán extrañado, mirando hacia todas direcciones al notar que nadie le salía a su encuentro para detenerlo. Bueno, si es que podía ver algo, ya que recién había notado que una espesa y oscura niebla estaba esparcida por sobre toda la cubierta, dándole al lugar una aspecto realmente lúgubre y aterrador. No había sonido alguno para escuchar, ni había ningún mar para mirar, sólo niebla y un completo silencio sepulcral. Lo único que Jack podía escuchar, era el tenebroso y escalofriante ruido de las cadenas de sus pies y de la maldita bola que arrastraba por consiguiente.

-E-esto está terriblemente mal… -dijo medio muerto de miedo y con la piel de gallina, hasta deseaba interiormente volver a la bodega y ver algo de humanidad, si se podía llamar de esa forma, en la persona desmayada de Henry McKinley.

Lentamente, se dio media vuelta para encaminar sus pasos hacia dicho lugar, pero en cuanto comenzó a caminar, un horrendo esqueleto encarnado vestido con ropas árabes, le salió al encuentro frente a él.

-¡¡Aaah!! ¡¡Maldita sea!! –gritó el pirata asustado tomado por sorpresa, pero gracias a un acto reflejo y con la ayuda de la esfera de su pie, lo barrió de un solo golpe derribándolo al suelo. Pero cuando ya estaba por festejar su victoria, un segundo esqueleto lo agarró del hombro por detrás, asustándolo terriblemente, así que la darse media vuelta, le arrancó sin querer el brazo a su atacante, quedándosele prendido sobre su hombro.

-¡¡Aaayyyyyy…!! –gritó lastimeramente el cadáver, con su rostro a medio carcomer por los gusanos.

-¡¡Aaaaaah!! –gritó Jack completamente histérico al verse frente a frente con dicho cadáver.

Pero no contentos con eso, el esqueleto que él había derribado antes, lo tomó por el tobillo y quiso trepar por él. (Por cierto, a Jack le habían quitado las botas para encadenarlo mejor).

-¡¡Quítate de encima!! ¡¡Quítate de encima!! –repitió el afligido capitán mientras sacudía su pie logrando solo otro desprendimiento del miembro superior de su atacante.

Acto seguido, y al notar que la situación pronto se pondría peor, el capitán Jack Sparrow inmediatamente puso los pies en polvorosa y salió disparado como pudo hacia cualquier dirección con tal de escapar como fuere, corriendo en forma bastante cómica con los pies y las manos encadenadas, medio inclinado gracias al dolor de cintura, y con las extremidades de los muertos encarnados colgando y arrastrando sobre su hombro y pie derecho, adjuntando claro, el hecho de la estorbosa esfera de hierro arrastrándola detrás suyo.

Muerto de miedo, pudo encontrar un escondite detrás de unas gruesas sogas enrolladas, en donde se colocó en cuclillas, mirando hacia todas partes, vigilando. Con la maldición del "Perla Negra" meses atrás, se había enfrentado a algo parecido, pero con la excepción de que la situación actual era verdaderamente terrorífica.

-Sabía esto, no me escapaba nada, y ni mucho menos me entregaba… -murmuró el pirata sintiéndose muy arrepentido de sus actos.

Y así estaba cuando de repente una mano lo tomó firmemente del brazo, asustándolo terriblemente, ya que tenía los nervios bastante crispados.

-¡¡Wuaaaah!! –gritó, pero inmediatamente otra mano le tapó la boca.

-Cállate, soy yo, estúpido –susurró un recién despertado Henry McKinley, también de cuclillas.

-¡Mh! ¡Mh! ¡Mfh! –quiso decir Jack con los ojos grandemente abiertos por la sorpresa.

-¿Qué dices? –preguntó el otro pirata.

-¿Mh? ¡Mmmmh! ¡Mnnh! ¡¡Mfh!!

-¿Cómo?

-¡¡Mfgh!! –gruñó bastante molesto, y se sacó la mano de encima.

-¡Te decía que no me taparas la boca! ¿Qué demonios haces aquí? ¿Acaso no tienes miedo?

-Un hombre jamás tiene miedo. –Argumentó con gran orgullo masculino, para luego mirar a Sparrow y decirle con condescendencia:

-Pero una débil mujer sí, es por eso que me encuentro aquí para protegerte.

-No sabes cuánto te detesto… -replicó muerto de rabia.

Entonces, los ojos de McKinley se fijaron sobre los brazos que se sujetaban en el hombro y tobillo de Jack, y lo miró extrañado.

-¿Qué son esas cosas? –preguntó.

-Es la última moda en París… -arguyó el capitán del "Perla" son cierta ironía.

-¿Y por lo menos tienes alguna idea de qué demonios está pasando aquí? –preguntó ignorándolo por completo.

-¿Crees que si sabría no estaría yo así de exaltado? –Replicó un tanto malhumorado-. Da lo mismo si sé o no sé lo que pasa, de todos modos hay esqueletos por todos lados.

-Pero podríamos olvidarnos de ellos por unos momentos… -dijo Henry poniéndose algo meloso, acercándose a su antiguo amigo, con una mirada que lo decía todo.

-Mira, marinero de agua dulce que solo piensa con la cabecita de abajo –dijo seriamente Jack mientras se inclinaba un tanto hacia atrás, como para distanciarse de él-, no es el momento ni el lugar para ponerse románticos, ni tampoco habrá jamás ni un momento ni un lugar entre nosotros, así que vete olvidando de esa idea ridícula, ¿quieres?

Pero de nada servían las aclaraciones de Jack, Mc Kinley seguiría insistiendo, abalanzándose poco a poco hacia él.

-Vamos… -dijo poniéndose un tanto maniático-, sólo un besito y nada más.

-¡Pero qué insistente! ¿Es que no entiendes que no eres mi tipo? –opinó mientras poco a poco iba haciéndose a un lado.

Viendo que se le quería escapar, su lunático admirador lo tomó entonces firmemente por los hombros dispuesto a ejecutar su tan anhelado beso. Pero justo en el momento en que iba a besarlo, Jack pudo hacerse a un lado, y como resultado, el apasionado beso fue a parar sobre la boca del cadáver que los había encontrado y quien también se había puesto en cuclillas por detrás del pirata del "Perla".

-¡¡Wwuuuaarrrgggggh!! –se quejaron los dos al darse por enterado del apasionado beso que se habían dado.

Aquel momento de asco fue el que aprovechó nuestro protagonista para desaparecer de allí y alejarse de su lunático pretendiente y de su nueva novia.

-¡Adiós! No sabes lo feliz que estoy al ver que por fin encontraste tu pareja ideal –y dicho al hecho, se fue antes de que Henry lograra recuperarse de aquella decepción amorosa y lo persiguiera.

El capitán Jack Sparrow se acercó entonces a la barandilla dispuesto a saltar por ella aunque no encontraba un solo bote para escapar, ya que ni loco se quedaría allí por más tiempo. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, a pesar de que no se veía nada más allá de sus narices, una horrenda y siniestra risa lo contuvo.

-¿Q-quién es? –preguntó dándose vuelta lentamente para mirar el oscuro lugar por dónde tal vez había provenido aquella espantosa risa de ultratumba. Y casi inmediatamente, Abdul apareció entre la oscuridad, con un aspecto totalmente espantoso.

-¡¿Tú?! –exclamó Jack sorprendido, luego sonrió como pudo un tanto nervioso y dijo mientras inclinaba un poquito su cuerpo:

-Esteee… lo de golpearte justamente "allí" fue un accidente, ¿lo sabías? Es que no veo muy bien, necesito anteojos…

Abdul nada dijo, sólo siguió sonriendo tenebrosamente, para luego sacar de atrás suyo un par de sables árabes enormes.

-¡Glups! –Jack tragó saliva, parecía que lo iban a rebanar en pedacitos, y como no tenía arma alguna, su única salvación era su inigualable agilidad a la hora del escape.

Pero cuando el árabe ya estaba a punto de atacarlo, el capitán Henry McKinley salió en ayuda de Sparrow y se colocó frente suyo.

-No te preocupes, nena, yo te protegeré –dijo él valientemente mientras sacaba su espada y se ponía en guardia.

-¿Nena? –repitió el pirata entre sorprendido y ofendido, así que comenzó a murmurar palabrotas en contra suya-. Maldito marinero de agua dulce, lunático pervertido, &...

Al ver el enorme Abdul que un mediocre pirata quería enfrentársele, sonrió despectivamente y decidió que sería mejor llamar a una pequeña ayuda para esa clase de casos, así que comenzó a silbar como si estuviera llamando a un perro.

-¿Qué está haciendo? –preguntó Henry extrañado.

-Silbando, ¿no ves?... –respondió Jack con su infaltable ironía, y luego agregó:

Creo que está llamando a alguien.

-Sea lo que sea, yo me enfrentaré a él con la valentía que caracteriza a nosotros los hombres, tú quédate al margen –reafirmó con orgullosa valentía.

Obviamente, Jack Sparrow tuvo deseos de que unos hambrientos lobos marinos lo hicieran pedazos.

Mientras tanto, después de haber silbado, comenzó a escucharse unos sonidos que parecían los jadeos de unos animales, y sin que Jack y su odioso amigo se lo esperaran, emergió de las tinieblas un enorme perrazo negro parecido a un pitbull, pero poseedor de dos cabezas, que feroces, mostraban sus desmesurados y afilados dientes.

-¡Qué demonios…! –apenas pudo decir el capitán del "Perla" por lo asombrado que había quedado al ver semejante engendro.

-¡Yo mejor me largo de aquí! –exclamó el "valiente" pirata McKinley, e inmediatamente sin pensarlo dos veces, se lanzó de cabeza por la borda, para caer directamente a las aguas del mar.

En cuanto el capitán del "Cazador de Doncellas" salió a flote, notó consternado que el cielo diurno estaba limpio y claro, el mar azul como siempre, pero lo que más le llamó la atención, fue que en el barco árabe, sobre la cubierta, no se veía nada en lo absoluto, como si nada existiera sobre él. Como si nada tenebroso ocurriera allí.

-Qué raro… -dijo, sin darse cuenta que estaba a punto de ser capturado por otras personas.

-¡¡Atrápenlo!! –oyó decir, pero era demasiado tarde, pues fue capturado con una pesada red de pesca.

Mientras tanto, nuestro protagonista se quedó mirando hacia la barandilla, doblemente consternado.

-Y él decía que me amaba… -dijo-, así son todos los hombres, mentirosos, la dejan a una abandonada en cuanto ven las cosas un poquito complicadas…

Al oírlo decir esas palabras de queja, Abdul no sabía si él (ella), hablaba en serio o no, pero ahora no era momento de detenerse a pensar, la prioridad era darle una lección a su prisionera, y lo haría. Volviendo su mirada hacia el feroz animal que tenía a su lado.

-Ataca. –Ordenó.

Y en el mismo momento en que el perro inició su feroz acometida, Jack tomó rápidamente la espada que McKinley había soltado en su huída y la apuntó hacia el cánido, quien se la incrustó justamente en medio del pecho, deteniéndose en el acto.

-¿Lo ves? –dijo sonriendo-. No soy tan fácil de eliminar.

-Ni él tampoco. –Replicó sorpresivamente el árabe.

-¿Eh…? –exclamó preocupado mientras dirigía su vista hacia el can supuestamente asesinado, y comprobó con horror, que no estaba muerto.

De la herida del perro de dos cabezas, comenzó a salirle un líquido fétido, pastoso y purulento repleto de gusanos. Aquel extraño animal ni siquiera tenía sangre.

-¡Qué asco! –se quejó Jack haciendo una mueca y soltando la espada.

El bicho se puso en pie y lo miró de repente con sus siniestros ojos rojos, listo para atacarlo.

-¡Perrito! ¡Que lindo perrito! –comenzó a decir nuestro pirata lleno de temor mientras comenzaba a retroceder lentamente.

El "fido" comenzó a gruñirle con gran ferocidad.

-Mal-di-ción –dijo Jack, e inmediatamente comenzó a correr como pudo gracias a sus grilletes, con el perro corriendo detrás de él y acompañado con la risa odiosa del árabe.

Pero de pronto, mientras el perrazo se lanzaba encima del pirata, Abdul sintió que alguien se encontraba muy cerca de su barco, era otra embarcación que parecía querer atacarlo. Tenía que hacer algo al respecto.

-¡Agárrenla y llévensela a la celda! ¡Y encadénenla bien! –ordenó de repente con suma urgencia a los esqueletos andantes, quienes actuaron en el acto y se dirigieron en dónde había sido capturada la prisionera.

Jack se encontraba templando bajo el enorme perrazo de dos cabezas, quien lo tenía prisionero bajo sus patotas babeándose encima suyo mientras le gruñía. Tan fuerte había sido la dentellada inicial, que le había triturado la cadena que aprisionaba sus muñecas.

-P-perrito lindo… ¡Puaj! Perrito lindo… ¡Puajjjj! –escupía el prisionero tratando de quitarse la asquerosa baba viscosa del animal sobre su rostro mientras trataba de calmarlo, moviendo frenéticamente sus brazos como era su costumbre, pero entonces llegaron un par de cadáveres andantes y lo tomaron de los brazos para llevarlo a rastras hacia su nueva celda.

Mientras el perro, que se había quedado parado en aquel lugar sin moverse, lo observaba a ojos vistas de haberse quedado con las ganas de clavarle sus dientes, y Jack sólo se limitaba a burlarse de su infortunio mientras se lo llevaban.

Ya encadenado en su nueva celda, el capitán Sparrow se sintió bastante tranquilo al verse a salvo de aquella espantosa locura sobre cubierta, pero poca fue su tranquilidad, ya que escuchó la detonación de un cañón, parecía ser de otro navío.

Por fin, habían venido a rescatarlo.

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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