Piratas del Caribe: La Maldición del Anillo de la Calavera -Fanfic- Capítulo 15: Una Jugosa Propuesta de Lord Beckett

(Esta imagen fue realizada con IA)

Resumen de la saga: Piratas del Caribe es una saga de aventuras fantásticas centrada en el excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). La trama principal sigue sus esfuerzos por recuperar su barco, el Perla Negra, enfrentándose a maldiciones sobrenaturalespiratas fantasmales (Capitán BarbossaDavy Jones), monstruos marinos y la Marina Real británica en el Caribe del siglo XVIII


Argumento: ¿Que pasaría si nuestro querido capitán Jack Sparrow se convirtiera en una mujer? Pues le traería muchísimos problemas a sus amigos y enemigos. Una historia entretenida para leer y una alocada historia de amor que te sorprenderá. ¡Tiene de todo! Advertencia: esta historia tiene escenas subidas de tono que estarán censuradas en este blog pero con la posibilidad de leerlas en otro blog redirigido.
Género: aventura, drama, acción, fantasía, humor
Personajes: los principales e inventados
Calificación: para mayores de 16 años
Cantidad de palabras: 273,361
Duración: 67 capítulos
Estado: completo
Año de publicación: 2006-2007 (Iniciado el 7 de Octubre del mismo año y finalizado el 15 de Septiembre del 2007)
Primera Publicación: Fanfiction
Escritora: Gabriella Yu
Mi estilo: estoy influenciada tanto por el anime, los dramas asiáticos y la literatura universal. Me gusta hacer pasar a los personajes por duras pruebas. ¡Y no me maten, sólo soy una escritora aficionada y puedo cometer errores!

Capítulo 15: Una Jugosa Propuesta de Lord Beckett

Antes de que zarparan en un navío militar llamado "The Executor", el Comodoro Norrington había sido llamado para presentarse ante el recién nombrado Lord Cutler Beckett, por lo tanto, Elizabeth Swann había aprovechado aquel contratiempo para regresar a su hermosa mansión para cambiarse de ropas, en vez de llevar un hermoso y costoso vestido a la moda, llevaría puesto ropas de un caballero, para así poder viajar más cómoda. Mientras tanto, dejaron a Will Turner a cargo para que trazara la ruta a seguir con ayuda de la brújula de Jack para encontrar al dichoso barco árabe, si es que solo había uno.

James Norrington, a solas, ya ante la presencia del poderoso Lord en la acomodada oficina de la East India Company, pronto sabría a qué atenerse.

-Lamento haberlo hecho llamar justo cuando estaba por hacerse a la mar, Comodoro Norrington –se disculpó sólo por educación mientras terminaba de acomodar casi con indiferencia unos papeles de su escritorio-. Pero debe saber que tengo algo muy importante qué comunicarle.

-Mi Lord –dijo el Comodoro tratando de contener su necesidad de apremio-, no es necesario que se disculpe, pero debo de confesarle que no dispongo de mucho tiempo para…

-¿Rescatar al pirata Jack Sparrow? –dijo con tono suspicaz aquel maligno caballero para sorpresa del militar.

-¿Mi Lord? –James quiso hacerse el desentendido, pero fue en vano, como siempre, Lord Beckett estaba enterado de todo-. Creo que se equivoca, mi prioridad es perseguir a estos criminales, atraparlos y llevarlos ante la ley.

Cutler Beckett sonrió despectivamente sin siquiera levantar la vista para mirarlo, luego, se levantó de su asiento y caminó hacia donde su invitado estaba parado.

Lord Cutler Beckett trabajaba para la poderosa "East India Company" con sede en Inglaterra, quien se encargaba de las colonias británicas en la india y comercializar especias de dicho país en todo el mundo, todo bajo el tutelaje de la corona inglesa. Era un hombre con demasiada sed de poder, de grandes ambiciones, se podría decir de casi la misma edad de Norrington. Llevaba, como todo caballero de buena posición social o económica, el infaltable peluquín blanco terminado en cola de caballo, de barbilla impecable. De ropas caballerescas a la moda, de modales finos de caballero, todo eso escondía a un hombre frío, manipulador y calculador, siempre enterado de todo lo que acontecía en el Caribe. Había tenido tratos con Sparrow en el pasado, ya que Becket había sido quien le marcó la letra "P" de pirata en el brazo, pero igualmente, le guardaba un cierto rencor. En el pasado, Beckett había sido un despiadado cazador de piratas.

-Yo conozco su secreto –le murmuró al oído al Comodoro, detrás de él-, sé que realmente quiere ir a rescatar a "esa mujer".

James se volvió para mirarlo, con sus ojos grandemente abiertos, totalmente sorprendido.

-¡Oh sí! Lo sé todo… -soltó una pequeña risita de desprecio-. Sé que el muy estúpido se convirtió en mujer gracias a un anillo maldito, y también sé que usted, sin saber quién era en realidad, se enamoró locamente de ella.

-Yo… -quiso interrumpir, preocupado.

-¡Shit! Silencio. –Lo interrumpió para luego volver a sentarse en su costosa silla y mirar hacia la pared que tenía en frente, lista para ser pintada como un mapamundi.

-De nada sirve negarse –siguió hablando-, yo también estaría en su situación por culpa de la maldición que porta ese pirata.

-¿Qué…?

-Olvídelo, Comodoro Norrington –dijo volviendo su atención hacia él-, hablemos de negocios. Ya sabe usted que puedo acusarlo ante la corona del imperio ingles por dejar escapar a dos piratas: a una misteriosa mujer pirata, de quien sabemos que realmente se trata de Jack Sparrow, con quien está sentimentalmente enredado, y a Henry McKinley, un lunático pirata traficante de mujeres.

-¿Qué es lo que quiere de mí? –preguntó como a la defensiva.

-Píenselo bien, Comodoro Norrington –sonrió malignamente-, si usted no quiere que haga público su pequeño "desliz" con Sparrow, tendrá que hacer lo que yo le pida.

-Nadie le creerá –afirmó James con gran seguridad, ya que hasta a él mismo le costó creerlo.

-¿Usted cree? –Se levantó de nuevo y se sirvió una copa de fino vino español-. De todas maneras, si lo creen o no, su reputación no será la misma, ¿verdad? Además, ya sabe que ese pirata, a pesar de ser astuto, puede soltar la lengua sin quererlo, por ser tan… ¿distraído?

Norrington no dijo nada, sólo miraba a Lord Beckett con recelo y desprecio.

-Además –continuó hablando después de sorber el rojizo líquido-, pienso darle a usted el título de "Almirante", ¿qué le parece? Lo que podría costarle años conseguirlo, yo se lo daría en un segundo.

-¡¿Almirante?! –exclamó lleno de asombro James. ¡No podía creerlo! Ser portador de semejante título era lo que más anhelaba en el mundo entero. ¡Sería poderoso! Y entonces, la parte fría y ambiciosa de su personalidad, salió a flote.

-¿Qué es lo que tengo que hacer? –preguntó.

-¡Jah jah jah! –Se rió Beckett al ver que había podido corromper a Norrington-. Te lo explicaré. ¿Has notado que algo extraño pasó el día de hoy en Port Royal? Bueno, aquella ilusión tan poderosa psicológicamente, fue provocada por una piedra mágica que está en manos de un Shake inmortal llamado Alí Tel Aviv. Lo único que quiero es esa piedra y nada más.

-¿Y qué tiene que ver Jack Sparrow en todo esto? –preguntó el Comodoro extrañado.

-¿No lo adivinas? Pues bien, el dueño de ese anillo maldito es nada más ni nada menos ese mismo Shake, justamente el que está detrás de todo este asunto de querer atrapar a Sparrow.

-¿Y para qué lo quiere? –preguntó interesado.

-Para incluirlo en su harén, como concubina, es parte de la maldición.

-¿Cómo concubina? –no pudo evitar preocuparse.

Lord Cutler Beckett volvió a sonreír despectivamente al verlo actuar de esa manera.

-Mire, Comodoro Norrington –dijo-, hagamos una cosa respecto a su pequeño problemita sentimental.

-¿Qué cosa? –preguntó interesado.

-Usted me entrega la piedra, yo le consigo el título de Almirante, y además, usted se queda con la mujer. ¿Qué le parece?

James Norrington se le quedó mirando por unos momentos, con el seño fruncido, pensativo.

-No acepto eso –fue la sorpresiva respuesta-, no soy capaz de obligar a nadie a amar a quien no quiere. Puedo robar la piedra y aceptar con gusto el título que me ofrece, pero prefiero que Jack Sparrow vuelva a su verdadero aspecto y así poder atraparlo y entregarlo a la justicia.

Lord Beckett lo observó con un brillo especial en los ojos.

-Tiene algo de caballero dentro de todo –dijo sonriendo mientras volvía a acercarse a él-, pero debo confesarle, hasta advertirle, que usted puede llegar a ser tan ruin como yo, si se lo permite. Por lo tanto, piense en mi propuesta con Jack Sparrow, sería interesante verlo ejercer de "ama de casa". ¿No le parece? ¡Jah jah jah! Sería una buena forma de quitárnoslo de encima.

-No estoy de acuerdo –fue la firme respuesta de James.

-¿Ah no? Pues bien… -volvió a su asiento otra vez-. Pues en ese caso, tráigamelo, le haré pagar por todo lo que me hizo.

-No habrá problema una vez convertido en hom…

-Alto. No me entendió usted. ¿No se dio cuanta? Yo me refería a que me lo trajera como mujer, ya sabe, sería mucho más divertido así. Me dijeron que como mujer, es muy atractiva y sensual, por lo tanto, quería comprobarlo, ya sabe usted como. –Sus ojos brillaron con morbosa satisfacción y una sonrisa siniestra se hizo notar.

"¡Maldito!" –pensó el Comodoro.

-Debe estar odiándome en este momento, Comodoro –habló como si lo supiera-, pero he de recordarle lo que le ofrezco a cambio. Le sugiero que lo piense detenidamente. Buenas tardes.

Viendo que ya lo estaba invitando a marcharse, el Comodoro James Norrington apenas le hizo una pequeña e imperceptible venia y se marchó de allí lo más rápido que pudo. Lord Becket se arrellanó muy divertido en su sillón apenas lo vio marcharse. Si sus planes resultaban bien, ya que era eso lo que esperaba, tendría el poder de la piedra y así podría engañar a todos aquellos a quien quisiera confundir y utilizar, sería un arma poderosa contra los ejércitos. Y si el estúpido de Norrington se decidía, podría también tener a Jack Sparrow entre sus manos, convertido en una mujercita.

"¡No sabes lo que te haría sufrir entonces, jah jah jah!" –pensó saboreando la malvada idea.

Mientras tanto, el Comodoro caminaba deprisa por el puerto después de que un carruaje militar lo llevara hasta allí, como en todo el camino desde las oficinas de la "Compañía de Comercio de las Indias Orientales" hasta allí, había pensado y repensado en la propuesta de Lord Beckett. Lo de robar la piedra y llevársela (si es que existía en verdad), lo haría sin problemas, pero lo de entregar a Jack Sparrow convertido en mujer a manos de aquel despiadado asesino se piratas, lo dudaba seriamente. Sabía de lo que era capaz de hacerle. Pero por otro lado, el título codiciado de Almirante no podía dejarlo, era con lo que había estado soñando toda la vida… Realmente no sabía qué hacer, estaba totalmente confundido.

-¡Por fin llegó! –Protestó Elizabeth al verlo llegar-. Lo esperamos por más de una hora. ¿En dónde estaba?

-El barco árabe debe estar más lejos aún, tenemos que darnos prisa –apremió William.

-Ya les dije que no hago esto por es pirata –dijo sin ningún asomo de emoción alguna mientras subía por el puente-. Suban ya, zarparemos de inmediato.

Will y Elizabeth decidieron no decir nada más, pues parecía estar de pésimo humor, así que decidieron subir a bordo y desear encontrar a Jack lo más pronto posible. Ninguno de los dos sabía que el futuro de su amigo dependía de la decisión de un hombre completamente confundido.

Mientras tanto, en el barco árabe, Jack Sparrow seguía quejándose sin saber que su suerte pendía de un hilo gracias a Lord Beckett, a parte también, claro, del Shake Tel Aviv.

-¿Es que no vamos a llegar nunca? –decía-. Ya estoy aburrido de todo esto. ¿Y la comida? ¿Y el ron? Necesito ir al baño, ¿o prefieren que me haga encima? ¿Acaso quieren que su Shake se case con una…

-¡Ya cállate! –exigió Abdul, ya con los nervios crispados por culpa de Jack, aún así, se mantenía lejos de él.

-¿Qué te pasa? –Preguntó la lengua infatigable de nuestro capitán-. ¿No te quieres acercar a mí? ¿Acaso estoy enfermo de la Peste Negra o algo así? ¿O temes enamorarte de mí? Ya sé que soy irresistible, pero…

-¡¡Ya cállate!! –gritó enfurecido mientras le lanzaba un cuchillo que fue a parar al lado de la cabeza de la pirata.

-Bueno, me callo. –Dijo Jack, ya más calmado.

Entonces se le quedó mirando al pelón, pensaba que quizás podría manipularlo como había hecho con el tonto de Norrington. Tenía que arriesgarse a intentarlo, tal vez resultaría y lo soltaría. Era algo que tenía que intentar para verse en libertad.

"Y bueno, -pensó-, no pierdo nada con intentarlo

Continuará... ¡Yo-oh-oh, y una botella de ron!

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